Rie Payaso. Episodio Piloto

1

Hay muchas que detesto en la vida, mi hermano puede dar fe de ello, el cereal de dieta, los casos cerrados a la fuerza y los payasos. Mi último trabajo fue una mezcla de las dos últimas cosas, unida con otra cosa, estaba necesitando dinero y no me quedaba de otra que tomar el caso.

A los detectives privados con cierta pericia en el mundo del espectáculo a veces no tenemos buenas oportunidades de empleo, así que me había postulado para otro  y ¡Con las ganas que tenía en aceptar ese cargo de jardinero en la mansión Playboy! Había algo más que el pago en ese trabajo del cual me arrepentí en no haber tomado, así que pasé todo el tiempo que duró la investigación de muy mal humor.

Detesto los payasos, padezco de una fuerte fobia a esos seres, desde que estaba pequeño, era el motivo por el cual no asistía mucho a las fiestas de mis vecinos. Y no fui el típico infante que pasaba horas viendo la caja boba, ya que había un payaso que me aterraba, tristemente es el personaje principal del caso en el que estuve metido. El payaso Rollitos era el “amigo gordito de todos los chiquillos del país”, para unos era una eminencia y autoridad en el difícil mundo de entretener a los niños con trabajos de calidad, un hombre que inspiró a muchos comediantes y humoristas en dedicar su humor a un mercado tan complejo como el mentado “apto para toda la familia”. Su programa “Mi amigo Rollitos”, una referencia para los programas infantiles hasta el sol de hoy, para mí fue la razón por la cual tomé unas clases de karate.

Pero el alegre personaje escondía algo debajo de su grueso maquillaje, había alguien tiránico. Al menos eso fue a lo que llegó la persona que me contrató,  quería terminar lo que no pudo; sabes que las cosas en ese caso estaban turbias cuando el responsable por darte empleo no es otro que el antiguo gerente de la cadena donde trabajaba dicho personaje, no otro que Teodoro Walker. El responsable de dirigir toda la investigación y quien cargó con toda la polémica que generó, a la final tuvo que renunciar a su lucrativo cargo. Aunque el señor fue bastante inteligente, esperando el tiempo prudencial para volver a abrir aquella lata de gusanos, sabiendo que lejos de mejorar, el olor de aquella cosa estaría añejado y que, posiblemente, las personas que alzarían sus gritos ya no serían tantas como antes.

Recuerdo las razones por las cuales me contrató,   veía en mi algo que le recordaba sus días mozos como reportero policial ¿Cómo demonios llegó a ser el gerente de una cadena de televisión? Ese fue el único misterio que no llegué a resolver. La investigación comenzó de forma áspera, con una reunión en una cafetería donde mi hermano y yo nos sentíamos  muy fuera de lugar, bastante fina y nada sucia. Aquella fue una larga tarde, una que por desgracia nunca olvidaré.

2

—Aparte del pago ¿Qué otra cosa quiere saber, Clancy? —me preguntó el antiguo gerente de aquel canal de la caja tonta, quien me recordaba poderosamente a Sir Winston Churchill.

— ¿Por dónde debo comenzar? La investigación que usted hizo es bastante extensa y yo, por lo general, me gusta hacer una investigación desde cero. Si quería una larga reseña del libro que me acaba de entregar, hubiese hablado con un periodista, no conmigo.

—Ese libro que tiene entre manos joven, debe usarlo como guía para todo el asunto. Para cuando no pueda entrevistarse con alguien ya que se encuentra varios metros bajo tierra. Es su labor investigar, si alguno de los parientes de los muertitos allí mencionados quiere colaborar un poco con ponerle luz a este asunto.

—Si me permite la pregunta atrevida ¿A qué se debe tanto interés en este caso del payasito?

Después de aquella pregunta, mi hermano estuvo haciendo señas y otras muecas, para hacerme entender que estaba metiendo el dedo en una herida aún abierta. Una que distaba mucho por convertirse en una cicatriz.

— Yo solía ser así de incisivo.  No importa las muecas que haya hecho tu hermano, creo que tienes derecho a saber. Saber que yo fui quien le dio el apoyo necesario a “Rollitos”, yo fui quien lo sacó de los rodeos y fiestas infantiles mal pagadas. Pero lo hago también por una pequeña que vi crecer mientras estaba en el público del programa, para justiciar la etiqueta “programa grabado en vivo”.

La voz de Teodoro se quebró cuando le tocó recordar  aquellos días, era honesto lo que sentía, había pesar en sus palabras y en su rostro.

—Cuando lo del abuso infantil comenzó, mi motivación era investigar si aquella niña, esa tímida pequeña  fue parte de los berrinches de aquel payaso; debía saberlo. No importaba el tiempo que me demoraría en investigarlo.

Y después de aquella honesta confesión, había una duda en este asunto, si bien obvia, también necesaria para la investigación ¿Quién era aquella chiquilla tan importante para Teodoro Wilder y cuál era la relación entre ambos? Claro, si es que hay alguna. Pero era un indicio, un posible camino que podía tomar mi investigación. Y lo mejor del asunto, contaría con la  presencia policial para llevar todo a cabo; esa es una de las muchas ventajas de tener un hermano mayor en ese ramal de papa Estado encargado de mantener la seguridad de los ciudadanos y que visten de azul.

Lo interesante del asunto era que podía demorarme lo necesario.

3

Curtis “Rollitos” Smith era, en todo el sentido de la palabra, un verdadero payaso. Sus habituales bromas y dotes actorales para la comedia le dieron renombre, para su desgracia, alejado de las normas de una familia obrera de Nueva Jersey. No fue el favorito de su madre, por decirlo de forma corta.

