Casa Número 86 17

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Marín viajaba a casa con quien fuese la prometida de su nieto, una de sus vecinas se ofreció en llevarla. Aquel auto parecía un vehículo fúnebre, por el ambiente tan tenso que había y tan callado. Pero ¿Quién iba a ser el valiente en tratar de romper aquella tensión? Extrañamente, fue Elizabeth quien se arriesgó en decir unas palabras.

—Yo no la recuerdo como una persona tan seria, señora Marín. Le doy el beneficio de la duda a su vecina y amiga; pero a usted la conozco con mucha antelación.

—Digamos que amanecí con el pie izquierdo, Elizabeth. Eso es todo, además que llegas en un momento algo…tenso.

Después de eso no hubo otra conversión, hasta que llegaron a casa. Elizabeth ya estaba en casa de Marín, quien había hecho un desastre para ocultar que la filtración del techo había sido reparada.

— ¿A qué se debe este desorden?

—Filtración en el techo, Elizabeth. Lamento que me encuentres de tan mal humor, pero en el techo está el responsable de eso.

—Simplemente no me creo esa mentira, además ¿No recuerda que mi padre era contratista? Aquí hay algo más que le hecho que vives de alquilar unas cuantas habitaciones a estudiantes universitarios.

—Esta conversación va a ser un tanto extensa, así que lo mínimo que puedo ofrecerte es algo de comer y de beber ¿Estás de acuerdo?

—Eso me agrada bastante. Ya que el hambre que tengo es bastante evidente.

Marín debía organizar bien sus palabras, quizás buscar la forma de calmarse y comprender que Elizabeth iba a estar entre sus inquilinos quien sabe por cuánto tiempo y no podía estar con el estómago revuelto mientras ella estaba bajo ese techo; quizás bajando un poco la guardia, podría ella informarse un poco de los motivos que tenía aquella muchacha.

—Arthur vino para ayudarme monetariamente a reparar lo de esa filtración, lo siento que repita ese tema. Digamos que vino ya que no le gustaba la idea que me fuese a vivir a Texas y que tenía que vender esta casa y el Mustang. Al punto que él mismo lo reparó.

—Eso justifica esas compras de “Mecánica Popular” y ese repentino interés por los autos. Pero, lamento interrumpirte, por favor continúa.

—Pues Arthur se unió a este asunto de Uber, sí, es un taxista pero del nuevo Milenio. Hace buen dinero, al punto que pagamos entre los dos esa reparación  ya que no quería meter en ese asunto a los inquilinos y dejarlos sin un techo simplemente no me parecía algo correcto. Pero puedes decirme lo que quieras, pero les tomé cariño a esos muchachos, aunque no se han graduado como tú.

—No me gradué de una cosa así maravillosa, soy diseñadora de moda. Lo sé, algo que se ve simplemente raro para una persona nativa de Texas. Pero ahora te quiero preguntar ¿Te ha dicho tu nieto algo sobre el compromiso que tenía conmigo y por qué lo congeló?

Marín puso ante Elizabeth un plato blanco donde yacían dos tiras de tocineta, un huevo frito y dos panes tostados, había algo en las palabras y en la actitud de esa nueva residente que le hizo recordar las palabras de Arthur “No hay nada para mí San Antonio” ahora resonaba con fuerza en la mente de su abuela.

–A veces puede ser muy reservado, algo que lo heredó tanto de su padre como de su abuelo; pero, creo que no sería malo conocer tu punto de vista. Te lo digo, ya que tuve que lidiar con esos tres en varias oportunidades.

—Te adelanto una cosa, no me dejó plantada en el altar. Simplemente me comentó que ya no quería seguir estudiando derecho y que quería despejar su mente, creo que fue unos dos meses previos a mi primer desfile me dejó con más angustias que con ganas de seguir diseñando. Un día simplemente me lo dijo y se fue, pero dejo de escribirme o de responder los mensajes que le había dejado en sus redes sociales; aunque, debo admitir que si bien es extremo esto de perseguirlo hasta aquí, quiero verle la cara y que me comente todo eso que lo motivó a congelar el asunto.

¿Cómo era eso de congelar el compromiso que tenían? La madre de su nieto le había comentado, con alegría, aquel mencionado compromiso. Pero ¿Quién estaba ocultando un pedazo de verdad? En algún momento alguien iba a explotar y comentar eso, pero la pregunta estaba en quien iba a ser el primero en hacerlo.

— ¿Puedo irme a dormir después de comer? Quiero dormir en una cama de verdad. Ese viaje, fue incómodo, ya sabes cómo es esto de viajar en avión por trece horas ¡Trece horas!

— ¡No faltaba más! Creo que me tocará llevarte la maleta hasta tu habitación, aunque debo serte honesta, ya que no estoy para la gracia.

—No te preocupes por eso, después de dormir podré subirla. Ya que dudo mucho que tengas un botones aquí. Pero debo preguntarte ¿Dónde está mi habitación?

—En el segundo piso. Te tocará compartir habitación con otras dos residentes, en vista que…tampoco es que tenga mucho espacio aquí, pero no sabes el dolor de cabeza que nos causó subir tu colchoneta a esa habitación.

Los tres inquilinos de Marín llegaron, a la misma hora que lo hacían los jueves. Aunque, lo único diferente de aquel jueves era el hecho que ahora alguien más estaba con ellos bajo aquel techo, posiblemente lo único que se mantenía en la tradición era que aún no había señales del nieto de la dueña de la casa.

—Debo admitir que la nueva inquilina tiene buen gusto, esas maletas se ven prácticas y cómodas—apuntó Bianca.

— ¿Tan prácticas que no pudo subirlas?— le preguntó Lucrecia—, aunque debo admitir que también se ven algo pesadas.

— ¿Acaso mis ojos me están engañando? ¿Estaré viendo las siglas E.M? mi corazón se anda acelerando y estoy más que segura que no es por algún infarto.

Resultó ser que aquella diseñadora de modas con quien salió el buen Arthur no era otra más que Elizabeth Miller, quien llevaba una concurrida página web sobre modas y todos los temas relacionados a ese mundo. Como una estudiante de medicina sabía todo lo referente a la moda y al maquillaje, pues es un misterio incluso casi del mismo tamaño de como la conoció el nieto de Marín.

