And we are the law here

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Lo he estado pensado por un buen tiempo y creo que es tiempo que esa idea que tenía en mente, de las tantas cosas que he querido hacer con esta cosa, finalmente vaya a ser una de las tantas que vayan a tener algo concreto. Así que, en un intento de homenajear esas historietas que leía los domingos que venían en los periódicos de la cuna de libertadores, quiero hacer algo especial para las actualizaciones que hago los días domingos.

Así que, creo, que lo mejor que puedo hacer es una serie de relatos (veré en el camino el tipo de extensión) que se verán publicados aquí, posiblemente a partir después de la publicación de este mar de letras y de (seguramente) el episodio correspondiente a uno de mis tantos intentos de comedia costumbrista. Honestamente, ya no siento la misma emoción en publicar en lugares como WTTP o FP; pareciera que los cruzados de lo políticamente correcto ya no pululan por ahí y que parece ser el mejor momento no solo para dar a conocer mis relatos y hasta opiniones, creo que llegó el tiempo que le dé una segunda (y merecida) revisión a muchos de mis relatos y creo que esta cosa es el mejor lugar.

También aplicaré la etiqueta de nuevos artículos para los nuevos mares de letras, eso que han estado saliendo últimamente que, a mi modo de ver, no merecen ni ser comentarios intermedios ni mucho menos ni tan largos ni tan extensos. Más que todo por el hecho que tengo tiempo sin usar la última etiqueta que me saqué de la manga; al momento en que escribo esto, estoy dando cabezadas en un intento de mantenerme despierto pero con muchos ánimos para escribir.

Al momento en que escribo esto, me queda poco para terminar una serie que tengo en DVD y que le había dado demasiadas largas para culminar y me gustaría empezar otra, el detalle es que necesito considerar algunas cosas para dedicarme a bajar una y no creo que valga la pena comprar una. De hecho, el sitio en donde me gustaría comprar unas cuantas, no sé si siga activo y un viaje a la ciudad venezolana de Valencia saldría demasiado costoso en este momento. Unido al hecho que muchos de los conocidos que tengo en esa ciudad, si bien se merecen que les haga una visita, quizás se les haga complicado esto también de salir.

También algo me está pasando, no he dejado de pensar en mis compañeras que hice en mi antiguo trabajo y he mantenido el contacto con algunas. De hecho, sigo pensando que en algún momento de este año nos veremos en persona otra vez; entre ellas hay una chica que me gusta y algo me dice, que a pesar que a dos de ellas las cambiaron de departamento, creo que necesitan de mi ayuda. Quizás ya hice lo que podía hacer no hace mucho, cuando la nueva supervisora me pidió eso, una ayuda y vamos a ver si la dejan mantener lo que le queda de equipo después del mes de mayo y si ella misma estará allí, en tan singular empresa, que parece que no tiene bien claro lo que debe hacer con sus equipos de trabajo.

 

See Your Space Cowboy

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Estoy agarrando un momento del domingo por la mañana, que tengo el departamento donde vivo para mí solo y dedicarme a algo que se me ha estado complicando un poco, escribir un poco. Tantos artículos para esta cosa y alguna que otra historia que tengo en mente para un futuro proyecto en que sale involucrado y comprometido el blog; peor también tengo una que otra cosa que comentar.

Así que, comienzo haciendo una pregunta ¿Por dónde comienzo a escribir? Ya que hay varios temas de los que quiero hacer un mar de letras, así como relatos que debería estar terminando para el mentado proyecto que tengo en mente, pero lo mejor será ir dejando claro algunos asuntos en claro. Primeramente con los artículos, debo reiterar que me ando quedando corto y que si bien tengo ideas que abordar, hay algunos sucesos que me lo complican; la situación laboral en mi nuevo empleo me complica un poco el asunto de escuchar música, por ende las reseñas musicales andan detenidas y cuando estoy en la comodidad de mi casa, me da de todo usar el teléfono para escuchar música.

Con respecto a los artículos más serios, como los del apartado general, pues creo que debo esperar que nueva metida de pata va a cometer el frente amplio o que acción va a tomar el nuevo actor en ese escenario, Soy Venezuela, esa singular alianza que se ganó una carta abierta y seguramente no la han leído. Claro, también debo ver qué otras cosas puedo abordar en ese apartado, ya que tocar temas diferentes al acontecer político o personal me ha generado unas cuantas visitas.

Con respecto a los relatos, debo comenzar con Casa número ochenta y seis, creo que debo ser honesto y comentar que no sé cómo darle un final al mencionado relato, cuyas tramas secundarias admito que se me fueron de las manos. Tengo en mente que esa historia sea una de las involucradas en el  proyecto que tengo en mente, adicionalmente con otras, pero como realmente no sé qué tomar para darle sentido a la recta final de la misma, me sale mejor despejar la mente con otros relatos y pido perdón por ello.

 

See Your Space Cowboy


—Ahora parece que la Bella Durmiente, ha despertado. —indicó Marín, mientras escuchaba los pasos de Elizabeth por la escalera. —, creo que nunca mejor usado el título de la famosa princesa.

— Lástima que no hay príncipe para ella—comentó Richard, pero se ganó las miradas penetrantes de Bianca y Lucrecia. Mientras que la dueña de la casa estaba viendo todo aquello entre risas.

—Entonces ¿Ellos son mis compañeros de techo? Marín. Como cosa rara, mi fama me precede; pero me gustaría saber quiénes son ustedes, ya que por los vientos que soplan vamos a convivir un buen tiempo, aquí juntos.

