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La Balada de la Curva 7

Aquel piloto había completado las dos vueltas en un tiempo record, superando a los profesionales que habían tratado de manejar aquel bólido en un simulador.

—Héctor muchacho, creo que debo presentarte a nuestro ingeniero responsable de nuestro monoplaza ganador. El señor Hans Benz. —fue la presentación dada por el piloto retirado.

— ¿Hans Benz? ¡El responsable de la nave monoplaza “Gavilán”! ¡Es un gusto enorme conocerlo señor! Con razón el motor de ese modelo, el uso de los alerones de frenado—el militar retirado no pudo ocultar su alegría.

—Entonces sabes muy bien una cosa, mocoso. Estoy más que seguro que mi nave de guerra te fue fiel y fue la responsable de tus condecoraciones; siendo honestos, estaba un poco desconfiado que podrías domar a la bestia ¡Pero lo lograste!—una fuerte palmada recibió el piloto en uno de sus brazos, quizás la demostración más honesta de aprecio que había hecho aquel serio ingeniero desde su llegada la Escudería.

—Creo que tenemos el indicado, Hans. Así que dime una cosa Héctor ¿Contamos contigo? No te preocupes por lo de tu viejo empleo, conozco a tu jefa y podríamos llegar a un acuerdo con ella.

— ¿Qué quieren que les diga? ¡Pueden contar conmigo plenamente para manejar al “Leopardo”!

—No me queda otra opción que decirte ¡Bienvenido a la Escudería Alfa Romeo!

Finalmente, Héctor tenía un empleo digno de sus habilidades así como el hecho que había recuperado esas dosis de adrenalina que sentía cuando manejaba su nave, así como el hecho que por primera vez en mucho tiempo sentía que le había sacado una larga ventaja a esa sombra que desde su llegada  a la vida civil lo atormentaba. Y esperaba tenerla así por un buen tiempo.

—Pero ¿No falta mucho para que comiencen los preparativos?—preguntó el nuevo piloto del vehículo.

—Claro que sí, muchacho. Pero ese tiempo lo tomaremos a nuestro favor, no tendrás mucha experiencia en el automovilismo, pero lo compensas con algo mucho mejor. Entiendes a la perfección el diseño de mi máquina, lo demás lo tendrás que aprender sobre la marcha.

Allí estaba Héctor, con una sonrisa de oreja a oreja, aunque entre las sombras estaba alguien más, haciendo de las suyas y que no fue visto por todo aquel personal que estaba trabajando para la Escudería.

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La Balada de la Curva 5

Pero la sombra que acechaba al veterano sabía dónde atraparlo, en los momentos cuando estaba más vulnerable. Esas horas de sueño que tenía, las garras de aquel depredador venían en forma de amargos recuerdos, esos malos ratos en la guerra así como en la vida previa al conflicto.

— ¡No otra vez!— dijo para sí mismo, tratando de ahogar el grito de desesperación. —ya ni sé que hacer para dormir tranquilo.

El recuerdo de Mónica fue el responsable de levantarlo, aquella muchacha que se fue de su lado, la que lo dio a conocer en la empresa en la que estaba trabajando y ¿Qué fue lo que pasó con ella?

—No le hice caso al consejo del viejo. Nunca salir con la sobrina bonita de tu jefe inmediato; pensé ingenuamente que el idilio estaría bien en el anonimato. Y lo peor del asunto, es que en esta oportunidad el té no me hará dormir de nuevo.

Ella no quería alguien tan dañado como él, al menos eso fue lo que obtuvo como respuesta directa. Solo para enterarse días después que estaba saliendo con un luchador de artes marciales mixtas. Mórbidamente, esperaba que ella fuese la estrella en una noticia sobre abuso doméstico, tan de moda en ese igualmente sangriento mundo.

—Y pensar que estas pesadillas estaban haciendo de las suyas cuando las deudas con las tarjetas de crédito se me iban de las manos. No me quedará de otra que encender la caja idiota a ver que está sucediendo y esperar a que me caiga dormido, con tal mañana es domingo.

Luego de encenderla y buscar entre los canales, hubo algo que captó su atención. Un pequeño estudio de algún canal dedicado a los deportes un grupo de canosos comentaristas hablaban y discutían.

—Si el gran cronista deportivo Amílcar Trejo no va a la rueda de prensa en Londres de la Asociación de la fórmula 1 ¿Estamos ante un posible desastre?—preguntó una al resto de los comentaristas.

—Tampoco debemos ponernos tan pesimistas en el tema, estamos por ver lo que está por llegar. No puedo asegurar que el deporte pueda adaptarse a lo que tenemos ahora, por el hecho que un cronista deportivo dijo que no asistiría a una rueda de prensa. —respondió otro de los comentaristas, tratando de sonar muy sincero.

— ¡Tú siempre con el optimismo por delante! ¿Qué debe suceder para sacarte de esa condición? En lo personal, creo que lo mejor que podría hacer la Asociación de la fórmula 1 es desaparecer; considero que están gastando el dinero de sus arcas en todo el show barato que están montando.

