Casa número ochenta y seis 11

Aquel restaurante de comida rápida tenía varias paredes adornadas con las firmas de los clientes, pero una en concreto tenía un pequeño anuncio de neón donde se encontraban no solo las firmas, sino también las fotos de aquellos a quienes el dueño del lugar consideraba como sus mejores clientes.

Aunque llegar a esa condición no era algo tan complicado, bastante con pagar bien y no abusar tanto de las servilletas, robar cubiertos y listo ya estaba en esa lista. Su dueño era alguien que no le temblaba la mano en escribir el nombre de una persona en su lista negra, así como el hecho que tenía un cartel que decía con una fuente bien grande “Se reserva el derecho de admisión”

Pero aquella noche la suerte parecía estar haciendo muchas bromas, ya que allí se encontraban Josh, su esposa, Wilson y ni más ni menos que el contratista llamado Russel, ese que se había ofrecido en reparar la filtración en la casa donde todos esos muchachos vivían.

—Creo que he visto en otra parte a ese muchacho—comentó Josh—, estoy seguro. Y ¿Qué me dices de ti amor? Por cierto, nuestra querida niña ya está dormida, la niñera anda cenando, de hecho me sorprende que tenga como pagarse comida a domicilio.

—Oye, ahora que lo mencionas, creo que debo estar de acuerdo contigo, amor—agregó Melisa— ¡Por el protector bucal del gran Mohamed Ali! Estoy más que segura que podría reconocer ese sombrero donde sea. Y, tu que te estabas preocupando por el asunto que se demoraba demasiado en atender el teléfono de casa.

— ¿De qué me perdí Wilson?—le preguntó Russel al cronista deportivo. El contratista cristiano regresaba del baño y tomaba asiento en la mesa. —; aunque debes admitir que, a pesar de todo, no son tan malos padres. De hecho, el cambio que han hecho es algo digno de escribir.

—Esos dos hablando que reconocieron un rostro y un sombrero vaquero que acaba de entrar al restaurante. Creo que hice mal en dejarlos tomar y pagarles el taxi de regreso a su casa. –fue la respuesta de Wilson, entre apenado y tratando de hacer un chiste. Bueno, si a estos ñoños que suben videos en esa red social de videos los han convertido en escritores, creo que esos dos tienen algo de oportunidad. De hecho, yo compraría ese libro.

—Creo que estas de suerte, Wilson. He visto a ese par ponerse así de intensos por cosas más extrañas; de hecho, debes sentirte contento por el hecho que están discutiendo por un sombrero vaquero y no por una serie animada repleta de ponis.— comentó nuevamente el contratista, para luego beber un poco de su té con limón.

— ¡Eso fue una sola vez!—exclamó Melisa—, además, es la serie animada que compartimos con nuestra hija. De hecho, es la única que se ganó nuestra aprobación. Además, es una serie animada a la que le guardo mucho cariño, ya que la veía en secreto conjuntamente con mi madre.

Lucrecia estuvo mirando los rostros de los otros clientes, tratando de llevar por dentro aquella procesión que sentía. De hecho, a tiempo, concluyó que no había razones por las cuales sentirse así de extraña ante ese comentario que desató la llegada a ese local de comida rápida.

Quizás, meditaría sobre el tema al llegar a su casa. En la compañía de uno de sus libros, su querido I—POD y la almohada. Ahora debía dejar de pensar tanto y disfrutar no solo la victoria que tenía y la comida que estaba por comer. Y más considerando que Bianca iba a ser quien iba a pagar, cuando era un fenómeno raro que sucediese.

—Y dinos Lucrecia ¿Vas a ver tu sola la serie o la vas a compartir?— le preguntó Richard—, ya que dijiste que nos ibas a mostrar algunas películas de terror italianas y nunca pasó.

—Te recuerdo que mi amiga en el cine club del campus renunció hace tiempo. De hecho creo que me tocará asumir esa responsabilidad— fue la respuesta de Lucrecia. —, he estado meditando sobre ese tema, la verdad. Y no me parece tan mal tercio meterme en eso.

—Ya está cerca octubre, así que te toca cumplir con tu palabra—agregó la estudiante de medicina. —, además ¿Recuerdas el Halloween del año pasado? Lo más entretenido fue ver la casa embrujada que montaron los vecinos y el cine improvisado. Seguramente, ya la dirección de cultura de la universidad ya debe estar un poco cansados de tus locuras.

—De hecho, ver la clásica película “El Exorcista” en ese cine improvisado fue una experiencia digna de ser inmortalizada—agregó Richard—, más si agregamos el hecho que, esa película con todos los años encima que tiene, sigue dando ese miedo.

—De hecho, si me permiten comentar algo, esa película es un clásico del terror. Aunque, en lo personal, prefiero “El Resplandor” así como el hecho que podríamos hacer algo para esa fecha. De hecho, recuerdo que mi abuela me había comentado mucho de esas fiestas de Halloween en la urbanización. Me gustaría participar en una, claro si tengo ese día libre.

Las palabras de Arthur sorprendieron al resto de sus compañeros, aunque ya tendrían tiempo para hablar de ese asunto, ya que la amable mesonera estaba en frente de la mesa que estaba esperando para entregarles la carta.