Así que el muchacho que decidió que ser obrero no era lo suyo, se unió al rodeo como payaso y como show antes de los eventos principales, causando la sensación entre grandes y pequeños seguidores de tan extraño mundo del entretenimiento. De pronto, ser el payaso de rodeo no le dejaba las mismas alegrías que antes, quería llevar otro tipo de comedia a la gente. Algo más elaborado y que diera más frutos y lo encontró en las fiestas infantiles de la clase media.”

—Dime hermanito ¿Te recuerda a alguien ese personaje?

—Deberías ponerle la atención a la patrulla de vez en cuando, esta vuelta un chiquero. Sabes bien que detesto a los payasos y que estoy orgulloso de mi etapa como comediante.

—Algo me dice que este caso te puso de mal humor, pero te digo una cosa. El payaso “Rollitos” tiene ya rato muerto, dudo mucho que tengamos que interrogarlo. Pero ¿Cuál es la diferencia entre un payaso y un comediante?

—Los comediantes buscamos algo más que la mera risa, buscamos que la persona que ríe de nuestros chistes piense, medite todo lo que le hemos dicho debajo del humor. Y el payaso, pues solo busca la risa fácil y asustar a los niños ¡Muy gracioso de tu parte poner la Ópera de Pagliacci en este momento!

—No aguantas nada, hermanito. Además es Caruso quien la canta ¿Qué sucedió con tu interés cultural? Tu fobia a los payasos es seria. Esto me recuerda a los viejos días, cuando entre tus shows de comedia me ayudabas a resolver casos mientras sonaba de fondo “la marcha de los abejorros”. Éramos como el Avispón Verde y su fiel compañero Kato.

—Eso es cierto ¡Aun uso la cachiporra que me regalaste cuando resolvimos ese mal asunto de las apuestas ilegales entre los guionistas de dos emisoras de radio! Eso sí fue un caso de lo más…raro. Al menos de todos los casos en los que hemos trabajado juntos.

—El capitán del precinto te tiene mucho aprecio, por eso me pidió que te ayudara con este caso. No quería decírtelo, hermanito ya que a veces eres medio seco con las cosas. Creo que desde que dejaste de lado la comedia, cambiaste un poco.

— ¿Ya no me río tanto como antes? Desde que dejé ese mundo, he cambiado un poco, lo admito.

 

See Your Space Cowboy

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Mi experiencia con la familia amarilla. Pensamientos extendidos.

Creo que ha pasado tiempo desde la última ocasión desde que escribí algo relacionado con la famosa familia amarilla, de hecho, creo que muy difícilmente a esta altura del campeonato poco tengo que agregar; pero parece que, sin quererlo, sigue dando de qué hablar. Todo gracias a un documental que se hizo no hace mucho y relacionado con la familia que le da título a la serie, sino con el singular responsable de la tienda, el padre de ocho niños, Apu. Vamos a ver si llegando a algo más de ochocientas palabras puedo estirar todo lo que tengo que decir sobre este tema, ya que los tres mares de palabras que hice sobre la familia amarilla ya dije lo suficiente.

Claro, los chistes sobre las personas que posteriormente se convierten en estereotipos son una realidad y han estado en la comedia desde, creo, sus inicios. De hecho, no soy quien para hablar de la comedia y su historia, eso es el tema donde mejor se mueve uno de los que escriben en esta cosa, pero creo que no es algo para ponernos políticamente correctos, ya que la familia amarilla dejó de tener esa relevancia que en su momento tuvo.  De hecho, lo interesante del tema es que los mismos guionistas lo saben, el desespero que han estado mostrando en las últimas etapas se hace evidente y que imitar el humor de las series que le quitaron audiencia, no fue una medida muy inteligente.

Y si bien, soy de los que opinan que lo políticamente correcto nos está matando, creo que la comedia sirve para hacernos pensar y romper ciertas barreras; así que forzar la entrada de personajes para representar minorías y de paso, son otros grupos los que se ofenden por la representación de dichas minorías son los que alzan la voz. De hecho, todos esas palabras que los SJW se inventan (micro machismos, micro agresiones y demás tonterías) lejos de ayudar a darle un final merecido a la serie, lo que propone es darle otra herida en la ya mancillada obra. Pero si nos vamos a centrar en sacar defectos, creo que se hace evidente que Apu no ha sido el único que ha tenido un mal rato, de hecho hasta el Hombre Abejorro pasando por la hija del medio de la familia amarilla cuyo cambio es uno que siempre va a dar de que hablar, no al mismo nivel que el resto de su familia.

Pero, entonces ¿Cómo llegamos a esto? de hecho el problema de la serie fue quizá su propio estilo, el hecho de tener episodios cuyas historias empiezan y terminan ahí, quizás más la facilidad que ese estilo tiene para captar nuevos integrantes de la audiencia y también por mandato de los jefazos. La serie aquí mencionada, ha tenido varios episodios que significaron que podrían ser un excelente cierre, desde la muerte del señor Burns hasta ese episodio biográfico (detrás de las risas) y me atrevo a decir que hasta la película pudo servir para ese fin. No sé qué tan cierto sea ese cuento que escuché, que los comics que aún salen de esta familia, ya saben los de la casa editorial Bongo, plantean una mejor continuidad y un uso de la misma con todos los habitantes de la ciudad de Springfield.

Quizás debemos analizar una cosa, es que el momento en que se le debía darle fin también pasó y creo que muy difícilmente se vuelva a repetir el contexto para llevar eso a cabo, es decir que nuevamente la familia amarilla tenga un equipo creativo como lo tuvo en el pasado así como el mismo nivel de audiencia; creo que para que se repita eso, no solo está complicado, sino que implica limpiar todo lo malo que han hecho los guionistas en los últimos años así como los directivos.