Luego de presentarse,  la conversación se tornó más animada aunque la única que mantenía un semblante neutro era Lucrecia. Quizás esas conversaciones sobre maquillaje y demás simplemente no era lo suyo y ahora había alguien más en aquella casa que (a su parecer) ponía en peligro aquel lazo que había hecho con Arthur.

—Me alegra saber que hay alguien aquí que toma mis consejos. Pero, si mi memoria no me falla tú debes ser Lucrecia, te haría bien tomarlos. No tanto por esto del peso sino por el hecho que deberías vestirte menos gris y más ¿Cómo decirlo sin ofenderte? Más alegre.

—Cómo demócrata no tengo mucho por lo cual celebrar. Además, hacer frivolidades como la que me propones, mientras el país se tambalea no es algo que me gustaría hacer en este momento.

— ¿Es así de seca todo el tiempo? Creo que tuviste un mal rato con Arthur en tema político; como de eso no entiendo, prefiero no meterme y que me dejen en paz mientras diseño mis trajes; estamos comenzando con mal pie, te diré una cosa ¿Qué me dices algo relacionado con tus pasatiempos? A ver si compartimos uno.

—Ella es como mi difunta perra, “Canela”, no le agrada mucho esto que le alteren su rutina.—agregó Marín, quien se encontraba escuchando todo mientras preparaba algo de beber para todos los presentes— pero, vamos Lucrecia, ella no es mala persona.

“Al mal rato darle prisa” pensó Lucrecia, mientras buscaba algo en esa enorme lista de pasatiempos que tenía que pudiese ser medianamente compatible con aquella singular nativa del estado de la estrella solitaria. Finalmente encontró uno y lo comentó sin mucho miedo— Me gusta el cine, al punto que dentro de nada se hará oficial esto que manejaré el cine club de la universidad.

— ¡En serio! Bueno, ya tenemos un punto en común. Por cierto, es una pregunta para todos ¿Qué tal se llevan con ese muchacho llamado Arthur?

Aquella pregunta dejó pensando unos segundos a los presentes, pero ninguno se arriesgaba en responder. El primero en romper aquel silencio, fue Richard, quien había dicho una que otra cosa pero no tenía mucha relevancia para el relato.

—Yo me llevo bastante bien con él, al punto que estoy que lo reto a un juego de ajedrez.

—Pues en más de una ocasión me ha ido a buscar con “Silver” mientras me tocaba estudiar en casa de mis compañeros en otras partes de la ciudad—comentó Bianca—, sin importar la hora, allí estaba para ayudarme.

De repente, todas las miradas se enfocaron en Lucrecia. Alguien con quien se había llevado mal en un comienzo, de hecho casi desde su llegada a aquella casa; pero poco a poco había llegado a tomarle algo de aprecio. Pero ¿Qué iba a responder? Ciertamente apelar por la honestidad no era una buena idea, aunque ya Elizabeth se había dado cuenta de aquel pedazo de relato.

—Creo que hace rato tú misma, sin querer, describiste como me llevaba con Arthur. Ya que más recientemente, no nos llevamos tan mal, si soy honesta. Aunque creo que tu querida admiradora te puede contar más al respecto.

—No, siento comentarte que quiero que seas tú quien me relate eso. Ya que, puedo deducir por el brillo en tus ojos que esa experiencia te gustó bastante, a pesar que es un pesado en ese tema de la política ¿A que no es un encanto?

“¿Un encanto? ¿En serio? Realmente, no creo que haya dicho eso” nuevamente pensó para sí misma Lucrecia. “Lo dijo la ex prometida, o algo por el estilo y lo menos que esperaría que dijese fuese un halago” ¿Qué razones tuvo aquella diseñadora de moda en soltar aquellas palabras sobre quien fuese su prometido? Había muchos comentarios al respecto, especialmente entre Richard y la dueña de la casa.

—Es una historia muy larga y…ciertamente hay muchos detalles que me gustaría repasar primero para contarte bien eso.

—Está bien, no hay problema. Y ¿Está haciendo algo por aquí? Digo, algo como un empleo o algo similar.

—No, no solo sabemos. De hecho, Lucrecia tenía una teoría al respecto pero parece que la descartó. Aunque eso le costó los favores de la señora Marín—apuntó Bianca—, pero creo que, al menos personalmente, debe ser un empleo bastante fuerte en vista que sale bien temprano y regresa bien tarde.

—Pero de no ser por ese empleo, no hubiese pagado lo de la filtración— puntualizó la dueña de la casa—, digamos que es un misterio que le ha sido esquivo para la periodista de esta casa. Y es bastante buena con esto de investigar.

Por razones de un ligero desperfecto mecánico, Arthur y su corcel tuvieron que regresar a casa. Pero, después de abrir la puerta trasera esa que daba al garaje y ver que su abuela no estaba sola y que entre esas caras conocidas estaba la de Elizabeth, tenía emociones encontradas por dentro.

— ¡Hablando del Rey de Roma!—exclamó Marín—; creo que te enteraste un poco temprano sobre la llegada de la nueva inquilina de esta casa.

— ¿No te sorprendes en verme?—le preguntó Elizabeth al recién llegado.

—Tanto como un dolor de muelas o un resfriado. Pero, si, me tomaste por sorpresa, Elizabeth. —, me gustaría invitarte a que te sentases a hablar, pero resulta que esta casa parece más tuya que mía. Y ¿Qué te trae de regreso? Me dijeron que usualmente llegas tarde a tu casa, pero que cosas.