Si había algo en que muchos concordaban era que el servicio de aquel restaurante de comida rápida estaba a la misma altura de otros locales. De hecho era una constante en las miles de páginas y aplicaciones que se dedicaban a escribir sobre los locales de comida y comida rápida en esa región de Los Ángeles.

Minutos en silencio, extrañamente aquellos muchachos estaban revisando sus teléfonos. Pero, había algo adicional en esa situación, ya que tanto Lucrecia como Arthur, no estaban escondidos detrás de las pantallas de su teléfono pero ¿De qué querían hablar aquellos dos? Y más, si iban a hablar ¿Cómo harían para no molestar a sus compañeros de mesa?

— ¿Ya saben que van a ordenar?— preguntó la mesonera con una sonrisa en la cara, aunque ya estaba dando señales de que estaba agotada. Segundos después de haber anotado el pedido de cada uno, se marchó.

—Vamos a ver si todo lo que dicen de este local es cierto— dijo Bianca, iniciando otra vez la conversación. —, aunque debe ser bueno, ya que creo que no estamos solos aquí. Más si consideramos el hecho que no estamos solo aquí.

—Más sí que los mismos que estaban en el concurso en el cual participamos, aquí se encuentran comiendo— agregó el estudiante de abogado—; aunque creo que nuestra querida amiga estudiante de periodismo debe saber mucho sobre este local y su relación con ese actor devenido en locutor de radio. De hecho, no lo hizo tan mal como moderador de ese concurso.

—Oye, ahora que lo mencionas citadino, es cierto— matizó Arthur—, creo que no era la primera vez que estaba metido en algo así, ya que supo cómo ocultar su nerviosismo. Aunque, es raro eso, considerando que tiene un historial de ser un actor de dudosa reputación.

—Les recuerdo que estuvo nominado a un Oscar—apuntó Lucrecia—, por una película que no es tan pesada como las que siempre están metidas en esa premiación. Creo que la he visto como dos veces nada más. Aunque lo interesante del asunto es que el director y guionista de la misma se retiraron del negocio el año pasado.

—Y ¿Qué hacen ahora?— preguntó Bianca.

—De seguro se van a reír—agregó Lucrecia, quien estaba por comenzar a dar su respuesta—, ahora dan clases en la Academia de Cine de la ciudad de New York, en sus respectivas áreas; de hecho he estado insistiendo que vengan un día para que sean parte del jurado de nuestro concurso de cortometrajes.

A los pocos minutos, aquella conversación se calmó con la llegada de la comida y la bebida, Arthur se quitó el sombrero y dio una pequeña plegaria, mientras sus compañeros estaban comenzando a comer y moviendo los contenedores de las salsas de un lado a otro.

Terminó la plegaria, vio a su alrededor y comenzó a comer

 

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Casa Número Ochenta y Seis 10

El concurso en cuestión terminó con Lucrecia ganando, eso sí, a duras penas. Aunque a Bianca le pareció mejor lo que se llevó como premio en comparación con el premio de los ganadores. Ciertamente dos bonos de consumo en el restaurante “Weekend”, el cual era el patrocinador de los programas de Josh y Wilson. Uno de los dos era un cliente de vieja data y lo había visto estar en diferentes tipos de estado de ebriedad.

Aquel restaurante de comida rápida también era el punto de reunión no solo de Josh y su extraño círculo de amigos, de hecho había un fuerte mito urbano en el cual el ex manager de Josh era persona no grata en aquel local, no solo por el hecho que su deuda era mayor que la del actor devenido a locutor de radio, sino por todos los malos ratos que le hizo pasar en esos últimos días en el que Josh seguía buscando algo de renombre en el mundo de Hollywood.

A la estudiante de medicina se le ocurrió una extraña idea. Una que, estaba por traer algunos pormenores que afectarían a la cabeza de Lucrecia.

— ¿Qué les parece si vamos hoy mismo? Claro, sería bueno contar con “Silver” para ir y pasar un sábado por la tarde diferente.

—Si vamos nosotros cuatro, no hay problema alguno la verdad. De hecho creo que solo me quedaría volver a colocar el GPS, para llegar a ese local— fue la respuesta de Arthur, quien no había notado que Lucrecia si bien no estaba celosa, algo debía estar pasando por su cabeza.

—Debo admitir, Vaquero que ese duelo estuvo muy reñido. De hecho ¿Qué me dices de repetirlo en alguna ocasión?— le preguntó Richard extendiéndole la mano nuevamente, de hecho ya lo había hecho después de que aquel concurso había concluido.

—No me parece mala idea, citadino. De hecho debemos mantener todo el asunto del concurso de preguntas, ya que creo que por error conseguí el juego de mesa de la discordia. —Arthur correspondió el gesto de Richard. Al punto de quitarse el sombrero por unos segundos, para luego colocárselo de nuevo.

Por otro lado, extrañamente, Lucrecia tenía nuevamente su cabeza hecha un río revuelto ¿No debería sentirse alegre por haber ganado? ¿A qué se debía ese interés tan repentino en Arthur por parte de Bianca? Y es a partir del siguiente punto que es necesario hacer otro recuento.

Para ser exactos, al día siguiente de la llegada de Arthur a aquella casa, Bianca y Lucrecia se encontraban arreglando su habitación, por alguna extraña razón la estudiante de periodismo no estaba haciendo lo que siempre hacía en esos momentos, hablar. Era raro no escuchar su voz en aquella casa y cuando estaba callada, algo pasaba en su cabeza.

