No es un secreto que no soporto el ruido llamado regueton (o como rayos se escriba) y que me sigo preguntando  ¿Qué le ven a semejante cosa? Puedo comprender que le tengas aprecio a géneros caribeños, pero eso no es otra cosa que un ruido que sabe a quién va dirigido y lo que promueve. De hecho, por esa razón comencé a usar mi teléfono en la oficina donde estoy ahora para algo más que esperar llamadas y mensajes, mis gustos musicales ahora andan conmigo en esos momentos cuando mis compañeros deciden poner esos ruidos.

Y es algo que normalmente se ve en las oficinas en las que he trabajado, no importa la formación que tengan mucha de los que la integran, esa cosa siempre está presente y los alegatos en su defensa son los mismos. Que no les gustan los que son tan explícitos, pero el resto los tolera. De hecho, es normal que muchos padres ven con risa y beneplácito cuando sus hijos cantan o bailan esa cosa; en lo personal, creo que es algo que debería alejarse de los niños, aunque el asunto del embarazo adolescente no se encuentra plenamente relacionado con ese ruido infernal, pero creo que de alguna forma están relacionados.

Pero bueno, mi viejo I POD y su contraparte más nueva y pequeña siguen ahí y aun funcionando, pero son artículos que si bien me he llevado antes fuera de la seguridad de mi habitación, prefiero ahora no hacerlo. La gran desventaja del teléfono es la capacidad que tiene, eso me obliga a ser selectivo con el material que decido llevarme y usar para afrontar el trabajo. Pero las presentes líneas también sirven de preámbulo para lo que viene, una nueva etapa de reseñas musicales, de hecho creo que era necesario ese cambio. De hecho, voy a comenzar sacando unos cuantos artículos sobre el tema de la música entre otros y poner al corriente esta sección.