Creo que mil palabras sobran para este tema, ya que si nos vamos a poner políticamente correctos, una comedia como lo es los Simpson simplemente no pasan los filtros de los SJW, feministas y demás seres. Una comedia, como ya dije, generalmente no tienen que representar minorías de forma respetable ¿De dónde van a sacar los chistes? Si quieren ver una comedia donde no se ofenda a nadie, donde todo son flores y abrazos, creo que están con la serie equivocada, ya que por años, los Simpson fue la primera serie en hacer burla de la familia promedio del gigante del norte y todos sus problemas cotidianos.

Quizás darle un cierre a la familia amarilla sea lo mejor, el detalle siempre ha estado en el cómo y si agregamos la nueva variable llamada “oprimiendo minorías” el asunto se complica mucho más, cuando no debería estarlo con esa nueva variable, ya de por si hay que considerar el hecho que esta serie no maneja una continuidad medianamente conocida y que, primeramente, hay que construir una para darle el merecido final.

Casa Número Ochenta y seis 18

—Ahora parece que la Bella Durmiente, ha despertado. —indicó Marín, mientras escuchaba los pasos de Elizabeth por la escalera. —, creo que nunca mejor usado el título de la famosa princesa.

— Lástima que no hay príncipe para ella—comentó Richard, pero se ganó las miradas penetrantes de Bianca y Lucrecia. Mientras que la dueña de la casa estaba viendo todo aquello entre risas.

—Entonces ¿Ellos son mis compañeros de techo? Marín. Como cosa rara, mi fama me precede; pero me gustaría saber quiénes son ustedes, ya que por los vientos que soplan vamos a convivir un buen tiempo, aquí juntos.

Luego de presentarse,  la conversación se tornó más animada aunque la única que mantenía un semblante neutro era Lucrecia. Quizás esas conversaciones sobre maquillaje y demás simplemente no era lo suyo y ahora había alguien más en aquella casa que (a su parecer) ponía en peligro aquel lazo que había hecho con Arthur.

—Me alegra saber que hay alguien aquí que toma mis consejos. Pero, si mi memoria no me falla tú debes ser Lucrecia, te haría bien tomarlos. No tanto por esto del peso sino por el hecho que deberías vestirte menos gris y más ¿Cómo decirlo sin ofenderte? Más alegre.

—Cómo demócrata no tengo mucho por lo cual celebrar. Además, hacer frivolidades como la que me propones, mientras el país se tambalea no es algo que me gustaría hacer en este momento.

— ¿Es así de seca todo el tiempo? Creo que tuviste un mal rato con Arthur en tema político; como de eso no entiendo, prefiero no meterme y que me dejen en paz mientras diseño mis trajes; estamos comenzando con mal pie, te diré una cosa ¿Qué me dices algo relacionado con tus pasatiempos? A ver si compartimos uno.

—Ella es como mi difunta perra, “Canela”, no le agrada mucho esto que le alteren su rutina.—agregó Marín, quien se encontraba escuchando todo mientras preparaba algo de beber para todos los presentes— pero, vamos Lucrecia, ella no es mala persona.

“Al mal rato darle prisa” pensó Lucrecia, mientras buscaba algo en esa enorme lista de pasatiempos que tenía que pudiese ser medianamente compatible con aquella singular nativa del estado de la estrella solitaria. Finalmente encontró uno y lo comentó sin mucho miedo— Me gusta el cine, al punto que dentro de nada se hará oficial esto que manejaré el cine club de la universidad.

— ¡En serio! Bueno, ya tenemos un punto en común. Por cierto, es una pregunta para todos ¿Qué tal se llevan con ese muchacho llamado Arthur?

Aquella pregunta dejó pensando unos segundos a los presentes, pero ninguno se arriesgaba en responder. El primero en romper aquel silencio, fue Richard, quien había dicho una que otra cosa pero no tenía mucha relevancia para el relato.

—Yo me llevo bastante bien con él, al punto que estoy que lo reto a un juego de ajedrez.

—Pues en más de una ocasión me ha ido a buscar con “Silver” mientras me tocaba estudiar en casa de mis compañeros en otras partes de la ciudad—comentó Bianca—, sin importar la hora, allí estaba para ayudarme.

De repente, todas las miradas se enfocaron en Lucrecia. Alguien con quien se había llevado mal en un comienzo, de hecho casi desde su llegada a aquella casa; pero poco a poco había llegado a tomarle algo de aprecio. Pero ¿Qué iba a responder? Ciertamente apelar por la honestidad no era una buena idea, aunque ya Elizabeth se había dado cuenta de aquel pedazo de relato.

—Creo que hace rato tú misma, sin querer, describiste como me llevaba con Arthur. Ya que más recientemente, no nos llevamos tan mal, si soy honesta. Aunque creo que tu querida admiradora te puede contar más al respecto.

—No, siento comentarte que quiero que seas tú quien me relate eso. Ya que, puedo deducir por el brillo en tus ojos que esa experiencia te gustó bastante, a pesar que es un pesado en ese tema de la política ¿A que no es un encanto?

“¿Un encanto? ¿En serio? Realmente, no creo que haya dicho eso” nuevamente pensó para sí misma Lucrecia. “Lo dijo la ex prometida, o algo por el estilo y lo menos que esperaría que dijese fuese un halago” ¿Qué razones tuvo aquella diseñadora de moda en soltar aquellas palabras sobre quien fuese su prometido? Había muchos comentarios al respecto, especialmente entre Richard y la dueña de la casa.

—Es una historia muy larga y…ciertamente hay muchos detalles que me gustaría repasar primero para contarte bien eso.

—Está bien, no hay problema. Y ¿Está haciendo algo por aquí? Digo, algo como un empleo o algo similar.