— ¿Te puedo hacer una pregunta?—con eso, Bianca, comenzó a romper el hielo. De hecho, la cara que tenía era la misma que usaba cuando jugaba póker en las horas libres que tenía en el campus. De hecho, se había ganado un apodo (La Reina de Espadas) pero nunca había jugado póker en aquella casa.

— ¡Claro!— sin querer había mordido el anzuelo. Y la estudiante de medicina estaba por comenzar con unos comentarios contundentes, aquel caballo de Troya poco le había fallado.

—De todo lo que dijo el nieto de la señora Marín sobre tu postura política ¿Qué fue lo que más te afectó?— y así como comenzó el asalto, Bianca estaba asediando las murallas de Lucrecia, aunque tampoco aquellas defensas estaban en su mejor momento.

—A…mí, ningún argumento de un retrógrada me hace mella. Creo que eso lo deberías saber bien. —pero sus manos decían todo lo contrario, aquellas que estaban retorciendo las sábanas de su cama decían todo lo contrario. Era la misma manía que tenía con su querido pañuelo, algo que ya era bastante notorio incluso en aquel espacio tan reducido.

Bianca terminó de tender su cama, se colocó sus pantuflas y le respondió a su amiga y compañera de habitación. Quien trataba de querer hablar de un tema que la ahogaba, pero su orgullo no la dejaba; aunque aquella no era la primera vez que estaban pasando por aquel predicamento.

—Más bien creo que algo debió haberte llegado. No por nada estas callada. Sabes que me lo puedes decir, además ¿No te parece que tiene algo particular ese muchacho? Digo, no es que me parezca un Adonis, pero ciertamente tiene algo interesante. De seguro lo notaste, pero no lo quieres admitir.

—No me preocupo por tales asuntos. Desde que mi última relación llegó a su fin, decidí enfocarme plenamente en mi formación. —respondió nerviosamente Lucrecia, de hecho ya sabía que había bajado la guardia ante su compañera y que lo que le estaba por llegar no iba a ser sencillo.

Bianca sacó un papel de su mesa de noche, era un papel que tenía el nombre de Lucrecia y era un examen, uno que detallaba un pésimo desempeño en aquella prueba. Y la cara de Bianca estaba calmada, mientras la de Lucrecia ya no tenía como defenderse.

El asalto, tristemente, no había concluido a pesar de que la pobre estudiante de periodismo ya no podía aguantar más, ya que sus manos estaban ahora calmadas; señal de que se había calmado. Incluso, su rostro había dado la confirmación.

—Preocuparte tanto por tu formación que ¿Decidiste fracasar en una prueba de una materia que sabes que pone en jaque a tu beca? Estadística no es una materia tan complicada, amiga. Pero debes pensar mejor tus respuestas.

Lucrecia recibió aquel golpe, de hecho tenía semanas buscando aquel examen ya que manchaba su historial como estudiante. De hecho, si perdía aquella materia ya no tendría como recuperar aquella beca; pero ¿Qué podía hacer? De hecho no quería admitir que necesitaba ayuda hasta en lo académico. De hecho, dudaba que Hillary Clinton no se hubiera doblegado ante temas tan terrenales, pero ella no era Hillary.

— Pero ¿Qué te anda sucediendo en días recientes? Digo, esa relación que tenías con ¿Marcus? No era buena del todo, pero creo que tampoco era tan deficiente. De hecho, me vas a disculpar que no me acuerde de su nombre.

—Acertaste con el nombre, creo que tienes razón. Mi relación con Marcus pudo ser mejor, pero cuando me dijo que se iba a cambiar de carrera y de ciudad. Quizás me tomé muy mal la ruptura. Lo admito, pero ya había algo que no me tenía muy convencida de toda aquella relación.

¿Qué debía admitir aquella activista y estudiante? Para ella, admitir que un extraño romance le había sacudido algunos aspectos de su vida cotidiana era algo que no se lo perdonaba y que si llegaba a enterarse su ídolo, la condena que le causaría iba a ser un peso muy grande.

—Sí, creo que me toca admitir que el nieto de la señora Marín tiene algo diferente. Pero simplemente tengo que decirte que necesito unos días libres de todo esto.

Regresando a aquel día, Lucrecia se montó como copiloto dentro de “Silver”,  como siempre lo hacía cuando el piloto no era Arthur sino su abuela. Pero ¿Cómo iba a reaccionar si Arthur le hacía una pregunta? De hecho, estaba nuevamente en un debate interno. Por un lado quería apelar por su conocido sarcasmo, pero le había dado su palabra que no iba a recurrir por eso.

— ¿Así que eres tu quien mueve el asiento de copiloto? De hecho tengo que agradecerte por eso. Ya que a los clientes les gusta ese ángulo que tiene el espaldar.

— ¿En serio?

—Sí, de hecho me da risa que muchos en la línea están doblando sus turnos para ver si tienen la misma cantidad de clientes que puedo sacar en una semana.

—Vaquero, creo que debemos considerar que lo mejor será no encender la radio para el viaje, ya que (al menos por mi parte) hemos tenido suficiente de la emisora YTC ¿No tendrás un puerto USB en el auto?— le preguntó Richard.

—De hecho, no tenemos algo claro sobre ti, Arthur. Tus gustos musicales. De hecho creo que sería bueno que fueses el DJ tanto de ida como de vuelta—propuso Bianca.

