La Balada de la Curva 19

La escudería Seat decidió volver a medirse en la pista. El bólido rojo y amarillo tendría que no solo repetir la jugada que hizo al comienzo de la competición sino que debía tratar de mantenerse en la competencia; la presión sobre el piloto apodado como el Andaluz Errante era bastante alta.

—Campeón, quiero que veas lo que va a hacer el Alonso. En concreto, su arranque.

—Si me permite comentarle algo coach ¿Ve cómo se mueve el tercer alerón de la nave? Eso no sería malas noticias para un vehículo como el nuestro, pero para ellos posiblemente lo va a ser.

A los pocos minutos de su salida, entrando en la segunda curva del circuito el bólido comenzó a temblar, tal como lo había comentado el antiguo piloto militar. Pero volver a ver un desastre que se envolvía en llamas, como le estaba ocurriendo al compacto bólido.

— ¿Qué te sucede campeón? No me digas que…

—Creo que me voy a tener que ausentar un momento; al menos debo agradecer que ya tomamos nuestro turno en la pista.

Lastimosamente el bólido de la Seat no pudo completar la vuelta; aquel suceso le recordó un amargo momento durante una de las operaciones en las que participó.

— ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que tomé estas pastillas?—se preguntó a sí mismo, desesperado. — ¡Cálmate, la prioridad es evitar temblar y conseguir lo más pronto posible las pastillas! ¿Dónde están?

Cada paso que daba en aquel cuarto, lo sentía pequeño, apenas si avanzaba en aquella habitación; luego de batallar, finalmente alcanzó el bolso donde estaban esas cápsulas, las responsables de mitigar esa ansiedad que nuevamente lo azotaba.

—Debo evitar ver la puerta oscura…debo evitar ver esa puerta. —Nuevamente hablando consigo mismo—; me dijeron que hacer deporte era una buena terapia, pero nunca pensé que volvería a ver fuego.

Aquella llamarada le recordó a todos los compañeros caídos por el fuego enemigo, los daños que causaba la artillería anti aérea y los gritos de dolor emitido por sus compañeros por la radio. Y se preguntó ¿Cuántos desgraciados iban a reclamar el fuego para estar satisfecho?

Escuchó aquel piloto a lo lejos, una voz metálica que exclamaba que a pesar del accidente aquel piloto estaba bien, tenía heridas menores en el cuerpo y afortunadamente todo lo referente a su seguridad había sido aprobado.

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La Balada de la Curva 18

Quince minutos en total, superar o igualar el tiempo de BMW no iba a ser sencillo; Héctor quería entrar a la pista nuevamente, había fuego en sus ojos.

—Escúchame bien campeón, si vas a salir a la pista quiero que hagas lo que te ordene ¿Queda claro? Mi experiencia y tus agallas nos van a servir de mucho en el duelo.

—Entendido.

— ¡Ahora, sal monta al Leopardo!

Alfa Romeo pidió ser los segundos en salir. No habían pasado segundos de haber sido dada la orden de salir cuando el vehículo de la automotriz italiana salió acelerando.

—Buena salida, campeón. Te estas acercando a la primera curva del circuito, quiero que repitas la maniobra que hiciste con el bólido la primera vez que lo montaste.

— ¿Solo para esta curva?

—Eso es correcto.

Aquella maniobra fue tomada con sorpresa entre los espectadores, era una fiel copia de las maniobras militares de los aviones, pero no por ello le quitaba espectacularidad. El bólido seguía su ritmo, estaba realizando un excelente tiempo, existía la posibilidad de igualar el tiempo que hizo BMW.

—Campeón, estoy viendo que vamos bien de tiempo. Así que te hago una pregunta ¿Te es familiar el término llamado Pelea de Perros?

— ¡Claro que sí! ¿Qué tiene en mente, Coach?

— ¡Que destruyas a los de BMW, que conviertas en sushi a su Mantarraya! ¿Queda claro, campeón?

— ¡Como el agua, Coach!

Y así, salió a relucir las habilidades como piloto de Héctor, que era alguien de cuidado y que si bien lo que le faltaba en la refinación en el deporte lo compensaba con la malicia de su viejo oficio; así salió a salir el viejo Héctor, apodado como “El Azor de la Muerte” un piloto caracterizado por la velocidad y ferocidad, cuya especialidad era no ser un peleador amable, las tácticas de “Pelea de Perros” las usaba para someter a sus enemigos.

La bandera a cuadros anunciaba el fin de la participación de Alfa Romeo, igualando a cinco minutos el tiempo de BMW, aunque con una diferencia en quince décimas.

La Balada de la Curva 15

La señal fue hecha, el reto era “simple” para Alfa Romeo. Superar el tiempo hecho por Seat y Ford, asegurar un puesto en la carrera era algo que no debía ponerse en tela de juicio. Para Héctor era el momento para “brillar” y soltar al Leopardo en la pista.

—Te hemos entrenado bien, muchacho. Mantén esa aceleración y tendremos un puesto asegurado no solo para la segunda etapa de la Pole, sino dentro de los mejores puesto de la carrera.