—No, no solo sabemos. De hecho, Lucrecia tenía una teoría al respecto pero parece que la descartó. Aunque eso le costó los favores de la señora Marín—apuntó Bianca—, pero creo que, al menos personalmente, debe ser un empleo bastante fuerte en vista que sale bien temprano y regresa bien tarde.

—Pero de no ser por ese empleo, no hubiese pagado lo de la filtración— puntualizó la dueña de la casa—, digamos que es un misterio que le ha sido esquivo para la periodista de esta casa. Y es bastante buena con esto de investigar.

Por razones de un ligero desperfecto mecánico, Arthur y su corcel tuvieron que regresar a casa. Pero, después de abrir la puerta trasera esa que daba al garaje y ver que su abuela no estaba sola y que entre esas caras conocidas estaba la de Elizabeth, tenía emociones encontradas por dentro.

— ¡Hablando del Rey de Roma!—exclamó Marín—; creo que te enteraste un poco temprano sobre la llegada de la nueva inquilina de esta casa.

— ¿No te sorprendes en verme?—le preguntó Elizabeth al recién llegado.

—Tanto como un dolor de muelas o un resfriado. Pero, si, me tomaste por sorpresa, Elizabeth. —, me gustaría invitarte a que te sentases a hablar, pero resulta que esta casa parece más tuya que mía. Y ¿Qué te trae de regreso? Me dijeron que usualmente llegas tarde a tu casa, pero que cosas.

—Un pequeño desperfecto en el auto, exactamente con el asiento del pasajero. Así que vine a arreglar eso, antes que me llamen de nuevo a la calle.

Marín le hizo unas señales a sus inquilinos para desocupar la cocina y dejar a aquellos dos hablando, al menos por unos minutos.

— ¿Cuál será nuestra señal para intervenir?—preguntó Lucrecia.

—Cuando comiencen a gritar, además ¿Para que intervenir? ¿No has escuchado en la auto determinación de las malas relaciones?— le preguntó Richard.

—Además, así tendré una exclusiva. La verdadera razón por la cual Elizabeth estuvo ausente de su blog por cinco meses; esto es algo que deberíamos grabar. —agregó Bianca, mientras sacaba su teléfono para comenzar a hacer lo que había expuesto.

—Nada de eso, solo intervendremos si esos dos comienzan a sacarse los ojos. De resto a quedarse aquí, puedes espiar conmigo si quieren. Quiero refrescar algunos detalles sobre ese drama, así que no quiero sobresalto alguno ¿Queda claro?

Lucrecia estaba extrañada de todo aquel jaleo que se estaba formando, si bien no era la primera vez que escuchaba a Arthur usar el sarcasmo, pues era la primera vez que lo notaba tan serio y lo peor del asunto era que se había quitado su fiel sombrero de inmediato. Casi como si después de ver a Elizabeth, lo había hecho ¿Así había sido el impacto de haberla visto nuevamente?

—Me gustaría hacerte una pregunta ¿Aún recuerdas algún detalle de nuestra primera cita?

—Llovía perros y gatos. Tú vestías una prenda con lunares negros y yo de azul. Después de eso todo fue un enredo, quizás fue culpa mía o tuya, pero creo que algo llega tarde.

Casa Número 86 17

Marín viajaba a casa con quien fuese la prometida de su nieto, una de sus vecinas se ofreció en llevarla. Aquel auto parecía un vehículo fúnebre, por el ambiente tan tenso que había y tan callado. Pero ¿Quién iba a ser el valiente en tratar de romper aquella tensión? Extrañamente, fue Elizabeth quien se arriesgó en decir unas palabras.

—Yo no la recuerdo como una persona tan seria, señora Marín. Le doy el beneficio de la duda a su vecina y amiga; pero a usted la conozco con mucha antelación.

—Digamos que amanecí con el pie izquierdo, Elizabeth. Eso es todo, además que llegas en un momento algo…tenso.

Después de eso no hubo otra conversión, hasta que llegaron a casa. Elizabeth ya estaba en casa de Marín, quien había hecho un desastre para ocultar que la filtración del techo había sido reparada.

— ¿A qué se debe este desorden?

—Filtración en el techo, Elizabeth. Lamento que me encuentres de tan mal humor, pero en el techo está el responsable de eso.

—Simplemente no me creo esa mentira, además ¿No recuerda que mi padre era contratista? Aquí hay algo más que le hecho que vives de alquilar unas cuantas habitaciones a estudiantes universitarios.

—Esta conversación va a ser un tanto extensa, así que lo mínimo que puedo ofrecerte es algo de comer y de beber ¿Estás de acuerdo?

—Eso me agrada bastante. Ya que el hambre que tengo es bastante evidente.

Marín debía organizar bien sus palabras, quizás buscar la forma de calmarse y comprender que Elizabeth iba a estar entre sus inquilinos quien sabe por cuánto tiempo y no podía estar con el estómago revuelto mientras ella estaba bajo ese techo; quizás bajando un poco la guardia, podría ella informarse un poco de los motivos que tenía aquella muchacha.

—Arthur vino para ayudarme monetariamente a reparar lo de esa filtración, lo siento que repita ese tema. Digamos que vino ya que no le gustaba la idea que me fuese a vivir a Texas y que tenía que vender esta casa y el Mustang. Al punto que él mismo lo reparó.

—Eso justifica esas compras de “Mecánica Popular” y ese repentino interés por los autos. Pero, lamento interrumpirte, por favor continúa.

—Pues Arthur se unió a este asunto de Uber, sí, es un taxista pero del nuevo Milenio. Hace buen dinero, al punto que pagamos entre los dos esa reparación  ya que no quería meter en ese asunto a los inquilinos y dejarlos sin un techo simplemente no me parecía algo correcto. Pero puedes decirme lo que quieras, pero les tomé cariño a esos muchachos, aunque no se han graduado como tú.