— ¡Yo sabía que su nieto tenía algo! Pero ¡Esto! no me lo esperaba—Bianca, estaba mucho más habladora que lo acostumbrado. —, ciertamente es todo un pícaro.

—Realmente, no. Por muy grande que sea San Antonio, todavía tiene esa vibra de pueblo pequeño del estado de la estrella solitaria. Al menos eso es lo que siempre me comenta mi hija, quien tiene años viviendo en esa metrópolis— comentó la dueña de la casa.

—Pero ¿Quién es esa Elizabeth Miller?— preguntó Lucrecia.

—Has dicho las palabras prohibidas, Lucrecia—agregó Richard—, ya nos va a soltar una de las suyas. Bueno, tú debes estar acostumbrada a largos discursos. Ya tienes experiencia en eso.

Lucrecia no respondió a aquellas palabras, pero Bianca comenzó a hablar de quien era la nueva inquilina. Si había alguien de renombre no solo en el mundo de los blogs sobre moda sino también en el mundo de las pasarelas, maquillaje y demás temas que se relacionan mucho, esa era Elizabeth. Tres desfiles que fueron un éxito, una línea de ropa que se estaba comercializando directamente por Amazon y, como guinda en aquel helado, un blog que aumentaba el número de visitas de forma recurrente con sus consejos y opiniones sobre los hechos más recientes del mundo de la moda.

“Con tanta laca, secadores de cabello y maquillaje puedo comprender las razones por las cuales Arthur la dejó” pensó la estudiante de periodismo, quien parecía haber conocido su opuesto.

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Reseñas Amargadas: Fullmetal Alchemist del 1 al 11

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El segundo estilo de reseñas aquí ya hace su aparición, creo que debía pasar por estos ojos una de las series consideradas como vaca sagrada para muchos y que, al igual que la primera serie que sirvió de apertura para esta sección, fue una de las tantas que usó el difunto canal animax para darse a conocer. Quizás reseñar la serie de un solo empuje hubiera sido lo mejor, pero el caso es que debía intentar variar un poco  el estilo y creo que ver toda la obra así sólo me hubiese dejado agotado y aburrido. Así que vamos a ver si puedo ir intercalando series para ir ampliando el número reseñas.

Dejando todo eso de lado, pues debo aclarar dos puntos. Primero está el hecho que estaré escribiendo sobre la primera serie que se hizo y creo que ir respetando en grupos de once episodios te da una buena idea de la serie y de las magnitudes del viaje que han tomado los hermanos protagonistas de esta serie.

El comienzo casi de forma retrospectiva sirve no sólo para conocer a los personajes, tanto buenos como malos, sino también el mundo en donde habitan y como la mentada alquimia ha servido como todo lo que inventa el hombre, tanto para bien como para mal. Otro buen punto a su favor que, al menos en estos episodios, la alquimia como elemento para las peleas con habilidades sobrenaturales tiene unas reglas y no es muy inteligente saltarlas, también está el hecho que si bien las motivaciones de los personajes son válidas, no están todo el rato siendo usadas para venderlos como víctimas o como puente para discursos sobre la amistad y el trabajo en equipo.

Hay episodios que saben manejar muy bien el humor así como las cargas dramáticas y que no están puestas para crear impacto en el espectador. Puedo comprender el estatus que tiene como vaca sagrada pero como único punto negativo que le vi, al menos en estos once episodios, es el hecho que hay momentos en que hay historias que pudieron haberse desarrollado un poco más y hablo de ese episodio de la quimera que hablaba y todas las consecuencias que trajo y que traerá a los hermanos.

Casa Número Ochenta y Seis 14

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La señora Marín esperó que Bianca llegase a tomar el desayuno, aunque aquella escena podría parecer como cualquier otra que se hacía los fines de semana, la cara de la dueña de aquella casa decía todo lo contrario. No había nada por lo cual sentirse calmada. Para empeorar la situación, había tensión en el aire.

—Entonces, yo no sé si estaré hablando por el resto de sus huéspedes pero ¿Cómo es eso que la prometida de Arthur nos estará visitando dentro de pocas semanas?—preguntó Richard, con un tono muy serio. Ese que usaba durante clases y del que siempre erizaba la piel de los profesores, según Lucrecia.

—Sí, sé que sorprende el hecho de que mi nieto con ese carácter que se gasta estuvo cerca de un matrimonio. Al parecer, no hay nada claro con respecto a cuál de los dos fue quien canceló todo eso. Posiblemente eso lo sabremos cuando la tengamos aquí, de hecho esa visita ya comienza a ser un dolor de cabeza para mí. —fue la extraña respuesta de la dueña de aquella casa.

Esas palabras tomaron por sorpresa a los huéspedes, ya que no había alguien más hospitalario en aquella urbanización como la señora Marín. Considerar que una visita le estaba causando una molestia era algo muy fuerte, un asunto que señalaba que no se lo estaba tomando a bien o que todo eso era, en realidad, no otra cosa que un iceberg.

—Pero ¿En qué podemos ayudarle?—preguntó Lucrecia, siempre hablando por el resto de sus compañeros—, si es necesario hacer un sacrificio. No queda de otra opción que hacerlo.

—Me alegra escuchar eso, al menos de ti querida Lucrecia. Quiero que tú y Bianca le pongan un ojo a la futura huésped de esta casa, así que pensé que podría quedarse en  su habitación. Voy a convencer a mi nieto para que comparta habitación con Richard, estaba cansada de verlo dormir aquí en la planta baja. Concretamente en el sofá, a pesar de que ese muchacho me está sacando nuevas canas, se merece un mejor sitio para dormir.

Richard y Bianca miraron de forma penetrante a su querida compañera, de nuevo había hecho algo que comprometía sus rutinas, incluso la de ella. Pero, no le quedaba otra opción. “Lástima que esta casa no tenga un sótano, podríamos mandar a Richard o a su prometida a ese sitio” pensó la joven estudiante.