—Un pequeño desperfecto en el auto, exactamente con el asiento del pasajero. Así que vine a arreglar eso, antes que me llamen de nuevo a la calle.

Marín le hizo unas señales a sus inquilinos para desocupar la cocina y dejar a aquellos dos hablando, al menos por unos minutos.

— ¿Cuál será nuestra señal para intervenir?—preguntó Lucrecia.

—Cuando comiencen a gritar, además ¿Para que intervenir? ¿No has escuchado en la auto determinación de las malas relaciones?— le preguntó Richard.

—Además, así tendré una exclusiva. La verdadera razón por la cual Elizabeth estuvo ausente de su blog por cinco meses; esto es algo que deberíamos grabar. —agregó Bianca, mientras sacaba su teléfono para comenzar a hacer lo que había expuesto.

—Nada de eso, solo intervendremos si esos dos comienzan a sacarse los ojos. De resto a quedarse aquí, puedes espiar conmigo si quieren. Quiero refrescar algunos detalles sobre ese drama, así que no quiero sobresalto alguno ¿Queda claro?

Lucrecia estaba extrañada de todo aquel jaleo que se estaba formando, si bien no era la primera vez que escuchaba a Arthur usar el sarcasmo, pues era la primera vez que lo notaba tan serio y lo peor del asunto era que se había quitado su fiel sombrero de inmediato. Casi como si después de ver a Elizabeth, lo había hecho ¿Así había sido el impacto de haberla visto nuevamente?

—Me gustaría hacerte una pregunta ¿Aún recuerdas algún detalle de nuestra primera cita?

—Llovía perros y gatos. Tú vestías una prenda con lunares negros y yo de azul. Después de eso todo fue un enredo, quizás fue culpa mía o tuya, pero creo que algo llega tarde.


Ahora es pertinente ver como estaba fluyendo ese día domingo, se encontraba en una pequeña cafetería, donde compartía mesa con un singular compañero de labores. Un muchacho con un singular origen étnico, parte judío sefardí y parte mexicano quien recibía el (particular) nombre de Luigi.

—Entonces buen Arthur ¿Qué tal tus días libres?

—Bastante agitados, si supieras. Pero con todo y eso, no me quejo pero ¿Qué me dices de ti?

Había mucho compañerismo entre esos dos, de hecho, no les molestaba en lo absoluto compartir zona, de hecho era lo suficientemente grande para los dos y no había necesidad de ponerse con ridiculeces de pelearse por los clientes, ya de por si se los quitaban a los taxistas de líneas ya reconocidas.

—Sigo preocupado por mi socio en Venezuela y más ahora con este asunto que el actual presidente de esta nación anda hablando de sanciones comerciales; aunque a pesar de todo lo que se cuenta de ese extraño país, pues mira estamos preparando un guión para una película.

—Entonces ¿Van a perseguir el famoso sueño de California? Me habías hablado bastante del asunto del guión. Con respecto a tu socio en ese extraño país, lamento decirte que no estoy tan al corriente con las noticias. Ya sabes, esto de ser no intervencionista es lo mío, así que me toca confiar en tu palabra, pero debo hacerte una pregunta ¿Puedes darme un pequeño indicio de ese guión?

— ¡Claro que sí!

Luigi estaba reuniendo dinero no solo para mantenerse en aquel país, sino también poder sacar a un socio suyo. Su plan era crear un guión que fuese lo suficientemente barato pero al mismo tiempo con un impacto tal, que ninguna casa productora le pudiese decir que no, pero aquel singular grupo de trabajo era una verdadera amenaza; si bien ambos escribían en ingles aquella historia, Luigi se encargaba de la banda sonora y su compañero de darle un basamento en ese mundo de las artes marciales.

—Aún estamos trabajando en el título, ya que parece que se nos adelantaron con “Fiebre de Karate por la Noche”, pero lo cambiamos, temporalmente, a “Dragones en la Pista de Baile”

—Solo dime que es una comedia.

—Lo es. De hecho, a pesar de todo, la comedia es un género que tiene mejor aceptación. Eso sí, con el detalle que nos estamos metiendo en terreno minado.

—Y ¿se lo has mostrado a alguien medianamente serio? Digo ¿Cómo a un productor o algo así?

Pero justo en el momento en que Luigi iba a dar su respuesta, el teléfono de Arthur sonó. La señal que debía ir a buscar un cliente estaba en el aire y aunque disfrutaba hablar con su buen amigo, el deber le llamaba, además que sentía que su mañana la había comenzado floja, en comparación con otros lunes.

“Silver” y su jinete llegaron al sitio donde los estaban esperando, un hotel que se perdía entre tantos edificios y un cliente que no parecía la gran cosa, pero debía llegar a la sucursal de las oficinas de MTV. Su traje gris roído, su maletín que indicaba que había tenido mejores días indicaban que ese cliente podría ser alguien tacaño o quizás alguien con una mala racha.

—Señor, no quiero parecer antipático pero no está permitido fumar en el auto.

—Tranquilo, no es un cigarrillo como tal, es lo que se conoce como “cigarrillo de chocolate” es lo más barato que conseguí para engañar a mi organismo por esto de dejar de fumar. Y considerando la condición en como tienes el auto, te comprendo muy bien las razones por las cuales no quieres montar fumadores; por cierto, Oliver K es mi nombre.

