And we are the law here

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Ahora es pertinente ver como estaba fluyendo ese día domingo, se encontraba en una pequeña cafetería, donde compartía mesa con un singular compañero de labores. Un muchacho con un singular origen étnico, parte judío sefardí y parte mexicano quien recibía el (particular) nombre de Luigi.

—Entonces buen Arthur ¿Qué tal tus días libres?

—Bastante agitados, si supieras. Pero con todo y eso, no me quejo pero ¿Qué me dices de ti?

Había mucho compañerismo entre esos dos, de hecho, no les molestaba en lo absoluto compartir zona, de hecho era lo suficientemente grande para los dos y no había necesidad de ponerse con ridiculeces de pelearse por los clientes, ya de por si se los quitaban a los taxistas de líneas ya reconocidas.

—Sigo preocupado por mi socio en Venezuela y más ahora con este asunto que el actual presidente de esta nación anda hablando de sanciones comerciales; aunque a pesar de todo lo que se cuenta de ese extraño país, pues mira estamos preparando un guión para una película.

—Entonces ¿Van a perseguir el famoso sueño de California? Me habías hablado bastante del asunto del guión. Con respecto a tu socio en ese extraño país, lamento decirte que no estoy tan al corriente con las noticias. Ya sabes, esto de ser no intervencionista es lo mío, así que me toca confiar en tu palabra, pero debo hacerte una pregunta ¿Puedes darme un pequeño indicio de ese guión?

— ¡Claro que sí!

Luigi estaba reuniendo dinero no solo para mantenerse en aquel país, sino también poder sacar a un socio suyo. Su plan era crear un guión que fuese lo suficientemente barato pero al mismo tiempo con un impacto tal, que ninguna casa productora le pudiese decir que no, pero aquel singular grupo de trabajo era una verdadera amenaza; si bien ambos escribían en ingles aquella historia, Luigi se encargaba de la banda sonora y su compañero de darle un basamento en ese mundo de las artes marciales.

—Aún estamos trabajando en el título, ya que parece que se nos adelantaron con “Fiebre de Karate por la Noche”, pero lo cambiamos, temporalmente, a “Dragones en la Pista de Baile”

—Solo dime que es una comedia.

—Lo es. De hecho, a pesar de todo, la comedia es un género que tiene mejor aceptación. Eso sí, con el detalle que nos estamos metiendo en terreno minado.

—Y ¿se lo has mostrado a alguien medianamente serio? Digo ¿Cómo a un productor o algo así?

Pero justo en el momento en que Luigi iba a dar su respuesta, el teléfono de Arthur sonó. La señal que debía ir a buscar un cliente estaba en el aire y aunque disfrutaba hablar con su buen amigo, el deber le llamaba, además que sentía que su mañana la había comenzado floja, en comparación con otros lunes.

“Silver” y su jinete llegaron al sitio donde los estaban esperando, un hotel que se perdía entre tantos edificios y un cliente que no parecía la gran cosa, pero debía llegar a la sucursal de las oficinas de MTV. Su traje gris roído, su maletín que indicaba que había tenido mejores días indicaban que ese cliente podría ser alguien tacaño o quizás alguien con una mala racha.

—Señor, no quiero parecer antipático pero no está permitido fumar en el auto.

—Tranquilo, no es un cigarrillo como tal, es lo que se conoce como “cigarrillo de chocolate” es lo más barato que conseguí para engañar a mi organismo por esto de dejar de fumar. Y considerando la condición en como tienes el auto, te comprendo muy bien las razones por las cuales no quieres montar fumadores; por cierto, Oliver K es mi nombre.

—Arthur Twain. Y ¿Puedo saber a qué se dedica Oliver? Ya que no todos los días me toca ir a las oficinas administrativas de un canal de televisión que ha caído tan bajo como MTV.

—Soy Manager de actores. No es un negocio muy lucrativo para mi estos días ¿Sabes? Y ahora me toca lidiar con el regaño por algo que no hice, pero uno de mis clientes sí. Para que te des una idea de quien es ¿Has escuchado sobre este show de realidad llamado Mi vida cómo Sandy? Pues mi cliente es la protagonista de la serie o lo que sea ese show. Y a esta altura del campeonato, ya ni me interesa.

—Lamento responderle que no estoy al tanto con lo que emite ese canal. Lo dejé de ver hace ya tiempo, desde ese momento en que solo dan shows de realidad de dudosa calidad o puro drama de vampiros.

Oliver terminó su extraña golosina y comenzó a comerse otra, era evidente que estaba bajo un stress bastante fuerte aquel manager de actores. Sus manos estaban temblando y su tono de voz, si bien estable y un tanto ácido, no dejaba de ser una voz de alguien que quería renunciar a ese empleo y dedicarse a otra cosa.

—Te explico, ese extraño show que te mencioné ha sido una sensación entre la audiencia, al punto que se está discutiendo si hay o no una tercera temporada. Pero a mi cliente se le ocurrió aportar ideas para el guión, en vista que quiere ser guionista, pero es algo que hasta a mí me parece que simplemente no funciona en un show que no sabe lo que es.

Entonces el manager de actores soltó la bomba. Su rostro se arrugó y demostró que estaba harto de toda aquella situación en la que estaba involucrado y de tanto mal rato. Aunque aquella conversación estaba tan interesante, en comparación con las otras que había tenido  que simplemente no estaba de ánimos que le llegase un final.

—A la muchacha le pareció muy arriesgado establecer que sus padres hicieran un divorcio  y posteriormente un intercambio de parejas con otro matrimonio. Obligándola a vivir con un hermanastro que le altera las hormonas e incluso complicando más su vida al enterarse que también va a estudiar con él en el mismo salón y en el mismo instituto.

Arthur, por alguna razón soltó unas risas. Se calmó rápidamente y comentó, buscando alargar esa singular conversación. Aunque debía buscar las mejores palabras y hacerlo rápido.

—Lamento haberme reído Oliver, pero fue una reacción natural y sabe lo difícil que es controlar eso. Pero creo, a riesgo de equivocarme ya que del tema de guiones no se mucho; es algo que es más propio de algo como una telenovela o un pésimo episodio de alguna serie que viene en decadencia. Y creo que a su cliente le faltó algo como el clásico romance prohibido entre un profesor y una alumna.

—No sabes cómo me arrepiento el hecho de no haber ayudado a la muchacha que le da la voz a una de las protagonistas de la serie “La Princesa Espacial en la secundaria”, al menos con esa muchacha no estaría en estos predicamentos. Además que tendría un buen cheque cada quincena por representarla, pero no, a la firma le llegó esta…cosa y de paso, yo era el único que estaba disponible aquel día. De verdad me arrepiento de todo y aunque no es la primera vez que me pasa pasar por esto y creo que es la cuarta vez que pasa con este cliente, si te soy sincero.