—Espero que esta pregunta no sea imprudente, Marín, pero creo que es necesaria ¿Cuándo tendremos a esa persona aquí? Digo, el viaje de San Antonio a California es de trece horas de vuelo, sin contar las horas adicionales que hay que hacer desde el aeropuerto hasta esta urbanización.

—Excelente pregunta Richard, la tendremos aquí para mañana. No les pido mucho, solo a que me ayuden a limpiar la casa y preparar una cama para esta nueva residente. Y si, por si no queda claro, no estoy del todo contenta con esta situación.

Un nuevo residente no solo implicaba más gastos, al menos en comida, sino también que el ambiente que habían forjado la dueña de la casa, sus huéspedes y su nieto debía irse a mejor vida. Lo bueno del asunto es que ninguno de los muchachos quiso preguntar más sobre aquel tema, ya que el asunto de ese compromiso  congelado iba a ser el responsable de muchas confrontaciones en aquella casa.

La primera orden fue llevar una colchoneta a la habitación de Bianca y Lucrecia, trabajo que fue tomado por Richard, alguien que lo hacía con una soltura increíble.

—Sigo pensando que lo de la colchoneta y demás lo debería hacer el Vaquero— indicó la estudiante de medicina, sin ocultar el hecho que estaba un poco molesta—, ya de por si era difícil estudiar aquí contigo aquí Lucrecia, sin ofender. No me quiero imaginar cómo será como será esta situación con esta nueva persona aquí.

—No me siento ofendida por eso. Recuerda que el Vaquero no sabe de esto, aunque eso no lo salva de estar metido en el predicamento que se avecina. —Respondió Lucrecia—, por mi parte creo que lo mejor que podemos hacer es…

Súbitamente, Richard le tapó la boca a su compañera, dejando en el suelo rápidamente la colchoneta. Lo interesante fue que hasta Bianca abrió los ojos de par en par, buscando una forma de cortarle la idea a Lucrecia.

— Creo que también hemos tenido mucho de “lo mejor que podemos hacer”, así como el hecho que no es necesario empeorar más la situación con alguna de tus ideas. Y si pretendes morderme, es lo mejor que lo medites muy bien.

—Lo cierto es que, Richard tiene razón amiga. No es un buen momento para una de tus loquitas ideas. —Agregó la estudiante de medicina—, además que hasta nuestra participación en el torneo de tenis de mesa se ve comprometida. Ni hablemos del asunto de celebrar Halloween, ya que quería invitar a unos amigos de la universidad a la fiesta.

— ¡Mis ideas no traen desastres! Claro una que otra habrá salido mal, pero si me permitieran implementarlas mejor, pues otro gallo cantaría.

—Lo mismo han dicho del socialismo—agregó el estudiante de derecho—, que nunca lo han dejado implementar de forma correcta y cuando lo hacen, pues siempre salen los defensores a decir que aquello no era el verdadero socialismo. La verdad que la situación amerita algo con mejor enfoque.

El plan que iban a considerar aquel trío era bastante simple. Tratarían de ser lo más cordiales que podían, aunque ya tenían la persona indicada para ser la cabeza de lanza de todo aquello, no otra que Lucrecia.

—Sigo sin entender ¿Por qué yo?— preguntó la estudiante de periodismo. —, yo también tengo mi agenda que cumplir. Creo que eso debería una labor de todos nosotros, de hecho, estamos todos involucrados en ese problema. Nos guste o no.

—Pero todo indica que tu agenda no es tan apretada como la de Bianca o como la mía— matizó Richard—, seguramente no te gustaría conocer todo lo que debo hacer este año. No solo como estudiante, sino también como el nuevo supervisor de unos obreros del ramo de la construcción y asistente del abogado de esa empresa.

—Y a mí me tocará dentro de poco las primeras prácticas en un hospital, así que   tampoco estaré por aquí el tiempo necesario para comprender lo que realmente sucedió entre Arthur y la nueva residente. Además ¿Cuántas reuniones tienen el cine club al mes? Y las ventas del periódico de la universidad no andan muy bien en estos días, todo indica que te toca recibir esa bala, querida amiga. —indicó Bianca, mientras terminaba de arreglar su pequeño bolso de mano, quería irse a estudiar a un sitio no tan tenso.

—Creo que no me podré escapar de esta, por mucho que lo quisiera. Creo que debo admitir que esto es mi Waterloo. De hecho, no importa lo que haga, soy el Napoleón en esta situación.

—Lamento corregirte. Bueno, no, sabes que me gusta mucho hacerlo. Pero si bien es reiterar algo que ya sabes, pero dudo mucho que tengas el mismo genio militar de Napoleón. Además, hasta donde sé, a ti nunca te han exiliado a alguna isla; así que creo que le estás haciendo referencia a la canción de cierta banda del norte de Europa.

—Pero ¿Qué les hace creer que me voy a llevar con esa persona? Ya vieron que con Arthur tuve mis roces. Además que buena parte de la población de Texas es republicana y todas esas cosas…

—Así es, pero eso fue durante la fuerte campaña presidencial. Ha pasado algo de tiempo y creo que has bajada un poco la intensidad con esos temas del feminismo y el apoyo incondicional a la señora Clinton. Además que, si bien no sabemos qué pasó exactamente con la filtración, eso también fue culpa tuya así que creo que aun te toca pecados que expiar.

En la cabeza de Lucrecia comenzó a sonar una de las muchas canciones favoritas de su señor padre, “Tragedia” de esa agrupación toda la banda sonora de la película “Fiebre de Sábado por la Noche”. De hecho, ahora podía comprender buena parte de la letra de aquella canción.

Casa Número 86 13

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Ahora, se hace pertinente relatar lo que hicieron los jóvenes después de aquella estadía en el restaurante aquel. De la misma forma que su abuela, aparte de ser el conductor designado, Arthur era quién conducía al potro, aunque la única diferencia era en el copiloto; ya no era la extraña Lucrecia, sino el calmado Richard.

— ¿Quién iba a creer que nuestra interpretación iba a ser la ganadora?— Comentó el estudiante de derecho, buscando iniciar una conversación.