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La Balada de la curva 4

Héctor llegó a su hogar, siendo recibido por el televisor a todo volumen y su padre, observando el aparato casi sin atender los sucesos sobre las cosas que estaban sucediendo a su alrededor.

— ¿Puedes creer que tuve una visita hoy de alguien a quien admiras mucho?

—Respeto mucha gente, campeón. Vas a tener que ser más concreto y creo que la lista de las personas que odio tiene el mismo tamaño.

—Roberto Fangio, anciano. Hoy lo conocí y me dejó esta tarjeta.

Luego de intercambiar unas risas y las respectivas “palmadas” en los hombros, decidieron retomar las palabras. El televisor, el otro integrante de la familia, fue obligado a apagarse, debía mantener la compostura.

—Dime una cosa campeón ¿Vas a aprovechar la oportunidad? No todos los días aparece una así.

—Eso no se pregunta, de todas formas comenzaba a sentirme aburrido de mi fiel y confiable empleo. Claro, nuestra señora quincena comenzaba a sentirla un poco…limitada.

—Y tu pensión como veterano tampoco nos sirve de mucho en estos días.

— ¿Puedo pedirte un consejo?

—Solo si traes unas cervezas.

—Aquí tienes, anciano—, comentó el piloto luego de acercase a buscar dos botellas.

—A pesar de que siento que estas corriendo siempre de algo, hijo mío, espero que con esta oportunidad dejes de correr así como de mirar nerviosamente sobre tu hombro o por el retrovisor.

Desde que regresó de aquel conflicto, Héctor siempre estaba corriendo de algo, siempre sentía que estaba siendo acechado. Lo peor del asunto era que no importaba que tanto se elevase o cuantas veces pusiera al límite los motores de los aviones que piloteó en aquellos días o ya de regreso al mundo civil, la velocidad era su marca y lo que creía que podría mantenerlo alejado de esa sombra.

Aquello era algo que no podía ocultar, incluso hasta su padre sabía de aquel padecimiento. Ambos lo manejaban como una de las tantas manifestaciones de lo que llamaba finamente como Stress post traumático; una de las cicatrices de los soldados que no se ven a simple vista, pero que se encuentran tan presentes como las que están visibles.

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La Balada de la Curva 3

— ¿Podemos hablar un momento? Señor Héctor— dijo el cazador de talentos mientras el piloto salía de la cabina de la nave la cual estaba probando—. Y si me permite comentarle, fue un excelente aterrizaje. Pero me sorprendieron más las maniobras que hizo durante el vuelo.

Finalmente Roberto estaba muy cerca de entrevistar a aquel veterano, ese el cual había estado estudiando detalladamente como abordarlo así como su historial personal así como esos videos que había visto (sin aburrirse) de todas esas proezas como piloto de guerra. Ante todo, debía mantener la calma, ya que una de las peores partes ya había sido superada, aunque la otra parte del asunto era otro obstáculo a superar con su característica diplomacia.

— ¡Claro que sí! Pero, quiero saber una cosa ¿Quién es usted?

El canoso señor se presentó y alejó su falta de modales, como una acostumbrada táctica para acercarse a las personas que iba a entrevistar. Pero, el pasado de Rodrigo nuevamente hizo su aparición. — ¡No puedo creerlo! Me está entrevistando el legendario corredor Roberto Fangio. Creo que será un gusto enorme.

—Todo lo contrario mi joven amigo, el honor será mío ya que no todos los días se puede entrevistar a un veterano de guerra como usted. Dígame una cosa ¿Ha pensado en buscar nuevos horizontes laborales pero manteniendo su estatus como piloto? Por supuesto, le hablo de que forme parte de la Escudería Alfa Romeo.

Aquella propuesta le pareció impresionante, al menos por un instante Héctor se había quedado sin palabras. Pero debía dar una respuesta, además, el mero hecho de que la persona que estaba haciéndole una entrevista era uno de los contados deportistas a los que su padre y él admiraban con fervor. Pero ¿Qué podría decirle como respuesta?

Además no todos los días se podría decir que fuiste entrevistado por un campeón del deporte llamado Automovilismo durante un día normal de trabajo, si rechazaba la entrevista su padre no se lo iba a perdonar.

—Realmente no había pensado en eso señor Fangio, si le soy honesto. Pero dígame una cosa, sin ánimos de ofenderle, pero creo que anda buscando el próximo piloto de su Escudería en un sitio equivocado. Una cosa es pilotear naves del tipo monoplaza y otra, vehículos que no se despegan de una vía.

—Si me permite informarle, las cosas están cambiando dentro del deporte y considero que debería ponerse un poco al tanto. Estoy muy seguro que se puede llevar una agradable sorpresa, por eso ando aquí, buscando nuevos talentos.