—No me gradué de una cosa así maravillosa, soy diseñadora de moda. Lo sé, algo que se ve simplemente raro para una persona nativa de Texas. Pero ahora te quiero preguntar ¿Te ha dicho tu nieto algo sobre el compromiso que tenía conmigo y por qué lo congeló?

Marín puso ante Elizabeth un plato blanco donde yacían dos tiras de tocineta, un huevo frito y dos panes tostados, había algo en las palabras y en la actitud de esa nueva residente que le hizo recordar las palabras de Arthur “No hay nada para mí San Antonio” ahora resonaba con fuerza en la mente de su abuela.

–A veces puede ser muy reservado, algo que lo heredó tanto de su padre como de su abuelo; pero, creo que no sería malo conocer tu punto de vista. Te lo digo, ya que tuve que lidiar con esos tres en varias oportunidades.

—Te adelanto una cosa, no me dejó plantada en el altar. Simplemente me comentó que ya no quería seguir estudiando derecho y que quería despejar su mente, creo que fue unos dos meses previos a mi primer desfile me dejó con más angustias que con ganas de seguir diseñando. Un día simplemente me lo dijo y se fue, pero dejo de escribirme o de responder los mensajes que le había dejado en sus redes sociales; aunque, debo admitir que si bien es extremo esto de perseguirlo hasta aquí, quiero verle la cara y que me comente todo eso que lo motivó a congelar el asunto.

¿Cómo era eso de congelar el compromiso que tenían? La madre de su nieto le había comentado, con alegría, aquel mencionado compromiso. Pero ¿Quién estaba ocultando un pedazo de verdad? En algún momento alguien iba a explotar y comentar eso, pero la pregunta estaba en quien iba a ser el primero en hacerlo.

— ¿Puedo irme a dormir después de comer? Quiero dormir en una cama de verdad. Ese viaje, fue incómodo, ya sabes cómo es esto de viajar en avión por trece horas ¡Trece horas!

— ¡No faltaba más! Creo que me tocará llevarte la maleta hasta tu habitación, aunque debo serte honesta, ya que no estoy para la gracia.

—No te preocupes por eso, después de dormir podré subirla. Ya que dudo mucho que tengas un botones aquí. Pero debo preguntarte ¿Dónde está mi habitación?

—En el segundo piso. Te tocará compartir habitación con otras dos residentes, en vista que…tampoco es que tenga mucho espacio aquí, pero no sabes el dolor de cabeza que nos causó subir tu colchoneta a esa habitación.

Los tres inquilinos de Marín llegaron, a la misma hora que lo hacían los jueves. Aunque, lo único diferente de aquel jueves era el hecho que ahora alguien más estaba con ellos bajo aquel techo, posiblemente lo único que se mantenía en la tradición era que aún no había señales del nieto de la dueña de la casa.

—Debo admitir que la nueva inquilina tiene buen gusto, esas maletas se ven prácticas y cómodas—apuntó Bianca.

— ¿Tan prácticas que no pudo subirlas?— le preguntó Lucrecia—, aunque debo admitir que también se ven algo pesadas.

— ¿Acaso mis ojos me están engañando? ¿Estaré viendo las siglas E.M? mi corazón se anda acelerando y estoy más que segura que no es por algún infarto.

Resultó ser que aquella diseñadora de modas con quien salió el buen Arthur no era otra más que Elizabeth Miller, quien llevaba una concurrida página web sobre modas y todos los temas relacionados a ese mundo. Como una estudiante de medicina sabía todo lo referente a la moda y al maquillaje, pues es un misterio incluso casi del mismo tamaño de como la conoció el nieto de Marín.

— ¡Yo sabía que su nieto tenía algo! Pero ¡Esto! no me lo esperaba—Bianca, estaba mucho más habladora que lo acostumbrado. —, ciertamente es todo un pícaro.

—Realmente, no. Por muy grande que sea San Antonio, todavía tiene esa vibra de pueblo pequeño del estado de la estrella solitaria. Al menos eso es lo que siempre me comenta mi hija, quien tiene años viviendo en esa metrópolis— comentó la dueña de la casa.

—Pero ¿Quién es esa Elizabeth Miller?— preguntó Lucrecia.

—Has dicho las palabras prohibidas, Lucrecia—agregó Richard—, ya nos va a soltar una de las suyas. Bueno, tú debes estar acostumbrada a largos discursos. Ya tienes experiencia en eso.

Lucrecia no respondió a aquellas palabras, pero Bianca comenzó a hablar de quien era la nueva inquilina. Si había alguien de renombre no solo en el mundo de los blogs sobre moda sino también en el mundo de las pasarelas, maquillaje y demás temas que se relacionan mucho, esa era Elizabeth. Tres desfiles que fueron un éxito, una línea de ropa que se estaba comercializando directamente por Amazon y, como guinda en aquel helado, un blog que aumentaba el número de visitas de forma recurrente con sus consejos y opiniones sobre los hechos más recientes del mundo de la moda.

“Con tanta laca, secadores de cabello y maquillaje puedo comprender las razones por las cuales Arthur la dejó” pensó la estudiante de periodismo, quien parecía haber conocido su opuesto.

Reseñas Amargadas: Fullmetal Alchemist del 1 al 11

El segundo estilo de reseñas aquí ya hace su aparición, creo que debía pasar por estos ojos una de las series consideradas como vaca sagrada para muchos y que, al igual que la primera serie que sirvió de apertura para esta sección, fue una de las tantas que usó el difunto canal animax para darse a conocer. Quizás reseñar la serie de un solo empuje hubiera sido lo mejor, pero el caso es que debía intentar variar un poco  el estilo y creo que ver toda la obra así sólo me hubiese dejado agotado y aburrido. Así que vamos a ver si puedo ir intercalando series para ir ampliando el número reseñas.