 

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Casa Número Ochenta y Seis 7

Arthur le dio la información sobre la ubicación de la casa donde vivía Josh, la emoción era demasiado notoria en la cara de Lucrecia. Pero la vivaz estudiante debía moderarse, ya tenía la información que desesperadamente estaba buscando así como que el nieto de la señora Marín no era mala persona, que estaba cumpliendo su palabra con respecto al tema de las carreras clandestinas.

—Debo hacerte una pregunta ¿Quién te regaló ese sombrero que siempre usas?

—Mi abuelo, el esposo de mi abuela para ser exactos. Recuerdo que cuando me lo regaló, me quedaba bastante grande, lo gracioso del asunto es que a él también le quedaba grande. De hecho, recuerdo que una vez me contó una disparatada historia sobre este sombrero vaquero.

Este sombrero, según el abuelo de Arthur,  le perteneció a ni más ni menos que al legendario actor de películas del salvaje oeste John Wayne.

—Según mi abuelo, el Duque en persona se lo regaló una vez que se lo consiguió en el plató de esa famosa película llamada Río Bravo. También aseguraba que en algún lado estaba el autógrafo, pero como puedes ver simplemente no se encuentra dicha firma.

—Pero ¿No te dejó una constancia de todo ese cuento?

—Ciertamente, no. De hecho, a duras penas pudimos rescatar todos los papeles de “Silver”, extrañamente estaban guardados en una caja no muy bien  guardada. Ahora debes entender que problemas con el agua en esa casa no es asunto nuevo.

Después de varios días dándose topetazos, aquellos dos muchachos estaban comenzando a formar unos lazos, aunque para Lucrecia, esos nacientes lazos aún pendían de un hilo, ya que tenía miedo. Quizás, algo podría suceder que pudiese romperlo; lo mejor que podía hacer era mantenerse calmada, cosa que le era imposible.

—Creo que, si soy honesto, me gustaría que me presentases los alrededores de esta zona; conozco más otros lugares que el propio lugar donde vivo. Pero ¿Quieres que usemos a “Silver”?

—Debo tomarte la palabra, ya que creo que ese corcel se merece un día de descanso también. Al igual que el jinete.

—Oye, no sé si tomarme esas palabras tuyas como un halago. Pero debo preguntar ¿A dónde vamos después de aquí?

— ¿Te gustan las estaciones de trenes? Hay una pequeña estación en las cercanías. Es uno de esos puntos de reunión y turísticos bastante conocidos.

Conocida como “Estación Girasol”, era uno de esos lugares que pasaban sin levantar mucho la atención, pero había un aire diferente en aquella estructura y todo lo que estaba a su alrededor.

— ¿A que no has visto algo como esto en San Antonio?

—Para nada, aunque ¿Qué hay de interesante en Idaho? Lo lamento, no debí hacer ese comentario.

—No te preocupes por eso, son cosas que pasan.

Había una algarabía en los alrededores, unos altavoces que anunciaban que un famoso locutor de radio estaba en los alrededores, quizás promocionando algo.

— ¡Ni más ni menos que Wilson Colt! Ciertamente, este lugar debe tener lo suyo, Lucrecia. Debo darte la razón.

El famoso ex defensor de línea convertido en un famoso narrador del deporte que era la pasión del país, el futbol americano. Aquel día se encontraba celebrando el programa número cien en su carrera como narrador. Era una de esas figuras que respetaba Arthur, a pesar de que no era alguien que estuviese conectado a su estado natal.

— ¿Podrías decirme quien es ese señor?—le preguntó Lucrecia, aunque por dentro se sentía mal, ella sabía muy bien quien era ese comentarista deportivo. Mas por sus antecedentes políticos, que por su carrera en la radio.

— ¡No es molestia alguna! Wilson “Aplastador” Colt fue un jugador de la línea defensiva del equipo de los Leones de Detroit en su formación de los años ochenta, de hecho era un dolor de cabeza para todos aquellos que se medían ante “la orgullosa manada”. Pero, esto es ya algo personal, cuando se volvió narrador su verdadero talento floreció.

Arthur quería seguir relatando, pero el estruendo de aplausos anunció la entrada de Wilson, aquel programa era al aire abierto. Cuando salió el reconocido narrador lo primero que hizo fue saludar a su público; para luego comentar.

— ¡Hoy es un día muy especial para el programa “La Yarda”! Y para celebrar este día, no solo estamos aquí en “Estación Girasol” transmitiendo en vivo, sino que me acompaña un buen amigo Josh Horwitz del programa “Esa Loca Década de los Ochenta”.

— ¡El gusto es todo mío, buen amigo! Anunciamos desde ya que tendremos un pequeño concurso ¡Con los primeras diez parejas que se acerquen! En un concurso de preguntas y respuestas.

—Y ¿Qué tendremos como premio?—le preguntó “Aplastador” a su compañero, preparando la escena, aquellos dos estaban preparando algo a lo grande.

— ¡Excelente pregunta! Los participantes estarán compitiendo por el pack de DVD que recopila las tres primeras temporadas de la famosa comedia de situaciones de los años ochenta, una serie a la cual le debo mucho. Ni más ni menos que ¡La Familia Tompkins!