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La Balada de la Curva 2

Para Héctor Castillo, así como para el resto de sus compañeros de empleo había un poco de incertidumbre en la organización. Se hablaba de un radical cambio de ramo de aquella empresa, ya que los nuevos modelos de naves monoplaza se estaban quedando fríos, la aviación civil estaba asimilando las naves militares y algunos pilotos; el regreso a la calma le había sentado fatal a unos cuantos.

Nuevamente y como cada semana, el cazador de talentos Rodrigo Fangio hacía su visita a su viaja conocida, la gerente de Colibrí S.A, una de las contadas empresas estables del ramo de la fabricación y prueba de naves.

—Debo admirar tu insistencia, Rodrigo—comentó Regina, la gerente de aquella empresa—. Es algo que te debe ayudar mucho en tu línea de trabajo ¿Quieres algo de café?

—Gracias por lo que me toca. La escudería Alfa Romeo, donde trabajo, realmente quiere a tu piloto de pruebas, son contados los audaces como él en estos días. Me vas a tener aquí un buen rato si no me dejas hacerle una entrevista y creo que ya conoces mi respuesta con respecto al café.

—Ese muchacho se ha vuelto una inversión en extremo peligrosa, pero no hay nadie que ponga al límite nuestras creaciones. Aunque hoy estas de suerte ya que voy a dejarte con el muchacho a ver si puedes convencerlo de irse.

— ¿Tan pronto quieres soltarle la soga? Regina, esas no son cosas tuyas. Por cierto, el café que me serviste, está excelente

—No me hagas cambiar de opinión viejo amigo. Con respecto a la entrevista en concreto. Creo que sabes que hemos tenido que soltar buenos empleados en los últimos meses y tristemente, él es uno de los contados que me queda en esa lista cada vez más corta. Además, creo que esos halagos tuyos hoy podrían surtir algún efecto positivo.

A pesar de las quejas de la gerente de recursos humanos, no había alguien como Héctor a la hora de llevar al límite a esas máquinas que aun producía esa empresa, estaba en él hacer eso. No por nada fue uno de los tantos condecorados de la aviación durante la nefasta guerra entre la Federación Terrestre y la Unión Colonial; su mejor cualidad era buscar lo que él llamaba “la aceleración perfecta”, aceleraba todo lo que podía dar aquellos motores de las naves.

Solo Héctor sabía las razones para hacer eso, aunque si bien podría parecer algo de rutina para un cazador de talentos era la demostración notoria de todo el potencial de aquel piloto, un diamante que le faltaba una que otra pulida que podría brillar nuevamente en aquel deporte que estaba retomando sus actividades así como su popularidad, la Fórmula 1.

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La Balada de la Curva 1

“Tribuna Deportiva ¿El regreso más esperado? Por Amílcar Trejo.

La fórmula 1, considerada por unos cuantos de la prensa como “el verdadero deporte de los caballeros”, un gran evento competitivo ligado al mundo del automovilismo y que se encontraba en un marcado declive para el año de tres mil cuarenta y seis. Unos consideraron casi una señal, que el famoso corredor Roberto Fangio anunciaba su retiro después de ganar el Gran Premio del mismo año.

Unos culpaban la terquedad de la Asociación en negarse al modernizar el deporte, uno que había sobreviviendo una buena cantidad de años, siendo un lugar donde muchos avances con respecto a los arcaicos vehículos terrestres vieron nacer la tecnología que los volvió más seguros y eficientes en el ámbito de los civiles. Simplemente era algo demasiado grande como para dejarlo morir.

Lo que dejó la amarga guerra (el conflicto entre La Federación Terrestre y la Unión Colonial) fue un montón de vehículos, pilotos e ingenieros tratando de adaptarse a una nueva vida. Alguien de la Asociación de la fórmula 1 vio en aquella gente un potencial como ninguno y debía tenerlos trabajando en aquellas misteriosas ideas de modernizar el deporte.

Para el año de tres mil veintinueve se anunció el Gran Premio del mismo año, uno que comenzaría rememorando los grandes circuitos de la Tierra (al menos los que estaban aún intactos) entre los cuales hay que destacar las clásicas quinientas millas de Indianápolis, el circuito de Mónaco, Monza, Singapur, Jerez son algunos de los confirmados para el esperado regreso.

Muchos corresponsales me han comentado sobre las modificaciones que han estado recibiendo los circuitos así como otro dato bien interesante; el hecho de que todas las escuderías tienen pilotos nuevos, muchos de ellos (se especula) sin mucha formación en el automovilismo. Aunque también (nuevamente, pura especulación) se habla de legados familiares que quieren continuar.

En lo que va de siglo, se tiene que demostrar que el automovilismo en el mundo de los deportes, no ha muerto, más allá del dinero que eso le traiga a los que manejan el deporte a las escuderías; tiene que volver a conectarse con la gente, como en mi caso, que al sol de hoy recuerdo hablar a mi abuelo sobre esos competidores de antaño, sus proezas y tragedias. Así como el respeto que le daba a quien ahora es el cazador de talentos de Alfa Romeo, Roberto Fangio, quien posiblemente no le quede de otra que actuar como mentor de la nueva sangre que entre a la escudería a la que representa.

