La Balada de la Curva 7

Aquel piloto había completado las dos vueltas en un tiempo record, superando a los profesionales que habían tratado de manejar aquel bólido en un simulador.

—Héctor muchacho, creo que debo presentarte a nuestro ingeniero responsable de nuestro monoplaza ganador. El señor Hans Benz. —fue la presentación dada por el piloto retirado.

— ¿Hans Benz? ¡El responsable de la nave monoplaza “Gavilán”! ¡Es un gusto enorme conocerlo señor! Con razón el motor de ese modelo, el uso de los alerones de frenado—el militar retirado no pudo ocultar su alegría.

—Entonces sabes muy bien una cosa, mocoso. Estoy más que seguro que mi nave de guerra te fue fiel y fue la responsable de tus condecoraciones; siendo honestos, estaba un poco desconfiado que podrías domar a la bestia ¡Pero lo lograste!—una fuerte palmada recibió el piloto en uno de sus brazos, quizás la demostración más honesta de aprecio que había hecho aquel serio ingeniero desde su llegada la Escudería.

—Creo que tenemos el indicado, Hans. Así que dime una cosa Héctor ¿Contamos contigo? No te preocupes por lo de tu viejo empleo, conozco a tu jefa y podríamos llegar a un acuerdo con ella.

— ¿Qué quieren que les diga? ¡Pueden contar conmigo plenamente para manejar al “Leopardo”!

—No me queda otra opción que decirte ¡Bienvenido a la Escudería Alfa Romeo!

Finalmente, Héctor tenía un empleo digno de sus habilidades así como el hecho que había recuperado esas dosis de adrenalina que sentía cuando manejaba su nave, así como el hecho que por primera vez en mucho tiempo sentía que le había sacado una larga ventaja a esa sombra que desde su llegada  a la vida civil lo atormentaba. Y esperaba tenerla así por un buen tiempo.

—Pero ¿No falta mucho para que comiencen los preparativos?—preguntó el nuevo piloto del vehículo.

—Claro que sí, muchacho. Pero ese tiempo lo tomaremos a nuestro favor, no tendrás mucha experiencia en el automovilismo, pero lo compensas con algo mucho mejor. Entiendes a la perfección el diseño de mi máquina, lo demás lo tendrás que aprender sobre la marcha.

Allí estaba Héctor, con una sonrisa de oreja a oreja, aunque entre las sombras estaba alguien más, haciendo de las suyas y que no fue visto por todo aquel personal que estaba trabajando para la Escudería.

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La Balada de la Curva 6

Héctor ya tenía todo listo aquel día, tenía el permiso para ausentarse de sus labores, algo de dinero y un buen día para hacer algo nuevo. Roberto Fangio, por otro lado, no podía ocultar la alegría que sentía y consideró que debía poner al talento que había conseguido al volante del modelo de su Escudería.

— ¿Está seguro señor Fangio?

—No se preocupe por eso. Todo el equipo de mecánicos se encuentra presente, así como el ingeniero responsable de nuestro bólido, el “Alfa Romeo 4C Leopardo”.

Mientras se preparaba el futuro piloto para la primera sesión con el bólido, un hombre maduro se le acercó al campeón retirado; su chaqueta así como su gorra denotaban (para los ojos conocedores) que era alguien de peso en aquel equipo.

— ¿Cree que ese militar retirado podrá con la fiera que hemos creado?

—Plenamente seguro. Creo que es mejor que se enfrente directamente a la bestia que ponerlo en un simulador.

Los mecánicos le dieron unas indicaciones puntuales a Héctor, daría dos vueltas por el circuito de entrenamiento y dada su experiencia, podría tener unas opiniones para mejorar el modelo.

—Para ser la primera vez dentro del vehículo, conoce muy bien el tablero, Héctor —le comentó Fangio por el radio de pequeño tamaño, mientras veía con una pequeña cámara integrada en el casco.

—Se parece mucho a mi fiel “Gavilán” la nave que manejé.

El motor rugió, el modelo “Leopardo” comenzaba su primera vuelta con el nuevo piloto, era innegable el control que estaba ejerciendo así como parecía ser el indicado para domar a la bestia.

—90 Kilómetros por hora en su primer arranque, nada mal Héctor. —Comentó el campeón retirado nuevamente—, pero no todos los circuitos del deporte son  rectas; me gustaría ver como se enfrenta a las curvas.

—Tengo un truco o dos, Fangio ¿O quizás deba decirle Coach?

Usando los alerones de frenado tomó la curva como todo un profesional sin perder la velocidad, una maniobra que a muchos experimentados le costaba hacer.

—Fangio ¡Quiero hablar con ese bastardo!—dijo alegremente el ingeniero—, creo que ha conseguido al domador ¡El primer premio será nuestro!