Publicado en Música, Reseña de Discos

With The Beatles

Ahora me percato de una cosa, que estas últimas reseñas en esta sección parecen una especie de doble especial musical, entre los cuatro de la ciudad de Liverpool (la banda que me presentó mi padre) y Van Halen, esa banda de rock pesado a la cual vengo a escuchar con calma es ahora, ambas comparten un punto. Algo más del hecho que son parte de ese gran catálogo de bandas que vengo a escuchar recientemente  y más influencia y que están haciendo aquí una especie de competencia.

Pero de alguna forma, debo llegar a alrededor de las trescientas palabras con estos intentos de reseñas y también debo agradecer a un buen amigo, quien me pasó buena parte de los discos de los cuatro de Liverpool y creo que no importa el género o el nombre de la banda, la mejor forma de conocerla es escuchando cada uno de sus discos. Y ya que estamos en esa, este fue uno de los discos que me ayudó a superar el ambiente laboral tóxico donde me encontraba.

El segundo disco de estudios de esta banda, lanzado al mercado allá en el año de 1963, parece que fue el que movió todos los engranajes para que la banda se diera a conocer a nivel mundial, aunque con sus respectivos cambios de nombre para el mercado canadiense y el de los Estados Unidos. Pero bueno, no sé si la revista R.S lo haya metido en su conteo de los mejores quinientos mejores álbumes, llegando con el número 419 aunque tampoco creo que fue para tanto; pero bueno, yo creo que vale la pena escucharlo no solo por el mero hecho que sea uno de esos discos que marcó época (a pesar de los años que han pasado desde esos días), es también una de esas obras musicales que es un reflejo de la música de aquellos días.

Publicado en Cine y Series de Tv, Reseñas de Películas

Forsaken

Hablar del cine western y concretamente el que se hace en su país natal, ni más ni menos que el gigante del norte, siempre ha estado teniendo uno que otro regreso es decir que de vez en cuando sale una película que hace una revisión del mencionado género. Y en el año de 2015 tuvimos una de esas películas a las que, al menos personalmente, se le puede catalogar como un western a la vieja usanza pero con un toque moderno.

Después de la guerra civil estadounidense, tema medianamente abordado, un soldado regresa a casa después de unos ocho años en servicio, solo para darse cuenta que ese pequeño pueblo natal donde creció cambió drásticamente. Primero su padre, el reverendo del pueblo, no lo recibe precisamente con los brazos abiertos y ese pequeño lugar se encuentra azotado por criminales y todo eso no es precisamente el mejor escenario para enmendar una dañada relación familiar. Una relación familiar que se vio manchada por la muerte de uno de los hijos del mencionado reverendo y que sumió en una profunda distancia al hijo restante y su padre. Pero ¿Qué me dicen de la pandilla que azota el lugar? Pues básicamente lo que hacían previamente era convencer a los dueños de las pequeñas granjas en venderles sus propiedades, hasta ese momento en que el pistolero que tenían asignado no cumple bien su trabajo y todo se va colina abajo desde ese punto.

Quizás no sea el mejor lugar para que un veterano de guerra decida volver a empuñar las armas pero poco a poco la situación se va torciendo para que lo haga, lo que  desata la acción del resto de la película. Es una buena película del mencionado género, quizás no de las mejores y puedo entender las razones por las cuales a muchos críticos les pareció que no cumplía en vista de la buena cantidad de actores de renombre que cargaba, pero es bastante disfrutable.

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Al sur de la frontera, al oeste del sol

No recuerdo quien me habló del autor japonés responsable de esta novela, uno de esos dramas costumbristas que siempre quise escribir que (según algunos por ahí) era un género que nunca se me dio tan mal. Lo cierto es que el señor Murakami se convirtió en toda una eminencia no solo dentro de su país natal, sino a nivel mundial. Con esta obra, lanzada al mercado para el año de 1992 es una de esas obras que, simplemente, no puedes olvidar después que lees.

Ciertamente es uno de esos autores japoneses que es diferente a los que salen del mencionado país, así como simplemente no tengo como compararlo, ya que la otra obra de un autor del mismo país que leí es de temática histórica. Pero regresando a la reseña, pues estamos ante una obra que nos narra el reencuentro entre Hajime, nuestro protagonista y narrador, desde su juventud hasta ese extraño día cuando se reencuentra con una vieja conocida suya en el Japón de la posguerra hasta bien entrado lo que se conoció como el milagro japonés.

Quizás ese entorno es lo que lo orilló a ser un personaje un tanto desagradable, que no le molestaba en lo más mínimo serle infiel a la mujer, incluso recibiendo consejos del suegro sobre el tema e incluso tentado a abandonarlo todo por esa chica que conoció en sus años mozos responsable que su gris mundo se pusiera patas arribas. Al ser una novela breve que se lee casi de inmediato, mi ritmo era de tres episodios diarios, seguramente tanto al autor como a las personas responsables de la traducción al español, se les tuvieron que quedar muchas cosas pendientes.