—Entendido, Coach Fangio.

Todo estaba marchando excelente, hasta se comenzó a hacer notoria que la aceleración no era la misma y después de una curva cerrada estaba la meta. Fangio no estaba muy contento, nuevamente el vaso plástico en su mano era la víctima de esa creciente intranquilidad que estaba a nada de convertirse en una notoria molestia.

— ¿Me puedes decir a que se debe sea lo que sea que estés haciendo? ¡Rayos Héctor, tienes unos segundos de atraso!

—Los alerones de frenado están ahí para usarlos, señor, si bien me restan velocidad prefiero usarlos a apelar por el freno como tal. Espero que recuerde que después de la curva viene una recta.

Y pocos segundos después de salir de la última curva, la aceleración del vehículo regresó, haciendo rugir el motor; Aunque eso no aliviaba al resto del equipo Alfa Romeo. El muchacho había tenido mejores desempeños durante las simulaciones. Pero una cosa es estar en la pista y otra en un simulador, había variables en la vida real que simplemente no eran compatibles con una computadora.

Fangio sabía muy bien eso, que esas diferencias entre los resultados, no por nada era un veterano que en un momento de su carrera había rechazado practicar con los simuladores y la distorsión que eso causaba en las estadísticas así como dentro de los mismos pilotos.

—Honestamente, nos tenías preocupados. Para ser tu debut, hiciste buen tiempo. Eso sí, estamos al lado de Ford y su engreído piloto, espero que eso le esté causando algo de mal rato en ese sitio.

—Tranquilo coach, no importa en qué lugar quedemos en esta primera etapa. Ya que cualquier puesto que ganemos, pues será una urticaria segura para esa gente.

De todas formas, no tenían que confiarse ya que un tercer lugar en la Pole era algo temporal y que dependía de cómo iba a correr el siguiente piloto, todos debían asegurar estar en el gran premio.

Balada de la Curva 11

Londres tenía un punto en común con pistas del simulador, en la realidad eran otra cosa y Héctor tenía una visión muy concreta de aquella ciudad. Para él, era la metrópolis de Sherlock Holmes, la ciudad natal de un estirado oficial a quien no pudo rescatar del fuego anti aéreo y el punto de referencia que tenia de los soldados de infantería cuando le preguntaba de que parte de la Tierra venían, con quienes habló en una operación.

El imponente Windsor iba a ser la sede de no solo la rueda de prensa de la Asociación de la fórmula 1 en la cual darían a conocer los pormenores del regreso, sino también sería la sede de las ruedas de prensa que darían las escuderías, Ford Motors pidió ser el acto de apertura.

—No importa los cambios, en Ford Motors nos mantenemos cerca de las raíces— comentó Henry Carter Ford, el coach de la escudería—, así como de la gente, por eso nuestro apoyo a Cecotto Jr. es pleno.

— ¿Tienen algo que comentar sobre el hecho que tres pilotos nuevos no tienen formación en el automovilismo?—preguntó uno de la prensa. Una pregunta que recibió con una extraña sonrisa los voceros de la Escudería Ford, como si la estuviesen esperando.

—Son inversiones con un alto nivel de riesgo. Y les digo algo, no van a encontrar un botón en el volante que active un arma—fue la respuesta del hijo del legendario piloto Cecotto.

Aquellas palabras ofendieron a Héctor Castillo de forma personal, no era para menos, Cecotto Jr. abiertamente se estaba burlando de sus habilidades.

—El Ford Mercury—retomó el joven piloto—, es sin duda alguna, la máquina más eficiente en la que he tenido la oportunidad de conducir. No importa el circuito, ni las condiciones climáticas; mi escudería está lista para competir. Y ¿Quieren que diga otra cosa? Me atrevo a decir que la Pole Position definirá temporada y el gran premio de este año.

Fangio se acercó a su pupilo y le comentó.

— ¡Tenemos unos rivales declarados! El que haya disto que esto es un deporte de caballeros, estaba muy equivocado. Dan ganas de decir unos cuantos improperios muy merecidos—Fangio no hizo nada en ocultar con ese comentario su enojo, siendo la víctima del mismo un vaso plástico que estaba en su mano derecha.

La prensa se encontraba satisfecha, había algo de interés que cubrir, una rivalidad anunciada, pero debían tener algo más, otra razón por las cuales tener que llenar las pantallas de los entusiastas que irían a buscar artículos sobre el gran premio así como la temporada estaba dando su primera aceleración.

La Balada de la Curva 7

Aquel piloto había completado las dos vueltas en un tiempo record, superando a los profesionales que habían tratado de manejar aquel bólido en un simulador.

—Héctor muchacho, creo que debo presentarte a nuestro ingeniero responsable de nuestro monoplaza ganador. El señor Hans Benz. —fue la presentación dada por el piloto retirado.

— ¿Hans Benz? ¡El responsable de la nave monoplaza “Gavilán”! ¡Es un gusto enorme conocerlo señor! Con razón el motor de ese modelo, el uso de los alerones de frenado—el militar retirado no pudo ocultar su alegría.

