El Perro de los Bakerville

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Hace ya tiempo había reseñado dos novelas del detective privado, así como el molde que se usó por mucho tiempo para los mismos, el gran Sherlock Holmes. Pero si bien es cierto que el final de todas sus aventuras se dio con el libro llamado El Valle del Terror, el libro que estoy tratando de reseñar aquí fue un pequeño intento del autor original en revivir al personaje, más que todo por presión de sus lectores.

Ambientado en el pasado, es decir antes de los sucesos del Valle del Terror así como de muchos otros casos, aquí vemos como el inteligente detective privado debe salir no solo del “área de confort” que se le ha convertido Londres de la era Victoriana, sino que debe enfrentarse a las profundidades de su nación y a un suceso que se le vende al lector como el primer caso de índole sobrenatural al que deberá medirse Sherlock y fiel compañero de labores.

Y ¿Quién contrata los servicios del singular detective? Pues un doctor nativo del recóndito pueblo donde estará por mudarse el heredero de una familia que, uno de los últimos integrantes de la misma, murió de forma sobrenatural siendo acosado por un perro (el que le da el título de la obra) y que parece que ha puesto sus ojos sobre el sucesor, el nuevo dueño del castillo quien se encuentra en un peligro inminente. Uno que puede tomar mucho tiempo para detener para el singular dúo y que podría ponerle un verdadero reto.

See Your Space Cowboy

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La Criticona perdida ep 3

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Decidimos descansar un poco. En el camino Baker y yo estuvimos hablando cosas sin sentido.
—Que bajo hemos caído como sociedad.
— ¿Te refieres a que sigue existiendo el culto a la personalidad y fanatismo ciego por cualquier objeto, animal o persona en la actualidad?
—Súmale a eso amas de casa artistas marciales. Y que hay miles de chicas con la descripción que nos proporcionaron. Ya sé a quienes temerle cuando todos se vuelvan locos.
Baker tenía un punto a su favor, a pesar de su ligero matiz de paranoia.
— ¿Crees que alguna de las otras chicas de la lista sepa algo?
—Acabas de hacer una buena pregunta, Clancy. Este bien enfocado en el caso.
A los pocos minutos de conversación sin sentido, Baker me presentó el sitio donde dormiría durante la resolución del caso, la habitación que daba a una licorería de su apartamento.
—No es el Hotel Hilton, pero creo que no encontraras sitio más limpio por estos lares. Y lo digo en serio y no por el hecho de que sea mi casa.
Los hoteles de la zona no eran muy limpios que digamos y no tenía el presupuesto suficiente como para un hotel de dos estrellas en el centro de la ciudad. Y el pago por adelantado solo me sirvió para movilizarme desde mi casa hasta Los Ángeles.
La próxima vez ya sé que no me iré en el taxi que conduce Yasser, otro de los locos amigos de mi hermano.
Cuando me contratan, suelo dormir poco. Siempre pasa algo que interrumpe los pocos minutos de sueño que el trabajo me permite, y este caso no se escapó de eso.
Los pitidos de mi teléfono me despertaron, o ¿Fue el grito de uno de los alegres borrachos? No lo recuerdo con exactitud. El asunto fue que Glenda y yo tuvimos una conversación telefónica. Una muy interesante.
Uno de los policías que vigilaban su apartamento recibió una nota del secuestrador. Era normal recibir notas de los secuestradores pero, en esta oportunidad, certificaba una cosa del responsable del extraño caso, no estaba muy cuerdo y era seguidor de “Medianoche”. Sin querer nos dieron otro indicio, aunque no sabía si reírme o asustarme.
Con ojeras en los ojos llegamos a casa de Glenda. Sentado en la sala y con una bolsa de hielo en la cabeza, yacía el novato que asignaron como parte de la escolta de la segunda dueña del apartamento. Creo que era conocido de Baker, ya que se saludaron amistosamente.
— ¿Qué dice la nota?—preguntó Baker a Glenda.
—Es una demanda del secuestrador. Quiere que se repitan las votaciones de la ceremonia en la que mi hermana hacía de jurado—respondió algo asustada.
Que demanda tan singular tenía el secuestrador. Quizás era por el hecho de que quería ver a los actores de su película favorita llevarse otros premios. En esta ocasión unos un tanto mediocres, al menos a mi parecer. La película había arrasado con otras entregas de premio, lo que faltaba eran los premios de la Academia, pero no creo que puedan caer tan bajo.
— ¿Han revisado el libro?—pregunté—quizás haya algo que nos sirva.
—Aparte de un autógrafo de la autora de “Medianoche”, nada en particular, a menos que le llame la atención el hecho de que la dueña del libro le ponga caras sonrientes en las esquinas de las páginas.
En el otro lado de la sala, otro de los policías asignados tenía encendida la televisión; y llamó la atención al resto de los que estábamos en el apartamento lo que escuchamos. Era una noticia de última hora, una que daría de que hablar cuando saliese el sol.
La autora de “Medianoche” declaró en su blog estar molesta con su club de fanáticas así como su solidaridad con Glenda. Esperaba que todo se resolviera lo más pronto posible.
—Señorita Miller ¿Qué opina al respecto?—preguntó Baker.
—Que es lo menos que puede hacer. Una de sus lectoras es la responsable.
Primera vez que escuché a Glenda hablar en tono molesto.
Estuve revisando nuevamente el libro hasta que di con algo. Una dirección web escrita en el lomo del libro, casi invisible a los ojos. No era la correspondiente al club de fans oficial, era otro tipo de comunidad de aficionada a la historia en cuestión.
El nombre de la presidenta del club de fans oficial estaba a la vista en la página web del mismo, les encargamos a otros de los muchachos tratar de comunicarse con ella para ver que se podía hacer y que nos dejase el resto a nosotros.
—Tenemos dos cosas por hacer—dijo Baker a los policías que protegían a Glenda—, ustedes, o uno de ustedes traten de localizar la IP del web máster de este otro club. El detective y yo iremos a ver que sabe el resto de las chicas cercanas a Dorothy y tratar de hablar con esta otra loca, la presidenta del club de fans oficial.
—Antes de que se vayan. Me gustaría hablar contigo Kevin—me comentó Glenda.
Me pregunté a mi mismo ¿Qué había hecho para que Glenda me hiciera tal comentario? Y resultó algo interesante. Nuevamente Glenda nos puso por el buen camino en la investigación. Logró comunicarse con el resto de las chicas que se reunieron con su hermana, logró convencerlas en reunirlas ese día en su casa, faltaba poco para que saliese el sol, solo quedaban ir a vernos con la verdadera fundadora del club de fans de “Medianoche”.
El agente Baker me estuvo esperando en su patrulla. Debíamos ver si nos podíamos comunicar con la chica en cuestión.
— ¿Qué tal te fue Romeo?—me preguntó cuando me monté en la patrulla.
Le expliqué lo que me dijo Glenda y como eso cambiaba nuestra investigación.
—Lo mejor será ir a dormir unos minutos. Luego iremos a visitar a la chica esta y posteriormente asistir a la entrevista con las amigas de Dorothy.
Parecía un buen plan. Sobretodo el hecho de que consideraba el descanso. Este trabajo no es para cualquiera, si no te gusta comer o dormir fuera de las horas a las que acostumbras, ya te puedes despedir de ser detective privado.
“Medianoche” era un gran fenómeno para hacer dinero. Incluso la autora se cuida de sus seguidoras, ni hablar de los jóvenes actores que encarnaron a sus personajes. Ahora les caerá la etiqueta y harán lo posible para quitárselas, pero viendo sus dotes actorales, quizás no lo logren. Lo mismo pasará con la autora del libro. O simplemente me estoy equivocando.
Dormí lo suficiente para sobreponerme al agotamiento y para no verme como escupido por un perro, cuando me tocase verme con las personas que debía interrogar. A Baker le tocaba dormir un poco más, lo sabía, pero no le agradaba la idea de que fuese por mi cuenta, haciendo mi labor, unido al hecho de mi poco conocimiento de las calles de la ciudad, era bueno tenerlo como compañero.