—Arthur Twain. Y ¿Puedo saber a qué se dedica Oliver? Ya que no todos los días me toca ir a las oficinas administrativas de un canal de televisión que ha caído tan bajo como MTV.

—Soy Manager de actores. No es un negocio muy lucrativo para mi estos días ¿Sabes? Y ahora me toca lidiar con el regaño por algo que no hice, pero uno de mis clientes sí. Para que te des una idea de quien es ¿Has escuchado sobre este show de realidad llamado Mi vida cómo Sandy? Pues mi cliente es la protagonista de la serie o lo que sea ese show. Y a esta altura del campeonato, ya ni me interesa.

—Lamento responderle que no estoy al tanto con lo que emite ese canal. Lo dejé de ver hace ya tiempo, desde ese momento en que solo dan shows de realidad de dudosa calidad o puro drama de vampiros.

Oliver terminó su extraña golosina y comenzó a comerse otra, era evidente que estaba bajo un stress bastante fuerte aquel manager de actores. Sus manos estaban temblando y su tono de voz, si bien estable y un tanto ácido, no dejaba de ser una voz de alguien que quería renunciar a ese empleo y dedicarse a otra cosa.

—Te explico, ese extraño show que te mencioné ha sido una sensación entre la audiencia, al punto que se está discutiendo si hay o no una tercera temporada. Pero a mi cliente se le ocurrió aportar ideas para el guión, en vista que quiere ser guionista, pero es algo que hasta a mí me parece que simplemente no funciona en un show que no sabe lo que es.

Entonces el manager de actores soltó la bomba. Su rostro se arrugó y demostró que estaba harto de toda aquella situación en la que estaba involucrado y de tanto mal rato. Aunque aquella conversación estaba tan interesante, en comparación con las otras que había tenido  que simplemente no estaba de ánimos que le llegase un final.

—A la muchacha le pareció muy arriesgado establecer que sus padres hicieran un divorcio  y posteriormente un intercambio de parejas con otro matrimonio. Obligándola a vivir con un hermanastro que le altera las hormonas e incluso complicando más su vida al enterarse que también va a estudiar con él en el mismo salón y en el mismo instituto.

Arthur, por alguna razón soltó unas risas. Se calmó rápidamente y comentó, buscando alargar esa singular conversación. Aunque debía buscar las mejores palabras y hacerlo rápido.

—Lamento haberme reído Oliver, pero fue una reacción natural y sabe lo difícil que es controlar eso. Pero creo, a riesgo de equivocarme ya que del tema de guiones no se mucho; es algo que es más propio de algo como una telenovela o un pésimo episodio de alguna serie que viene en decadencia. Y creo que a su cliente le faltó algo como el clásico romance prohibido entre un profesor y una alumna.

—No sabes cómo me arrepiento el hecho de no haber ayudado a la muchacha que le da la voz a una de las protagonistas de la serie “La Princesa Espacial en la secundaria”, al menos con esa muchacha no estaría en estos predicamentos. Además que tendría un buen cheque cada quincena por representarla, pero no, a la firma le llegó esta…cosa y de paso, yo era el único que estaba disponible aquel día. De verdad me arrepiento de todo y aunque no es la primera vez que me pasa pasar por esto y creo que es la cuarta vez que pasa con este cliente, si te soy sincero.

—Pero no me queda claro una cosa ¿Qué tiene que ver usted en todo ese asunto? Digo, esa idea para la tercera temporada que tiene su representante no lo involucra del todo en el asunto, al menos eso creo.

—Más bien, si te soy honesto en una cosa. Creo que es el karma que finalmente me alcanzó; nunca fui el más dedicado manager de actores, de hecho no es de extrañar que el universo quiere que pague todos los enredos en los que metí a muchos de mis clientes. Mientras yo le sacaba provecho a sus penurias.

—No sea tan duro consigo mismo, Oliver. De seguro puede enmendar todo lo que ha hecho, de estoy seguro. Pero también debo comentarle que hemos llegado a su destino y no me queda de otra que decirle que tenga un buen día, a pesar que parezca que no será así.

—Gracias, muchacho.

See Your Space Cowboy


La señora Marín esperó que Bianca llegase a tomar el desayuno, aunque aquella escena podría parecer como cualquier otra que se hacía los fines de semana, la cara de la dueña de aquella casa decía todo lo contrario. No había nada por lo cual sentirse calmada. Para empeorar la situación, había tensión en el aire.

—Entonces, yo no sé si estaré hablando por el resto de sus huéspedes pero ¿Cómo es eso que la prometida de Arthur nos estará visitando dentro de pocas semanas?—preguntó Richard, con un tono muy serio. Ese que usaba durante clases y del que siempre erizaba la piel de los profesores, según Lucrecia.

—Sí, sé que sorprende el hecho de que mi nieto con ese carácter que se gasta estuvo cerca de un matrimonio. Al parecer, no hay nada claro con respecto a cuál de los dos fue quien canceló todo eso. Posiblemente eso lo sabremos cuando la tengamos aquí, de hecho esa visita ya comienza a ser un dolor de cabeza para mí. —fue la extraña respuesta de la dueña de aquella casa.

Esas palabras tomaron por sorpresa a los huéspedes, ya que no había alguien más hospitalario en aquella urbanización como la señora Marín. Considerar que una visita le estaba causando una molestia era algo muy fuerte, un asunto que señalaba que no se lo estaba tomando a bien o que todo eso era, en realidad, no otra cosa que un iceberg.

—Pero ¿En qué podemos ayudarle?—preguntó Lucrecia, siempre hablando por el resto de sus compañeros—, si es necesario hacer un sacrificio. No queda de otra opción que hacerlo.