Dejando todo eso de lado, pues debo aclarar dos puntos. Primero está el hecho que estaré escribiendo sobre la primera serie que se hizo y creo que ir respetando en grupos de once episodios te da una buena idea de la serie y de las magnitudes del viaje que han tomado los hermanos protagonistas de esta serie.

El comienzo casi de forma retrospectiva sirve no sólo para conocer a los personajes, tanto buenos como malos, sino también el mundo en donde habitan y como la mentada alquimia ha servido como todo lo que inventa el hombre, tanto para bien como para mal. Otro buen punto a su favor que, al menos en estos episodios, la alquimia como elemento para las peleas con habilidades sobrenaturales tiene unas reglas y no es muy inteligente saltarlas, también está el hecho que si bien las motivaciones de los personajes son válidas, no están todo el rato siendo usadas para venderlos como víctimas o como puente para discursos sobre la amistad y el trabajo en equipo.

Hay episodios que saben manejar muy bien el humor así como las cargas dramáticas y que no están puestas para crear impacto en el espectador. Puedo comprender el estatus que tiene como vaca sagrada pero como único punto negativo que le vi, al menos en estos once episodios, es el hecho que hay momentos en que hay historias que pudieron haberse desarrollado un poco más y hablo de ese episodio de la quimera que hablaba y todas las consecuencias que trajo y que traerá a los hermanos.

Casa Número Ochenta y Seis 14

La señora Marín esperó que Bianca llegase a tomar el desayuno, aunque aquella escena podría parecer como cualquier otra que se hacía los fines de semana, la cara de la dueña de aquella casa decía todo lo contrario. No había nada por lo cual sentirse calmada. Para empeorar la situación, había tensión en el aire.

—Entonces, yo no sé si estaré hablando por el resto de sus huéspedes pero ¿Cómo es eso que la prometida de Arthur nos estará visitando dentro de pocas semanas?—preguntó Richard, con un tono muy serio. Ese que usaba durante clases y del que siempre erizaba la piel de los profesores, según Lucrecia.

—Sí, sé que sorprende el hecho de que mi nieto con ese carácter que se gasta estuvo cerca de un matrimonio. Al parecer, no hay nada claro con respecto a cuál de los dos fue quien canceló todo eso. Posiblemente eso lo sabremos cuando la tengamos aquí, de hecho esa visita ya comienza a ser un dolor de cabeza para mí. —fue la extraña respuesta de la dueña de aquella casa.

Esas palabras tomaron por sorpresa a los huéspedes, ya que no había alguien más hospitalario en aquella urbanización como la señora Marín. Considerar que una visita le estaba causando una molestia era algo muy fuerte, un asunto que señalaba que no se lo estaba tomando a bien o que todo eso era, en realidad, no otra cosa que un iceberg.

—Pero ¿En qué podemos ayudarle?—preguntó Lucrecia, siempre hablando por el resto de sus compañeros—, si es necesario hacer un sacrificio. No queda de otra opción que hacerlo.

—Me alegra escuchar eso, al menos de ti querida Lucrecia. Quiero que tú y Bianca le pongan un ojo a la futura huésped de esta casa, así que pensé que podría quedarse en  su habitación. Voy a convencer a mi nieto para que comparta habitación con Richard, estaba cansada de verlo dormir aquí en la planta baja. Concretamente en el sofá, a pesar de que ese muchacho me está sacando nuevas canas, se merece un mejor sitio para dormir.

Richard y Bianca miraron de forma penetrante a su querida compañera, de nuevo había hecho algo que comprometía sus rutinas, incluso la de ella. Pero, no le quedaba otra opción. “Lástima que esta casa no tenga un sótano, podríamos mandar a Richard o a su prometida a ese sitio” pensó la joven estudiante.

—Espero que esta pregunta no sea imprudente, Marín, pero creo que es necesaria ¿Cuándo tendremos a esa persona aquí? Digo, el viaje de San Antonio a California es de trece horas de vuelo, sin contar las horas adicionales que hay que hacer desde el aeropuerto hasta esta urbanización.

—Excelente pregunta Richard, la tendremos aquí para mañana. No les pido mucho, solo a que me ayuden a limpiar la casa y preparar una cama para esta nueva residente. Y si, por si no queda claro, no estoy del todo contenta con esta situación.

Un nuevo residente no solo implicaba más gastos, al menos en comida, sino también que el ambiente que habían forjado la dueña de la casa, sus huéspedes y su nieto debía irse a mejor vida. Lo bueno del asunto es que ninguno de los muchachos quiso preguntar más sobre aquel tema, ya que el asunto de ese compromiso  congelado iba a ser el responsable de muchas confrontaciones en aquella casa.

La primera orden fue llevar una colchoneta a la habitación de Bianca y Lucrecia, trabajo que fue tomado por Richard, alguien que lo hacía con una soltura increíble.

—Sigo pensando que lo de la colchoneta y demás lo debería hacer el Vaquero— indicó la estudiante de medicina, sin ocultar el hecho que estaba un poco molesta—, ya de por si era difícil estudiar aquí contigo aquí Lucrecia, sin ofender. No me quiero imaginar cómo será como será esta situación con esta nueva persona aquí.

—No me siento ofendida por eso. Recuerda que el Vaquero no sabe de esto, aunque eso no lo salva de estar metido en el predicamento que se avecina. —Respondió Lucrecia—, por mi parte creo que lo mejor que podemos hacer es…

Súbitamente, Richard le tapó la boca a su compañera, dejando en el suelo rápidamente la colchoneta. Lo interesante fue que hasta Bianca abrió los ojos de par en par, buscando una forma de cortarle la idea a Lucrecia.