La criticona perdida Ep 2

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“La peor porquería llevada a la pantalla del cine. De seguro el estudio como la autora del libro deben estar disfrutando de las regalías que el marketing les puede ofrecer ¿A quien le importa la calidad, las buenas actuaciones, el hecho de vender una relación entre una chica sarcástica y un vampiro con complejos de inferioridad y de Edipo que busca con urgencia una relación de dependencia emocional? Si es así la película, no me quiero ni imaginar como es el libro”
Esas fueron las palabras que usó en la columna llamada “Gotas ácidas en la pantalla del cine”. Aunque usó peores en el artículo, creo que se le puede decir así, que escribió en su blog. Y no dejo de estar de acuerdo con su hermana, como crítica literaria sería peligrosa, o peor.
Desde ese momento, una tal “Reina Vampiro 12” le dejó comentarios poco halagadores para decirlo de forma aceptable, algo muy normal en estos días y que, por alguna extraña razón, la policía no puede intervenir en este tipo de asuntos. Además ¿Las amenazas de golpes desde cuando son consideradas? Los golpes no se anuncian, se dan. Profundas palabras de mi hermano.
Eso unido al hecho de que Glenda no podía dar una descripción del responsable del secuestro de su hermana, seguía en shock por el asunto, me daba campo para actuar. Un campo demasiado amplio en donde actuar a mis anchas.
Glenda facilitó una lista de las más cercanas lectoras de su hermana, así como daba a conocer sus direcciones y el nombre de sus padres. La lista era tan corta como mi repertorio de chistes sobre beisbol.
Un amigo de mi hermano, el agente Baker, se ofreció en ayudarme. Y decidimos ir a visitar, a pesar de la hora, a la primera chica de la lista, Marie Castle.
— ¿Alguna razón por la cual comenzaremos por la número uno de la lista?— me preguntó Baker.
—Quizás sea la más cercana a Dorothy, luego de su hermana claro está. Puede que nos de una pista que nos facilite el asunto—le respondí.
—Creo que me tendrás que dejar hablar.
— ¿A que debo ese honor?
—Dime una cosa, si fueses un padre de una niña que se ve con una periodista con talento pero mal ubicada laboralmente ¿Le abrirías las puertas de tu casa a un detective privado que solía ser comediante?
Baker tenía un buen punto, de nuevo mi faceta como comediante hacía que no tomasen en serio.
Fuimos de inmediato a la dirección donde vivía la joven Marie. Era una casa de dos plantas, bastante clase media.
Luego de tocar el timbre, una mujer de medina edad nos recibió con estas palabras.
— ¡Por favor no me arresten! Por error tomé la pluma del oficial de tránsito, cuando la encontré, nuestro perro la mordió dejándola en mal estado ¡Es la verdad!
—No venimos por eso señora Castle. Queremos hablar con usted y con su hija.
Aclarado el mal entendido, la señora llamó a su esposa e hija a la sala.
—Buenas noches, soy el agente Baker y él es el detective privado Kevin Clancy. Venimos a hablar con su hija sobre el secuestro de Dorothy Miller.
—La verdad es que no pude asistir a la reunión cuando secuestraron a Dorothy. Estaba estudiando para un difícil examen de trigonometría—nos dijo de una vez la joven Marie.
—Lo certifico, a mi me tocaba llevarla ese día—comentó el padre de la joven—, verán, mi esposa no puede conducir por el momento. Y con esto del secuestro es mejor no salir.
— ¿Quieren algo de beber señores?—preguntó la dueña de la casa
—Café—respondió Baker.
Sentí como si me estuviese dando el turno para hablar. Ordené mis ideas rápidamente y esto fue lo que me salió.
—Señor Castle ¿Qué opina que su hija se reúna con una columnista?
—Al principio no me creí ese cuento, ya sabe con tanto loco suelto. Pero Dorothy resultó un buen ejemplo para nuestra hija. Y es algo innovador lo que hizo.
Fue la respuesta del señor Castle. Luego le hice la misma pregunta a la joven.
—Ella me motivó a crear un periódico en mi instituto. Me hizo ver que no hay nada de malo en opinar. Aunque se lea como una persona muy ácida en sus críticas, en persona es muy amable.
Hasta ese momento, todo normal.
— ¿Notaste algo extraño en alguna reunión?
Marie quiso responder, pero su madre se le adelantó.
—En una reunión noté algo raro. Recuerdo que la llevé, ya que mi esposo le tocó trabajar ese día. Una muchachita llegó, así como si nada. Trataba al resto como sus amigas de toda la vida. Y no parecía la hermana o prima de las otras niñas.
— ¿Puede explicarse mejor?
—Verá, siempre fuimos las mismas personas a las reuniones. Hasta que apareció esta chica rara. Creo que deja en otra escala a mi prima segunda canadiense Sarah—matizó la joven.
— ¿Algo que resaltar?
Hubo un silencio. Señal que el indicio estaba por llegar.
—Dorothy nos habló de la película “Medianoche” y eso emocionó a la chica rara. Recuerdo que dijo que fundó el club de fanáticas de la franquicia. Pero bruscamente se puso loca, histérica cuando Dorothy dio su opinión sobre la franquicia.
Sorprendente, realmente sorprendente. Pensé que los fanáticos de las Guerras de las Galaxias no creían en el vampirismo. Aunque mi primo Dylan, un gran seguidor de la saga espacial, ya no reacciona así, hasta donde recuerdo ya no pide que lo llamemos Gran Maestro Jedi.
—Hasta tuvimos que llamar a la seguridad del parque para sacar a la muchacha—comentó la madre de la joven—, tuve que hacerle una llave de judo para inmovilizar a la loquita.
—Inés es maestra de judo, aunque no lo crean—matizó el padre.
— ¿Alguna seña o característica particular de la joven?—pregunté nuevamente.
Y la respuesta no se tardó. Aunque me sorprendió un poco quien me la dio.
—Unos 1.75 metros de altura, entre setenta y ochenta y cinco kilos, un poco gordita, no tiene una buena condición física, cabello negro aunque descuidado, blanca y con pequitas.
Esa detallada respuesta la dio la señora Castle.
—Muchas gracias y disculpen las molestias—dijo mi compañero—, y no se preocupe por la pluma del agente de tránsito señora Castle.

Un Daiquiri Por Favor 5/5

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Lo que voy a contar sucedió en el viaje hacia Isla Royal. Y aun me pregunto ¿Quién encontró a quien?