—Me alegra escuchar eso, al menos de ti querida Lucrecia. Quiero que tú y Bianca le pongan un ojo a la futura huésped de esta casa, así que pensé que podría quedarse en  su habitación. Voy a convencer a mi nieto para que comparta habitación con Richard, estaba cansada de verlo dormir aquí en la planta baja. Concretamente en el sofá, a pesar de que ese muchacho me está sacando nuevas canas, se merece un mejor sitio para dormir.

Richard y Bianca miraron de forma penetrante a su querida compañera, de nuevo había hecho algo que comprometía sus rutinas, incluso la de ella. Pero, no le quedaba otra opción. “Lástima que esta casa no tenga un sótano, podríamos mandar a Richard o a su prometida a ese sitio” pensó la joven estudiante.

—Espero que esta pregunta no sea imprudente, Marín, pero creo que es necesaria ¿Cuándo tendremos a esa persona aquí? Digo, el viaje de San Antonio a California es de trece horas de vuelo, sin contar las horas adicionales que hay que hacer desde el aeropuerto hasta esta urbanización.

—Excelente pregunta Richard, la tendremos aquí para mañana. No les pido mucho, solo a que me ayuden a limpiar la casa y preparar una cama para esta nueva residente. Y si, por si no queda claro, no estoy del todo contenta con esta situación.

Un nuevo residente no solo implicaba más gastos, al menos en comida, sino también que el ambiente que habían forjado la dueña de la casa, sus huéspedes y su nieto debía irse a mejor vida. Lo bueno del asunto es que ninguno de los muchachos quiso preguntar más sobre aquel tema, ya que el asunto de ese compromiso  congelado iba a ser el responsable de muchas confrontaciones en aquella casa.

La primera orden fue llevar una colchoneta a la habitación de Bianca y Lucrecia, trabajo que fue tomado por Richard, alguien que lo hacía con una soltura increíble.

—Sigo pensando que lo de la colchoneta y demás lo debería hacer el Vaquero— indicó la estudiante de medicina, sin ocultar el hecho que estaba un poco molesta—, ya de por si era difícil estudiar aquí contigo aquí Lucrecia, sin ofender. No me quiero imaginar cómo será como será esta situación con esta nueva persona aquí.

—No me siento ofendida por eso. Recuerda que el Vaquero no sabe de esto, aunque eso no lo salva de estar metido en el predicamento que se avecina. —Respondió Lucrecia—, por mi parte creo que lo mejor que podemos hacer es…

Súbitamente, Richard le tapó la boca a su compañera, dejando en el suelo rápidamente la colchoneta. Lo interesante fue que hasta Bianca abrió los ojos de par en par, buscando una forma de cortarle la idea a Lucrecia.

— Creo que también hemos tenido mucho de “lo mejor que podemos hacer”, así como el hecho que no es necesario empeorar más la situación con alguna de tus ideas. Y si pretendes morderme, es lo mejor que lo medites muy bien.

—Lo cierto es que, Richard tiene razón amiga. No es un buen momento para una de tus loquitas ideas. —Agregó la estudiante de medicina—, además que hasta nuestra participación en el torneo de tenis de mesa se ve comprometida. Ni hablemos del asunto de celebrar Halloween, ya que quería invitar a unos amigos de la universidad a la fiesta.

— ¡Mis ideas no traen desastres! Claro una que otra habrá salido mal, pero si me permitieran implementarlas mejor, pues otro gallo cantaría.

—Lo mismo han dicho del socialismo—agregó el estudiante de derecho—, que nunca lo han dejado implementar de forma correcta y cuando lo hacen, pues siempre salen los defensores a decir que aquello no era el verdadero socialismo. La verdad que la situación amerita algo con mejor enfoque.

El plan que iban a considerar aquel trío era bastante simple. Tratarían de ser lo más cordiales que podían, aunque ya tenían la persona indicada para ser la cabeza de lanza de todo aquello, no otra que Lucrecia.

—Sigo sin entender ¿Por qué yo?— preguntó la estudiante de periodismo. —, yo también tengo mi agenda que cumplir. Creo que eso debería una labor de todos nosotros, de hecho, estamos todos involucrados en ese problema. Nos guste o no.

—Pero todo indica que tu agenda no es tan apretada como la de Bianca o como la mía— matizó Richard—, seguramente no te gustaría conocer todo lo que debo hacer este año. No solo como estudiante, sino también como el nuevo supervisor de unos obreros del ramo de la construcción y asistente del abogado de esa empresa.

—Y a mí me tocará dentro de poco las primeras prácticas en un hospital, así que   tampoco estaré por aquí el tiempo necesario para comprender lo que realmente sucedió entre Arthur y la nueva residente. Además ¿Cuántas reuniones tienen el cine club al mes? Y las ventas del periódico de la universidad no andan muy bien en estos días, todo indica que te toca recibir esa bala, querida amiga. —indicó Bianca, mientras terminaba de arreglar su pequeño bolso de mano, quería irse a estudiar a un sitio no tan tenso.

—Creo que no me podré escapar de esta, por mucho que lo quisiera. Creo que debo admitir que esto es mi Waterloo. De hecho, no importa lo que haga, soy el Napoleón en esta situación.

—Lamento corregirte. Bueno, no, sabes que me gusta mucho hacerlo. Pero si bien es reiterar algo que ya sabes, pero dudo mucho que tengas el mismo genio militar de Napoleón. Además, hasta donde sé, a ti nunca te han exiliado a alguna isla; así que creo que le estás haciendo referencia a la canción de cierta banda del norte de Europa.