Lucrecia al escuchar el premio le preguntó a Arthur— ¿Qué tal se te da esto de participar en los concursos de preguntas y respuestas? Se nos está presentando una oportunidad única para ambos, de seguro te mueres de ganas en pedirle un autógrafo al señor Colt. Y a mí me gustaría tener no solo ese pack, sino pedirle también la entrevista a Josh.

—Lo mejor será que se vayan haciendo a la idea que se van a quedar con el segundo lugar—comentó Richard—, ya que mi compañera y yo vamos a entrar también.—aquellas palabras emitidas por Richard, las cuales cayeron de sorpresa a los oídos de Lucrecia y Arthur.

— ¡Sobre mi cadáver! Además yo debo preguntarles ¿Acaso ustedes dos no se encontraban estudiando?— les preguntó Lucrecia a sus dos compañeros, quienes estaban entre los asistentes en aquel lugar.

—En mi defensa, estoy tomando un descanso. Al igual que creo que en algún momento, tenía que “desquitarme” la derrota en Reto al Conocimiento. —agregó Bianca, si aquel tono en ella era honesto.

—Creo que me he perdido un pedazo de historia. —Comentó Richard—, querido amigo, gracias a que Lucrecia y su espíritu de demócrata nos quitó una bonita tradición que teníamos en la casa de tu abuela. Ni más ni menos los viernes de juegos de mesa.

— ¡Vamos Arthur a anotarnos! ¡Si Bianca quiere revancha, pues se la vamos a dar!—anunció en forma amenazante Lucrecia. Si había algo que tenía tanto para bien, como para mal, era su tenacidad. Quizás podía ser el instrumento con el cual unos se aprovechaban de ella.

—Vaquero, lamento que sea esta la situación en la que midamos nuestros conocimientos; pero las circunstancias se han torcido de una forma poco favorable para el esperado duelo.

—Citadino, espero verte en  otro campo de honor. Pero no perdamos la esperanza de un día medirnos en un juego de mesa.

Después de aquellas palabras, ambas féminas tomaron fuertemente de los brazos a sus compañeros y los halaron bruscamente, buscando donde debían apuntarse para aquel concurso.

Casa Número Ochenta y Seis 6

Lucrecia compartía habitación con Bianca y aquel sábado, la elegante estudiante de medicina no podía ocultar la angustia que tenía encima.

—Voy a tener que cancelar la salida que tenía para hoy con Richard. Ese examen que tendré el lunes de Anatomía pone en riesgo no solo mi beca, sino también ¡Mi año perfecto!

—Y ¿A qué te refieres con año perfecto? Creo que es más importante ese examen. Así, como tu beca la cual debes mantener con vida, aunque ¿Te alcanza para algo? A mí sí, lástima ese problema de la filtración. Sino ya eso sería cosa del pasado.

—Si quieres que pase el examen ¡Déjame estudiar!— exclamó Bianca quien comenzó a empujar a su compañera fuera de la habitación.

En comparación, Lucrecia siempre se sentía como una vaga ante cualquiera de sus compañeros, pero muy en especial con Bianca. Pero la situación se iba a poner más extrañas cuando la dueña de la casa subía las escaleras.

—Deben marcharse hasta nuevo aviso, ya está aquí el contratista—anunció Marín.

—Pero  ¡Debo estudiar!—exclamó nuevamente la estudiante de medicina.

—Y yo debo escribir un ensayo—agregó Richard—, pero después nos arreglamos tú y yo.

Para no sentirse menos, la estudiante de periodismo quiso intervenir— y ¡Yo tengo que escribir unos artículos para una materia! Y…es un asunto importante.

—Nunca les molestó estudiar en el jardín que está en la entrada de la urbanización, creo que les tocará nuevamente ir para ese sitio. Voy a contar hasta ocho y si en seis no están afuera, van a tener problemas. Unos muy serios.

Los estudiantes se marcharon, Lucrecia decidió hacerlo por la puerta que estaba en la cocina, esa cuyo camino conectaba con el pequeño jardín de la casa y el garaje donde yacía el Mustang. Allí estaba Arthur, tendido en el suelo bajo el auto el cual también mostraba su motor en buen estado.

— ¿No habías revisado el auto días atrás Vaquero?

—Nunca está de sobra que le dé una extra. Además ¿Qué vas a saber tú de autos? Si para una demócrata como tú, estos magníficos ejemplos de la ingeniería automotriz de esta nación son un problema. Todo ese asunto del calentamiento global y esos cuentos.

— ¿Tienes el día libre? Digo, creo que podríamos hacer algo mejor con nuestro tiempo. Esto de criticarte por tu postura republicana y tu loca idea de abolir todos los impuestos no nos llevará a ningún lado.

—Por primera vez, coincido contigo. Aunque, creo que lo mejor será que salgamos sin “Silver” ¿Conoces algún sitio cercano?

Aquella pregunta sorprendió a Lucrecia, quería hacer una réplica. Pero decidió quedarse unos segundos callada, buscando una respuesta menos sarcástica. — Si, pero creo que es muy temprano para ir por un lado ¿No crees?

—Entonces ¿Qué me dices de una cafetería? Si supieras que aún no he tomado desayuno.  Tengo una información que seguramente podría interesarte, además, si te preocupas por mi abuela. Sabe defenderse sola. La vi muchas veces peleando a puño limpio.

—Creo que podríamos intentar si sirven desayunos en la cafetería cercana que hay. Aunque debo comentarte que el primer rodeo lo ganaste, Vaquero, pero quisiera ver si con el segundo vas a tener la misma suerte.