—Pero no me queda claro una cosa ¿Qué tiene que ver usted en todo ese asunto? Digo, esa idea para la tercera temporada que tiene su representante no lo involucra del todo en el asunto, al menos eso creo.

—Más bien, si te soy honesto en una cosa. Creo que es el karma que finalmente me alcanzó; nunca fui el más dedicado manager de actores, de hecho no es de extrañar que el universo quiere que pague todos los enredos en los que metí a muchos de mis clientes. Mientras yo le sacaba provecho a sus penurias.

—No sea tan duro consigo mismo, Oliver. De seguro puede enmendar todo lo que ha hecho, de estoy seguro. Pero también debo comentarle que hemos llegado a su destino y no me queda de otra que decirle que tenga un buen día, a pesar que parezca que no será así.

—Gracias, muchacho.

See Your Space Cowboy

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La señora Marín esperó que Bianca llegase a tomar el desayuno, aunque aquella escena podría parecer como cualquier otra que se hacía los fines de semana, la cara de la dueña de aquella casa decía todo lo contrario. No había nada por lo cual sentirse calmada. Para empeorar la situación, había tensión en el aire.

—Entonces, yo no sé si estaré hablando por el resto de sus huéspedes pero ¿Cómo es eso que la prometida de Arthur nos estará visitando dentro de pocas semanas?—preguntó Richard, con un tono muy serio. Ese que usaba durante clases y del que siempre erizaba la piel de los profesores, según Lucrecia.

—Sí, sé que sorprende el hecho de que mi nieto con ese carácter que se gasta estuvo cerca de un matrimonio. Al parecer, no hay nada claro con respecto a cuál de los dos fue quien canceló todo eso. Posiblemente eso lo sabremos cuando la tengamos aquí, de hecho esa visita ya comienza a ser un dolor de cabeza para mí. —fue la extraña respuesta de la dueña de aquella casa.

Esas palabras tomaron por sorpresa a los huéspedes, ya que no había alguien más hospitalario en aquella urbanización como la señora Marín. Considerar que una visita le estaba causando una molestia era algo muy fuerte, un asunto que señalaba que no se lo estaba tomando a bien o que todo eso era, en realidad, no otra cosa que un iceberg.

—Pero ¿En qué podemos ayudarle?—preguntó Lucrecia, siempre hablando por el resto de sus compañeros—, si es necesario hacer un sacrificio. No queda de otra opción que hacerlo.

—Me alegra escuchar eso, al menos de ti querida Lucrecia. Quiero que tú y Bianca le pongan un ojo a la futura huésped de esta casa, así que pensé que podría quedarse en  su habitación. Voy a convencer a mi nieto para que comparta habitación con Richard, estaba cansada de verlo dormir aquí en la planta baja. Concretamente en el sofá, a pesar de que ese muchacho me está sacando nuevas canas, se merece un mejor sitio para dormir.

Richard y Bianca miraron de forma penetrante a su querida compañera, de nuevo había hecho algo que comprometía sus rutinas, incluso la de ella. Pero, no le quedaba otra opción. “Lástima que esta casa no tenga un sótano, podríamos mandar a Richard o a su prometida a ese sitio” pensó la joven estudiante.

—Espero que esta pregunta no sea imprudente, Marín, pero creo que es necesaria ¿Cuándo tendremos a esa persona aquí? Digo, el viaje de San Antonio a California es de trece horas de vuelo, sin contar las horas adicionales que hay que hacer desde el aeropuerto hasta esta urbanización.

—Excelente pregunta Richard, la tendremos aquí para mañana. No les pido mucho, solo a que me ayuden a limpiar la casa y preparar una cama para esta nueva residente. Y si, por si no queda claro, no estoy del todo contenta con esta situación.

Un nuevo residente no solo implicaba más gastos, al menos en comida, sino también que el ambiente que habían forjado la dueña de la casa, sus huéspedes y su nieto debía irse a mejor vida. Lo bueno del asunto es que ninguno de los muchachos quiso preguntar más sobre aquel tema, ya que el asunto de ese compromiso  congelado iba a ser el responsable de muchas confrontaciones en aquella casa.

La primera orden fue llevar una colchoneta a la habitación de Bianca y Lucrecia, trabajo que fue tomado por Richard, alguien que lo hacía con una soltura increíble.

—Sigo pensando que lo de la colchoneta y demás lo debería hacer el Vaquero— indicó la estudiante de medicina, sin ocultar el hecho que estaba un poco molesta—, ya de por si era difícil estudiar aquí contigo aquí Lucrecia, sin ofender. No me quiero imaginar cómo será como será esta situación con esta nueva persona aquí.

—No me siento ofendida por eso. Recuerda que el Vaquero no sabe de esto, aunque eso no lo salva de estar metido en el predicamento que se avecina. —Respondió Lucrecia—, por mi parte creo que lo mejor que podemos hacer es…

Súbitamente, Richard le tapó la boca a su compañera, dejando en el suelo rápidamente la colchoneta. Lo interesante fue que hasta Bianca abrió los ojos de par en par, buscando una forma de cortarle la idea a Lucrecia.

— Creo que también hemos tenido mucho de “lo mejor que podemos hacer”, así como el hecho que no es necesario empeorar más la situación con alguna de tus ideas. Y si pretendes morderme, es lo mejor que lo medites muy bien.

—Lo cierto es que, Richard tiene razón amiga. No es un buen momento para una de tus loquitas ideas. —Agregó la estudiante de medicina—, además que hasta nuestra participación en el torneo de tenis de mesa se ve comprometida. Ni hablemos del asunto de celebrar Halloween, ya que quería invitar a unos amigos de la universidad a la fiesta.

— ¡Mis ideas no traen desastres! Claro una que otra habrá salido mal, pero si me permitieran implementarlas mejor, pues otro gallo cantaría.

—Lo mismo han dicho del socialismo—agregó el estudiante de derecho—, que nunca lo han dejado implementar de forma correcta y cuando lo hacen, pues siempre salen los defensores a decir que aquello no era el verdadero socialismo. La verdad que la situación amerita algo con mejor enfoque.

El plan que iban a considerar aquel trío era bastante simple. Tratarían de ser lo más cordiales que podían, aunque ya tenían la persona indicada para ser la cabeza de lanza de todo aquello, no otra que Lucrecia.

—Sigo sin entender ¿Por qué yo?— preguntó la estudiante de periodismo. —, yo también tengo mi agenda que cumplir. Creo que eso debería una labor de todos nosotros, de hecho, estamos todos involucrados en ese problema. Nos guste o no.

—Pero todo indica que tu agenda no es tan apretada como la de Bianca o como la mía— matizó Richard—, seguramente no te gustaría conocer todo lo que debo hacer este año. No solo como estudiante, sino también como el nuevo supervisor de unos obreros del ramo de la construcción y asistente del abogado de esa empresa.