—Pero ¿Qué les hace creer que me voy a llevar con esa persona? Ya vieron que con Arthur tuve mis roces. Además que buena parte de la población de Texas es republicana y todas esas cosas…

—Así es, pero eso fue durante la fuerte campaña presidencial. Ha pasado algo de tiempo y creo que has bajada un poco la intensidad con esos temas del feminismo y el apoyo incondicional a la señora Clinton. Además que, si bien no sabemos qué pasó exactamente con la filtración, eso también fue culpa tuya así que creo que aun te toca pecados que expiar.

En la cabeza de Lucrecia comenzó a sonar una de las muchas canciones favoritas de su señor padre, “Tragedia” de esa agrupación toda la banda sonora de la película “Fiebre de Sábado por la Noche”. De hecho, ahora podía comprender buena parte de la letra de aquella canción.


El extraño silencio en aquel local fue roto por una voz que tomó por sorpresa a todos los clientes.

— ¡Hoy es noche de Karaoke queridos clientes!

Los ojos de Bianca brillaron y preguntó a sus compañeros de mesa

— ¿Quieren participar en el karaoke?

—Y ¿Dónde quedó esa angustia que tenías esta mañana por el examen del lunes?— le preguntó Lucrecia—, que en materia de estudiante irresponsable no eres buena. Además que eso, es cosa mía.

—Tengo todo el domingo para estudiar. Además que nuestra participación no depende de ti o de mi ¿Qué dices Vaquero? ¿Nos apuntamos a ese rodeo?

—Creo que podríamos participar, eso sí, pero después nos vamos. Mi querida abuela va a necesitar a “Silver” para mañana y mi segundo día de descanso me lo quiero pasar sin sobresaltos, la verdad.

De repente, aquella voz que anunció la apertura de la “Noche de Karaoke” hizo lo propio con los primeros participantes, quienes resultaron ser ni más ni menos que Josh y su pareja. Quienes ya habían perdido algo más que su marcado gusto por el tequila, algunos kilos adicionales sino también buena parte del sentido del ridículo, lo que quedó demostrado con su selección, esa canción que cantaron Frank Sinatra y su hija Nancy.

—Creo que eso no me lo esperaba— Comentó Lucrecia al ver subir a una humilde tarima a Josh y a su esposa—.

— ¿Ver de nuevo a Josh en el mismo día o que esté casado?— le preguntó Richard—; pero pensé que sabías muchas cosas sobre ese locutor.

—No, el hecho que fuese un apasionado por cantar. Lo intentó en varias ocasiones, pero cuando lo compararon con Paris Hilton, simplemente desistió del asunto.

—Apuesto a las de perder que te mueres de ganas por pedirle un autógrafo y una oportunidad para hacerle la entrevista. Así que debo preguntar ¿Qué te detiene?

La pregunta que le hizo Richard dejó pensando a Lucrecia, pero ¿Qué le iba a decir? Ciertamente, había muchas cosas, incluso el clásico “puede darme su autógrafo” se paseaba por su mente. Pero, aquella situación se volvió más extraña cuando el comentarista deportivo se acercó a Arthur y le comentó.

—Sabía que te había visto en otra ocasión. Y ¿Quién iba a creer que el ganador de ese concurso me lo volvería a encontrar? Y ahora sé que también eres conductor de esta cosa moderna llamada Uber. Me hiciste un gran favor con ese par que se va a subir a cantar.

—Las coincidencias son algo extraordinario, señor Colt. De hecho no vengo a cantar, ya sabe, conductor designado, aunque lo peor del caso es que ninguno de mis amigos está con altos niveles de alcohol en la sangre. Así que vine a registrar a unos amigos a este asunto del Karaoke.

Arthur, después de esas palabras, le pidió un autógrafo a quien fuese el ídolo de su abuelo, sino también de su padre. Quizás en aquellos días cuando era jugador era raro para él firmar autógrafos a gente que no apoyaba a su equipo, pero cuando se hizo de un nombre como comentarista, se volvió normal.

— ¿Me puedes dar tu número de contacto? Digo, para tener alguien de confianza cuando me toque un viaje lejos de esta soleada ciudad. Y creo que no te tocará llevar a ese par nuevamente esta noche, te doy mi palabra.

—Aunque me gustaría pedirle un pequeño favor, si no es mucha molestia de mi parte.

—Claro que no será molestia alguna, Vaquero. Tu solo dispara.

— ¿Ve esa muchacha que está con otros dos “entonando”? No le menciono a la de cabello castaño, sino a la de cabello oscuro; su nombre es Lucrecia y es una de esas admiradoras de su buen amigo Josh. Tiene algo de tiempo queriendo hacerle una entrevista para una asignación de su universidad ¿Cree que podría arreglar una?

El comentarista deportivo estuvo callado unos segundos, posteriormente, le respondió a Arthur con mucha seguridad.

—Déjame ver eso que me propones, pero ten por seguro que esa entrevista va a ser realizada.

Después de ese suceso, Lucrecia, Richard y Bianca estuvieron preparando sus cuerdas vocales para entonar ni más ni menos que “Septiembre” una de esas piezas clásicas de la música pop y que parecía perdida para la fecha. Mientras tanto, Arthur vio como no era el único conductor designado aquella noche así como el ex jugador apodado como “El Ariete” volvía a su mesa tranquilamente.