— Creo que también hemos tenido mucho de “lo mejor que podemos hacer”, así como el hecho que no es necesario empeorar más la situación con alguna de tus ideas. Y si pretendes morderme, es lo mejor que lo medites muy bien.

—Lo cierto es que, Richard tiene razón amiga. No es un buen momento para una de tus loquitas ideas. —Agregó la estudiante de medicina—, además que hasta nuestra participación en el torneo de tenis de mesa se ve comprometida. Ni hablemos del asunto de celebrar Halloween, ya que quería invitar a unos amigos de la universidad a la fiesta.

— ¡Mis ideas no traen desastres! Claro una que otra habrá salido mal, pero si me permitieran implementarlas mejor, pues otro gallo cantaría.

—Lo mismo han dicho del socialismo—agregó el estudiante de derecho—, que nunca lo han dejado implementar de forma correcta y cuando lo hacen, pues siempre salen los defensores a decir que aquello no era el verdadero socialismo. La verdad que la situación amerita algo con mejor enfoque.

El plan que iban a considerar aquel trío era bastante simple. Tratarían de ser lo más cordiales que podían, aunque ya tenían la persona indicada para ser la cabeza de lanza de todo aquello, no otra que Lucrecia.

—Sigo sin entender ¿Por qué yo?— preguntó la estudiante de periodismo. —, yo también tengo mi agenda que cumplir. Creo que eso debería una labor de todos nosotros, de hecho, estamos todos involucrados en ese problema. Nos guste o no.

—Pero todo indica que tu agenda no es tan apretada como la de Bianca o como la mía— matizó Richard—, seguramente no te gustaría conocer todo lo que debo hacer este año. No solo como estudiante, sino también como el nuevo supervisor de unos obreros del ramo de la construcción y asistente del abogado de esa empresa.

—Y a mí me tocará dentro de poco las primeras prácticas en un hospital, así que   tampoco estaré por aquí el tiempo necesario para comprender lo que realmente sucedió entre Arthur y la nueva residente. Además ¿Cuántas reuniones tienen el cine club al mes? Y las ventas del periódico de la universidad no andan muy bien en estos días, todo indica que te toca recibir esa bala, querida amiga. —indicó Bianca, mientras terminaba de arreglar su pequeño bolso de mano, quería irse a estudiar a un sitio no tan tenso.

—Creo que no me podré escapar de esta, por mucho que lo quisiera. Creo que debo admitir que esto es mi Waterloo. De hecho, no importa lo que haga, soy el Napoleón en esta situación.

—Lamento corregirte. Bueno, no, sabes que me gusta mucho hacerlo. Pero si bien es reiterar algo que ya sabes, pero dudo mucho que tengas el mismo genio militar de Napoleón. Además, hasta donde sé, a ti nunca te han exiliado a alguna isla; así que creo que le estás haciendo referencia a la canción de cierta banda del norte de Europa.

—Pero ¿Qué les hace creer que me voy a llevar con esa persona? Ya vieron que con Arthur tuve mis roces. Además que buena parte de la población de Texas es republicana y todas esas cosas…

—Así es, pero eso fue durante la fuerte campaña presidencial. Ha pasado algo de tiempo y creo que has bajada un poco la intensidad con esos temas del feminismo y el apoyo incondicional a la señora Clinton. Además que, si bien no sabemos qué pasó exactamente con la filtración, eso también fue culpa tuya así que creo que aun te toca pecados que expiar.

En la cabeza de Lucrecia comenzó a sonar una de las muchas canciones favoritas de su señor padre, “Tragedia” de esa agrupación toda la banda sonora de la película “Fiebre de Sábado por la Noche”. De hecho, ahora podía comprender buena parte de la letra de aquella canción.

Casa Número 86 13

Ahora, se hace pertinente relatar lo que hicieron los jóvenes después de aquella estadía en el restaurante aquel. De la misma forma que su abuela, aparte de ser el conductor designado, Arthur era quién conducía al potro, aunque la única diferencia era en el copiloto; ya no era la extraña Lucrecia, sino el calmado Richard.

— ¿Quién iba a creer que nuestra interpretación iba a ser la ganadora?— Comentó el estudiante de derecho, buscando iniciar una conversación.

—Creo que la verdadera pregunta sería ¿Qué tan baja es la resistencia al alcohol de esas muchachas? Considerando que mi abuela aún tiene esa manía de doblar el codo. De hecho, el whisky siempre ha sido su favorito.

—Creo que hacemos bien en regresar a casa. Pero, como no recuerdo cuando fue la última vez que tuvimos una conversación ¿No crees que estemos en una excelente oportunidad para una? Yo considero que sí, aunque una sola persona no hace una conversación.

Al menos en buena parte de lo que había dicho el estudiante de derecho tenía razón, ya que durante esa partida de ajedrez que quedó incompleta, todo gracias a que una discusión entre Lucrecia y Bianca y que no pudo ser controlada por la dueña de la casa.

—He notado que tú y la demócrata están dejando de pelear. Y no sé si tomar todo eso como algo bueno o malo; ya que no sabes cuántas veces tuve que contener por los ataques de risa que me causaba ver a Lucrecia sin ideas y roja de furia.

—Yo puedo decir lo mismo sobre ti y la futura galeno. Me atrevo a decir que ese asunto entre ustedes dos, debe tener algo de tiempo. Pero con el primer tema que trajiste a la mesa, hasta a mi abuela le ha tomado por sorpresa. Pero voy a pedirte que no fumes en el auto, mira que el spray ambientador se me está acabando.

Richard guardó la caja de cigarrillos y el encendedor, en el rostro del estudiante de derecho se dibujó una extraña sonrisa y luego comentó.