—Entonces sabes muy bien una cosa, mocoso. Estoy más que seguro que mi nave de guerra te fue fiel y fue la responsable de tus condecoraciones; siendo honestos, estaba un poco desconfiado que podrías domar a la bestia ¡Pero lo lograste!—una fuerte palmada recibió el piloto en uno de sus brazos, quizás la demostración más honesta de aprecio que había hecho aquel serio ingeniero desde su llegada la Escudería.

—Creo que tenemos el indicado, Hans. Así que dime una cosa Héctor ¿Contamos contigo? No te preocupes por lo de tu viejo empleo, conozco a tu jefa y podríamos llegar a un acuerdo con ella.

— ¿Qué quieren que les diga? ¡Pueden contar conmigo plenamente para manejar al “Leopardo”!

—No me queda otra opción que decirte ¡Bienvenido a la Escudería Alfa Romeo!

Finalmente, Héctor tenía un empleo digno de sus habilidades así como el hecho que había recuperado esas dosis de adrenalina que sentía cuando manejaba su nave, así como el hecho que por primera vez en mucho tiempo sentía que le había sacado una larga ventaja a esa sombra que desde su llegada  a la vida civil lo atormentaba. Y esperaba tenerla así por un buen tiempo.

—Pero ¿No falta mucho para que comiencen los preparativos?—preguntó el nuevo piloto del vehículo.

—Claro que sí, muchacho. Pero ese tiempo lo tomaremos a nuestro favor, no tendrás mucha experiencia en el automovilismo, pero lo compensas con algo mucho mejor. Entiendes a la perfección el diseño de mi máquina, lo demás lo tendrás que aprender sobre la marcha.

Allí estaba Héctor, con una sonrisa de oreja a oreja, aunque entre las sombras estaba alguien más, haciendo de las suyas y que no fue visto por todo aquel personal que estaba trabajando para la Escudería.

Triste Canción del Boxeador 4

Llegó a mi mano una carta de Simón, me daba indicaciones sobre lo que debía hacer, preocupado por el asunto entre Espartaco y yo, me dio la siguiente instrucción:

“Los pesos ligeros rondan los 61 kilos, investigué sobre ese Espartaco, es un pugilista algo mediocre, digamos que sus estadísticas dejan mucho que desear, solo ha ganado 3 peleas de las 9 que ha disputado, suele entrar en clinch cuando esta desesperado y usar golpes sucios, si logras darle unos tres golpes al cuerpo estará en la lona”

Mi categoría es los pesos pluma, mi peso ronda es de 56 kilos, tengo la ventaja de ser mas rápido, aunque creo que nuestra pelea no se dará.

Todas las noches hacía boxeo de sombra, me imaginaba al pobre Lino en un sparring conmigo, o los pugilistas que me hicieron mas fuertes en mis peleas anteriores, era la único que me mantenía cuerdo y pacífico.

Simón, Lino y yo, tenemos un sueño, si llego a ganar el cinturón que me hará campeón nacional, de tener nuestro propio gimnasio, estamos hartos de ser esclavos de esos tipos, el gimnasio en donde estamos no nos tratan bien, siempre hay problemas, aunque me han patrocinado casi toda mi carrera.

Lino me contó hace tiempo, que Simón se gastaba su sueldo en licor, aunque seguía siendo el mejor entrador de ese inmundo gimnasio, aunque le dieron de baja por un tiempo.

Hasta que un día me voy peleando, como lo hacía antes de conocerlos en un callejón del barrio, Simón se impresionó al ver mi golpe recto y mis rápidos movimientos para esquivar los ataques de los pandilleros.

Una persona que cambió mi vida, además de Simón como entrenador, fue la niña Maria, desde que la vi fijamente a los ojos, como con dos palabras detuvo una pelea entre dos pandilleros y salieron corriendo al ver a su madre. En ese momento, quede bajo el hechizo de sus ojos. Siempre comentaba que si se iba a enamorar de un hombre, que ese hombre sea fuerte, que este con ella y su madre atendiendo la taberna, y que la trate bien.

Esa misma noche me di cuenta de lo que debía hacer, aceptar la propuesta de Lino y Simón y buscarme un trabajo, tenía que modificar me forma de ser.

En mi celda, ya empezó a entrar la noche, nuevamente, como lo ha estado haciendo a lo largo de estos meses.

Una pelea, casi imposible, con un pugilista que esta por encima de mi casi dos categorías. Pero como me comentó un día Lino. Nunca vio temor en mis ojos, así me enfrentara a alguien que es mejor luchador que yo, mi empuje me hace ser alguien de temer, y eso es algo que pocos boxeadores tienen.

Es a esta sensación, una mezcla de expectativa, esperanza y adrenalina me hice también adicto, debido a que es difícil saber como será el rival al que te enfrentaras en un cuadrilátero o en la calle. Y si se topan en mi camino hacia el cinturón de campeón nacional, quítense, ya que no pienso detenerme  hasta tener un duelo con el campeón nacional, tengo que cumplir ese sueño colectivo, y el mío.