—Creo que he visto tu cara con anterioridad; pero no recuerdo en donde—me comentó Jesica.

Comencé a sudar. Más de lo acostumbrado. Es el problema de tener glándulas sudoríparas hiperactivas. Hasta el desodorante se estaba saliendo de su lugar. Como odio cuando eso pasa, es señal que algo malo se acerca a mí, es mi versión del famoso “sentido arácnido”

— ¡Que pequeño es el mundo! ¿No lo crees? Una actriz juvenil es ayudada por un antiguo actor infantil, cuya fama duró y ahora es detective. Saliste en el show “La Familia T” después en películas serie B y el único que sabía actuar en los culebrones de una televisora local.

Me agarró por donde más me dolía, en sentido figurado.

— ¿A dónde quieres llegar con ese comentario?

Me miró fijamente y me respondió con una sonrisa en su delicado rostro.

—Con tan extraño historial eres un singular detective privado. Es más, podrías dedicarte a los asuntos de las celebridades.

Éramos parecidos, de alguna forma. Me dijo que la etiqueta de estrella juvenil en los actores es difícil de borrar, ala par que la de infantil, y el morbo de ver una persona con esas marcas intentar repetir éxito que tuvo, no tiene igual. Cuando me encuentre nuevamente con Josh voy a preguntarle al respecto.

—Realmente ¿Josh es un patán?

Me preguntó cambiando el tema. Creo que dedujo que no me agradaba del todo hablar de ese asunto.

—No, y eso que conozco a Josh un poco mejor que cualquiera que escribe chismes. Admito que en muchas cosas no es precisamente alguien cuerdo, pero es un buen muchacho, lástima los padres, aunque en el medio, es normal padres así de aprovechados.

Luego de la respuesta, creo que cambió su opinión sobre el buen muchachón con quien una vez actué. Creo que andaba buscando algo en concreto sobre él, o quizás sobre mi y mi pasado como actor.

De repente,  sonó el teléfono móvil de Jesica, salió un momento, buscando un lugar calmado donde atender la llamada, nos encontrábamos en el mejor sitio del ferri, su feria de comida, un sitio genial pero demasiado ruidoso y lleno de personas atragantándose.

Y cuando regresó, su rostro mostró un matiz diferente. Un momento que se podría decir que pude “leerla” como ella me “leyó” a mi persona. Pero no era el momento para hacerlo, ni tampoco quise abordarla, preguntándole a que se debía su cambio tan repentino.

A los pocos minutos llegamos a nuestro destino. Y el paso del tiempo no afectó a la comunidad que vive en la isla, todo estaba igual que hace años, cuando hice mi única visita. Que lastima que no me llevé la cámara digital, para sacar unas fotos y que las viera mi hermano.

— ¿Qué opinas del sitio?

Me preguntó Jesica mientras caminábamos por el lugar, cual turistas de un país extranjero. De tienda en tienda y preguntando precios para luego no comprar nada. Una diversión que también hacía mi familia en los viajes, y aumentó cuando me hice de algo de fama.

—Tal como lo recuerdo. Vine aquí hace tiempo. Antes de que mi familia se separase.

Le respondí tranquilamente.

—Lo siento no era mi intención…

Comentó apenada. Pensando que había tocado otra fibra sensible de mi persona nuevamente, como lo hizo en el viaje.

—No te preocupes.

Luego de eso, tomamos rumbo al centro económico de la isla, el parque de diversiones, el primero que se abrió en el estado. Recuerdo que siempre hablaban de ese sitio mis padres, cuando no había dinero y se acercaban las vacaciones, antes de las peleas, cuando no estaba dentro de la pantalla boba.  Cuando éramos una familia normal.

Y ha resistido huracanes, tormentas, quiebras, alcaldes corruptos, malos planes económicos, demandas de insalubridad, una invasión de ratas, protestas del sindicato de payasos y un sinfín más de calamidades, pero sigue ahí.

Todos creímos que con la huelga de los payasos y obreros del mantenimiento, el parque cerraría sus puertas, pero no pasó gracias a la oportuna actuación del actual alcalde de la zona. Creo que entre payasos se entienden.

Parte 2

No creí lo que vieron mis ojos, Jesica y el hermano de Alejandra juntos. Habían pautado verse en la Isla Royal. Todo el caso se redujo a una escapada de enamorados, fui el perro detrás de uno.

Pero luego me aclararon todo.

Alejandra necesitaba desesperadamente una estrella, sin importar si debía entrometerse en su carrera, desde la salida de Judith Recife de la lista de clientes, el negocio comenzó a decaer. Jesica levantó la agencia, lo suficiente como para salir de las deudas y otros compromisos.

Christopher sabía esto, por eso le pidió resistirse a todo, ya que para poder generar ingresos Jesica debía dejar de ser la sensata y abrazar la polémica.

La estrategia de Christopher funcionó, una polémica para tapar otra. Aunque esto le causaría problemas legales; el muchacho resultó un manager bueno después de todo.

Querían verse, estar juntos ya que lo que les tocaría no sería fácil. Era como la calma antes de la tormenta.

Por supuesto, debo mencionar que otra persona también desconocía este asunto, la hermana de Jesica. Tenía tiempo sin saber de su hermana menor.

Luego volvimos a nuestros hogares.

De ellos se estuvo hablando largo tiempo. Christopher y Jesica alargaron sus minutos de fama hasta que se fueron del país y montaron un pequeño estudio de filmación.

Alejandra sigue activa en el negocio, pero se enfocó en modelos para revistas eróticas como la Playboy.

“Amor Embotellado” fue editado en DVD con material extra, según me cuenta Estefanía. Aunque estos días consiguió el guion original de la telenovela en una subasta por internet.

Sigo como detective privado, pero me dan casos relacionados con famosos, estrellas del cine pornográfico y toda aquella persona que se filma cantando una canción sobre un día de la semana.

 

Fin

 

Un daiquirí por Favor 3/5

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1

Justo al frente de mí estaba ella, sin querer resolví un caso, pero irónicamente no el que me habían asignado resolver. Las cosas que tiene la vida. Y si alguien nos veía iba a ser algo muy difícil de explicar, las razones que tuvo para poner su mano en mi boca.

—Si le quito mi mano ¿me promete que no dirá nada sobre mi y mi paradero?

Afirmé con la cabeza.

—Puede contar conmigo. Pero ¿Cómo quedamos con el breve interrogatorio?

Por el momento tendrá que esperar. Búsqueme en el bar del hotel a las once.

Y tenía dos encuentros pautados. Uno con la dueña del hotel, al que debía esperar confirmación, y uno seguro con una empleada a la que prometí guardar su secreto.

—Y es mejor que regrese a su habitación, señor Clancy.

Esa frase me puso alerta.

— ¿A que se debe ese comentario?

—A que aún falta que abran el restaurante del hotel. Mas o menos una hora y media, y al hecho de que pocos huéspedes trataron con la persona que busca.

Iban a ser la siete de la noche. Y si todos los huéspedes eran como el viejo de la habitación del frente de la mía, mejor era estar  en la seguridad de mi cómoda habitación.

—Muchas gracias Kelly.

—De nada, nos vemos dentro de un rato.