El sábado que se anunció que sería la rueda de prensa para dar a conocer todo lo que está por venir lo voy a estar esperando muy tranquilamente, desde la comodidad de mi hogar. Estoy ya viejo para esperar tanto y mucho menos como para aguantar el frío que hace por esas fechas en Londres.”

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Triste Canción del boxeador 1

La vida del boxeador, como se puede definir algo tan efímero y al mismo tiempo tan apasionante. Somos esclavos de los aplausos, de los reflectores y de nuestro ego, y me atrevo a decir  a la fama, así sea por un escándalo público.

La vida del boxeador es solitaria y dura, llena de azares, ya que un día estas en la cima disfrutando de todos los lujos y otro en el suelo convertido en un ebrio o mendigo.

A lo que me hice adicto fue a esa sensación que te invade cuando estas en tu vestidor y caminas hacia el cuadrilátero y un desconocido grita tu nombre y apodo con un micrófono.

Hoy tengo una pelea, el pase que me acercará un poco al campeón, si consigo su cinturón seré feliz y podré retirarme de este duro espectáculo.

—No te noto nervioso Clint, la pelea de hoy esta interesante. No te vayas a poner agresivo, mantén la calma. Hemos trabajado mucho para llegar a este nivel.

Hace un año salí de la cárcel, aún estaba en el circuito amateur, fue un duro golpe para mi entrenador. Lino, el asistente de mi entrenador, dice que casi regresa a beber, la gente del barrio lloró cuando se enteraron que estaba tras los barrotes.

Recuerdo que fue un miércoles, estaba tranquilo trabajando en la taberna de la señora Isabel, entró un ebrio, gritando, y era hora de cerrar. Estábamos nerviosos la señora Isabel y yo, la policía estaba en las cercanías, los maleantes se ponen peor en el barrio cuando los azules andan cerca.

La hija de la señora Isabel, la niña Maria, aunque de niña solo tiene el apodo, ya que tiene el cuerpo de una mujer, estaba con nosotros limpiando, el ebrio le puso el ojo, empezó a acercársele, pero no para cortejarla. Quería otra cosa. Le advertí del ebrio a la señora Isabel, los otros ebrios estaban lejos, no lo conocían, no era del barrio, parecía peligroso. Y fue cuando escuché el grito de Maria que actué.

Me quité el delantal me acerqué a la mesa del ebrio y le dije.

—Señor, la señorita no quiere estar con usted. Por favor déjela en paz, no cause problemas. Estamos casi cerrando así que si desea seguir bebiendo, váyase.

—Cállate joven, ella quiere estar conmigo. No pueden cerrar por que estoy yo aquí y puedo comprarles toda su existencia de licor que tiene esta pocilga si me da la gana.

Esa fue la orden de atacar, la envió la madre de la niña Maria, le pedí al tipo que encontrara en la calle, no soportaba su inmundicia en el negocio. Quizás, hice mal en iniciar esa pelea, pero de no haberlo hecho, la niña Maria hubiese salido mal herida.

Y fue en ese instante que empezó la riña, el ebrio tenía resistencia y soportaba bien mis golpes, pero la  policía vio el instante cuando mi golpe de gancho hizo morder el suelo al hombre, y mi sentencia, la cárcel, por alterar el orden público y por golpear a un oficial.

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Patada al corazón 7

Sin quererlo o buscarlo, Silencio Oscuro se acercaba a los nuevos problemas.

Antes de la cuarta fecha en su gira por el país, la manager de la banda renuncia debido a problemas personales.  Verónica en algunas entrevistas no ha querido tocar ese tema. Pero está relacionado con el vocalista de la banda.

“Estábamos atados y comprometidos a un contrato. Nuestro manager había renunciado, la disquera estaba tan desconcertada como nosotros. Unido al hecho de que nuestra primera fanática estaba con nosotros, comenzaban a reaparecer las tensiones”

A pesar de que la banda estaba de gira, Jean Pierre hizo algo que se esperó.

“una noche en un bar se me acercó un ejecutivo de Tornado Producciones, nos quería contratar. Con ese sello disquero mucho delos músicos que nos influenciaron estuvieron en esa empresa. Pero había un contrato con Dingo y la empresa había invertido tanto en nosotros que no podíamos simplemente mandarlos a freír monos” recordó Jean Pierre.

Sin contar con un manager la banda culminó su primera gira y decidieron no seguir con Dingo.

“Pasamos a las mejores disqueras del país. Pero a que precio “dijo escondiendo un poco su malestar Franklin en una entrevista reciente.

El primer precio a pagar fue la relación entre Jean Pierre y su novia Zara. Un rompimiento que irónicamente fue la inspiración para el único número uno en las carteleras de la banda.

“Esa relación fue maravillosa. Lástima el final que le dimos. No soportó las giras, la tentación subyacente. Nos la pasábamos discutiendo por cualquier cosa hasta ese día que se rompió todo.”

