Megadeth Killing is my business

Yo no recuerdo cuando fue la última vez que reseñé un disco de esta banda, considerada una de las pioneras de ese género llamado Trash Metal, aunque unos consideran que este disco es uno de los tantos que sirvió para darle peso al ya mencionado género; yo creo que demuestra que don Dave quería demostrar que podía ser una piedra en los zapatos de sus antiguos compañeros de banda. Así que, al menos personalmente, creo que lo logró.

Lanzado para el mercado en el año de 1986 este disco hizo de la suyas, con una controversial versión de la canción estas botas así como una canción que estuvo destinada para la banda en la que estuvo una vez don Dave; pero eso si a pesar de que es un disco debut de una banda, es decir ese disco que marcó su llegada a la palestra, pues creo que ha sobrevivido al paso del tiempo a diferencia de otros discos de bandas contemporáneas a ella.

Eso sí, como todo disco debut de una banda, es una clara demostración que la banda estaba comenzando, estaba dando sus primeros pasos en el mercado musical y uno tan de nicho como lo fue en su momento el del rock pesado, ya que en sus comienzo el Trash Metal tenía muchos puntos en común con el punk; es decir, la promoción en base al boca a boca o de las grabaciones caseras durante los conciertos (o los primeros conciertos) de alguna banda hasta que eventualmente, dieran ese primer paso.

Sobre Rock pesado, revoluciones y verdades evidentes

Originalmente no quería escribir de nuevo sobre el Rock pesado en la cuna de libertadores, así como la clara ceguera que tienen muchos de los que ahora se denominan guardianes culturales de un género musical que no ha calado en esta tierra tropical. Pero el comentario del vocalista de Megadeth es tan «capitán obvio» que no se puede escapar de sacarle algo al tema, así como el evidente silencio que ha dejado el rey revolucionario del rock en Venezuela.
Simple es el asunto, la moneda nacional así como las finanzas de las empresas que hacen eventos musicales no tienen nada que ofrecer a los artistas extranjeros, la inseguridad tampoco diferencia entre criollos y visitantes ya que los ataca por igual, sin distinción alguna de su tendencia política. Es por eso que hasta músicos de otros géneros ya no se asoman tanto por estos rumbos y por mucho que nos quejemos del alto coste de las entradas del dúo de reguetoneros nacionales de moda o que el nacional socialistas rock Festival ya no tiene invitados que valgan la pena ir y que su (ir)responsable no es más que un camaleón que busca desesperadamente mantenerse relevante; la situación del país ya no da para el despilfarro de dinero en las variantes musicales del circo romano.
Se puede decir mucho sobre si hay más apoyo de parte del gobierno hacía un estilo musical u otro, que yo no apoyo al «talento nacional» o concretamente a un músico que es del agrado de un particular, lo cierto es que ya a las cuatro de la tarde ya la gente anda más nerviosa de lo normal y pensando en regresar a sus hogares, que el dinero para comprar una entrada para el concierto de tu preferencia es mejor usarlo para conseguir comida, si es que corres con esa suerte. Además, por mucho que sea evidente el desprecio hacia los productos de en  empresas Polar, esos van a estar presente en los circos romanos musicales así como en las bolsas de comida que ahora «distribuye» el pueblo en su nueva y revolucionario movimiento aglomerado. La retórica será muy bonita, pero no quita el hambre así como ser un rockero revolucionario no te hace un elevado intelectual de la cultura venezolana. Y si bien el servicio eléctrico parece haberse estabilizado, eso no esconde los otros problemas no sólo de infraestructuras que se tiene en la cuna de libertadores actualmente; así que deben agradecer estos defensores del rock el hecho que su revolución ha convertido al país en una cárcel cultural en la cuál, todas esas bandas que admiran no van a venir durante sus giras. Pero bueno, tiene su circo romano  criollo y endógeno ¿De qué pueden quejarse?