Y al rato entré a mi habitación. Y luego de revisarme me pregunté ¿Qué clase de detective privado quería imitar? Sucio, sin colonia y con barba, en esas condiciones no podía abordar a las personas, me confundirían con un ladrón o un matón.

Y recordé otra cosa, Beatriz no me había informado, para certificar, mi reunión con la dueña del hotel.

No estaba tan mal la habitación, luego de una segunda entrada, verla con calma y notar algunos detalles, como el cuadro arriba de la cama y el sencillo baño. Pero me sorprendió el televisor, enorme, como el que tenía en casa y un control remoto tan viejo como el televisor.

Luego de afeitarme y bañarme, saqué una camisa, un poco más presentable de entre la ropa, así como un pantalón acorde a la misma.

Llamé nuevamente a mi casa, con mi teléfono móvil, para decirle a mi hermano si podía investigar un poco en el departamento de personas perdidas, o como lo llamen en las jefaturas.

Al rato, después de mi llamada, sonó el teléfono de mi habitación.

—Buenas noches señor Clancy, es Beatriz.

—Buenas noches ¿Qué pasó con la reunión con la dueña del hotel?

—Justamente para eso lo estoy llamando. La dueña accederá a verlo hoy, pero a las nueve con cuarenta y cinco minutos, en su oficina. En la mesa de noche de su habitación está un mapa del hotel. La habitación 001  es la oficina de la dueña del hotel.

—Oh, muchas gracias.

—Estamos a la orden. Y le invito al restaurante y al bar del hotel. En ese mismo folleto encontrará más información  al respecto. Nuevamente gracias por escoger este hotel.

Que estirada era Beatriz se le notó con ese comentario. Y ¿será así en su casa o con sus compañeros de labores?

Después buscaría el mencionado folleto, tenía ganas de ver la caja boba, quizás era lo mejor que podía hacer mientras esperaba.

Estuve saltando de canal en canal hasta que llegué al canal 12, un canal netamente de esta ciudad portuaria.  Tenia tiempo sin ver la televisora local de esta ciudad, si el sitio donde una vez trabaje. Y para mí, no había cambiado mucho. Pasé de canal, buscando algo mejor. Buscando algo decente.

Me detengo en un canal, uno de películas, estaban dando la película que le valió la nominación al Oscar. Y, no era aburrida o sobreactuada, como la mayoría de las películas que ganan ese premio. Al menos eso es lo que creo. Si bien creo que me voy a contradecir, hay unas buenas excepciones, películas que he visto, y hasta envidiado a los actores que la protagonizan, que si se merecen ese premio. Aunque claro, yo no soy un crítico de cine especializado.

Era algo así, como el ciclo que podría llamarse “Películas de Acción para rellenar un espacio en la parrilla de este canal que nadie ve”

Pero luego, en un corte, anunciaron una película a la que reconocí de inmediato, para mi desgracia.

Parte 2

Si hay algo que no me gustó de mi segunda vivencia en el entretenimiento, fue cuando me dieron papeles, lastimosamente protagónicos, en las películas “serie B” del director Andrew Red y su productora.

Oh Dios, pensé que esos días habían pasado. Si, esos días que aceptaba cualquier cosa solo para salir en las portadas de las revistas importantes de chismes sobre celebridades, hacía lo que fuese necesario.

Pero creo que ese día estaba viendo el canal equivocado. Pero hubo algo que hizo que me quedara como un bobo, viendo la pantalla.

En las pocas películas que hice, apenas tres, siempre me daban el papel del héroe trágico de las películas de acción. “Es que veo un héroe marcado e ignorado en ti” me repetía Andrew. Y vaya que me trague ese cuento.

“Trueno en las venas”, “Baila con mi pistola” y “Las Balas de Caín” fueron las películas en las que actué, todas sobre un integrante de alguna fuerza del orden buscando gloria, todas las mencionadas con nombres de una cinta pornográfica mezclada con una de acción poco creíble, como las de Van Damme pero con un nombre que, también, llamaría la atención de Ron Jeremy, para luego salir decepcionado al no estar en su medio natural.

Lo de “Serie B” le quedaba grande, según me cuentan, los actores están aprendiendo a actuar al igual que los guionistas. Cosa que no pasaba en las películas del buen Andrew.

Pero pasaba todo lo contrario, Andrew era el director y guionista, su hermano el encargado de los efectos especiales  y de sonido así como el encargado de editar la película, su hermana era la publicista y un amigo de ellos hacía algún que otro papel, así como se encargaba del mercadeo de la obra. Si, todo un negocio familiar.

En la pantalla de ese viejo televisor de la habitación se estaba reflejando las primeras escenas de “Tueno en las venas”, haciéndome regresar a esos días, preguntándome ¿Hace cuanto pasó esto? No pudiendo controlar la llegada de los recuerdos, de cómo comenzó mi breve estadía en las películas baratas.

Andrew y Jonás, el productor mas empleado de la televisora, eran buenos amigos. Los dos compartían algo, hacían cosas fáciles de digerir, que “engorda” el cerebro y que viajaba de boca en boca de todos. Las películas de Andrew comenzaban a tomar fuerza en el mercado, así como su fama, pero no de la mejor manera; era el blanco perfecto de los críticos y articulistas de cine, y cuando dijo que iba hacer películas de acción, muchos estaban esperando su primera entrega en ese género.

Justo lo que necesitaba un buscador de fama y reconocimiento como yo.

Andrew quería dejar de lado el género del terror absurdo, ese que lo catapultó a la fama, ya saben el de las escenas con adolescentes con las hormonas alteradas siendo acosados por un demente con algún objeto punzante o cortante.

Recuerdo que dijo “Ese género ya no tiene nada que ofrecerme, creo que lo recorrí de principio a fin. Fue un buen paseo”. Si había otros colectivos que lo odiaba, aparte de la crítica, era el sindicato de actores.

Todo lo contrario pasaba con Jonás, su única excepción eran las amantes de los gatos. Como las odiaba. Se había metido en muchos líos gracias a su amigo, era Jonás quien se hacia responsable por los actores, generalmente pagados por su trabajo con atraso y con ganas de matar a Andrew.

Trabajar en esas películas, para mí fue algo diferente. Incluso a nivel actoral, claro que si lo comparamos con los ofidios que hice, como segundón y convencido por Jonás para trabajar en aquel programa en el que ejercía como productor y guionista asociado, con las películas, fue un cambio para mejor.

Y no voy a negar el poder de persuasión de Andrew. Creo que, si un día quiere cambiar de ramo, como lo hice yo, no sería tan mal abogado.

En mi primer día de filmación, de la primera entrega de su saga de acción “Trueno en las venas”, me sentía como un extraño en tierra extraña: o más bien en una loca feria hecha por habitantes de una tierra extraña. Todo el mundo corría de un lado para el otro, haciendo muecas o gritando.

“No te preocupes, así somos antes de comenzar la filmación” luego de esas palabras, Andrew exigió orden y nos reunió alrededor suyo.

“Recuerden que hoy comenzamos ha filmar una saga. A partir de aquí, esperemos solo éxito y buenos contratos. No olvidemos que esta actividad nos divierte, pero nos da dividendos.”