Luego  otra relación cercana a Jean Pierre estaba por quebrarse. La banda editó dos discos en su nuevo sello disquero. Las arcas de la empresa estaban a su disposición.

“Un día Franklin renunció. No hubo una pelea verbal. Ingresó a rehabilitación y se olvidó de la banda. Mi peor faceta como músico y persona me estaba causando estragos” resuena ese recuerdo en Jean Pierre.

Pero debía tocar fondo.

La muerte de su tío Alfredo lo devastó. Fue el evento que sumió al vocalista en una profunda depresión.

“Él llenó el vacío que ese señor dejó en mi madre y en mi, fue quien nos recibió cuando llegamos a esta región del país, fue quien me inculcó el amor a la música, me dio seguridad en mi mismo cuando me hacía falta. Me di cuenta de lo frágil que es la vida. Que debajo de mi actitud de rebelde seguía siendo una persona insegura, a la que le faltaban muchas cosas, y la vida como rockero no estaban ayudando, sino empeorando mi situación”

La ventas de la banda comenzaron a ir en picada, los cambios constantes en los integrantes de la misma alejaron a sus seguidores, así como sus discos fueron sepultados por bandas de otros géneros musicales más rentable.

“Un día te adoran y al otro te escupen, la misma gente que te dio la mano en la disquera. Te conviertes en un producto para un mercado que cambia, a veces voluntariamente en otras de forma inducida por las compañías. Nos sacaron a patadas y la banda se disolvió finalmente. Me metí en rehabilitación, ordené mi vida, hice de todo para no ser olvidado, para tener de nuevo a esos fanáticos de corazón cerca y ofrecerles lo mejor como artista. Discos solistas, películas, programas en la televisión y pequeñas giras ha sido lo que he estado haciendo estos años. Y estos esfuerzos han rendido sus frutos.”

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La canción del Tesoro Maldito

Permítanme presentarme, mi nombre es Henry Parker, pirata de profesión.

La historia que les voy a contar es sobre la desdichada aventura de un barco llamado “Sirena Negra”,  su capitán James Curtis y su obsesión con el tesoro de María José Villalobos, la “Novia Sangrienta”.

Se estarán preguntando ¿Quién es la “Novia Sangrienta”? Fue el terror de éste lado del Caribe y de la Costa Negra, muchos aseguran que fue una noble española que enloqueció al ver morir a su marido y el resto de la tripulación  del barco donde viajaba hacia el Nuevo Mundo. Se convirtió en pirata para vengarse del responsable de llevarla a la locura.

La embarcación, la tripulación del capitán Curtis y yo nos encontrábamos tomando un descanso en la Isla de la Tortuga.

—Mi buen Henry, finalmente he conseguido una pieza clave para culminar la búsqueda que me propuse- me dice el capitán mientras hablábamos en la taberna, bebiendo buena cerveza.

—No me había comentado sobre esa búsqueda capitán ¿Algún tesoro en particular?

Me muestra un fino y detallado mapa.

—Este mapa nos llevará al tesoro que muchos desean tener, pero les cunde el miedo con solo mencionar el dueño, perdón la dueña.

—No me digas que es ese tesoro.

Nadie quería ir a buscar ese tesoro, se decía que estaba en una isla donde los hijos caníbales de Lilith y Satán devoraban a los que se acercaban a sus costas. También se decía que la “Novia Sangrienta” sacrificó cuatro de los hombres de su tripulación para dejar su tesoro en ese sitio.

—Saldremos al amanecer. Con ese tesoro, mi buen Henry, nos podemos olvidar de ser piratas y vivir tranquilos.

—Si es que regresamos con vida.

La isla Diablo, allí se encontraba el tesoro, la antesala al Finisterre para unos, para otros la entrada al infierno.

El viaje iba a ser largo, desde el punto en donde nos encontrábamos, un viaje por las temidas aguas del Sur del Caribe.

A la mañana siguiente, luego de rezar, salimos.

Que horrible día para navegar, un viento terrible y nubes oscuras justo a donde viajábamos.

—Esto hará el viaje más interesante. No te preocupes.

Fue lo que me dijo el capitán, haciendo caso omiso a nuestras sugerencias.

El mar regresó a su estado habitual durante el viaje, indomable, salvaje, furioso; el oleaje se llevó al timonel, a varios artilleros y buenos combatientes.

No había puertos en las cercanías, y el viaje de regreso parecía una opción, aunque insensata.

—Debemos regresar capitán, no sea necio-le advertí.

—Falta poco mi buen Henry para llegar, no te desanimes ni desmayes.

—Quedamos pocos en la tripulación ¿Quiere perderla?

No respondió a mi pregunta, pero al parecer si lo deseaba, quizás para tener que repartirlo entre menos personas.

Se decía que con ese tesoro fácilmente se podía nombrar al portador como el Rey Pirata. Pero la codicia desmedida puede llevar a la locura.

Llegamos a la isla. Con menos hombres, apenas si llegábamos a los ocho, y no era un buen número estar explorando una isla. Y apenas dos hombres esperando en el barco.