Por otro lado, Arthur se encontraba nervioso no recordaba con exactitud la última vez que había convencido a una chica para salir o que las circunstancias se habían torcido a su favor como esa. Pero, recordando el consejo de su abuelo, no debía mostrar que estaba nervioso ante una dama. Sumado al hecho que la última vez que salió con una chica solo le trajo una avalancha de malos ratos.

Debía calmarse, cualquier comentario podría ponerlo contra las cuerdas y mentir cual bellaco tampoco era una buena opción. Tampoco tratar aquella situación como siempre había tratado a Lucrecia, debía enfocarse en verla como una dama, lo que realmente era. A pesar de que no se comportaba como tal.

—Creo que debo comentarte que el último cliente que se montó en mi auto fue alguien a quien quieres entrevistas. Ni más ni menos que don Josh H.

— ¡En serio! No sé si tomarte la palabra o considerar eso como otro intento tuyo en gastarme una broma.

—Estoy siendo honesto contigo. Y debo comentarte que está casado, con una hija y parece que ha estado sobrio por un buen tiempo, ya que no me explico cómo unos tragos lo dejaron así de mal.

—Eso es interesante pero ¡Dime más! De seguro puedes confirmarme donde vive y en donde trabaja. Con eso puedo hacer mucho para un pequeño trabajo que tengo que hacer.

—Te vas a sorprender cuando sepas donde vive, además ¿No sabes dónde trabaja? Es locutor en la radio YTC 98. Una emisora que siempre está sintonizada en la radio de “Silver”, por alguna razón.

—Me declaro culpable de ese crimen.

Ya tenía un tema de conversación, pero debía asegurar al menos unos cuantos más para sí doña confianza le ayudaba en aquella situación; aquella ayuda debía llegar rápido ya que el hambre era un jugador que estaba en contra de todo aquello. Aunque la insistencia de Lucrecia en conocer cada detalle de aquella experiencia se le notaba en los ojos, al menos comprendía que debía dejar comer a Arthur.

Pero aquella extraña coincidencia era algo maravilloso para ella, aunque comprendió que también debía soltar una que otra pieza de información si quería. Comenzaba a ver a Arthur con otros ojos, no era el típico texano republicano, había algo diferente en él más allá de los temas políticos. Quizás las raíces irlandesas de su abuela estaban involucradas en el asunto.

—Josh H es uno de esos personajes menores de la industria del cine que tiene una biografía digna de estudio ¿Sabes? Quizás su momento cumbre en su carrera fue esa nominación amañada para un Oscar, pero creo que si decide regresar al cine o a la comedia lo hará por todo lo alto.

— ¿Te agrada mucho ese actor? Si te soy honesto, es primera vez que escucho su nombre. Por cierto, primero la dama— Arthur le  abrió la puerta para Lucrecia, algo que ella en algún momento lo pudo considerar como un clásico ejemplo del arcaico machismo en la sociedad.

— ¡Muchas gracias!— después de aquel gesto, debía asegurarse que ninguna de sus compañeras de la lucha feminista no se encontraban en aquel lugar. Aunque, recordó que nunca les mencionó de aquella cafetería ni mucho menos las había invitado a su residencia, solo a su hogar en Idaho. Pero sabía que esa invitación se la podría llevar el viento en cualquier momento.

Después de sentarse y ordenar, Arthur decidió seguir con la conversación— Dime una cosa, estando tan cerca de actores con una mejor carrera ¿Qué te motivó hacerle una entrevista a ese actor?

—Te vas a reír de la respuesta. Pero creo que él podría tener información valiosa sobre cómo opera la maquinaria propagandística del gobierno de Venezuela, pocos saben que tuvo que aprender español para trabajar en ese país; de hecho fue uno de los actores que participaron en la serie basada en la vida de uno de los últimos presidentes de esa nación, en un rol bastante importante.

—Pero ¿No hubiese sido mejor que le hubieses pedido una entrevista a Michael Moore a Sean Penn? También se les asociaron con ese gobierno. Pero ¿Quién soy yo para criticarte?

—De hecho lo intenté, pero me rechazaron. Algo estarían ocultando esos dos, aunque debo mostrarte los correros electrónicos que me mandaron.

PD: Feliz navidad y próspero año 2018 a los lectores de esta cosa. Esta es la última actualización del año

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Finalizando con: Batman Especial de Halloween 1993

Honestamente debo comentar que tenía en mente tener listas las reseñas de algunos especiales de noche de brujas donde el homenajeado tenía el rol principal justamente para el especial del blog, a riesgo de equivocarme seguramente estas reseñas se verán publicadas después del mencionado especial. Pero creo que un especial hecho por la misma dupla que nos trajo obras como Largo Halloween y La Victoria Oscura no deja indiferente a nadie, más que todo por el hecho de que se mantiene la pregunta ¿Qué le pasó al guionista de esas obras?

Dejando esos comentarios de lado, el presente especial hay un marcado énfasis en la faceta de Bruce como hombre de negocios y mujeriego empedernido así como el hecho que uno de los villanos, que se roba buena parte de la historia, es ni más ni menos que el espantapájaros. Ese villano que es un conocedor de los miedos y que pasó de ser el psiquiatra a paciente del famoso hospital psiquiátrico de la ciudad que custodia nuestro caballero de la noche.