Con eso me refiero al hecho que había un montón de elementos para sacar focos secundarios de conflicto, como las locuras del suegro en la bolsa de valores, todo ese asunto de la posguerra y el mentado milagro japonés que de seguro si bien pudieron hacer la historia extensa, la hubiese hecho más interesante en otros aspectos.

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La Balada de la Curva 10

Héctor se sentía calmado, las pesadillas se habían marchado casi casi de la misma forma de cómo habían llegado a su mente. Tenía mejores cosas por las cuales preocuparse, faltaban apenas dos semanas para que la Asociación de la fórmula 1 diese su esperada rueda de prensa; ya había firmado contrato y estaba plenamente en una nueva empresa, así que el dinero de la liquidación decidió dárselo a su padre, se lo iba a disfrutar mejor que él, con tal el pasaje iba ser pagado por la Escudería así como otros gastos.

—Campeón, sé que falta poco para que te vayas unos días a Londres. Pero creo que es buen momento  pero me gustaría darte un pequeño regalo. Con todo este asunto de la guerra y tu regreso, pensé que la tradición familiar iba a morir conmigo.

— ¿De qué hablas viejo?

—Posiblemente ya tendrás un traje con saco y corbata, pero quiero que tengas el mío. El cual me lo heredó mi padre— el ex combatiente observó como  su padre se acercaba al armario de su cuarto.

—Con que eso era lo que estaba en esa bolsa marrón. Y yo que siempre pensé que era un loco premio de cacería tuyo. Ciertamente es mejor que el traje de gala que tengo asignado del ejército.

—Estos trajes nunca pasaran de moda, campeón. Vas a necesitar mucho abrigo, a pesar de que es primavera en Londres, aún sigue lloviendo por esa isla, no creas que me ando ablandando por todo lo que anda pasando, pero quiero decirte que tu madre estaría orgullosa de ti.

¿A qué se refería con todo eso aquel duro anciano? Su padre, un mecánico que vio días mejores reparando tractores, motocicletas y algunos de los primeros vehículos que estaban dando el primer paso al futuro, cosa que le dejó un amargo sabor de boca y buscó la forma de optar a una jubilación que le permitiese vivir tranquilo. Aparte de todo eso, un viudo quien vio a su hijo unirse a una fuerza militar y regresar cambiado, en muchos aspectos.

Para Héctor, aquel breve acto significaba mucho, aquella figura paterna de pocas palabras estaba dando señales de que estaba lista de aceptar que ese piloto que tenía por hijo estaba retomando lo que la guerra le quitó, esa sensación de ser humano. Pero aquel momento fue interrumpido por el estruendoso sonido del teléfono móvil del galante nuevo piloto.

—El asunto del pistón fue arreglado, campeón—era la inconfundible voz de Fangio—, ya no tenemos tanto tiempo para carreras de ensayo. Debemos volar a Londres y esperar que nos confirmen todo lo referente a la pista de la Pole y la pista donde se llevará a cabo la primera competencia.

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La Balada de la curva 4

Héctor llegó a su hogar, siendo recibido por el televisor a todo volumen y su padre, observando el aparato casi sin atender los sucesos sobre las cosas que estaban sucediendo a su alrededor.

— ¿Puedes creer que tuve una visita hoy de alguien a quien admiras mucho?

—Respeto mucha gente, campeón. Vas a tener que ser más concreto y creo que la lista de las personas que odio tiene el mismo tamaño.

—Roberto Fangio, anciano. Hoy lo conocí y me dejó esta tarjeta.

Luego de intercambiar unas risas y las respectivas “palmadas” en los hombros, decidieron retomar las palabras. El televisor, el otro integrante de la familia, fue obligado a apagarse, debía mantener la compostura.

—Dime una cosa campeón ¿Vas a aprovechar la oportunidad? No todos los días aparece una así.

—Eso no se pregunta, de todas formas comenzaba a sentirme aburrido de mi fiel y confiable empleo. Claro, nuestra señora quincena comenzaba a sentirla un poco…limitada.

—Y tu pensión como veterano tampoco nos sirve de mucho en estos días.

— ¿Puedo pedirte un consejo?

—Solo si traes unas cervezas.

—Aquí tienes, anciano—, comentó el piloto luego de acercase a buscar dos botellas.

—A pesar de que siento que estas corriendo siempre de algo, hijo mío, espero que con esta oportunidad dejes de correr así como de mirar nerviosamente sobre tu hombro o por el retrovisor.

Desde que regresó de aquel conflicto, Héctor siempre estaba corriendo de algo, siempre sentía que estaba siendo acechado. Lo peor del asunto era que no importaba que tanto se elevase o cuantas veces pusiera al límite los motores de los aviones que piloteó en aquellos días o ya de regreso al mundo civil, la velocidad era su marca y lo que creía que podría mantenerlo alejado de esa sombra.

Aquello era algo que no podía ocultar, incluso hasta su padre sabía de aquel padecimiento. Ambos lo manejaban como una de las tantas manifestaciones de lo que llamaba finamente como Stress post traumático; una de las cicatrices de los soldados que no se ven a simple vista, pero que se encuentran tan presentes como las que están visibles.