—Y a mí me tocará dentro de poco las primeras prácticas en un hospital, así que   tampoco estaré por aquí el tiempo necesario para comprender lo que realmente sucedió entre Arthur y la nueva residente. Además ¿Cuántas reuniones tienen el cine club al mes? Y las ventas del periódico de la universidad no andan muy bien en estos días, todo indica que te toca recibir esa bala, querida amiga. —indicó Bianca, mientras terminaba de arreglar su pequeño bolso de mano, quería irse a estudiar a un sitio no tan tenso.

—Creo que no me podré escapar de esta, por mucho que lo quisiera. Creo que debo admitir que esto es mi Waterloo. De hecho, no importa lo que haga, soy el Napoleón en esta situación.

—Lamento corregirte. Bueno, no, sabes que me gusta mucho hacerlo. Pero si bien es reiterar algo que ya sabes, pero dudo mucho que tengas el mismo genio militar de Napoleón. Además, hasta donde sé, a ti nunca te han exiliado a alguna isla; así que creo que le estás haciendo referencia a la canción de cierta banda del norte de Europa.

—Pero ¿Qué les hace creer que me voy a llevar con esa persona? Ya vieron que con Arthur tuve mis roces. Además que buena parte de la población de Texas es republicana y todas esas cosas…

—Así es, pero eso fue durante la fuerte campaña presidencial. Ha pasado algo de tiempo y creo que has bajada un poco la intensidad con esos temas del feminismo y el apoyo incondicional a la señora Clinton. Además que, si bien no sabemos qué pasó exactamente con la filtración, eso también fue culpa tuya así que creo que aun te toca pecados que expiar.

En la cabeza de Lucrecia comenzó a sonar una de las muchas canciones favoritas de su señor padre, “Tragedia” de esa agrupación toda la banda sonora de la película “Fiebre de Sábado por la Noche”. De hecho, ahora podía comprender buena parte de la letra de aquella canción.


Ahora, se hace pertinente relatar lo que hicieron los jóvenes después de aquella estadía en el restaurante aquel. De la misma forma que su abuela, aparte de ser el conductor designado, Arthur era quién conducía al potro, aunque la única diferencia era en el copiloto; ya no era la extraña Lucrecia, sino el calmado Richard.

— ¿Quién iba a creer que nuestra interpretación iba a ser la ganadora?— Comentó el estudiante de derecho, buscando iniciar una conversación.

—Creo que la verdadera pregunta sería ¿Qué tan baja es la resistencia al alcohol de esas muchachas? Considerando que mi abuela aún tiene esa manía de doblar el codo. De hecho, el whisky siempre ha sido su favorito.

—Creo que hacemos bien en regresar a casa. Pero, como no recuerdo cuando fue la última vez que tuvimos una conversación ¿No crees que estemos en una excelente oportunidad para una? Yo considero que sí, aunque una sola persona no hace una conversación.

Al menos en buena parte de lo que había dicho el estudiante de derecho tenía razón, ya que durante esa partida de ajedrez que quedó incompleta, todo gracias a que una discusión entre Lucrecia y Bianca y que no pudo ser controlada por la dueña de la casa.

—He notado que tú y la demócrata están dejando de pelear. Y no sé si tomar todo eso como algo bueno o malo; ya que no sabes cuántas veces tuve que contener por los ataques de risa que me causaba ver a Lucrecia sin ideas y roja de furia.

—Yo puedo decir lo mismo sobre ti y la futura galeno. Me atrevo a decir que ese asunto entre ustedes dos, debe tener algo de tiempo. Pero con el primer tema que trajiste a la mesa, hasta a mi abuela le ha tomado por sorpresa. Pero voy a pedirte que no fumes en el auto, mira que el spray ambientador se me está acabando.

Richard guardó la caja de cigarrillos y el encendedor, en el rostro del estudiante de derecho se dibujó una extraña sonrisa y luego comentó.

—Aparte de Vaquero, ahora también tienes dotes de detective. Oye, esa mezcla de género es interesante, aunque creo que funcionaría mejor dentro de la ciencia ficción; pero, debo admitir que sí, entre ella y yo hay algo.

Pero después de aquellas palabras, el estudiante de derecho se quedó unos segundos callado, mientras que el conductor asomó por breve momento su mirada en las chicas que se encontraban dormidas.

—Aquello que tengo con Bianca tampoco anda en el mejor momento. De hecho, espero no te molestes en que te tenga que contar eso.

—Para otra ocasión, no es muy prudente que lo hagas. Considerando que ella está allá atrás y podría despertar en cualquier momento, eso sí. Tranquilo, me han comentado que soy un buen confidente, pero en esta oportunidad lo mejor será terminar no sólo la partida de ajedrez, sino también con algo que adicional.

—Se hace evidente que te estás refiriendo a ese hecho notorio que nuestros duelos no sólo agotan nuestros cerebros, sino también a nuestros estómagos. Aunque sólo me queda una duda ¿Para cuándo?

Aquel singular duelo quedó pautado para dentro de dos semanas, un plazo de tiempo Arthur tendría otros dos días libres. Pero la charla debía seguir, ya que aún quedaba camino por recorrer; Richard seguía comentando sobre las próximas acciones que iba a hacer con respecto a que era el protector de Lucrecia en el campus.

—Pero si te soy honesto, creo que haces mal en ocultar ese trabajo en Uber al resto de los residentes. Yo lo descubrí por mero azar, además que ¿Cuál es el problema con eso? No es un trabajo indigno.

—Creo que no es algo que importa mucho. Es algo que no es problema de terceros, sin ofender. Ya que, aún es temprano para decirlo, todo lo referente a la filtración puede estar por cerrar. Todo gracias a ese empleo que tengo, de hecho y tal como le dije a mi abuela, tampoco es que hay mucho para mí en mi ciudad natal.

—No sé qué asunto de fondo tuviste para irte de San Antonio, pero creo que te sorprenderá saber que comparto eso. Yo salí de mi ciudad agrícola y sin ánimos de regresar; fuimos pocos los que salimos de mi promoción de secundaria. Buena parte se quedó, yo aún hoy me pregunto que estarán haciendo.

La conversación siguió, pero el jinete ya estaba agotado, quería descansar al menos unas horas. No era para menos, ya que en pocas horas debía salir nuevamente con “Silver” pero, no dejaba de preguntarse ¿Qué lo iba a motivar ahora? Ya el asunto de la filtración parecía cerrado o al menos eso creía.

Al llegar a su destino, Arthur se quedó mirando al techo de la casa, mientras su abuela se aseguraba que Lucrecia y Bianca llegasen sin tantos tumbos a su habitación.