Pero hay otro que se lleva las palmas, una viuda negra a la cual no debemos confundir con la de la Casa de las Ideas ya que está mujer no es espía, pero logró lo que muchos villanos del murciélago han estado queriendo hacer desde hace rato, herir su faceta alejada de la máscara. La historia es entretenida pero no llega al nivel de las anteriores mencionadas, pero creo que todo lo que se vio con el villano fue una de las mejores historias que he visto con el doctor Crane. Aunque si bien no es la primera vez que vemos al murciélago atendiendo asuntos relacionados con la festividad del treinta y uno de octubre, es bueno verlo como lo que es, un humano vulnerable, faceta que siempre decide esconder.

 

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Casa Número Ochenta y seis 3

Alrededor de las siete de la noche, Marín estaba en casa de una amiga suya tomando café, mientras que Bianca y Richard estaban practicando para el torneo de tenis de mesa. Pero, por alguna extraña razón Arthur no se estaba preparando para salir con el Mustang y Lucrecia estaba extrañada por aquella situación y más cuando lo vio sentado en el sofá viendo la televisión.

— ¿Qué sucede Vaquero? Pensé que ibas al rodeo hoy.

—Me dieron el día libre, citadina. Además que el Mustang también se merece su día libre ¿No crees?

Lucrecia se sentó cerca del sofá y le preguntó— ¿Qué estás viendo? Dudo mucho que consigas un western a estas horas. Y creo que tu ídolo Ron Paul ya dijo lo que tenía que decir no hace mucho.

—Está muy habladora hoy, lo bueno es que ya no tanto a la defensiva ¿Puedo saber las razones?

Lucrecia había sido descubierta, así que no tenía otra opción más que hablar de forma honesta con Arthur. — Conversé con tu abuela y creo que te mereces una disculpa y una muy honesta. Me excedí cuando te dije que estabas en el circuito de carreras clandestinas de autos, lo dije sin tener pruebas de lo que realmente hacías.

—Acepto tus disculpas, citadina. Pero, para la próxima ocasión asegúrate de tener el toro agarrado por los cuernos. Aunque ¿Me permites hacerte una pregunta?

Aquellas palabras tomaron con la guardia baja a Lucrecia, sabía por dónde iba a ser la pregunta y más como Arthur se había tomado todo el asunto de la disculpa. Con una calma que le recordaba a esa misma calma que mostraba su abuela cuando le tocaba hablar de temas serios.

—Al menos dime algo, algo que aplaque un poco mi curiosidad ¿A qué se debe esa obsesión tuya con el asunto de las carreras clandestinas de autos?

—Creo que antes de darte la respuesta, debo pedirte una cosa. Que quede entre nosotros, ya que tiene que ver con algo personal.

—Puedes contar con eso. Así que, no sé si quieras tomarte algo; pero yo tengo ganas de beberme un té frío ¿Qué quieres beber tú?

Lucrecia decidió no comentar, usando su habitual sarcasmo, algo sobre beber cerveza, pero solo pidió otro té frío enlatado que había sacado Arthur de la pequeña nevera. Así que le pareció oportuno el momento para al menos soltar una pequeña parte de esa carga que tenía sobre aquel tema.

—En el último año de secundaria, unos amigos comenzaron a buscar empleo pero en vano. Un día, alguien les comentó de esas benditas carreras así como el buen dinero que estas les daban a los ganadores.

Así comenzaba el relato de la estudiante de periodismo, las típicas muchachadas que se juntaron con las hormonas haciéndoles creer que son dueños del mundo y que el mundo les pertenecían o que debían apartarse del camino los que no querían que ellos triunfasen.

—Honestamente, no hay mucho que hacer los fines de semana en mi pueblo natal. Quizás, tú también puedas comprenderlo ya que yo vengo de un estado agrícola; pero aquello de las carreras era un asunto que si bien no se comprendía bien, lo asociábamos mucho con los sucesos de la gran ciudad.

Pero era una pésima mezcla, peor que la de mezclar chicos jóvenes con alcohol y esos retos de voltear ganado o golpear buzones con bates de beisbol ya que estaba en juego el regalo de la vida.

—Mis mejores amigos se sentían como unos valientes, habían ganado varias veces contra retadores de los pueblos vecinos. Hasta que llegó esa nefasta noche, el asfalto estaba mojado y el reto era conducir sin las luces de los autos; así fue como perdieron la vida dos de mis mejores amigos. Me tocó no solo escribir el respectivo obituario en el periódico escolar así como revelar que en secreto de donde ellos sacaban el dinero.

Era dinero manchado, no valía la pena todos los riesgos que estaban corriendo y tarde tanto ellos como Lucrecia aprendieron esa lección. Pero tenía ahora una tarea que asumir, investigar de donde había salido aquel bólido que había cortado la vida de sus amigos, por mucho que dijeron que había sido el asfalto mojado el responsable de aquella tragedia.

—Si todos en tu pueblo saben que esa zona donde los corredores usaban para sus cosas, siempre fue un lugar no muy seguro ¿Para qué te obsesionas con uno de los competidores? Fue una falla humana de tus amigos, la cual se mezcló con un asfalto mojado.

—Estuve indagando, quizás a modo de superar el luto. Un Toyota azul se había convertido en un tema recurrente en los competidores de los estados vecinos quienes tenían el mismo problema; había un patrón, pero todo indicaba que estaba por venir para acá, California.