Su hermano me llegó a comentar ese día, en tomo muy ambiguo “Esto es muy diferente a lo que has hecho con antelación, pero no te preocupes, no te pasará nada malo, solo que no le digas al sindicato”

Sabía que Andrew y su equipo tenían tiempo trabajando juntos, su hermano me lo había comentado, y que el contrato  para filmar su trilogía era algo muy serio para él.

Tanto compromiso, hizo preguntarme ¿A que se debía tanta expectativa con esa película? Y la respuesta que me dieron era bastante simple. Esa película era el todo o nada, último contrato con un estudio de películas, uno de los tantos estudios que hacen de las suyas con las películas de bajo presupuesto en el mercado del DVD o directamente emitiéndolas en las televisión.

Parte 3

A la hora indicada bajé hasta la oficina, o quizás habitación, de la dueña del hotel, Rose Kennedy.

—Buenas noches agente Clancy; perdón detective Clancy.

—No se preocupe. Buenas noches para usted.

Pasé exitoso la primera parte, crear un clima agradable al informante.

Todo normal hasta ese momento.

—entramos. Le relato lo que sucedía y algún detalle de ese caso.

—Jesica King, ¡Que huésped tan singular! Y huéspedes así son comunes en este hotel.

Ya con aquel viejo, pensé, no necesitaba decirme eso, ya lo había confirmado.

— ¿Puede decirme la fecha de la llegada de Jesica y cuantos días se quedó?

Rose sacó de su escritorio un libro, el libro en donde se registran los datos sobre los huéspedes.

—Llegó el cuatro de febrero. Se quedó hasta el dieciséis. Para mí, pareció una eternidad.

— ¿Puede explicarse mejor?

—No podíamos trabajar a gusto, con tanto fotógrafo chismoso y representantes de los programas de chismes interrumpiendo. Hasta sacar la basura se había convertido en una misión imposible.

Por mi mente pasó la idea que Jesica llegó con sus aires de diva, en caso de que los tuviese.

Rose retomó sus palabras.

—A pesar de todo, fue muy colaboradora y atenta. Se integró como alguien más a esta familia. Hasta nos dio ideas para sacar a los molestos reporteros. Se registró con un nombre falso y me pidió, personalmente, no revelar quien era realmente.

— ¿Dijo algo más? Algo como algún sitio que quería ir o conocer, o alguien que quería ver.

—Si. Dijo que quería ir nuevamente a Isla Royal y visitar un parque de diversiones que marcó su infancia.

En ese momento, nuevamente estaba atrás.

Nunca pensé volver a escuchar del único parque de diversiones de Isla Royal.

Ese lugar se perdió para mí, cuando mi infancia culminó con el divorcio de mis padres. Que irónico que haya sido el ultimo lugar que visitamos, como lo que fuimos, una familia unida.

Por primera vez no estaba listo para un recuerdo reprimido hiciera una aparición, que mal se sintió.

Aunque, no estaba tan mal, compartía algo con una persona a la que me contrataron localizar.

—Una cosa mas detective Clancy.

—Dígame

Una incomoda pausa.

—Jesica recibió una llamada el día anterior antes de irse. Alguien quería verla.

—Quiero agregar también algo Rose.

— ¿Qué será?

Me miró, quizás conteniendo la risa.

—Voy a acortar mi estadía.

— ¿Algún problema?

Efectivamente, conteniendo la risa. De seguro llegó a sus oídos mi encuentro con el viejo loco. Revisé mi ropa y no había nada embarazoso como manchas de café o mostaza.

—Solo cosas del trabajo.

—Comprendo.

—Si me disculpa me debo retirar.

Mientras caminaba a la puerta, me detuvo en seco Rose.

—Antes de que se marche ¿Puedo pedirle un favor?

—Con gusto ¿Qué tipo de favor?

—Su autógrafo. Es una lástima que tan ingenioso comediante como usted se retire. Todos los sábados veo los especiales de comedia filmados en el bar de comedia de A. Tesla.

Un Daiquirí por favor 2/5

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Me encontré con mis viejos amigos en el viejo punto de reunión, la cafetería llamada “Alpina”. Y para completar, en la misma mesa donde siempre nos sentábamos.

Oscar, el hijo de un joyero y Chester, un profesor de educación física con postgrados relacionados con física y matemática, fueron las personas que me tendieron una mano cuando quise dejar de intentar ser una celebridad.

Como siempre, Chester había llegado antes que Oscar y mi persona.

—De verdad, ustedes nunca cambian, siempre llegando tarde ¿Cómo has estado amigo?

—Bastante bien. Al menos puedo justificar mi demora, estaba recorriendo la autopista.

Chester compartía historia con muchos que viven en la ciudad, un escapista. Originario de New York, divorciado, compartía la custodia de sus dos hijas con su esposa paranoica. Con él siempre tuve mucho en común.

— ¿Qué pasó con tus sueños de ser comediante?—me pregunta.

—Ayer se culminaron. Ese mundo ya no es para mí. Y ¿Tus hijas?

—Están bien. Llegando a la edad difícil y de paso quiere estudiar aquí, no les gusta la Gran Manzana.

Al rato llegó Oscar.

—Me disculpan la tardanza amigos.

Oscar era originario de aquí, conoció a Chester en una junta de profesores y padres, sus hijos estudian en el mismo instituto  donde Chester daba clases. Ambos padres responsables pero sin muchos ánimos.

¿Cómo nos conocimos? Había una vacante de un cargo administrativo y llegué tarde a la entrega de curricular.

Después de ordenar, Oscar fue el primero en hacer una nueva conversación.

—Y ¿Para que nos citaste? Bueno aparte para hablar un rato.

—Cierto. Y no nos has dicho que estas haciendo en estos días para vivir—apuntó Chester.

Me tocó decirles la verdad. Más bien se la tomaron a broma, así que les mostré mi licencia y arma reglamentaria. No todos los días tu amigo que quiere ser de nuevo famoso regresa convertido en detective privado. Bueno y también me lo tomaría  a broma. Ni yo a veces me lo creo.

Cuando les dije sobre el caso y que debía ir al Hotel Bahía Sur, se lo tomaron como si me quería suicidar o gastarme todo mi dinero, como si tuviese mucho, apostando en los casinos. Y que caras pusieron, me recordaba la cara de mi madre cuando me tocaba hacer una escena de riesgo en la serie y como olvidar sus ojos abiertos como platos y gritando como un animal en celo algo natural  como madre consternada por el peligro que esta pasando su hijo.

El hotel quedaba en lo que era, una vez, una zona tranquila del distrito hotelero; pero quedaba en lo que llamaban “La Sierra” el lado oscuro de ese distrito. Se ganó esa fama por los muchos suicidios y estafados que pulularon por la zona.

No era la primera vez que me metía en un sitio considerado peligroso por los habitantes. Para no preocuparlos les dije que si podía me iría a sus casas a dormir por si tantas ganas tenían de seguir recordando los viejos días.

A pesar de las habladurías y de la palpable realidad, el hotel era el que mejor se conservaba de esa parte del distrito. Conservaba la pintura en sus paredes, un modesto techo en la entrada y sus plantas decorativas seguían vivas, si se notaba los malos ratos que habían pasado, pero en comparación con los otros, aun les quedaba unos buenos gerentes.

—Buenas noches señor, soy Beatriz la recepcionista de este hotel ¿En que puedo ayudarlo?