—Debes admitir que el contratista hizo un buen trabajo y no fue necesario lo de hacer pagos parciales. Yo te dije que todo iba a salir bien.

—Sí, lo admito. Aunque creo que mi trabajo aquí no ha concluido. Y mientras esa filtración esté allá en el techo, creo que me tendrás aquí por un buen rato.

—Te tengo una extraña noticia, pero tú me dices si la quieres escuchar ahora mismo. Aunque como dentro de nada te toca salir nuevamente a trabajar, no creo que sea prudente. Yo sé que igualmente te pondrá cabezón todo el asunto que no te podré comentar ¿Quieres una manzanilla? A tu abuelo le ayudaba a dormir.

—Creo que no me queda de otra. Además que, ciertamente, necesito dormir así sea unos cuantos minutos. Una pregunta ¿Qué sabes del mentado torneo de tenis de mesa?

La señora Marín le sirvió el té a su nieto, se le quedó mirando unos segundos. Aquella pregunta la dejó pensando. No era del tipo competitivo, además que el dinero del premio tampoco era gran cosa, de hecho ya el asunto de la filtración se podía considerar como superado.

—Creo que la semana previa a las festividades de octubre, exactamente antes de La Noche de Halloween. Con respecto a la filtración, el contratista me dio su palabra que volverá, pero que el trabajo no ha concluido; pero te insisto, no necesitamos más dinero para ese asunto.

Arthur bebió de la taza, quería meditar bien su respuesta pero cuando aquella infusión llegó a su organismo, comprendió que lo mejor era seguir el Consejo de su abuela, cuando volviesen él y su fiel caballo a casa tendría algo de energía para afrontar esa noticia.

Aquella mañana, la cual llegó con algunos suspiros de alivio, la señora dueña de esa casa no se había despertado temprano para hacer el tradicional desayuno para sus queridos huéspedes. Se despertó, extrañamente, con la sensación que no podía ocultar aquella noticia que no pudo decirle a su nieto. Para su sorpresa, Richard y Lucrecia estaban en la cocina, haciendo el trabajo.

—Espero que considere esto de supervisión de nuestro trabajo y por cierto. Buenos días— le saludó el estudiante de derecho—, como cosa rara su nieto no se suma a su tradición.

—Aunque me alegra ver que la filtración ya tiene sus días contados. Aunque pudo habernos pedido esto de dejar la casa por esto de la reparación sin tanto misterio. — agregó la estudiante de periodismo.

—De todas formas, fue bueno que se tomaron su buen rato en regresar; me llegaron una avalancha de noticias desde San Antonio, las cuales me dejaron gritando y creo que, por mucho que no me agrade la idea involucrarlos, no es disparatado decir que estamos juntos en esto.

Aquellas palabras dejaron fríos a Richard y Lucrecia, de hecho, poco sabían sobre los motivos de fondo que tuvo Arthur en dejar la ciudad de San Antonio y estar con su abuela.


El extraño silencio en aquel local fue roto por una voz que tomó por sorpresa a todos los clientes.

— ¡Hoy es noche de Karaoke queridos clientes!

Los ojos de Bianca brillaron y preguntó a sus compañeros de mesa

— ¿Quieren participar en el karaoke?

—Y ¿Dónde quedó esa angustia que tenías esta mañana por el examen del lunes?— le preguntó Lucrecia—, que en materia de estudiante irresponsable no eres buena. Además que eso, es cosa mía.

—Tengo todo el domingo para estudiar. Además que nuestra participación no depende de ti o de mi ¿Qué dices Vaquero? ¿Nos apuntamos a ese rodeo?

—Creo que podríamos participar, eso sí, pero después nos vamos. Mi querida abuela va a necesitar a “Silver” para mañana y mi segundo día de descanso me lo quiero pasar sin sobresaltos, la verdad.

De repente, aquella voz que anunció la apertura de la “Noche de Karaoke” hizo lo propio con los primeros participantes, quienes resultaron ser ni más ni menos que Josh y su pareja. Quienes ya habían perdido algo más que su marcado gusto por el tequila, algunos kilos adicionales sino también buena parte del sentido del ridículo, lo que quedó demostrado con su selección, esa canción que cantaron Frank Sinatra y su hija Nancy.

—Creo que eso no me lo esperaba— Comentó Lucrecia al ver subir a una humilde tarima a Josh y a su esposa—.

— ¿Ver de nuevo a Josh en el mismo día o que esté casado?— le preguntó Richard—; pero pensé que sabías muchas cosas sobre ese locutor.

—No, el hecho que fuese un apasionado por cantar. Lo intentó en varias ocasiones, pero cuando lo compararon con Paris Hilton, simplemente desistió del asunto.

—Apuesto a las de perder que te mueres de ganas por pedirle un autógrafo y una oportunidad para hacerle la entrevista. Así que debo preguntar ¿Qué te detiene?

La pregunta que le hizo Richard dejó pensando a Lucrecia, pero ¿Qué le iba a decir? Ciertamente, había muchas cosas, incluso el clásico “puede darme su autógrafo” se paseaba por su mente. Pero, aquella situación se volvió más extraña cuando el comentarista deportivo se acercó a Arthur y le comentó.

—Sabía que te había visto en otra ocasión. Y ¿Quién iba a creer que el ganador de ese concurso me lo volvería a encontrar? Y ahora sé que también eres conductor de esta cosa moderna llamada Uber. Me hiciste un gran favor con ese par que se va a subir a cantar.

—Las coincidencias son algo extraordinario, señor Colt. De hecho no vengo a cantar, ya sabe, conductor designado, aunque lo peor del caso es que ninguno de mis amigos está con altos niveles de alcohol en la sangre. Así que vine a registrar a unos amigos a este asunto del Karaoke.

Arthur, después de esas palabras, le pidió un autógrafo a quien fuese el ídolo de su abuelo, sino también de su padre. Quizás en aquellos días cuando era jugador era raro para él firmar autógrafos a gente que no apoyaba a su equipo, pero cuando se hizo de un nombre como comentarista, se volvió normal.

— ¿Me puedes dar tu número de contacto? Digo, para tener alguien de confianza cuando me toque un viaje lejos de esta soleada ciudad. Y creo que no te tocará llevar a ese par nuevamente esta noche, te doy mi palabra.

—Aunque me gustaría pedirle un pequeño favor, si no es mucha molestia de mi parte.

—Claro que no será molestia alguna, Vaquero. Tu solo dispara.

— ¿Ve esa muchacha que está con otros dos “entonando”? No le menciono a la de cabello castaño, sino a la de cabello oscuro; su nombre es Lucrecia y es una de esas admiradoras de su buen amigo Josh. Tiene algo de tiempo queriendo hacerle una entrevista para una asignación de su universidad ¿Cree que podría arreglar una?