Quizás para unos puristas, Josh y su esposa no destruyeron tanto aquella mítica canción. Extrañamente era una pieza musical que les recordaba buena parte de las locuras que habían vivido desde aquel día en que se conocieron; aquella misma canción que, por alguna extraña coincidencia, a su abuela se le ocurrió usarla para el funeral de su querido esposo. Ciertamente, una extraña elección.

A partir del presente momento, debemos relatar algunos pormenores de lo que pasó en la camioneta de Wilson. Extrañamente, Russel y Melisa se encontraban dormidos, mientras que Josh trataba de ocultar el hecho que cabeceaba de un lado a otro.

—Qué semana tuvimos, eh Josh. — Comentó el piloto del vehículo—, extrañamente hasta tu saliste metido en el asunto del  aniversario. Ciertamente debo felicitarte por eso.

—Creo, que es lo menos que puedo hacer por ti. Después de…todo por lo que te he hecho pasar así como todo las cosas buenas que has hecho por mí y mi familia.

— ¿Pero le ofreces a un extraño un show de Pole Dance de tu esposa pero no a mí? Eso te costará caro, Josh y más sabiendo que ese extraño era el conductor de Uber que los llevó a casa.

Josh al escuchar eso estaba apenado, como era normal, pero ya no podía usar la excusa del alcohol para enmendar el asunto ni mucho menos irse por las ramas, otra de sus especialidades. Así que le salió apelar por la honestidad, aunque lo bueno es que su querida esposa no estaba escuchando aquella conversación.

—Con razón se nos hacía conocida la cara. Y me gustaría disculparme con ese muchacho de alguna forma, justo cuando creí que ya no me iba a suceder ese tipo de cosas nuevamente, recaigo. Algo me decía que no debía beber ese día, pero ¿Cómo no hacerlo? ¡Había que celebrar la independencia de la nación!

—Un día hablaremos sobre tu extraño concepto de patriotismo y como ustedes dos están tomando el asunto de dejar de beber alcohol; pero creo que si te carcome lo que te queda de moral por ese hecho, hay algo que puedes hacer. Una amiga de ese muchacho te quiere hacer una entrevista.

— ¿No hay trampa en el asunto?

—Te iba a pedir que limpiaras las canaletas de mi casa. Pero creo que no es algo que tu harías, además que parece que ese tipo de cosas es más de tu esposa y creo que tu estas más que dispuesto de tomar esa bala. Aunque debo admitir una cosa, no es un acto muy noble lo que te estoy haciendo en este momento.

—Creo que tienes un extraño sentido del humor, Wilson. No lo puedo creer que tengas algunas manchas oscuras en tu noble alma. Ese estereotipo de los jugadores de futbol americano no es tan errado después de todo.

—Oye, tengo derecho en hacerte una broma de vez en cuando. Ya que, si tu esposa lo hace ¿Qué me impide a mi hacerlo?  Además, creo que más bien es algo que siempre tuve ganas de hacerte una broma pesada.

 

See Your Space Cowboy


Aquel restaurante de comida rápida tenía varias paredes adornadas con las firmas de los clientes, pero una en concreto tenía un pequeño anuncio de neón donde se encontraban no solo las firmas, sino también las fotos de aquellos a quienes el dueño del lugar consideraba como sus mejores clientes.

Aunque llegar a esa condición no era algo tan complicado, bastante con pagar bien y no abusar tanto de las servilletas, robar cubiertos y listo ya estaba en esa lista. Su dueño era alguien que no le temblaba la mano en escribir el nombre de una persona en su lista negra, así como el hecho que tenía un cartel que decía con una fuente bien grande “Se reserva el derecho de admisión”

Pero aquella noche la suerte parecía estar haciendo muchas bromas, ya que allí se encontraban Josh, su esposa, Wilson y ni más ni menos que el contratista llamado Russel, ese que se había ofrecido en reparar la filtración en la casa donde todos esos muchachos vivían.

—Creo que he visto en otra parte a ese muchacho—comentó Josh—, estoy seguro. Y ¿Qué me dices de ti amor? Por cierto, nuestra querida niña ya está dormida, la niñera anda cenando, de hecho me sorprende que tenga como pagarse comida a domicilio.

—Oye, ahora que lo mencionas, creo que debo estar de acuerdo contigo, amor—agregó Melisa— ¡Por el protector bucal del gran Mohamed Ali! Estoy más que segura que podría reconocer ese sombrero donde sea. Y, tu que te estabas preocupando por el asunto que se demoraba demasiado en atender el teléfono de casa.

— ¿De qué me perdí Wilson?—le preguntó Russel al cronista deportivo. El contratista cristiano regresaba del baño y tomaba asiento en la mesa. —; aunque debes admitir que, a pesar de todo, no son tan malos padres. De hecho, el cambio que han hecho es algo digno de escribir.

—Esos dos hablando que reconocieron un rostro y un sombrero vaquero que acaba de entrar al restaurante. Creo que hice mal en dejarlos tomar y pagarles el taxi de regreso a su casa. –fue la respuesta de Wilson, entre apenado y tratando de hacer un chiste. Bueno, si a estos ñoños que suben videos en esa red social de videos los han convertido en escritores, creo que esos dos tienen algo de oportunidad. De hecho, yo compraría ese libro.

—Creo que estas de suerte, Wilson. He visto a ese par ponerse así de intensos por cosas más extrañas; de hecho, debes sentirte contento por el hecho que están discutiendo por un sombrero vaquero y no por una serie animada repleta de ponis.— comentó nuevamente el contratista, para luego beber un poco de su té con limón.

