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Finalizando con: Legend of Mother Sara Vol.7

Justo cuando todo parecía marchar mediante bien en esta entrega, en vista que Sara estaba bien cerca de conseguir dos de sus hijos, la cosa se complicó bastante. Indicando así que no todo iba a ser color de rosa, más considerando el hecho que el camión del alegre compañero de viaje de nuestra peregrina fue quemado, creo que era una señal que todo se iba a poner feo.  Aunque, conociendo al autor, creo que su concepto de poner fea una situación es un tanto extrema y ya verán.

Y si bien no todo es lo que parece, ya que las conversaciones de paz entre los dos bandos sirvieron más para ponerlos en contra de un enemigo en común que tienen en ese sector del desierto, el hijo de Sara y que su muerte sería un excelente acto de apertura para todo el asunto de calmar las ganas de usar las armas. Eso sí, ese plan que parece que puso en jaque a todos los involucrados en el conflicto, parece que también a puesto en una extraña condición a muchos de los partidarios de nuestro querido forajido, de hecho en lo que quedaba de entrega se le dedicó mucho tiempo a él y sus compañeros de armas.

Pero la pandilla de Harato, quien se nos ha presentado como el hijo de nuestra querida peregrina, se encuentra muy confiando no sólo de su plan estratégico para alcanzar la paz, a pesar de que uno de los suyos ha caído prisionero y ya comienza a verse problemas internos en su grupo de combatientes. Eso sí, la pequeña trama entre el conductor del camión donde viaja Sara y el inventor loco que ayuda a los forajidos fue una bastante interesante y que se alejó de los giros argumentales más oscuros y densos los cuales están reservados para Sara.

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Finalizando con: Legend of Mother Sarah Vol.4

El olor a rebelión hizo su efecto y nuestra peregrina finalmente se liberó de quienes estaban controlando todo el asunto en esta parada, la locación más extraña al momento de escribir esta reseña. Quizás una ciudad llena de jóvenes militares y todos ellos huérfanos dicen mucho no solo de la obra sino también del conflicto que está narrando. Aquí vemos, de forma adicional claro está, muchos más detalles de lo que fue el pasado de Sara y cómo fue que se perdieron buena parte de sus retoños. Pero la peor revelación de todas era saber quién era el verdadero villano en todo el relato, ni más ni menos que  ese niño molesto que estaba controlando las mentes de sus superiores. Incluyendo juegos estilo circo romano con nuestra protagonista y viajera.

A la final del día el cambio de escenario mostró también la peor parte que tiene que ofrecer nuestra querida humanidad, pero esa la que decidió cambiar su voluntad e individualismo por un uniforme y unas armas. Si agregamos al asunto todo lo referente a los desechos nucleares y que el rebelde finalmente pudo concretar sus planes creo que difícilmente se le puede llamar todo esto como una derrota, aunque es una pequeña victoria en vista de todo el trabajo que le queda por delante hacer.

Y ahora, con nueva información relacionada con el paradero de uno de sus hijos Sara nuevamente comienza su peregrinar. En esta ocasión, no creo que la canción caminante no hay camino sea una indicada para el final de este breve arco argumental, ya que todo indica que el viaje apenas está dando sus primeros pasos y que si bien un cuarto tomo y la protagonista  aún no ha tenido un nuevo compañero de viaje, ya que hasta la fecha pues no ha encontrado a alguno de sus hijos.

 

See Your Space Cowboy

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Finalizando con: Legend of Mother Sarah Vol.3

Avanzando lento, pero de forma segura sigo leyendo esta serie. Pues la llegada de nuestra querida viajera a esa cosa a medio camino de una ciudad y un cuartel, parece que las tensiones aquí llegaron al punto más alto. En vista que se hizo evidente de quien era el verdadero villano en esta parada era ni más ni menos que el hijo más cercano a quien se consideraba como la líder de esta parada. Si han leído algunas obras de este estilo, vamos a tener muchas paradas y villanos en este largo viaje.

También tenemos algo que posiblemente no veremos en mucho tiempo, esto lo digo a riesgo de equivocarme enormemente, grandes secuencias de acción acompañadas de secuencias mudas en donde, como cosa rara, se nos muestra un poco más del pasado de nuestra viajera. De hecho hasta el personaje que sirve de contrapeso cómico también tuvo sus buenos momentos participando activamente en la historia, el villano de esta parada me recordó el comportamiento manipulador que actualmente tienen muchos infantes al sol de hoy. Para empeorar el panorama, el muchacho en cuestión podía manipular los recuerdos y acciones de las personas.

El olor a rebelión se hizo llegar, extraordinariamente a tiempo, durante ese momento en que metieron a Sara en una especie de circo romano y que todo indicaba que no iba a salir bien librada de tan sangrienta situación. En lo personal, creo que todo el asunto relacionado con los desperdicios nucleares me pareció algo que si bien a la final si tiene relación con la trama general, siendo una de los elementos que llevaron a los humanos a esa situación; me pareció que, al menos en esta parada, lo sentí que estuvo un poco de sobra. Ya finalmente Sara tiene una dirección clara sobre la ubicación de dos de sus hijos, a pesar de todo esto no fue tan malo.

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Escribiendo un poco sobre el asunto de tener descendencia.