Caminamos sin descanso hasta un claro.

—Hemos llegado. Vamos a excavar.

Nos ordenó, sin considerar nada sobre nuestras condiciones.

—Capitán, por favor estamos agotados…

El mejor guerrero no completó sus súplicas al capitán, este le disparó a sangre fría en la cabeza.

Confirmé lo que decían de ese tesoro, enloquecía al que lo buscase.

Los que quedábamos seguimos las órdenes del capitán, pero lo peor estaba por ocurrir.

Sacamos el tesoro esa noche y dormimos bajo las estrellas, solo para amanecer cautivos en el pueblo de unos salvajes de piel color cobre.

¿Serían caníbales? No quería quedarme para averiguarlo. Pero tal situación parecía incomodar al capitán.

Desarmados y muy lejos del barco, salir iba a ser tarea muy difícil de lograr.

—Nadie me separará del tesoro. Nadie.

Decía siempre el capitán, con un tono perturbador.

Nos llevaron ante el líder de aquella tribu. En la choza más al centro de la edificación del poblado de los salvajes. El resto de nosotros estábamos con miedo.

—Si dejan el tesoro de amiga, yo les dejaré partir.

Nos dijo en perfecto ingles.

Pensamos que era lo más sensato, pero el capitán se oponía.

—Ni muerto.

Dijo y después de esas palabras tumbó unas antorchar, causando un incendio que se propagaba de casa en casa. En ese incendio murieron los que quedaban de la tripulación, me salvé cuando me vieron ayudar a algunos inocentes.

La tribu me aceptó como uno, pero le habían fallado a aquella mujer que les enseñó tanto y que le prometieron custodiar su tesoro.

—Con cumplimos una promesa, pero ganamos otro amigo, pero jura una cosa.

Me dijo el cacique, el día que finalmente pude terminar una balsa suficientemente ruda para cruzar el mar.

—Lo que quiera jefe.

—Que regresaras el tesoro de amiga.

— ¿No importa el tiempo que me demore en hacerlo?

Y con esas palabras nos despedimos, tras cuatro años de estadía en la remota isla.

Partí sin saber a donde llegaría, y toqué tierra, sin querer, en una colonia española, La Provincia de Nueva León. Ahí estuve preso.

Finalmente decidí hacer algo más provechoso, me establecí en la Costa Negra, con un nuevo nombre y oficio, cronista, y esperé a alguien lo suficientemente loco para una aventura de la que no hay marcha atrás.

James Curtis se hizo con el título.

Y ha lanzado un reto, ahora que siente que la Parca lo está acechando.

Su preciado tesoro está en su camarote, esperando un nuevo dueño, solo deben abordar su barco cuando lo vean en alta mar.

Dicen que su barco,  el “Marcela”, y su tripulación son invencibles. Son los lobos de mar más sanguinarios del Caribe.

Ni los corsarios que hacen vida aquí en la Costa Negra se atreven a atacarlo.

Mis buenos amigos claman venganza, mi conciencia calma y la mar me llama de nuevo a navegarla.

Le pido paciencia y más tiempo a Dios para concretar mis planes.

Así nació la canción que hoy entono  sobre un tesoro que puede llevarte a la locura o a ser el Rey Pirata.

Fin

 

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La Magia de Lorena

Para Lorena no había mejor lugar en su ciudad que el parque de diversiones “Gran Aventura”, lugar donde podía escribir a sus anchas y sumirse en sus pensamientos sin importar el clima, el hecho de estar abandonado le ofrecía aquella calma que nunca consiguió en la biblioteca pública y en los otros sitios culturales en la metrópolis donde vivía.

Habían pasado semanas desde la última visita a su refugio y se estaba reflejando en su desempeño; el relato que debía entregar tenía tres semanas de atraso, el alquiler del departamento donde vivía estaba por ascender a dos meses, su beca en peligro y aun no llegaba la sagrada quincena en su puesto de trabajo como la secretaria de su tío dentista. Y su familiar era quien estaba recibiendo la peor parte de aquella situación.

—Te daré el viernes libre—le comentó su tío durante el almuerzo.

—Pero…—no llegó a completar su respuesta, su tío se adelantó abruptamente.

—Nada de peros. Le cancelaré al casero tu deuda, pero quiero que me des tu palabra con respecto al resto de las cosas acumuladas que tienes y que vas a terminar.

—Tienes mi palabra, tío.

Ese jueves por la tarde Lorena sentía un alivio enorme. Eso era lo que había estado soñando desde que su tío la contrató, un día libre.

—Primero estudiaré un poco para el examen de después de vacaciones y así me dedicaré todo el día en el relato—pensó mientras viajaba en el metro de camino a su casa. y repitió esas palabras en su mente un y otra vez hasta que aceptar la idea de que iba a ser una de aquellas noches dedicadas a leer sobre literatura inglesa.

Al llegar al pequeño departamento sabía que no sería interrumpida por el casero en su sesión de estudios y se aseguró que tanto el teléfono del apartamento y su teléfono móvil no fuesen otros agentes distractores.