—Creo que la verdadera pregunta sería ¿Qué tan baja es la resistencia al alcohol de esas muchachas? Considerando que mi abuela aún tiene esa manía de doblar el codo. De hecho, el whisky siempre ha sido su favorito.

—Creo que hacemos bien en regresar a casa. Pero, como no recuerdo cuando fue la última vez que tuvimos una conversación ¿No crees que estemos en una excelente oportunidad para una? Yo considero que sí, aunque una sola persona no hace una conversación.

Al menos en buena parte de lo que había dicho el estudiante de derecho tenía razón, ya que durante esa partida de ajedrez que quedó incompleta, todo gracias a que una discusión entre Lucrecia y Bianca y que no pudo ser controlada por la dueña de la casa.

—He notado que tú y la demócrata están dejando de pelear. Y no sé si tomar todo eso como algo bueno o malo; ya que no sabes cuántas veces tuve que contener por los ataques de risa que me causaba ver a Lucrecia sin ideas y roja de furia.

—Yo puedo decir lo mismo sobre ti y la futura galeno. Me atrevo a decir que ese asunto entre ustedes dos, debe tener algo de tiempo. Pero con el primer tema que trajiste a la mesa, hasta a mi abuela le ha tomado por sorpresa. Pero voy a pedirte que no fumes en el auto, mira que el spray ambientador se me está acabando.

Richard guardó la caja de cigarrillos y el encendedor, en el rostro del estudiante de derecho se dibujó una extraña sonrisa y luego comentó.

—Aparte de Vaquero, ahora también tienes dotes de detective. Oye, esa mezcla de género es interesante, aunque creo que funcionaría mejor dentro de la ciencia ficción; pero, debo admitir que sí, entre ella y yo hay algo.

Pero después de aquellas palabras, el estudiante de derecho se quedó unos segundos callado, mientras que el conductor asomó por breve momento su mirada en las chicas que se encontraban dormidas.

—Aquello que tengo con Bianca tampoco anda en el mejor momento. De hecho, espero no te molestes en que te tenga que contar eso.

—Para otra ocasión, no es muy prudente que lo hagas. Considerando que ella está allá atrás y podría despertar en cualquier momento, eso sí. Tranquilo, me han comentado que soy un buen confidente, pero en esta oportunidad lo mejor será terminar no sólo la partida de ajedrez, sino también con algo que adicional.

—Se hace evidente que te estás refiriendo a ese hecho notorio que nuestros duelos no sólo agotan nuestros cerebros, sino también a nuestros estómagos. Aunque sólo me queda una duda ¿Para cuándo?

Aquel singular duelo quedó pautado para dentro de dos semanas, un plazo de tiempo Arthur tendría otros dos días libres. Pero la charla debía seguir, ya que aún quedaba camino por recorrer; Richard seguía comentando sobre las próximas acciones que iba a hacer con respecto a que era el protector de Lucrecia en el campus.

—Pero si te soy honesto, creo que haces mal en ocultar ese trabajo en Uber al resto de los residentes. Yo lo descubrí por mero azar, además que ¿Cuál es el problema con eso? No es un trabajo indigno.

—Creo que no es algo que importa mucho. Es algo que no es problema de terceros, sin ofender. Ya que, aún es temprano para decirlo, todo lo referente a la filtración puede estar por cerrar. Todo gracias a ese empleo que tengo, de hecho y tal como le dije a mi abuela, tampoco es que hay mucho para mí en mi ciudad natal.

—No sé qué asunto de fondo tuviste para irte de San Antonio, pero creo que te sorprenderá saber que comparto eso. Yo salí de mi ciudad agrícola y sin ánimos de regresar; fuimos pocos los que salimos de mi promoción de secundaria. Buena parte se quedó, yo aún hoy me pregunto que estarán haciendo.

La conversación siguió, pero el jinete ya estaba agotado, quería descansar al menos unas horas. No era para menos, ya que en pocas horas debía salir nuevamente con “Silver” pero, no dejaba de preguntarse ¿Qué lo iba a motivar ahora? Ya el asunto de la filtración parecía cerrado o al menos eso creía.

Al llegar a su destino, Arthur se quedó mirando al techo de la casa, mientras su abuela se aseguraba que Lucrecia y Bianca llegasen sin tantos tumbos a su habitación.

—Debes admitir que el contratista hizo un buen trabajo y no fue necesario lo de hacer pagos parciales. Yo te dije que todo iba a salir bien.

—Sí, lo admito. Aunque creo que mi trabajo aquí no ha concluido. Y mientras esa filtración esté allá en el techo, creo que me tendrás aquí por un buen rato.

—Te tengo una extraña noticia, pero tú me dices si la quieres escuchar ahora mismo. Aunque como dentro de nada te toca salir nuevamente a trabajar, no creo que sea prudente. Yo sé que igualmente te pondrá cabezón todo el asunto que no te podré comentar ¿Quieres una manzanilla? A tu abuelo le ayudaba a dormir.

—Creo que no me queda de otra. Además que, ciertamente, necesito dormir así sea unos cuantos minutos. Una pregunta ¿Qué sabes del mentado torneo de tenis de mesa?

La señora Marín le sirvió el té a su nieto, se le quedó mirando unos segundos. Aquella pregunta la dejó pensando. No era del tipo competitivo, además que el dinero del premio tampoco era gran cosa, de hecho ya el asunto de la filtración se podía considerar como superado.

—Creo que la semana previa a las festividades de octubre, exactamente antes de La Noche de Halloween. Con respecto a la filtración, el contratista me dio su palabra que volverá, pero que el trabajo no ha concluido; pero te insisto, no necesitamos más dinero para ese asunto.

Arthur bebió de la taza, quería meditar bien su respuesta pero cuando aquella infusión llegó a su organismo, comprendió que lo mejor era seguir el Consejo de su abuela, cuando volviesen él y su fiel caballo a casa tendría algo de energía para afrontar esa noticia.