Las palabras de Arthur hicieron reflexionar a Lucrecia, nuevamente estaba confundida con la llegada de aquel muchacho. Extrañamente, ahora se sentía un poco aliviada.

—Y ¿Ahora qué vas a hacer? Citadina

—Posiblemente, tomar tu consejo Vaquero.

Para seguir con el presente relato, hay que hacer una pausa, irnos a unos cuatro meses atrás justamente cuando la famosa filtración se hizo notoria, el Mustang no estaba relinchando con fuerza y el famoso torneo de tenis de mesa aún estaba en organización; ciertamente el horizonte no se miraba muy bien para aquella casa.

Lucrecia se reunió con sus dos amigos en su habitación, trataba el asunto de la misma forma como ella abordaba los problemas del campus en los que se metía y con la misma mente aguda que usaba para escribir sus artículos en el periódico del campus. Se sentía que debía hacer algo en esa casa así como por la dueña.

—Estamos, ciertamente, en un dilema— comentó Richard—, lo peor del asunto es que aún nos falta bastante para recibir el pago de la beca. Y estoy al tanto de que juntando esos pagos no nos da para pagar esa reparación e invitar a otro residente es una pésima idea.

—Lo peor del asunto es que escuché hablar por teléfono a Marín, estaba hablando con sus familiares en Texas. Quizás, a riesgo de equivocarme, eso puede implicar dos cosas. Que debemos buscar otro sitio o que nuestra querida casera anda buscando algo de dinero.

La aclaratoria de Bianca solo complicaba más el asunto, aquellas llamadas pocas veces terminaban bien y el que se llevaba la peor parte del asunto era el pobre teléfono.

—Quizás quiere vender el Mustang, a alguien de confianza—agregó Richard—, con ese dinero podría reparar todo por aquí. Pero eso no me convence, ya que se nota que nuestra casera le tiene mucho cariño al auto; solo basta con ver como lo cuida y se preocupa por ese caballo que ha visto días mejores. Además, que se queda sin un medio de transporte.

—Quedarnos a esperar que va a pasar no me parece buena idea. Aunque tampoco me parece muy inteligente abandonar el barco que puede salvarse— afirmó Lucrecia—, quizás buscando un contratista que no sea tan costoso sea una solución.

— ¿Quieren que les sirva nuevamente agua? Yo estoy de acuerdo contigo, por esta ocasión Lucrecia— agregó Bianca—, lo malo es que no hay mucho margen de lo que podemos hacer. Quizás, pueda sacar algo de las guardias que me tocan hacer dentro de poco.

De nuevo volvió el silencio en aquella habitación, la meditación se había tornado en una especie de operación militar o todo el tratamiento de una noticia tan fuerte que llegó de sorpresa a un periódico que tomó a todos por sorpresa. Quedarse de brazos cruzados no era una de las opciones que asumirían, eso estaba dado por hecho. Pero la pregunta ¿Qué hacer? Y su respuesta simplemente no la tenían.

 

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La Balada de la Curva 21

“Al frente del Volante. Programa del Canal ESPN.

—Señores, la Pole ha terminado. Creo que, ha sido un espectáculo presenciar este cambio en el verdadero deporte de caballeros. Pero el resultado no deja de sorprender; Ford en el cuarto lugar, Alfa Romeo en el tercero, Ferrari con la medalla de plata y nuevamente la polémica va a estar rondando con BMW y su puesto en el podio de honor ¿Qué opinas de eso Alexandra?

—Creo que BMW se merecía ese lugar, por mucho que a muchos les desagrade esa idea; pero hay que notar una cosa muy notoria. El gran premio de Singapur promete bastante. Pero, también hay que hacer referencia que la Seat hizo un papel excelente aunque es una verdadera lástima que no se encuentre en la próxima carrera.

—Creo que eso es algo lamentable, pero quizás se debe a un problema mecánico más que algo relacionado con el diseño del vehículo; a pesar de todo, debo preguntarte ¿Crees que estamos ante un verdadero comienzo de una nueva etapa de este deporte?

—Yo afirmo que sí, “Correcaminos”, estamos ante una pequeña demostración de lo que fue uno de los elementos que más llamó la atención de esta competencia. La experiencia de los pilotos militares haciendo contrapeso al entrenamiento a la vieja usanza de los nuevos pilotos, aquí se vio que, finalmente, una preparación diferente y alejada de los circuitos de competición automotriz puede ser algo que va a dar de que hablar por mucho tiempo. Algo que se hace evidente en nuestras redes sociales son testigos de esta acalorada contienda que apenas está comenzando. Pero creo que hay televidentes que quieren saber tu opinión, “Correcaminos”.

—Como antiguo corredor debo comentar lo siguiente y espero que quede claro para todos los que ve nos ven y nos siguen por la red de redes. Creo que estamos en una época en la que se debe asumir cambios; creo que lo que hemos visto es uno para bien, uno que no se va a convertir en lo que derivó lo que es ahora el fútbol o el baloncesto. Con unos cambios que parecen deportes totalmente diferentes a los que conocimos; la nueva F1 recuerda mucho a lo que era antes, mucho antes de cuando llegaron los motores de reacción modernos, ver al señor Fangio ahora devenido como coach es una señal, al menos para mí, que todo esto tiene buena pinta.”

 

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