— ¡Eso fue una sola vez!—exclamó Melisa—, además, es la serie animada que compartimos con nuestra hija. De hecho, es la única que se ganó nuestra aprobación. Además, es una serie animada a la que le guardo mucho cariño, ya que la veía en secreto conjuntamente con mi madre.

Lucrecia estuvo mirando los rostros de los otros clientes, tratando de llevar por dentro aquella procesión que sentía. De hecho, a tiempo, concluyó que no había razones por las cuales sentirse así de extraña ante ese comentario que desató la llegada a ese local de comida rápida.

Quizás, meditaría sobre el tema al llegar a su casa. En la compañía de uno de sus libros, su querido I—POD y la almohada. Ahora debía dejar de pensar tanto y disfrutar no solo la victoria que tenía y la comida que estaba por comer. Y más considerando que Bianca iba a ser quien iba a pagar, cuando era un fenómeno raro que sucediese.

—Y dinos Lucrecia ¿Vas a ver tu sola la serie o la vas a compartir?— le preguntó Richard—, ya que dijiste que nos ibas a mostrar algunas películas de terror italianas y nunca pasó.

—Te recuerdo que mi amiga en el cine club del campus renunció hace tiempo. De hecho creo que me tocará asumir esa responsabilidad— fue la respuesta de Lucrecia. —, he estado meditando sobre ese tema, la verdad. Y no me parece tan mal tercio meterme en eso.

—Ya está cerca octubre, así que te toca cumplir con tu palabra—agregó la estudiante de medicina. —, además ¿Recuerdas el Halloween del año pasado? Lo más entretenido fue ver la casa embrujada que montaron los vecinos y el cine improvisado. Seguramente, ya la dirección de cultura de la universidad ya debe estar un poco cansados de tus locuras.

—De hecho, ver la clásica película “El Exorcista” en ese cine improvisado fue una experiencia digna de ser inmortalizada—agregó Richard—, más si agregamos el hecho que, esa película con todos los años encima que tiene, sigue dando ese miedo.

—De hecho, si me permiten comentar algo, esa película es un clásico del terror. Aunque, en lo personal, prefiero “El Resplandor” así como el hecho que podríamos hacer algo para esa fecha. De hecho, recuerdo que mi abuela me había comentado mucho de esas fiestas de Halloween en la urbanización. Me gustaría participar en una, claro si tengo ese día libre.

Las palabras de Arthur sorprendieron al resto de sus compañeros, aunque ya tendrían tiempo para hablar de ese asunto, ya que la amable mesonera estaba en frente de la mesa que estaba esperando para entregarles la carta.

Si había algo en que muchos concordaban era que el servicio de aquel restaurante de comida rápida estaba a la misma altura de otros locales. De hecho era una constante en las miles de páginas y aplicaciones que se dedicaban a escribir sobre los locales de comida y comida rápida en esa región de Los Ángeles.

Minutos en silencio, extrañamente aquellos muchachos estaban revisando sus teléfonos. Pero, había algo adicional en esa situación, ya que tanto Lucrecia como Arthur, no estaban escondidos detrás de las pantallas de su teléfono pero ¿De qué querían hablar aquellos dos? Y más, si iban a hablar ¿Cómo harían para no molestar a sus compañeros de mesa?

— ¿Ya saben que van a ordenar?— preguntó la mesonera con una sonrisa en la cara, aunque ya estaba dando señales de que estaba agotada. Segundos después de haber anotado el pedido de cada uno, se marchó.

—Vamos a ver si todo lo que dicen de este local es cierto— dijo Bianca, iniciando otra vez la conversación. —, aunque debe ser bueno, ya que creo que no estamos solos aquí. Más si consideramos el hecho que no estamos solo aquí.

—Más sí que los mismos que estaban en el concurso en el cual participamos, aquí se encuentran comiendo— agregó el estudiante de abogado—; aunque creo que nuestra querida amiga estudiante de periodismo debe saber mucho sobre este local y su relación con ese actor devenido en locutor de radio. De hecho, no lo hizo tan mal como moderador de ese concurso.

—Oye, ahora que lo mencionas citadino, es cierto— matizó Arthur—, creo que no era la primera vez que estaba metido en algo así, ya que supo cómo ocultar su nerviosismo. Aunque, es raro eso, considerando que tiene un historial de ser un actor de dudosa reputación.

—Les recuerdo que estuvo nominado a un Oscar—apuntó Lucrecia—, por una película que no es tan pesada como las que siempre están metidas en esa premiación. Creo que la he visto como dos veces nada más. Aunque lo interesante del asunto es que el director y guionista de la misma se retiraron del negocio el año pasado.

—Y ¿Qué hacen ahora?— preguntó Bianca.

—De seguro se van a reír—agregó Lucrecia, quien estaba por comenzar a dar su respuesta—, ahora dan clases en la Academia de Cine de la ciudad de New York, en sus respectivas áreas; de hecho he estado insistiendo que vengan un día para que sean parte del jurado de nuestro concurso de cortometrajes.

A los pocos minutos, aquella conversación se calmó con la llegada de la comida y la bebida, Arthur se quitó el sombrero y dio una pequeña plegaria, mientras sus compañeros estaban comenzando a comer y moviendo los contenedores de las salsas de un lado a otro.

Terminó la plegaria, vio a su alrededor y comenzó a comer

 

See Your Space Cowboy



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