Aquella mañana, la cual llegó con algunos suspiros de alivio, la señora dueña de esa casa no se había despertado temprano para hacer el tradicional desayuno para sus queridos huéspedes. Se despertó, extrañamente, con la sensación que no podía ocultar aquella noticia que no pudo decirle a su nieto. Para su sorpresa, Richard y Lucrecia estaban en la cocina, haciendo el trabajo.

—Espero que considere esto de supervisión de nuestro trabajo y por cierto. Buenos días— le saludó el estudiante de derecho—, como cosa rara su nieto no se suma a su tradición.

—Aunque me alegra ver que la filtración ya tiene sus días contados. Aunque pudo habernos pedido esto de dejar la casa por esto de la reparación sin tanto misterio. — agregó la estudiante de periodismo.

—De todas formas, fue bueno que se tomaron su buen rato en regresar; me llegaron una avalancha de noticias desde San Antonio, las cuales me dejaron gritando y creo que, por mucho que no me agrade la idea involucrarlos, no es disparatado decir que estamos juntos en esto.

Aquellas palabras dejaron fríos a Richard y Lucrecia, de hecho, poco sabían sobre los motivos de fondo que tuvo Arthur en dejar la ciudad de San Antonio y estar con su abuela.

Casa número ochenta y seis 12

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El extraño silencio en aquel local fue roto por una voz que tomó por sorpresa a todos los clientes.

— ¡Hoy es noche de Karaoke queridos clientes!

Los ojos de Bianca brillaron y preguntó a sus compañeros de mesa

— ¿Quieren participar en el karaoke?

—Y ¿Dónde quedó esa angustia que tenías esta mañana por el examen del lunes?— le preguntó Lucrecia—, que en materia de estudiante irresponsable no eres buena. Además que eso, es cosa mía.

—Tengo todo el domingo para estudiar. Además que nuestra participación no depende de ti o de mi ¿Qué dices Vaquero? ¿Nos apuntamos a ese rodeo?

—Creo que podríamos participar, eso sí, pero después nos vamos. Mi querida abuela va a necesitar a “Silver” para mañana y mi segundo día de descanso me lo quiero pasar sin sobresaltos, la verdad.

De repente, aquella voz que anunció la apertura de la “Noche de Karaoke” hizo lo propio con los primeros participantes, quienes resultaron ser ni más ni menos que Josh y su pareja. Quienes ya habían perdido algo más que su marcado gusto por el tequila, algunos kilos adicionales sino también buena parte del sentido del ridículo, lo que quedó demostrado con su selección, esa canción que cantaron Frank Sinatra y su hija Nancy.

—Creo que eso no me lo esperaba— Comentó Lucrecia al ver subir a una humilde tarima a Josh y a su esposa—.

— ¿Ver de nuevo a Josh en el mismo día o que esté casado?— le preguntó Richard—; pero pensé que sabías muchas cosas sobre ese locutor.

—No, el hecho que fuese un apasionado por cantar. Lo intentó en varias ocasiones, pero cuando lo compararon con Paris Hilton, simplemente desistió del asunto.

—Apuesto a las de perder que te mueres de ganas por pedirle un autógrafo y una oportunidad para hacerle la entrevista. Así que debo preguntar ¿Qué te detiene?

La pregunta que le hizo Richard dejó pensando a Lucrecia, pero ¿Qué le iba a decir? Ciertamente, había muchas cosas, incluso el clásico “puede darme su autógrafo” se paseaba por su mente. Pero, aquella situación se volvió más extraña cuando el comentarista deportivo se acercó a Arthur y le comentó.

—Sabía que te había visto en otra ocasión. Y ¿Quién iba a creer que el ganador de ese concurso me lo volvería a encontrar? Y ahora sé que también eres conductor de esta cosa moderna llamada Uber. Me hiciste un gran favor con ese par que se va a subir a cantar.

—Las coincidencias son algo extraordinario, señor Colt. De hecho no vengo a cantar, ya sabe, conductor designado, aunque lo peor del caso es que ninguno de mis amigos está con altos niveles de alcohol en la sangre. Así que vine a registrar a unos amigos a este asunto del Karaoke.

Arthur, después de esas palabras, le pidió un autógrafo a quien fuese el ídolo de su abuelo, sino también de su padre. Quizás en aquellos días cuando era jugador era raro para él firmar autógrafos a gente que no apoyaba a su equipo, pero cuando se hizo de un nombre como comentarista, se volvió normal.

— ¿Me puedes dar tu número de contacto? Digo, para tener alguien de confianza cuando me toque un viaje lejos de esta soleada ciudad. Y creo que no te tocará llevar a ese par nuevamente esta noche, te doy mi palabra.

—Aunque me gustaría pedirle un pequeño favor, si no es mucha molestia de mi parte.

—Claro que no será molestia alguna, Vaquero. Tu solo dispara.

— ¿Ve esa muchacha que está con otros dos “entonando”? No le menciono a la de cabello castaño, sino a la de cabello oscuro; su nombre es Lucrecia y es una de esas admiradoras de su buen amigo Josh. Tiene algo de tiempo queriendo hacerle una entrevista para una asignación de su universidad ¿Cree que podría arreglar una?

El comentarista deportivo estuvo callado unos segundos, posteriormente, le respondió a Arthur con mucha seguridad.

—Déjame ver eso que me propones, pero ten por seguro que esa entrevista va a ser realizada.

Después de ese suceso, Lucrecia, Richard y Bianca estuvieron preparando sus cuerdas vocales para entonar ni más ni menos que “Septiembre” una de esas piezas clásicas de la música pop y que parecía perdida para la fecha. Mientras tanto, Arthur vio como no era el único conductor designado aquella noche así como el ex jugador apodado como “El Ariete” volvía a su mesa tranquilamente.

Quizás para unos puristas, Josh y su esposa no destruyeron tanto aquella mítica canción. Extrañamente era una pieza musical que les recordaba buena parte de las locuras que habían vivido desde aquel día en que se conocieron; aquella misma canción que, por alguna extraña coincidencia, a su abuela se le ocurrió usarla para el funeral de su querido esposo. Ciertamente, una extraña elección.