El comentarista deportivo estuvo callado unos segundos, posteriormente, le respondió a Arthur con mucha seguridad.

—Déjame ver eso que me propones, pero ten por seguro que esa entrevista va a ser realizada.

Después de ese suceso, Lucrecia, Richard y Bianca estuvieron preparando sus cuerdas vocales para entonar ni más ni menos que “Septiembre” una de esas piezas clásicas de la música pop y que parecía perdida para la fecha. Mientras tanto, Arthur vio como no era el único conductor designado aquella noche así como el ex jugador apodado como “El Ariete” volvía a su mesa tranquilamente.

Quizás para unos puristas, Josh y su esposa no destruyeron tanto aquella mítica canción. Extrañamente era una pieza musical que les recordaba buena parte de las locuras que habían vivido desde aquel día en que se conocieron; aquella misma canción que, por alguna extraña coincidencia, a su abuela se le ocurrió usarla para el funeral de su querido esposo. Ciertamente, una extraña elección.

A partir del presente momento, debemos relatar algunos pormenores de lo que pasó en la camioneta de Wilson. Extrañamente, Russel y Melisa se encontraban dormidos, mientras que Josh trataba de ocultar el hecho que cabeceaba de un lado a otro.

—Qué semana tuvimos, eh Josh. — Comentó el piloto del vehículo—, extrañamente hasta tu saliste metido en el asunto del  aniversario. Ciertamente debo felicitarte por eso.

—Creo, que es lo menos que puedo hacer por ti. Después de…todo por lo que te he hecho pasar así como todo las cosas buenas que has hecho por mí y mi familia.

— ¿Pero le ofreces a un extraño un show de Pole Dance de tu esposa pero no a mí? Eso te costará caro, Josh y más sabiendo que ese extraño era el conductor de Uber que los llevó a casa.

Josh al escuchar eso estaba apenado, como era normal, pero ya no podía usar la excusa del alcohol para enmendar el asunto ni mucho menos irse por las ramas, otra de sus especialidades. Así que le salió apelar por la honestidad, aunque lo bueno es que su querida esposa no estaba escuchando aquella conversación.

—Con razón se nos hacía conocida la cara. Y me gustaría disculparme con ese muchacho de alguna forma, justo cuando creí que ya no me iba a suceder ese tipo de cosas nuevamente, recaigo. Algo me decía que no debía beber ese día, pero ¿Cómo no hacerlo? ¡Había que celebrar la independencia de la nación!

—Un día hablaremos sobre tu extraño concepto de patriotismo y como ustedes dos están tomando el asunto de dejar de beber alcohol; pero creo que si te carcome lo que te queda de moral por ese hecho, hay algo que puedes hacer. Una amiga de ese muchacho te quiere hacer una entrevista.

— ¿No hay trampa en el asunto?

—Te iba a pedir que limpiaras las canaletas de mi casa. Pero creo que no es algo que tu harías, además que parece que ese tipo de cosas es más de tu esposa y creo que tu estas más que dispuesto de tomar esa bala. Aunque debo admitir una cosa, no es un acto muy noble lo que te estoy haciendo en este momento.

—Creo que tienes un extraño sentido del humor, Wilson. No lo puedo creer que tengas algunas manchas oscuras en tu noble alma. Ese estereotipo de los jugadores de futbol americano no es tan errado después de todo.

—Oye, tengo derecho en hacerte una broma de vez en cuando. Ya que, si tu esposa lo hace ¿Qué me impide a mi hacerlo?  Además, creo que más bien es algo que siempre tuve ganas de hacerte una broma pesada.

 

See Your Space Cowboy


Aquel restaurante de comida rápida tenía varias paredes adornadas con las firmas de los clientes, pero una en concreto tenía un pequeño anuncio de neón donde se encontraban no solo las firmas, sino también las fotos de aquellos a quienes el dueño del lugar consideraba como sus mejores clientes.

Aunque llegar a esa condición no era algo tan complicado, bastante con pagar bien y no abusar tanto de las servilletas, robar cubiertos y listo ya estaba en esa lista. Su dueño era alguien que no le temblaba la mano en escribir el nombre de una persona en su lista negra, así como el hecho que tenía un cartel que decía con una fuente bien grande “Se reserva el derecho de admisión”

Pero aquella noche la suerte parecía estar haciendo muchas bromas, ya que allí se encontraban Josh, su esposa, Wilson y ni más ni menos que el contratista llamado Russel, ese que se había ofrecido en reparar la filtración en la casa donde todos esos muchachos vivían.

—Creo que he visto en otra parte a ese muchacho—comentó Josh—, estoy seguro. Y ¿Qué me dices de ti amor? Por cierto, nuestra querida niña ya está dormida, la niñera anda cenando, de hecho me sorprende que tenga como pagarse comida a domicilio.

—Oye, ahora que lo mencionas, creo que debo estar de acuerdo contigo, amor—agregó Melisa— ¡Por el protector bucal del gran Mohamed Ali! Estoy más que segura que podría reconocer ese sombrero donde sea. Y, tu que te estabas preocupando por el asunto que se demoraba demasiado en atender el teléfono de casa.

— ¿De qué me perdí Wilson?—le preguntó Russel al cronista deportivo. El contratista cristiano regresaba del baño y tomaba asiento en la mesa. —; aunque debes admitir que, a pesar de todo, no son tan malos padres. De hecho, el cambio que han hecho es algo digno de escribir.

—Esos dos hablando que reconocieron un rostro y un sombrero vaquero que acaba de entrar al restaurante. Creo que hice mal en dejarlos tomar y pagarles el taxi de regreso a su casa. –fue la respuesta de Wilson, entre apenado y tratando de hacer un chiste. Bueno, si a estos ñoños que suben videos en esa red social de videos los han convertido en escritores, creo que esos dos tienen algo de oportunidad. De hecho, yo compraría ese libro.

—Creo que estas de suerte, Wilson. He visto a ese par ponerse así de intensos por cosas más extrañas; de hecho, debes sentirte contento por el hecho que están discutiendo por un sombrero vaquero y no por una serie animada repleta de ponis.— comentó nuevamente el contratista, para luego beber un poco de su té con limón.

— ¡Eso fue una sola vez!—exclamó Melisa—, además, es la serie animada que compartimos con nuestra hija. De hecho, es la única que se ganó nuestra aprobación. Además, es una serie animada a la que le guardo mucho cariño, ya que la veía en secreto conjuntamente con mi madre.

Lucrecia estuvo mirando los rostros de los otros clientes, tratando de llevar por dentro aquella procesión que sentía. De hecho, a tiempo, concluyó que no había razones por las cuales sentirse así de extraña ante ese comentario que desató la llegada a ese local de comida rápida.