Era la primera vez que me daban tan cordial bienvenida. Eso o es que era una estrategia para enganchar a los turistas. Pienso rápido y le muestro mi licencia.

—Buenas noches, como ve soy el detective privado Kevin Clancy y vengo aquí por que según en este lugar se hospedó una persona a la que estoy buscando.

De repente comienza a llover. Mis planes de no gastar mucho dinero se fueron por el caño. Las gotas caían fuertemente en el techo querido como romperlo, con tal que no hubiese goteras en el hotel.

—Y si no es abuso, vengo por una habitación. Dos noches.

—No hay problema señor Clancy. Y voy a hacerle una cita con la dueña del hotel para después de la cena.

Menos mal que siempre llevo dinero conmigo, algo de ropa, jabón y champú. En mi fiel maletín. El maletín que me regaló mi padre hace tiempo, creo que cuando me dieron el papel en la serie.

—Muchas gracias.

Parte 2

Mi infancia fue extraña. Hubo días normales y otros dentro de un set de filmación. Era la serie que prometía un antes y un después en el entretenimiento.

Y de los muchos niños, obligados por sus padres, que adicionaron para el principal, sabía que no lo obtendría, solo con el hecho de salir por la televisión era algo genial para mí.

Josh y yo no éramos amigos, nos llevábamos muy bien para ser compañeros de labores.

Un día estábamos hablando, como solíamos hacerlo antes de entrar a escena, quizás lo mejor para mí de esos días, y lo más cercano para Josh de interactuar con alguien de su edad sin actuaciones o guiones de por medio.

—Ahora me han dado más líneas—se quejó— ¡No lo puedo creer!

Cada vez que pasaba eso a alguien del elenco le reducían su parlamento y apariciones ante la cámara.

—Prácticamente eres la estrella Josh. No deberías quejarte. Apenas si tengo dos apariciones en el episodio de hoy.

— ¿Sabes lo que significa tener más líneas? Más presión para mí y más ceros a la derecha para los cheques de mis padres y mi manager. Es un círculo vicioso. Y lo peor del caso, es que creo que no voy a poder resistir.

Recuerdo que cada vez que nos visitaban los padres de Josh, se podía cortar el aire por la tensión que causaban. Y el productor era el primero en percibirla. Venían con aires de supervisores y criticaban todo ya todos a su paso.

—Kevin debo hacerte una pregunta.

—Dispara.

— ¿Dónde está tu tutor?

—No tengo uno. Voy a la escuela, como no soy tan importante en el elenco puedo ir a la escuela tranquilamente.

Josh se extrañó por mi respuesta.

— ¿En serio? Y dime ¿Cómo es la escuela?

Realmente no entendí a lo que se refería mi compañero con esa pregunta.

—Pues no como la del set. Eso es seguro. Es algo difícil de explicar.

Un día pasó lo que temían mis padres, no me renovaron el contrato. Y que berrinche hicieron mis padres para que me quedara en la serie. Pero hubo una persona que los paró en seco. El productor de la serie.

—El papel de su hijo fue bien llevado pero no era del agrado de la audiencia. Se hizo evidente en unas encuestas que realizamos  antes de esta temporada. No crean que son los únicos afectados, hay que tenemos que hacer de nuevo los guiones para mantener a la audiencia y a la serie.

Y con esas palabras, mis padres se calmaron.

Todo el elenco me hizo una pequeña fiesta. Digamos que fui el primero en caer, señal de que la serie iba a cambiar por completo.

—Vas a hacer falta, pequeño.

Me dijo el guionista.

—Tienes potencial muchacho. Ve a la escuela con tus compañeros, vive una vida normal y cuando te aburras de ella, regresa al mundo del entretenimiento— me dijo el actor veterano de la serie. El que hacía del papel de padre de Josh.

—Por cierto ¿Dónde está nuestro otro infante?—preguntó el productor.

—Grabando un comercial de Coca Cola—respondió el guionista.

Grabé mi escena y mientras recogía mis cosas, la estrella de la serie llegó. Pero en mal momento, iba de salida.

Desde ese día regresé a la normalidad, a ser un chico como cualquier otro. Y por un momento pensé que lo rocambolesco había concluido.

Pero la normalidad me duró poco. Con el divorcio de mis padres me separé de mi hermano y no más de él no de su prometedora carrera en el beisbol, por un tiempo prolongado.

Mi madre se quedó conmigo, o yo, legalmente, debí quedarme a su lado hasta la mayoría de edad. El día que más esperé debo agregar. Y que hijo tan demente fui para ella en esos días, si bien me iba bien con los estudios era un alumno de comportamiento terrible y contestatario.

Cuando decidí regresar de nuevo al mundo del entretenimiento y convertirme en una celebridad, quería seguir con el consejo que me dieron ese día cuando me fui de la serie más recordada del país, todo se me hizo color de hormiga. La marca de haber trabajado en ella no me permitió mucho, me habían encasillado, y si quería quitármela debía hacer cualquier cosa como actor, si hasta películas de bajo presupuesto que llegué a hacer, siempre como el héroe atormentado.

Parte 3

Llamé a mis dos amigos y a mi hermano. Para evitarles dolores de cabeza, lo que es la consideración. Y ya casi nadie la tiene y si lo sabré yo, y más en la comedia cuando no importa la amistad sino ese chiste que te puede sacar de los bares y catapultarte a una pantalla de televisión.

Quería comenzar con el trabajo, pero no tenía un indicio. Me pareció sensato esperar la dichosa entrevista con la dueña. Ella, pensé, era la indicada para que me diera toda la información que necesitaba.

Decidí dar una vuelta por el hotel, quería saber si mantenía lo pintoresco dentro sus paredes.

Salí de mi habitación, pero no era el único que estaba haciendo eso, de la habitación del frente estaba saliendo una persona.

—Buenas noches—le saludé.

—Buenas noches joven—me responde un señor mayor.

Hubo un silencio.

— ¿Es usted un huésped nuevo?

—Efectivamente…

No me dejó terminar, me molesta cuando me interrumpen.

—Nada de señor, soy el agente Jack Archer.

Si me quería impresionar, no lo logró, con es acara de cabra paranoica que se gastaba.

—Kevin Clancy detective privado.

Y lo de paranoico fue literal, su cara pasó de molesta a calmada, como si de un bipolar se tratase. Me imaginé al señor causando todo tipo de líos a los demás huéspedes del hotel.

—Me alegra encontrar a un hombre de ley. No confío en la policía. Pero creo que en usted si me tocará confiar.

¿Qué le pasaba al viejo? Demasiado joven para un ataque senil y demasiado viejo para jugar a los espías.

Apareció una empleada del hotel, a buena hora.

—Señor Archer ¿Cuántas veces le hemos dicho que no asuste a los huéspedes?

—Kelly no fue mi intensión—dijo en tono apenado.

La empleada convenció a Jack a que bajara a tomarse un tilo. Pero antes de irse el señor, me dijo una cosa que me asustó.

—Joven, tenemos una conversación pendiente.

Y no supe como tomar esas palabras ¿Debía tomarla como un juego o como al que podía pasar? Y eso me asustó.

—El señor Jack no cambia. No sé como lo soporta la dueña.