—Me gustaría que no fueses tan pesado—comentó con su tono de voz suave al enorme “libro” hecho de fotocopias de un texto escrito por el fundador de la universidad donde estudiaba en el área de literatura inglesa—. Y para hacerlo peor estas en inglés.

Habían sido ocho veces que intentó leer el primer episodio de aquella extraña agrupación de fotocopias encuadernadas, pero sin éxito. Si no se dormía en la décimo novena página del primer episodio, su teléfono le recordaba algo con una alarma o era ese vecino del apartamento del frente y sus gritos,  aquellos eran sus agentes distractores más comunes.

—Esto será una larga noche. Mejor me detengo y me preparo un té para seguir con esta tortura.

Encendió el televisor mientras sacaba todo lo que necesitaba para hacerse una infusión y si quedaba tiempo, limpiar sus lentes.

Una noticia que salía de la boca de un reportero en uno de los tantos noticieros de las seis de la tarde llamó su atención.

—El parque “Gran Aventura” será demolido para el próximo mes. La lucha del único empleado vivo, él una vez famoso mago Raymond, para mantenerlo en pie concluyó hoy cuando el ilusionista fue llevado al hospital por un infarto.

Raymond fue sin duda alguna, una de las principales atracciones que tuvo aquel parque. Según le contó su tío, era el show al que más niños y adultos ansiaban ver, incluso más que las atracciones mecánicas.

—¡Ya sé qué tipo de personaje agregaré a mi relato! Y no sería mala idea ir a visitar a Raymond en el hospital—comentó entusiasmada.

Pero aquel momento pasó rápido. Lorena regresó a leer el “libro” o al menos tratar de avanzar la lectura lo más que podía.

Y así lo hizo, logró avanzar hasta el capítulo siete pero fue vencida por el sueño y su último movimiento antes de sucumbir fue quitarse los lentes y dejarlos en su mesa. Nuevamente, se quedó dormida en el sofá.

Lorena tuvo un extraño sueño aquella noche. Un sueño color sepia donde se mezclaban aquellos relatos de días pasados cuyo narrador era su tío y esa nostalgia que siempre acompañaba a sus escritos se mezclaban.

Apareció como una niña pequeña, con un hermoso vestido y su cabeza adornada con un listón enorme. Caminaba al lado de su tío, quien la llevaba de la mano por el parque “Gran Aventura” repleto de acróbatas, payasos, domadores de leones, pero en una pequeña carpa estaba el gran mago Raymond.

El mago vestía un elegante traje y un sombrero de copa en su cabeza, se asomaba y se escondía de su público usando el telón. Y finalmente ocurrió, el mago salió, anunciado por el pianista y la utilería que aparecía.

—Para mi primer acto les presentaré “Los Anillos del Destino”—dijo el mago calmado pero con su voz profunda, mostraba unos enormes aros de metal en los cuales entraba un brazo completo—. Y lo que verán los dejará sin aliento alguno; pero es mejor que guarden para el resto del show.

Lorena estaba sorprendida por aquel show, nunca había visto algo similar.

Y la función despertador de su teléfono se activó. Lorena no pudo ver el resto de su sueño.

A pesar de que era su día libre tanto en su trabajo como en la universidad, su rutina de la mañana no la evitó.

—Buenos días “Zaragoza” aquí hay comida—le comentó, como cada mañana a su pez dorado—; y ahora me veras hacer algo de chocolate caliente y un acto de magia. El acto de gastar dinero.

Si había algo en Lorena que pudiese considerarse una constante es esa sonrisa natural en su rostro; podía estar lloviendo o en la peor de sus crisis emocionales, pero esa sonrisa seguía allí.

Salió con su laptop, su rumbo, los restos del parque que la inspiraba en el arte de escribir. Como cualquier otro día debió sortear las personas que empujaban en el metro, ese desagradable olor que resultaba de la mezcla de los aromas del café procesado con el cloro barato usando para limpiar el suelo de la estación.

Lorena sentía que esas ideas que tenía retenidas para su relato estaban saliendo, fluyendo y se animó a escribir un poco durante su viaje.

Aquel cuento (en palabras de la autora) ambientado en un mundo de fantasía narraba el peregrinaje de una humana en un viaje para la vida de un mago, su destino La Torre Carmesí.

Pero debió abandonar ese mundo, su parada fue anunciada por el altavoz y por el mapa electrónico del vagón.

Se sentía bien, como restaurada y muy llena de energía para afrontar todo, para darle fin a ese relato y sus otros retos cotidianos.

—¿Qué pasó?—se preguntó al ver la “entrada” que usualmente usaba, cerrada con una gruesa cadena y candado—; mientras pueda ver el parque, podré escribir.

—Así que eras tú quien siempre entraba por aquí—comentó alguien muy cerca de ella.

Lorena recordó la única lección de judo a la que sobrevivió; así que tomó el brazo de aquella misteriosa persona y lo arrojó  al suelo. Al abrir los ojos, se percató que había un joven adolorido y quien se estaba levantando.