Hago un pequeño paréntesis en los temas más recurrentes en esta sección del blog, la Venezuela que tenemos y la que queremos, para escribir un poco de un tema que me tiene pensando un buen rato, además que siempre es bueno cambiar un poco las cosas. Así mismo, debo comentar que no sé si el presente mar de letras vaya a cumplir con el requerimiento de los nuevos artículos que estoy escribiendo que es llegar a algo más de mil palabras y que, ciertamente, poco tengo que decir sobre la adaptación occidental de la obra del muchacho loco que se consiguió la herramienta de trabajo de un “dios de la muerte” de los mitos japoneses.

Al menos dentro de los confines de la cuna de libertadores, no estamos en la mejor temporada para tener hijos y tampoco es que hay mucho con que asumir semejante tarea. Ya saben, pañales, comida, talcos, escuelas y esto debería ser un indicador para que los embarazos adolescentes no estuviesen por las nubes; pero la realidad es otra. En el peor de los casos, hasta lo políticamente correcto ha llegado a la forma en cómo se instruyen a los niños en las escuelas llegando hasta ser parte de lo habitual en las casas.

Y ¿Con que me refiero a lo políticamente correcto a nivel educativo? Pues el hecho que simplemente no se le puede levantar la voz a un infante ya que puede traumarlo, ni mucho menos darle a conocer no solo a sus padres sino también al resto de sus compañeros que tiene un buen o mal desempeño académico ya que también es otra fuente de traumas mentales. Ya saben, todo este asunto de ser un copito de nieve que debe ser resguardado al punto que debe perder su individualidad.

Si no es eso, pues tenemos padres que esperan que sus hijos sean educados por los medios electrónicos y no es de extrañar que salgan unos verdaderos desastres como personas que solo necesitan gritar y pedir para que tengan en sus manos lo que están pidiendo, generalmente una tableta o una de esas consolas de videojuegos portátiles. Con todo este escenario, creo que es normal el hecho que algunos no quieran tener hijos; yo soy uno de esos, que mientras aún se encuentre dentro de la tierra de gracia el asunto de tener hijos no le anima en lo absoluto.

Después de la desagradable experiencia de ver como los hijos de dos primas se comportan en el día a día, uno llegando al punto de no solo decir groserías sino también recurriendo a la violencia en contra de su padre, pues en mis días eso era  algo que se solucionaba con unos buenos golpes; no importaba si estaba en una fiesta, sitio público o que mostrarle al infante que su comportamiento no es el mejor “le va a causar un trauma” después del merecido regaño que se ha ganado.

Esas son conductas que no se deben dejar pasar, ya que ¿Qué clase de personas estamos dejando en este loco mundo? Ya que el problema de fondo es ese, las personas que dejamos. Si esto sigue así, va a ser mucho más complicado esto de darle la estocada fatal a lo políticamente correcto.  A esa necedad de que todo debe ser una zona de seguridad para que estos copitos de nieve puedan vivir tranquilos; no, el mundo no debería ser un lugar lleno de arco iris y unicornios políticamente correctos, no debería serlo y (si la razón está de mi lado) nunca lo será.

Es por esa razón que vemos a los niños rotando de un deporte a otro, de una actividad a otra ya que los padres no quieren lidiar con el problema y que eso sea asunto de alguien más. Y en ocasiones también eso se ve con las estadísticas (que quieren ocultar) de temas tan delicados como el abuso escolar, el abandono escolar y el ya mencionado embarazo adolescente que son asuntos serios.

No digo que cada nuevo niño que llega a esta tierra de gracia vaya a ser un copito de nieve o en su defecto un abusador, pero el caso es que esas probabilidades son demasiado altas y creo que no cuenten conmigo, hasta nuevo aviso, ya que después de la experiencia que ha sido lidiar con los dos hijos de una prima; quienes por todo están llorando, exigiendo y pidiendo pues en lo personal, no me metan en ese juego de apuestas.

Yo no sé si esta situación puede tener remedio, que lo tiene, pero lo cierto es que a unos no les va a gustar. Aunque quiero dejar en claro que si bien estoy en desacuerdo con los castigos físicos, creo que los niños de ahora deberían comprender que con berrinches no van a conseguir lo que quieren incluso dentro de casa y que el mundo real está muy dispuesto a aplastar sus sentimientos en repetidas ocasiones.

Por mucho que tengamos el sueño de ser médico (menciono la primera profesión que pasa por mi cabeza) si no tenemos un buen promedio académico en bachillerato, no tenemos conocimientos de biología y por sobre todo las ganas de estudiar esa carrera sacrificando  muchas de las cosas que antes te gustaba hacer. No basta con solo desearlo, hay que también un poco de su parte y eso implica dedicación y esfuerzo; así que esperar que por un mandato divino o que a alguien se le ocurra que debes estudiar medicina, sino te formas y si no tienes la vocación es mejor que te dediques a otra cosa.

No todos podemos ser médicos, ya que la vocación y el talento se encuentran en otros aspectos. Tampoco esto de crear zonas seguras para unos, no es otra cosa que una forma refinada de discriminar por una razón de dudoso soporte. Te va a tocar defenderte, te guste o no, te va a tocar un día recurrir a la violencia, ya que esa persona no tiene otra forma de entender que quieres estar tranquilo.