— ¿Desde cuando está aquí?

—Desde hace unos cinco años.la dueña no lo saca ya que él y su padre eran muy amigos, hasta que el señor Kennedy murió. No se deje llevar por la impresión que le dio, es un amable loquito.

Lo de me amable me tocaba investigarlo, pero lo de loquito le quedaba muy pequeño. Y vino a mi mente algo rápido, sería aprovechar el momento y sacarle algo de información a la empleada.

—Disculpe ¿Me permite que le haga unas preguntas?

Le muestro mi licencia. Me hacían falta tarjetas para dar a conocer mis servicios. Y estoy muy quedado en ese tipo de detalles. A lo mejor así ya no me verán como el detective de poca monta que aparento ser.

—Con gusto. Ya  había escuchado que es detective, no se hubiese molestado en mostrarme su licencia.

—Primero debe darme su nombre.

—Kelly Septiembre.

Le doy vueltas a la cabeza. Luego de un rato noté que ella era la famosa cantante pop, que un día no se supo más de ella.

— ¿Cómo una cantante como tu terminó aquí?

—Es un buen detective ¿Cómo lo dedujo?

—Por mucho que lo oculte, esa lesión en su rodilla izquierda ocasionada en un desastroso concierto, la delató y no es muy inteligente colocarse como apellido falso el mes cuando sacó al mercado su primer disco, señorita…

De inmediato me tapó la boca. Evitando que dijera su apellido real.

—Solo la dueña y usted saben mi apellido real.

Un Daiquirí por Favor 1/5

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Mi nombre es Kevin Clancy y lo más probable es que ni recuerdes haber escuchado mi nombre, pero fui una estrella infantil de la caja boba, presentador de algunos programas de entrevistas y de sorteos de juegos de azar.

Pero ya no me dedico a eso. Anoche probé suerte, por última vez, como comediante, quería sacarme esa espinita que tenía clavada.

Desde hace un tiempo, estuve con esto de sacarme mi licencia como detective privado y he resuelto unos pequeños casos, asignados por mi hermano mayor quien es policía, cosas muy puntuales que le da pereza resolver a esa fuerza del orden.

Pero me habían dado otro caso, uno que estaba muy ligado a mi pasado como actor infantil.

— ¡Despierta que el desayuno esta listo y tienes trabajo que hacer!—mi hermano entró a mi habitación gritando.

Por lo general tiendo a despertarme temprano, pero la noche anterior estuve en el bar de comedia.

— ¿Ni un buenos días? Alguien está tratando mucho con delincuentes últimamente.

—Lo comediante nunca se te va a ir. Baja y hablamos.

Salí de la cama, me vestí, las ojeras delataban que llegué en la madrugada; camino pesadamente, casi por turnos, hasta la cocina.

—Buenos días, señor comediante—me saluda Estefanía.

—Buenos días u deja dejé de ser comediante anoche.

Estefanía es casi como la esposa de mi hermano. Él un policía y ella una victima de un red de pervertidos, un amor de cuentos de hadas moderno y algo sórdido.

— ¿Qué tal te fue anoche?—preguntó mi hermano.

—Me tragué dos cervezas para subir al escenario y soltar mi monólogo. Durante quince minutos la gente se estuvo riendo de mis vivencias laborales.

Estefanía nos sirve el desayuno.

—De verdad tienes talento para eso—me comenta—no creo que dejas dejar la comedia.

—Todos dicen eso—le respondí— ¿Un detective privado comediante? Es un jalado de los cabellos, incluso para una película. Y más si tiene mi pasado.

—Al menos no te molió a golpes un boxeador, eso le pasó a no que trabajó contigo en esa serie—me dice mi hermano.

—Cierto, pobre Josh. Lo que hace la locura de estar de nuevo en la cima. Por cierto anoche hablé con él un rato.

— ¿¡Hablaste con Josh!?—me pregunta Estefanía abriendo los ojos como platos, creo que siente cierta atracción hacia él, la típica de una fanática— ¿Lo conoces? ¿Es verdad que lo nominaron a un Oscar?

Mi hermano enmudeció, estaba algo celoso.

—Como dijo Bruce. Trabajamos en la misma serie, solo que mi personaje no fue muy popular que digamos.

—Si, de hecho dejó de salir en una temporada y no le renovaron el contrato—aclara mi hermano—, y aunque no lo creas, hacía del bravucón y vecino del personaje de Josh.

— ¿Tienen otro secreto que me han ocultado estos años?—nos pregunta riendo la cuasi esposa de Bruce—, sabía que habías trabajado de pequeño en la televisión, pero no en mi serie favorita.

A Estefanía le encanta ir a las convenciones de series pasadas o canceladas, la serie en donde una vez laboré es su favorita. Primero la descargó de internet y estaba con esto de que la reeditaran en DVD, recogiendo firmas para eso.

—Debes contarme sobre eso. Eres un afortunado; lo más cerca que estuve de Josh fue durante la convención del 2007, a unos quince metros.

—Lo podrás interrogar otro día, amor—dice mi hermano mirando a su cuasi esposa—hay un caso que debe resolver. De hecho debe estar por llegar la persona afectada.

—No me contaste sobre eso.

—No me preguntaste. Debe estar por llegar, dentro de unos minutos.

—Entonces, voy a limpiar mi oficina.

Si, tengo oficina, el anexo en la planta alta de la casa de mi hermano. Fue mi refugio en los días que quise seguir en el mundo de la farándula y de mis días cuando e acercaba al alcoholismo. Pero ahora es un lugar diferente, es donde hablo con mis clientes.

Parte 2

Mi hermano me dio los datos del cliente. Subí a mi oficina y en pocos minutos de espera, llegó una mujer algo mayor. Su nombre Alexandra King.

— ¿Detective Clancy?

—El mismo.

—No pensé que fuese tan joven, y su nombre se me hace familiar.

Si tuviese un dólar por cada cliente que dice esa frase ya fuese millonario o cerca de serlo.

—Vengo para solicitar sus servicios, me dijeron que apelara por usted antes de poner la notificación de desaparición de mi hermana, Jesica.

— ¿Tiene mucho tiempo extraviada?

—Desde el viernes pasado. No atiende el teléfono móvil que tiene.

—Voy a necesitar la foto de su hermana, algunos datos sobre ella como último empleo, alergias, si está medicada o si cree en alguna locura como la cienciología.

Hubo un silencio incómodo. Supuse que mi hermano siempre tuvo razón sobre mi comediante interno.

—Aquí le dejo esta carpeta con sus datos. Si le sirve de algo es actriz.

Ya vi porque me asignaron el caso.

Y Alexandra prosigue.

— ¿Esto va a demorar mucho?

—Con estos datos que me dio o seme hace muy fácil o difícil encontrarla. Pero no se preocupe de que sea encontrada, será encontrada.

Otro cliente que no me tomó en serio, lo vi en sus ojos.

— ¿Debo darle u porcentaje por sus servicios por adelantado?

Me convenía algo de viáticos para comenzar. Pero no me convenía sacarle tanto.

—Con un diez por ciento puedo comenzar. Tengo mi moto así que solo gastaré en la gasolina.

Creo, al sol de hoy, que soy el detective mas infravalorado de este estado.