A partir del presente momento, debemos relatar algunos pormenores de lo que pasó en la camioneta de Wilson. Extrañamente, Russel y Melisa se encontraban dormidos, mientras que Josh trataba de ocultar el hecho que cabeceaba de un lado a otro.

—Qué semana tuvimos, eh Josh. — Comentó el piloto del vehículo—, extrañamente hasta tu saliste metido en el asunto del  aniversario. Ciertamente debo felicitarte por eso.

—Creo, que es lo menos que puedo hacer por ti. Después de…todo por lo que te he hecho pasar así como todo las cosas buenas que has hecho por mí y mi familia.

— ¿Pero le ofreces a un extraño un show de Pole Dance de tu esposa pero no a mí? Eso te costará caro, Josh y más sabiendo que ese extraño era el conductor de Uber que los llevó a casa.

Josh al escuchar eso estaba apenado, como era normal, pero ya no podía usar la excusa del alcohol para enmendar el asunto ni mucho menos irse por las ramas, otra de sus especialidades. Así que le salió apelar por la honestidad, aunque lo bueno es que su querida esposa no estaba escuchando aquella conversación.

—Con razón se nos hacía conocida la cara. Y me gustaría disculparme con ese muchacho de alguna forma, justo cuando creí que ya no me iba a suceder ese tipo de cosas nuevamente, recaigo. Algo me decía que no debía beber ese día, pero ¿Cómo no hacerlo? ¡Había que celebrar la independencia de la nación!

—Un día hablaremos sobre tu extraño concepto de patriotismo y como ustedes dos están tomando el asunto de dejar de beber alcohol; pero creo que si te carcome lo que te queda de moral por ese hecho, hay algo que puedes hacer. Una amiga de ese muchacho te quiere hacer una entrevista.

— ¿No hay trampa en el asunto?

—Te iba a pedir que limpiaras las canaletas de mi casa. Pero creo que no es algo que tu harías, además que parece que ese tipo de cosas es más de tu esposa y creo que tu estas más que dispuesto de tomar esa bala. Aunque debo admitir una cosa, no es un acto muy noble lo que te estoy haciendo en este momento.

—Creo que tienes un extraño sentido del humor, Wilson. No lo puedo creer que tengas algunas manchas oscuras en tu noble alma. Ese estereotipo de los jugadores de futbol americano no es tan errado después de todo.

—Oye, tengo derecho en hacerte una broma de vez en cuando. Ya que, si tu esposa lo hace ¿Qué me impide a mi hacerlo?  Además, creo que más bien es algo que siempre tuve ganas de hacerte una broma pesada.

 

See Your Space Cowboy

Casa Número Ochenta y Seis 10

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El concurso en cuestión terminó con Lucrecia ganando, eso sí, a duras penas. Aunque a Bianca le pareció mejor lo que se llevó como premio en comparación con el premio de los ganadores. Ciertamente dos bonos de consumo en el restaurante “Weekend”, el cual era el patrocinador de los programas de Josh y Wilson. Uno de los dos era un cliente de vieja data y lo había visto estar en diferentes tipos de estado de ebriedad.

Aquel restaurante de comida rápida también era el punto de reunión no solo de Josh y su extraño círculo de amigos, de hecho había un fuerte mito urbano en el cual el ex manager de Josh era persona no grata en aquel local, no solo por el hecho que su deuda era mayor que la del actor devenido a locutor de radio, sino por todos los malos ratos que le hizo pasar en esos últimos días en el que Josh seguía buscando algo de renombre en el mundo de Hollywood.

A la estudiante de medicina se le ocurrió una extraña idea. Una que, estaba por traer algunos pormenores que afectarían a la cabeza de Lucrecia.

— ¿Qué les parece si vamos hoy mismo? Claro, sería bueno contar con “Silver” para ir y pasar un sábado por la tarde diferente.

—Si vamos nosotros cuatro, no hay problema alguno la verdad. De hecho creo que solo me quedaría volver a colocar el GPS, para llegar a ese local— fue la respuesta de Arthur, quien no había notado que Lucrecia si bien no estaba celosa, algo debía estar pasando por su cabeza.

—Debo admitir, Vaquero que ese duelo estuvo muy reñido. De hecho ¿Qué me dices de repetirlo en alguna ocasión?— le preguntó Richard extendiéndole la mano nuevamente, de hecho ya lo había hecho después de que aquel concurso había concluido.

—No me parece mala idea, citadino. De hecho debemos mantener todo el asunto del concurso de preguntas, ya que creo que por error conseguí el juego de mesa de la discordia. —Arthur correspondió el gesto de Richard. Al punto de quitarse el sombrero por unos segundos, para luego colocárselo de nuevo.

Por otro lado, extrañamente, Lucrecia tenía nuevamente su cabeza hecha un río revuelto ¿No debería sentirse alegre por haber ganado? ¿A qué se debía ese interés tan repentino en Arthur por parte de Bianca? Y es a partir del siguiente punto que es necesario hacer otro recuento.

Para ser exactos, al día siguiente de la llegada de Arthur a aquella casa, Bianca y Lucrecia se encontraban arreglando su habitación, por alguna extraña razón la estudiante de periodismo no estaba haciendo lo que siempre hacía en esos momentos, hablar. Era raro no escuchar su voz en aquella casa y cuando estaba callada, algo pasaba en su cabeza.

— ¿Te puedo hacer una pregunta?—con eso, Bianca, comenzó a romper el hielo. De hecho, la cara que tenía era la misma que usaba cuando jugaba póker en las horas libres que tenía en el campus. De hecho, se había ganado un apodo (La Reina de Espadas) pero nunca había jugado póker en aquella casa.

— ¡Claro!— sin querer había mordido el anzuelo. Y la estudiante de medicina estaba por comenzar con unos comentarios contundentes, aquel caballo de Troya poco le había fallado.

—De todo lo que dijo el nieto de la señora Marín sobre tu postura política ¿Qué fue lo que más te afectó?— y así como comenzó el asalto, Bianca estaba asediando las murallas de Lucrecia, aunque tampoco aquellas defensas estaban en su mejor momento.