—Aparte de Vaquero, ahora también tienes dotes de detective. Oye, esa mezcla de género es interesante, aunque creo que funcionaría mejor dentro de la ciencia ficción; pero, debo admitir que sí, entre ella y yo hay algo.

Pero después de aquellas palabras, el estudiante de derecho se quedó unos segundos callado, mientras que el conductor asomó por breve momento su mirada en las chicas que se encontraban dormidas.

—Aquello que tengo con Bianca tampoco anda en el mejor momento. De hecho, espero no te molestes en que te tenga que contar eso.

—Para otra ocasión, no es muy prudente que lo hagas. Considerando que ella está allá atrás y podría despertar en cualquier momento, eso sí. Tranquilo, me han comentado que soy un buen confidente, pero en esta oportunidad lo mejor será terminar no sólo la partida de ajedrez, sino también con algo que adicional.

—Se hace evidente que te estás refiriendo a ese hecho notorio que nuestros duelos no sólo agotan nuestros cerebros, sino también a nuestros estómagos. Aunque sólo me queda una duda ¿Para cuándo?

Aquel singular duelo quedó pautado para dentro de dos semanas, un plazo de tiempo Arthur tendría otros dos días libres. Pero la charla debía seguir, ya que aún quedaba camino por recorrer; Richard seguía comentando sobre las próximas acciones que iba a hacer con respecto a que era el protector de Lucrecia en el campus.

—Pero si te soy honesto, creo que haces mal en ocultar ese trabajo en Uber al resto de los residentes. Yo lo descubrí por mero azar, además que ¿Cuál es el problema con eso? No es un trabajo indigno.

—Creo que no es algo que importa mucho. Es algo que no es problema de terceros, sin ofender. Ya que, aún es temprano para decirlo, todo lo referente a la filtración puede estar por cerrar. Todo gracias a ese empleo que tengo, de hecho y tal como le dije a mi abuela, tampoco es que hay mucho para mí en mi ciudad natal.

—No sé qué asunto de fondo tuviste para irte de San Antonio, pero creo que te sorprenderá saber que comparto eso. Yo salí de mi ciudad agrícola y sin ánimos de regresar; fuimos pocos los que salimos de mi promoción de secundaria. Buena parte se quedó, yo aún hoy me pregunto que estarán haciendo.

La conversación siguió, pero el jinete ya estaba agotado, quería descansar al menos unas horas. No era para menos, ya que en pocas horas debía salir nuevamente con “Silver” pero, no dejaba de preguntarse ¿Qué lo iba a motivar ahora? Ya el asunto de la filtración parecía cerrado o al menos eso creía.

Al llegar a su destino, Arthur se quedó mirando al techo de la casa, mientras su abuela se aseguraba que Lucrecia y Bianca llegasen sin tantos tumbos a su habitación.

—Debes admitir que el contratista hizo un buen trabajo y no fue necesario lo de hacer pagos parciales. Yo te dije que todo iba a salir bien.

—Sí, lo admito. Aunque creo que mi trabajo aquí no ha concluido. Y mientras esa filtración esté allá en el techo, creo que me tendrás aquí por un buen rato.

—Te tengo una extraña noticia, pero tú me dices si la quieres escuchar ahora mismo. Aunque como dentro de nada te toca salir nuevamente a trabajar, no creo que sea prudente. Yo sé que igualmente te pondrá cabezón todo el asunto que no te podré comentar ¿Quieres una manzanilla? A tu abuelo le ayudaba a dormir.

—Creo que no me queda de otra. Además que, ciertamente, necesito dormir así sea unos cuantos minutos. Una pregunta ¿Qué sabes del mentado torneo de tenis de mesa?

La señora Marín le sirvió el té a su nieto, se le quedó mirando unos segundos. Aquella pregunta la dejó pensando. No era del tipo competitivo, además que el dinero del premio tampoco era gran cosa, de hecho ya el asunto de la filtración se podía considerar como superado.

—Creo que la semana previa a las festividades de octubre, exactamente antes de La Noche de Halloween. Con respecto a la filtración, el contratista me dio su palabra que volverá, pero que el trabajo no ha concluido; pero te insisto, no necesitamos más dinero para ese asunto.

Arthur bebió de la taza, quería meditar bien su respuesta pero cuando aquella infusión llegó a su organismo, comprendió que lo mejor era seguir el Consejo de su abuela, cuando volviesen él y su fiel caballo a casa tendría algo de energía para afrontar esa noticia.

Aquella mañana, la cual llegó con algunos suspiros de alivio, la señora dueña de esa casa no se había despertado temprano para hacer el tradicional desayuno para sus queridos huéspedes. Se despertó, extrañamente, con la sensación que no podía ocultar aquella noticia que no pudo decirle a su nieto. Para su sorpresa, Richard y Lucrecia estaban en la cocina, haciendo el trabajo.

—Espero que considere esto de supervisión de nuestro trabajo y por cierto. Buenos días— le saludó el estudiante de derecho—, como cosa rara su nieto no se suma a su tradición.

—Aunque me alegra ver que la filtración ya tiene sus días contados. Aunque pudo habernos pedido esto de dejar la casa por esto de la reparación sin tanto misterio. — agregó la estudiante de periodismo.

—De todas formas, fue bueno que se tomaron su buen rato en regresar; me llegaron una avalancha de noticias desde San Antonio, las cuales me dejaron gritando y creo que, por mucho que no me agrade la idea involucrarlos, no es disparatado decir que estamos juntos en esto.

Aquellas palabras dejaron fríos a Richard y Lucrecia, de hecho, poco sabían sobre los motivos de fondo que tuvo Arthur en dejar la ciudad de San Antonio y estar con su abuela.

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