—Aquí tiene—me entregó la cantidad de trescientos dólares y pensé en bajarle el costo por mis servicios, sin importar el resultado final del caso.

Dejé que los hechos me empapasen. Y acudí a mi fuente de información sobre la farándula, mi cuasi cuñada.

Si alguien sabe de ese tema y de los ofidios de la caja boba, mucho más que los acosadores de celebridades, pues es Estefanía. Después de limpiar la casa, pasa horas viendo los programas sobre chismes de famosos.

Bajé para hablar con ella, esperando que esté de buen humor. Me vio, la vi. Estaba instalada al frente de la televisión.

— ¿No deberías estar trabajando en un caso?

— ¿No deberías estar haciendo algo mejor que estar viendo esos programas?

—Tuche mi buen.

Tomé asiento a su lado.

— ¿Qué sabes de esta actriz?—le pregunté mientras le entregaba la foto de la hermana de mi cliente.

Abrió los ojos como platos. Luego soltó una exclamación.

— ¡Es nada menos que Jesica King! De una novela recién culminada “Amor con sabor a coctel”

— ¡Que nombre para un dramático!

—Y ¿Qué necesitas saber sobre ella? Aparte de que está extraviada.

—Si está soltera, no ves lo hermosa que es.

Suelta una risa, sabía que estaba bromeando con lo de su soltería. —Dicen unos que tuvo algo con el productor de su telenovela, otros dicen que tiene problemas familiares y por eso escapó.

Sonaba convincente, para comenzar una investigación.

Estefanía continuó su comentario.

—Nadie, ni los chismosos que merodean por su apartamento, saben algo exacto sobre el asunto, pero apuntan a su desempeño laboral.

— ¿Trabajaba bien?

—Su papel fue tomando tanta importancia que llegó a tener el mismo número de líneas que la actriz principal, esa diva de Karla Baker.

Parte 3

Por primera vez sentía empatía con uno de los implicados en el caso en el que trabajaba. Y hasta pude entender los motivos, sean cuales hayan sido, de Jesica para mantenerse en el duro mundo del entretenimiento. Al menos su personaje se ganó al público, el mío no tuvo tanta suerte.

Y por muy duras que puedan ser unas estrellas, aún no conozco el primer caso en donde trate de sacar del mercado a la competencia. Y hasta es ridículo mandar a desaparecer a alguien que si bien opaca al principal, genera audiencia. Por muy cariñosa que la hayan visto con el productor del ofidio. Y como le han sacado fotos así a la muchacha.

Aunque ella se le puede considerar una estrella juvenil, al menos en mis estándares, esa es otra marca, casi indeleble, que les ponen a los actores jóvenes que quieren seguir en el negocio. Un día eres lo máximo y al otro te escupen. En mi caso, si no te toca un buen secundario, puedes irte olvidando de seguir alardeando de que sales en la caja boba con tus amigos, por un buen tiempo.

Supuse lo más simple, como primera opción.

Harta de la presión familiar, por alguna razón, y de los conflictos sin sentido en el set de trabajo, decidió irse a algún sitio tranquilo; pensando que así se calmarían las aguas para luego regresar a su casa. Algo debió salir mal y su regreso se alargó, o lo hizo para hacer morbo y lucrarse por algún lado, con lo habitual, una demanda allá o una amenaza por aquí.

Y así tracé mi plan de acción.

Lo más sensato es comenzar por el último sitio donde estuvo. Sacar la información que pueda y luego saltar a otros sitios, como el set de grabación.

Revisé los datos que me dio su hermana. Se había alojado en el Hotel Bahía Sur en la ciudad costera de Amparo.

Eso implicaba un viaje en moto por la autopista, tenía tiempo sin hacer uno.

Creo que el último que di fue hace unos cuatro años por un evento de caridad de la televisora donde trabajé por última vez para entretener al prójimo.

Fui el conductor mas querido de la cadena y me querían para animar a su famoso “Bingo para ayudar a los niños sin escuelas” o algo así se llamó el extraño show en el que fui maestro de ceremonias, el otro conductor no quería presentarse, ya  que le molestaba competir con la sangre joven de la cadena, y más si los maquillistas trataban de disimular sus canas y arrugas, haciéndolo ver como el monstruo de Frankenstein. Aunque ya le decían así a eso señor desde hacía tiempo, por la cantidad de operaciones que se había hecho, a petición de la cadena claro.

Si había un sitio para los escapistas, la pequeña urbe llamada Amparo era el lugar. Una vez una próspera ciudad portuaria, ahora una urbe de sueños de escape y de gloria de sacar de su letargo el amplio litoral que tienen. Siempre vieron al turismo como una maldición. Y viviendo allí, comparto su punto de vista hasta el sol de hoy, sus casinos a la larga fueron un mal peor para combatir el alto desempleo que tuvo la ciudad hace tiempo, pero se acostumbraron a ellos, pero jamás a los turistas que iban con sandalias a jugar a los casinos. Estaban por todos lados, hasta tuvieron que hacer un distrito netamente de hoteles para los turistas dejaran de deambular como zombis de un lado a otro de la ciudad.

Viví un tiempo allí, antes de mudarme a casa de mi hermano y de mi penúltimo empleo como conductor de  programas de entrevistas.

Fui allí donde descubrí la comedia tipo stand up, que puedes hacer reír a otros con tus penurias personales y laborales, que no importaba llegar con ojeras a tu empleo como profesor suplente, podías decir que te mataste con la clase que ibas a dar, cuando en realidad estabas contando chistes en el único bar de comedia que hay en toda la ciudad que le daba oportunidad a aficionados cada fin de semana. Aprendí que aparecer en ¿”Que le pasó a esta estrella infantil”? en un especial sobre la serie a la cual adicionaste solo para tratar de convencer a tus padres de que no eras un niño tan ocioso e inventador de boberías típicas de la edad, no estaba tan mal, o que fueses el guía turístico improvisado de un chef y de su equipo de filmación de su programa culinario de una cadena importante de televisión, por la ciudad no era del todo malo, al contrario, le dabas a conocer tus gustos culinarios al mundo sobre la comida chatarra del lugar en donde vives.

Al menos conservé mi integridad, la física más que todo, al nunca asistir a esas convenciones de series retro, bueno tampoco fui tan importante en ese show. Y siempre fue algo bueno para mí, al menos siempre lo vi así. Si bien a muchos les pareció interesante, no fue motivo para no darme un empleo, o para suplir a unos amigos en sus ausencias en sus puestos de trabajo.

Que días aquellos. Si, fue en esos días que me volví a ver con mi hermano mayor, a quien deje de ver después del divorcio de nuestros padres. Se divorciaron al ver que su hijo mayor  no fue una estrella del beisbol y su hijo menor una de la caja boba. Estábamos destinados a ser como ellos, de la clase trabajadora muy cercana a la media y sus sueños de grandeza.

Pero nunca en esos días escuche sobre ese hotel, cosa que me extrañó. Aun conozco la ciudad, así que no estuve dando vueltas, como un turista, pero lo ideal sería recurrir a fuentes secundarias de información.

Con una llamada bastó.

Me encontraría con dos viejos amigos que dejé en esa ciudad.  Estaba listo para patear la carretera, llegar a Amparo y ponerme al día con ellos y con el caso.

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