—A…mí, ningún argumento de un retrógrada me hace mella. Creo que eso lo deberías saber bien. —pero sus manos decían todo lo contrario, aquellas que estaban retorciendo las sábanas de su cama decían todo lo contrario. Era la misma manía que tenía con su querido pañuelo, algo que ya era bastante notorio incluso en aquel espacio tan reducido.

Bianca terminó de tender su cama, se colocó sus pantuflas y le respondió a su amiga y compañera de habitación. Quien trataba de querer hablar de un tema que la ahogaba, pero su orgullo no la dejaba; aunque aquella no era la primera vez que estaban pasando por aquel predicamento.

—Más bien creo que algo debió haberte llegado. No por nada estas callada. Sabes que me lo puedes decir, además ¿No te parece que tiene algo particular ese muchacho? Digo, no es que me parezca un Adonis, pero ciertamente tiene algo interesante. De seguro lo notaste, pero no lo quieres admitir.

—No me preocupo por tales asuntos. Desde que mi última relación llegó a su fin, decidí enfocarme plenamente en mi formación. —respondió nerviosamente Lucrecia, de hecho ya sabía que había bajado la guardia ante su compañera y que lo que le estaba por llegar no iba a ser sencillo.

Bianca sacó un papel de su mesa de noche, era un papel que tenía el nombre de Lucrecia y era un examen, uno que detallaba un pésimo desempeño en aquella prueba. Y la cara de Bianca estaba calmada, mientras la de Lucrecia ya no tenía como defenderse.

El asalto, tristemente, no había concluido a pesar de que la pobre estudiante de periodismo ya no podía aguantar más, ya que sus manos estaban ahora calmadas; señal de que se había calmado. Incluso, su rostro había dado la confirmación.

—Preocuparte tanto por tu formación que ¿Decidiste fracasar en una prueba de una materia que sabes que pone en jaque a tu beca? Estadística no es una materia tan complicada, amiga. Pero debes pensar mejor tus respuestas.

Lucrecia recibió aquel golpe, de hecho tenía semanas buscando aquel examen ya que manchaba su historial como estudiante. De hecho, si perdía aquella materia ya no tendría como recuperar aquella beca; pero ¿Qué podía hacer? De hecho no quería admitir que necesitaba ayuda hasta en lo académico. De hecho, dudaba que Hillary Clinton no se hubiera doblegado ante temas tan terrenales, pero ella no era Hillary.

— Pero ¿Qué te anda sucediendo en días recientes? Digo, esa relación que tenías con ¿Marcus? No era buena del todo, pero creo que tampoco era tan deficiente. De hecho, me vas a disculpar que no me acuerde de su nombre.

—Acertaste con el nombre, creo que tienes razón. Mi relación con Marcus pudo ser mejor, pero cuando me dijo que se iba a cambiar de carrera y de ciudad. Quizás me tomé muy mal la ruptura. Lo admito, pero ya había algo que no me tenía muy convencida de toda aquella relación.

¿Qué debía admitir aquella activista y estudiante? Para ella, admitir que un extraño romance le había sacudido algunos aspectos de su vida cotidiana era algo que no se lo perdonaba y que si llegaba a enterarse su ídolo, la condena que le causaría iba a ser un peso muy grande.

—Sí, creo que me toca admitir que el nieto de la señora Marín tiene algo diferente. Pero simplemente tengo que decirte que necesito unos días libres de todo esto.

Regresando a aquel día, Lucrecia se montó como copiloto dentro de “Silver”,  como siempre lo hacía cuando el piloto no era Arthur sino su abuela. Pero ¿Cómo iba a reaccionar si Arthur le hacía una pregunta? De hecho, estaba nuevamente en un debate interno. Por un lado quería apelar por su conocido sarcasmo, pero le había dado su palabra que no iba a recurrir por eso.

— ¿Así que eres tu quien mueve el asiento de copiloto? De hecho tengo que agradecerte por eso. Ya que a los clientes les gusta ese ángulo que tiene el espaldar.

— ¿En serio?

—Sí, de hecho me da risa que muchos en la línea están doblando sus turnos para ver si tienen la misma cantidad de clientes que puedo sacar en una semana.

—Vaquero, creo que debemos considerar que lo mejor será no encender la radio para el viaje, ya que (al menos por mi parte) hemos tenido suficiente de la emisora YTC ¿No tendrás un puerto USB en el auto?— le preguntó Richard.

—De hecho, no tenemos algo claro sobre ti, Arthur. Tus gustos musicales. De hecho creo que sería bueno que fueses el DJ tanto de ida como de vuelta—propuso Bianca.

 

See Your Space Cowboy

Casa Número Ochenta y Seis 9

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Tanta adrenalina ¿Solo por un pack de DVD? Para Arthur, había algo más de fondo, quizás que las habituales (y puntuales) rivalidades entre las mujeres. Posiblemente, algún día conocería esos detalles. Mientras tanto, había un juego por delante el cual no debía permitirse perder.

Ya el presentador del concurso había hecho el acostumbrado preámbulo, pero de repente Wilson entró y comentó—A partir de ahora, seré yo quien funcionará como moderador del juego. Además, que el buen Josh se merece un descanso. Además ¿Le damos un aplauso a mi buen compañero de labores?

Una tormenta de aplausos no se hizo esperar, incluso entre los participantes de aquel sencillo concurso. Pero el ex jugador de futbol americano volvió a tener el derecho de palabra.

—Para los que están llegando tarde, pues me toca recordar un poco el contexto dejado por mi buen amigo; hay una película con la nominación al Oscar a la mejor película extranjera de un director que su obra, simplemente, no conoce frontera alguna. Sin más palabrerío ¿Qué película japonesa fue nominada al Oscar de Mejor Película extranjera para el año de 1981?

— ¿Qué te sucede Arthur?— le preguntó Lucrecia a su compañero—, es una pregunta bastante complicada. De cine japonés no se tanto, pero no es para que te quites el sombrero.

—No es por eso, si miras detenidamente tu rival y su compañero tienen un problema. Están delatando que, simplemente, la respuesta a esa pregunta no la tienen.

—Y ¿Tú la tienes?