Quizás, meditaría sobre el tema al llegar a su casa. En la compañía de uno de sus libros, su querido I—POD y la almohada. Ahora debía dejar de pensar tanto y disfrutar no solo la victoria que tenía y la comida que estaba por comer. Y más considerando que Bianca iba a ser quien iba a pagar, cuando era un fenómeno raro que sucediese.

—Y dinos Lucrecia ¿Vas a ver tu sola la serie o la vas a compartir?— le preguntó Richard—, ya que dijiste que nos ibas a mostrar algunas películas de terror italianas y nunca pasó.

—Te recuerdo que mi amiga en el cine club del campus renunció hace tiempo. De hecho creo que me tocará asumir esa responsabilidad— fue la respuesta de Lucrecia. —, he estado meditando sobre ese tema, la verdad. Y no me parece tan mal tercio meterme en eso.

—Ya está cerca octubre, así que te toca cumplir con tu palabra—agregó la estudiante de medicina. —, además ¿Recuerdas el Halloween del año pasado? Lo más entretenido fue ver la casa embrujada que montaron los vecinos y el cine improvisado. Seguramente, ya la dirección de cultura de la universidad ya debe estar un poco cansados de tus locuras.

—De hecho, ver la clásica película “El Exorcista” en ese cine improvisado fue una experiencia digna de ser inmortalizada—agregó Richard—, más si agregamos el hecho que, esa película con todos los años encima que tiene, sigue dando ese miedo.

—De hecho, si me permiten comentar algo, esa película es un clásico del terror. Aunque, en lo personal, prefiero “El Resplandor” así como el hecho que podríamos hacer algo para esa fecha. De hecho, recuerdo que mi abuela me había comentado mucho de esas fiestas de Halloween en la urbanización. Me gustaría participar en una, claro si tengo ese día libre.

Las palabras de Arthur sorprendieron al resto de sus compañeros, aunque ya tendrían tiempo para hablar de ese asunto, ya que la amable mesonera estaba en frente de la mesa que estaba esperando para entregarles la carta.

Si había algo en que muchos concordaban era que el servicio de aquel restaurante de comida rápida estaba a la misma altura de otros locales. De hecho era una constante en las miles de páginas y aplicaciones que se dedicaban a escribir sobre los locales de comida y comida rápida en esa región de Los Ángeles.

Minutos en silencio, extrañamente aquellos muchachos estaban revisando sus teléfonos. Pero, había algo adicional en esa situación, ya que tanto Lucrecia como Arthur, no estaban escondidos detrás de las pantallas de su teléfono pero ¿De qué querían hablar aquellos dos? Y más, si iban a hablar ¿Cómo harían para no molestar a sus compañeros de mesa?

— ¿Ya saben que van a ordenar?— preguntó la mesonera con una sonrisa en la cara, aunque ya estaba dando señales de que estaba agotada. Segundos después de haber anotado el pedido de cada uno, se marchó.

—Vamos a ver si todo lo que dicen de este local es cierto— dijo Bianca, iniciando otra vez la conversación. —, aunque debe ser bueno, ya que creo que no estamos solos aquí. Más si consideramos el hecho que no estamos solo aquí.

—Más sí que los mismos que estaban en el concurso en el cual participamos, aquí se encuentran comiendo— agregó el estudiante de abogado—; aunque creo que nuestra querida amiga estudiante de periodismo debe saber mucho sobre este local y su relación con ese actor devenido en locutor de radio. De hecho, no lo hizo tan mal como moderador de ese concurso.

—Oye, ahora que lo mencionas citadino, es cierto— matizó Arthur—, creo que no era la primera vez que estaba metido en algo así, ya que supo cómo ocultar su nerviosismo. Aunque, es raro eso, considerando que tiene un historial de ser un actor de dudosa reputación.

—Les recuerdo que estuvo nominado a un Oscar—apuntó Lucrecia—, por una película que no es tan pesada como las que siempre están metidas en esa premiación. Creo que la he visto como dos veces nada más. Aunque lo interesante del asunto es que el director y guionista de la misma se retiraron del negocio el año pasado.

—Y ¿Qué hacen ahora?— preguntó Bianca.

—De seguro se van a reír—agregó Lucrecia, quien estaba por comenzar a dar su respuesta—, ahora dan clases en la Academia de Cine de la ciudad de New York, en sus respectivas áreas; de hecho he estado insistiendo que vengan un día para que sean parte del jurado de nuestro concurso de cortometrajes.

A los pocos minutos, aquella conversación se calmó con la llegada de la comida y la bebida, Arthur se quitó el sombrero y dio una pequeña plegaria, mientras sus compañeros estaban comenzando a comer y moviendo los contenedores de las salsas de un lado a otro.

Terminó la plegaria, vio a su alrededor y comenzó a comer

 

See Your Space Cowboy


El concurso en cuestión terminó con Lucrecia ganando, eso sí, a duras penas. Aunque a Bianca le pareció mejor lo que se llevó como premio en comparación con el premio de los ganadores. Ciertamente dos bonos de consumo en el restaurante “Weekend”, el cual era el patrocinador de los programas de Josh y Wilson. Uno de los dos era un cliente de vieja data y lo había visto estar en diferentes tipos de estado de ebriedad.

Aquel restaurante de comida rápida también era el punto de reunión no solo de Josh y su extraño círculo de amigos, de hecho había un fuerte mito urbano en el cual el ex manager de Josh era persona no grata en aquel local, no solo por el hecho que su deuda era mayor que la del actor devenido a locutor de radio, sino por todos los malos ratos que le hizo pasar en esos últimos días en el que Josh seguía buscando algo de renombre en el mundo de Hollywood.

A la estudiante de medicina se le ocurrió una extraña idea. Una que, estaba por traer algunos pormenores que afectarían a la cabeza de Lucrecia.

— ¿Qué les parece si vamos hoy mismo? Claro, sería bueno contar con “Silver” para ir y pasar un sábado por la tarde diferente.

—Si vamos nosotros cuatro, no hay problema alguno la verdad. De hecho creo que solo me quedaría volver a colocar el GPS, para llegar a ese local— fue la respuesta de Arthur, quien no había notado que Lucrecia si bien no estaba celosa, algo debía estar pasando por su cabeza.

—Debo admitir, Vaquero que ese duelo estuvo muy reñido. De hecho ¿Qué me dices de repetirlo en alguna ocasión?— le preguntó Richard extendiéndole la mano nuevamente, de hecho ya lo había hecho después de que aquel concurso había concluido.

—No me parece mala idea, citadino. De hecho debemos mantener todo el asunto del concurso de preguntas, ya que creo que por error conseguí el juego de mesa de la discordia. —Arthur correspondió el gesto de Richard. Al punto de quitarse el sombrero por unos segundos, para luego colocárselo de nuevo.