—¡Lo lamento!

—No te preocupes, me han hecho cosas peores. Pero debemos hablar de tus visitas al parque sin que un abogado meta sus narices.

El joven se presentó como Raymond Junior, nieto del famoso mago. Luego de la presentación caminaron hacia una pequeña plaza cercana y llena de palomas.

—Pero no entiendo el motivo de que te apoden Junior.

—Mi padre también se llama Raymond. Parece una tradición que mi abuelo se le ocurrió, que todos los hombres tuviésemos su nombre.

—Y ¿Todos son magos?

Al ver la reacción que tuvo Raymond por aquella pregunta, Lorena se sintió apenada. Para ella, hacer ese tipo de preguntas y de forma tan directa era una de las tantas cosas que quería cambiar de si misma. Ya había hecho la pregunta, así que solo podía esperar lo que haría aquel joven.

—Me hacen esa pregunta muy a menudo, pero eso no es de lo que quiero hablar contigo.

Había algo en la voz de aquel muchacho que la mantenía atenta a todo lo que decía, a cada gesto de su rostro y cuerpo durante aquellos minutos que deseó que durasen más.

—Me agrada la idea que te guste el parque y que lo visites, pero no hay necesidad de que rompas las leyes solo por un capricho.

—No es capricho, la calma que encuentro en el parque me ha ayudado a escribir y olvidarme de mis problemas semanales.

—Es un lugar mágico, lo sé, pero esa magia seguirá viva.

—Si no es molestia ¿Puedo pedirte un favor?

Y con aquella frase, Lorena logró acercarse al mago Raymond.

Conocer a aquel mago fue algo importante. A pesar de que se encontraba postrado en la cama de un hospital; Raymond se mostró como alguien amable y dispuesto a escuchar todo lo que tenía que decir Lorena mientras que su nieto se entretenía con su teléfono móvil.

—Entonces ¿No le molesta que haga un personaje basado en usted?

—Todo lo contrario, para mi es todo un honor. Espero no ser grosero con lo que le voy a pedir.

—Pues, dígame con confianza.

—¿Nos podrías dar unos minutos a mi nieto y a mi solos? Quiero comentarle algunas cosas.

Lorena, extrañada por tal pedido, accedió ya que no quería quedar mal; aunque quienes si quedaban así eran los Raymond, como caballeros. La mente de Lorena comenzó a imaginar cosas y a preguntarse ¿Qué sería tan importante que debían hablar en privado?

Raymond nieto le pidió entrar nuevamente, los nervios se apoderaron de ella.

—Joven, si me lo permite le contaré una historia. Una que deberá jurar que mantendrá en silencio.

Lorena afirmó con la cabeza y después de eso el viejo Raymond comenzó a narrarle una increíble historia. Una que escuchó por completo a pesar de que no la creía cierta del todo. Aquel mago le narró como se inició en la magia y el origen de la misma, desde ese  momento las cosas cobraron un matiz extraño.

La magia era real, una fuerza intangible que ayudó a muchos, pero desde un buen rato ya no funcionaba como solía hacerlo. Y desde ese día los magos han encontrado formas de continuar sus prácticas.

—¿Eso quiere decir que los magos de las Vegas no son puro cuento?—preguntó Lorena.

—Algunos si, otros no. Lo cierto es que tiene en sus ojos “la chispa” y quiero que sea mi alumna.

La “chispa” era el nexo entre una persona y la magia. Raymond sabía que encontrar alguien con una y que no estuviese emparentado con un mago era todo un descubrimiento.

—Quiero que sea una maga.

—Si implica un largo viaje al extranjero y asistir a una loca escuela, pues tendré que declinar la oferta.

—¿¡Qué clase de tontería están diciendo los del cine sobre la magia!?—Preguntó molesto Raymond—, señorita olvídese de esas cosas. No tendrá que viajar, usted será entrenada por mí en la magia. Desde el año 1.801 se declinó la creación de academias de magia, pero quiero saber que tiene que decir sobre todo esto.

Lorena le costaba asimilar toda esa información ¿Sería cierto lo de la “chispa” y el resto de los cuentos? ¿Raymond nieto estaría con ella en aquellas clases?

—Si me sale que soy la “elegida” pues no; tengo muchos problemas con mi vida personal como ara salvar a otros.

—No manejamos ese concepto del “elegido” y creo que ya está bueno de evasión—comentó el nieto del mago.

—¡Esa no es forma de tratar una dama!

—Si es así, pues acepto.—respondió Lorena.

—Cuando me den de alta comenzará su entrenamiento. Hay mucho que hacer—comentó el anciano mago.

—Más si consideramos que su “chispa” no ha sido propiamente entrenada—agregó el joven Raymond.

—Y ¿Cuándo será eso?—preguntó Lorena, tratando de ahogar las ganas de decirle cuatro cosas al nieto del mago.

—Con la salida de la luna nueva.

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