Arthur se quedó en silencio por unos segundos, para luego apretar el timbre que tenía al frente. Sentía que debía hacer un comentario.

—Antes que nada, un gusto enorme tener la oportunidad enorme de estar aquí con usted sr Colt. Pero debo ser breve, así que debo comentar que la respuesta que anda buscando es “La Sombra del Guerrero” del director Akira Kurosawa.

El nuevo moderador no pudo ocultar su cara de sorprendido, había elegido aquella pregunta dado el hecho que, posiblemente, ninguno de los presentes podría saber tal respuesta. De hecho sabía que sus fieles oyentes se quedarían en casa o en sus oficinas aquel día, no estarían en aquella estación de trenes devenida a atracción turística.

— ¡Correcto, Muchacho! Debo admitir que esa era una pregunta que pensé que iba a servir como filtro, pero creo que ha llegado la hora para saber quiénes pasan a la  segunda ronda. Debo comentarles que las categorías se van a repetir pero con un nivel de dificultad mayor.

Arthur, se puso de nuevo su sombrero. Sentía alivio, pero también como que tenía algo que decirle a Lucrecia, aquella respuesta. Dicha respuesta ya no lo dejaba como un simple texano, con una cultura digna de alguien que pudo ir a la universidad. Pero ¿Qué razones tenía para ocultar todo eso?

—Antes de que te adelantes en preguntarme, era el presidente del club de cine en mi universidad. Y esa película fue una de las tantas que dimos. Extrañamente, durante los días finales de dicho club.

— ¿Quién iba a creer que tenías una sensibilidad artística por el cine? De verdad, eso me sorprende. Digo, creo que con eso me acabas de sorprender ya que tenemos que hablar mucho un día. Eso sí, dejemos de lado nuestro sarcasmo pero acercamos un café ¿Trato?

—Tienes un trato, peregrina.

Con aquella respuesta, algo en su cabeza se agitó y no era algo precisamente agradable de recordar para Arthur. –Ya tendré tiempo para lidiar con ese asunto, ahora lo primordial es no dejar mal a la citadina— pensó el muchacho, aquel tema podría esperar quizás su querida abuela le ofrecería la ayuda que necesitaba.

La reducción de participantes fue considerable, aunque obvia. Solo quedaban Lucrecia y Bianca. De hecho, habían opacado al resto de los participantes, aunque ¿Con que iban a salir los responsables del concurso? Primeramente con un reto extra para Bianca y su compañero, en vista que fueron los que más se acercaron al marcador y los responsables admitieron que no les pareció correcto dejarlos fuera del concurso.

¿En qué consistió dicho reto adicional? Un pequeño reto físico para animarlos a estar nuevamente en la competencia, el acercamiento a la rutina de ejercicios que debía cumplir un defensor de línea a primera hora de la mañana. Richard se ofreció como voluntario en hacer cines combinados navales, ochenta lagartijas, y veinte saltos paracaídas.

—Quizás unos consideren que la siguiente pregunta, relacionada con la serie donde actuó el buen Josh no fue una serie animada y que simplemente no podría ser válida; pero es que no podíamos dejarla de lado. Quizás con el reto extra la joven Bianca y su compañero los pone de nuevo en la competencia, pero eso no les asegura que se queden, pero la condición de “rebote” aún se mantiene. Por los siguientes diez puntos ¿En qué temporada de la serie “La Familia T” vimos la primera y única aparición de Astrid, la Valkiria de Bolsillo?

—La…segunda—fue la respuesta insegura que dio Bianca.

— ¡Rebote para la señorita Lucrecia!

—Tercera temporada. Exactamente, a mediados de la misma, pero ¿Me permite extenderme un poco?

—Tal como decía el personaje de mi amigo ¡Adelante Capitán!

—Dicho personaje fue introducido, torpemente, con el fin de atraer de ver cómo funcionaría el concepto en una serie que, inicialmente, se pensó que sería la primera ramificación de dicha serie. Pero en vista de la pobre recepción que tuvo y que se sintió fuera de lugar, todo volvió a la normalidad a partir del siguiente episodio; donde el asunto de la Valkiria de Bolsillo no fue más que un mal sueño del perro de la familia.

Josh volvió a estar en el centro del concurso, le pidió el micrófono a su buen amigo y le comentó a Lucrecia.

—Correcto, señorita. De hecho, decidí regresar después de su respuesta que si bien es correcta, solo tengo que hacerle una pregunta ¿No es demasiado joven para saber eso? Digo, la serie ya tiene sus años encima.

—Mi madre fue quien me presentó esa serie, señor Josh. De hecho la tenía grabada en el arcaico sistema llamado VHS hasta justamente esa temporada, por alguna extraña razón tanto a mi madre como a mí nos mató de la risa ese episodio.

Si había un episodio el cual causó estragos en la cabeza de aquel joven Josh y que sirvió para buscar cómo salir de sus locos padres fue ese, de hecho un joven judío y una Valkiria no solo era una mezcla extraña, sino que hasta tenía aires de ser políticamente incorrecta. Más que todo por el hecho de ver a un chico jugando, con lo que parecía, lo más cercano a una muñeca Barbie, pero en vez de ser el blanco del odio de las feministas, lo fue de sus padres.

El cheque del pequeño Josh fue bajo después de aquel suceso, de hecho muchos opinan que fue ese preciso momento donde comenzó todo a irse por el acueducto con relación a los valores de producción de la serie y con especial hincapié con el guión, lo bueno fue que no se convirtió en un tropo como “el salto de tiburón”.

Aunque, por extraño que parezca, la idea de la Valkiria de Bolsillo estuvo rondando en otras series de aquel estudio. Se vio en la sexta temporada de la serie de ciencia ficción “Julián Límite” donde el aguerrido piloto tenía un extraño colgante en su monoplaza de guerra; posteriormente, en la serie “Extraviados” volvió a aparecer, ahora en forma de una Valkiria quien fue castigada por Odín por no ser lo suficientemente aguerrida y convertida en el juguete de una niña, una muñeca de trapo, algo peor que ser expulsada del mítico Valhala.

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