Por otro lado, extrañamente, Lucrecia tenía nuevamente su cabeza hecha un río revuelto ¿No debería sentirse alegre por haber ganado? ¿A qué se debía ese interés tan repentino en Arthur por parte de Bianca? Y es a partir del siguiente punto que es necesario hacer otro recuento.

Para ser exactos, al día siguiente de la llegada de Arthur a aquella casa, Bianca y Lucrecia se encontraban arreglando su habitación, por alguna extraña razón la estudiante de periodismo no estaba haciendo lo que siempre hacía en esos momentos, hablar. Era raro no escuchar su voz en aquella casa y cuando estaba callada, algo pasaba en su cabeza.

— ¿Te puedo hacer una pregunta?—con eso, Bianca, comenzó a romper el hielo. De hecho, la cara que tenía era la misma que usaba cuando jugaba póker en las horas libres que tenía en el campus. De hecho, se había ganado un apodo (La Reina de Espadas) pero nunca había jugado póker en aquella casa.

— ¡Claro!— sin querer había mordido el anzuelo. Y la estudiante de medicina estaba por comenzar con unos comentarios contundentes, aquel caballo de Troya poco le había fallado.

—De todo lo que dijo el nieto de la señora Marín sobre tu postura política ¿Qué fue lo que más te afectó?— y así como comenzó el asalto, Bianca estaba asediando las murallas de Lucrecia, aunque tampoco aquellas defensas estaban en su mejor momento.

—A…mí, ningún argumento de un retrógrada me hace mella. Creo que eso lo deberías saber bien. —pero sus manos decían todo lo contrario, aquellas que estaban retorciendo las sábanas de su cama decían todo lo contrario. Era la misma manía que tenía con su querido pañuelo, algo que ya era bastante notorio incluso en aquel espacio tan reducido.

Bianca terminó de tender su cama, se colocó sus pantuflas y le respondió a su amiga y compañera de habitación. Quien trataba de querer hablar de un tema que la ahogaba, pero su orgullo no la dejaba; aunque aquella no era la primera vez que estaban pasando por aquel predicamento.

—Más bien creo que algo debió haberte llegado. No por nada estas callada. Sabes que me lo puedes decir, además ¿No te parece que tiene algo particular ese muchacho? Digo, no es que me parezca un Adonis, pero ciertamente tiene algo interesante. De seguro lo notaste, pero no lo quieres admitir.

—No me preocupo por tales asuntos. Desde que mi última relación llegó a su fin, decidí enfocarme plenamente en mi formación. —respondió nerviosamente Lucrecia, de hecho ya sabía que había bajado la guardia ante su compañera y que lo que le estaba por llegar no iba a ser sencillo.

Bianca sacó un papel de su mesa de noche, era un papel que tenía el nombre de Lucrecia y era un examen, uno que detallaba un pésimo desempeño en aquella prueba. Y la cara de Bianca estaba calmada, mientras la de Lucrecia ya no tenía como defenderse.

El asalto, tristemente, no había concluido a pesar de que la pobre estudiante de periodismo ya no podía aguantar más, ya que sus manos estaban ahora calmadas; señal de que se había calmado. Incluso, su rostro había dado la confirmación.

—Preocuparte tanto por tu formación que ¿Decidiste fracasar en una prueba de una materia que sabes que pone en jaque a tu beca? Estadística no es una materia tan complicada, amiga. Pero debes pensar mejor tus respuestas.

Lucrecia recibió aquel golpe, de hecho tenía semanas buscando aquel examen ya que manchaba su historial como estudiante. De hecho, si perdía aquella materia ya no tendría como recuperar aquella beca; pero ¿Qué podía hacer? De hecho no quería admitir que necesitaba ayuda hasta en lo académico. De hecho, dudaba que Hillary Clinton no se hubiera doblegado ante temas tan terrenales, pero ella no era Hillary.

— Pero ¿Qué te anda sucediendo en días recientes? Digo, esa relación que tenías con ¿Marcus? No era buena del todo, pero creo que tampoco era tan deficiente. De hecho, me vas a disculpar que no me acuerde de su nombre.

—Acertaste con el nombre, creo que tienes razón. Mi relación con Marcus pudo ser mejor, pero cuando me dijo que se iba a cambiar de carrera y de ciudad. Quizás me tomé muy mal la ruptura. Lo admito, pero ya había algo que no me tenía muy convencida de toda aquella relación.

¿Qué debía admitir aquella activista y estudiante? Para ella, admitir que un extraño romance le había sacudido algunos aspectos de su vida cotidiana era algo que no se lo perdonaba y que si llegaba a enterarse su ídolo, la condena que le causaría iba a ser un peso muy grande.

—Sí, creo que me toca admitir que el nieto de la señora Marín tiene algo diferente. Pero simplemente tengo que decirte que necesito unos días libres de todo esto.

Regresando a aquel día, Lucrecia se montó como copiloto dentro de “Silver”,  como siempre lo hacía cuando el piloto no era Arthur sino su abuela. Pero ¿Cómo iba a reaccionar si Arthur le hacía una pregunta? De hecho, estaba nuevamente en un debate interno. Por un lado quería apelar por su conocido sarcasmo, pero le había dado su palabra que no iba a recurrir por eso.

— ¿Así que eres tu quien mueve el asiento de copiloto? De hecho tengo que agradecerte por eso. Ya que a los clientes les gusta ese ángulo que tiene el espaldar.

— ¿En serio?

—Sí, de hecho me da risa que muchos en la línea están doblando sus turnos para ver si tienen la misma cantidad de clientes que puedo sacar en una semana.

—Vaquero, creo que debemos considerar que lo mejor será no encender la radio para el viaje, ya que (al menos por mi parte) hemos tenido suficiente de la emisora YTC ¿No tendrás un puerto USB en el auto?— le preguntó Richard.

—De hecho, no tenemos algo claro sobre ti, Arthur. Tus gustos musicales. De hecho creo que sería bueno que fueses el DJ tanto de ida como de vuelta—propuso Bianca.

 

See Your Space Cowboy


Tanta adrenalina ¿Solo por un pack de DVD? Para Arthur, había algo más de fondo, quizás que las habituales (y puntuales) rivalidades entre las mujeres. Posiblemente, algún día conocería esos detalles. Mientras tanto, había un juego por delante el cual no debía permitirse perder.

Ya el presentador del concurso había hecho el acostumbrado preámbulo, pero de repente Wilson entró y comentó—A partir de ahora, seré yo quien funcionará como moderador del juego. Además, que el buen Josh se merece un descanso. Además ¿Le damos un aplauso a mi buen compañero de labores?

Una tormenta de aplausos no se hizo esperar, incluso entre los participantes de aquel sencillo concurso. Pero el ex jugador de futbol americano volvió a tener el derecho de palabra.

—Para los que están llegando tarde, pues me toca recordar un poco el contexto dejado por mi buen amigo; hay una película con la nominación al Oscar a la mejor película extranjera de un director que su obra, simplemente, no conoce frontera alguna. Sin más palabrerío ¿Qué película japonesa fue nominada al Oscar de Mejor Película extranjera para el año de 1981?

— ¿Qué te sucede Arthur?— le preguntó Lucrecia a su compañero—, es una pregunta bastante complicada. De cine japonés no se tanto, pero no es para que te quites el sombrero.

—No es por eso, si miras detenidamente tu rival y su compañero tienen un problema. Están delatando que, simplemente, la respuesta a esa pregunta no la tienen.

—Y ¿Tú la tienes?

Arthur se quedó en silencio por unos segundos, para luego apretar el timbre que tenía al frente. Sentía que debía hacer un comentario.

—Antes que nada, un gusto enorme tener la oportunidad enorme de estar aquí con usted sr Colt. Pero debo ser breve, así que debo comentar que la respuesta que anda buscando es “La Sombra del Guerrero” del director Akira Kurosawa.

El nuevo moderador no pudo ocultar su cara de sorprendido, había elegido aquella pregunta dado el hecho que, posiblemente, ninguno de los presentes podría saber tal respuesta. De hecho sabía que sus fieles oyentes se quedarían en casa o en sus oficinas aquel día, no estarían en aquella estación de trenes devenida a atracción turística.

— ¡Correcto, Muchacho! Debo admitir que esa era una pregunta que pensé que iba a servir como filtro, pero creo que ha llegado la hora para saber quiénes pasan a la  segunda ronda. Debo comentarles que las categorías se van a repetir pero con un nivel de dificultad mayor.

Arthur, se puso de nuevo su sombrero. Sentía alivio, pero también como que tenía algo que decirle a Lucrecia, aquella respuesta. Dicha respuesta ya no lo dejaba como un simple texano, con una cultura digna de alguien que pudo ir a la universidad. Pero ¿Qué razones tenía para ocultar todo eso?

—Antes de que te adelantes en preguntarme, era el presidente del club de cine en mi universidad. Y esa película fue una de las tantas que dimos. Extrañamente, durante los días finales de dicho club.

— ¿Quién iba a creer que tenías una sensibilidad artística por el cine? De verdad, eso me sorprende. Digo, creo que con eso me acabas de sorprender ya que tenemos que hablar mucho un día. Eso sí, dejemos de lado nuestro sarcasmo pero acercamos un café ¿Trato?

—Tienes un trato, peregrina.

Con aquella respuesta, algo en su cabeza se agitó y no era algo precisamente agradable de recordar para Arthur. –Ya tendré tiempo para lidiar con ese asunto, ahora lo primordial es no dejar mal a la citadina— pensó el muchacho, aquel tema podría esperar quizás su querida abuela le ofrecería la ayuda que necesitaba.

La reducción de participantes fue considerable, aunque obvia. Solo quedaban Lucrecia y Bianca. De hecho, habían opacado al resto de los participantes, aunque ¿Con que iban a salir los responsables del concurso? Primeramente con un reto extra para Bianca y su compañero, en vista que fueron los que más se acercaron al marcador y los responsables admitieron que no les pareció correcto dejarlos fuera del concurso.

¿En qué consistió dicho reto adicional? Un pequeño reto físico para animarlos a estar nuevamente en la competencia, el acercamiento a la rutina de ejercicios que debía cumplir un defensor de línea a primera hora de la mañana. Richard se ofreció como voluntario en hacer cines combinados navales, ochenta lagartijas, y veinte saltos paracaídas.

—Quizás unos consideren que la siguiente pregunta, relacionada con la serie donde actuó el buen Josh no fue una serie animada y que simplemente no podría ser válida; pero es que no podíamos dejarla de lado. Quizás con el reto extra la joven Bianca y su compañero los pone de nuevo en la competencia, pero eso no les asegura que se queden, pero la condición de “rebote” aún se mantiene. Por los siguientes diez puntos ¿En qué temporada de la serie “La Familia T” vimos la primera y única aparición de Astrid, la Valkiria de Bolsillo?

—La…segunda—fue la respuesta insegura que dio Bianca.

— ¡Rebote para la señorita Lucrecia!

—Tercera temporada. Exactamente, a mediados de la misma, pero ¿Me permite extenderme un poco?

—Tal como decía el personaje de mi amigo ¡Adelante Capitán!

—Dicho personaje fue introducido, torpemente, con el fin de atraer de ver cómo funcionaría el concepto en una serie que, inicialmente, se pensó que sería la primera ramificación de dicha serie. Pero en vista de la pobre recepción que tuvo y que se sintió fuera de lugar, todo volvió a la normalidad a partir del siguiente episodio; donde el asunto de la Valkiria de Bolsillo no fue más que un mal sueño del perro de la familia.

Josh volvió a estar en el centro del concurso, le pidió el micrófono a su buen amigo y le comentó a Lucrecia.

—Correcto, señorita. De hecho, decidí regresar después de su respuesta que si bien es correcta, solo tengo que hacerle una pregunta ¿No es demasiado joven para saber eso? Digo, la serie ya tiene sus años encima.

—Mi madre fue quien me presentó esa serie, señor Josh. De hecho la tenía grabada en el arcaico sistema llamado VHS hasta justamente esa temporada, por alguna extraña razón tanto a mi madre como a mí nos mató de la risa ese episodio.

Si había un episodio el cual causó estragos en la cabeza de aquel joven Josh y que sirvió para buscar cómo salir de sus locos padres fue ese, de hecho un joven judío y una Valkiria no solo era una mezcla extraña, sino que hasta tenía aires de ser políticamente incorrecta. Más que todo por el hecho de ver a un chico jugando, con lo que parecía, lo más cercano a una muñeca Barbie, pero en vez de ser el blanco del odio de las feministas, lo fue de sus padres.

El cheque del pequeño Josh fue bajo después de aquel suceso, de hecho muchos opinan que fue ese preciso momento donde comenzó todo a irse por el acueducto con relación a los valores de producción de la serie y con especial hincapié con el guión, lo bueno fue que no se convirtió en un tropo como “el salto de tiburón”.

Aunque, por extraño que parezca, la idea de la Valkiria de Bolsillo estuvo rondando en otras series de aquel estudio. Se vio en la sexta temporada de la serie de ciencia ficción “Julián Límite” donde el aguerrido piloto tenía un extraño colgante en su monoplaza de guerra; posteriormente, en la serie “Extraviados” volvió a aparecer, ahora en forma de una Valkiria quien fue castigada por Odín por no ser lo suficientemente aguerrida y convertida en el juguete de una niña, una muñeca de trapo, algo peor que ser expulsada del mítico Valhala.



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