And we are the law here

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Marín no recordaba el año exacto cuando llegó a California, pero por las fotos de sus álbumes fue durante los días extraños de los años sesenta donde los hippies, el símbolo de la paz y las protestas contra la guerra de Vietnam estaban siempre presentes.

Siempre estaba con ella su difunto esposo, quien pasó de tener una pequeña banda de rock psicodélico a ser una pequeña empresa dedicada al mantenimiento de las tablas de surf. A la final, el sistema de economía de mercado no les pareció tan malo cuando pudieron comprar aquel Mustang y esa pequeña casa donde crecieron sus hijos para luego irse.

—Señora Marín, dejando de lado las locuras de Lucrecia ¿Cuándo van a comenzar las reparaciones de la filtración?— preguntó Richard con un tono serio, ese que rara vez usaba—, he estado pensando en esto de reunir el dinero para el primer pago.

—He estado hablando con Russel, el primer pago son doscientos cincuenta dólares y me gustaría hacerlo de inmediato. Pero también quiero tener algo que asegure el segundo y el tercero; aunque me interesa mucho tu idea para recoger el dinero ¿Qué tienes en mente?

Bianca decidió intervenir en la conversación— Richard y yo tenemos en mente participar en el torneo de tenis de mesa de la urbanización. No es un mal premio, ya que son ochocientos dólares al ganador. Por cierto ¿Podrían poner la estación YTC 98? Van a dar una noticia importante.

La radio, la cual siempre estaba apagada por alguna misteriosa razón, fue encendida. Un hecho menor, al caer en la emisora la voz del locutor Josh H en su programa “¡Vivan los Ochenta!” estaba dando una extraña noticia, una a la que le interesaba escuchar a la estudiante de medicina.

—Esto cae en la sección de noticias locas, la verdad. La famosa doctora y columnista de la revista “Venus” ha anunciado el cierre de la misma. Luego que se viera que sus credenciales estaban en tela de juicio, de hecho la Universidad de Monterrey, exactamente su departamento de maestrías, no tuvo una alumna estadounidense en la maestría de Psicología. Mucho menos, la casa de estudios venezolana la Universidad Simón Rodríguez tiene en sus registros a esta persona. La columna ha sido cerrada y la polémica no se ha hecho esperar, extrañamente las ventas de la publicación han bajado considerablemente y han perdido el patrocinio de empresas como Avon.

—Y ¿Esa noticia como te afecta?— le preguntó Lucrecia a su compañera.

—Pues de la siguiente forma, querida amiga. Yo era quien le redactaba las respuestas a esa señora. La editora de la revista no le gustaba como lo hacía y de allí era de donde sacaba parte de mis ingresos para pagar mis gastos.

El famoso ex actor siguió con otra singular noticia. Una que si era de interés para el estudiante de derecho.

—La serie juvenil “Los Poderosos Guardianes” en su quinceava entrega va a ser cancelada luego de esta temporada. Desde su debut en el año mil novecientos noventa y tres fue un éxito con los más pequeños de la casa, pero no le ha ido muy bien en el nuevo milenio.

—Y ¿Esa noticia como te afecta a ti, Richard? No me digas que te gustaba ver esa serie.

—No me afecta directamente, pero si a mi hermano. Quien estaba en el papel de uno de los personajes principales de la serie; yo siempre se lo dije, una carrera seria te da una estabilidad que apenas puedes soñar cuando eres actor. Posiblemente, ahora le toque regresar a casa con el rabo entre las piernas. Y no voy a estar allá para ver eso.

—Yo aún recuerdo esa serie, según me comentó un amigo, el formato original es japonés. De hecho, creo que le perdí el interés cuando fueron al espacio y toda esa temporada sirvió para cerrar todo lo que había hecho en años atrás. Lo que me sorprende es que aún saquen juguetes.

—Sí, pero ya no se venden tanto como antes. De hecho, mi sobrino nunca me pidió esos juguetes; de hecho prefería los clásicos juegos de mesa a tener esos coloridos robots. —agregó Bianca entre risas. —; aunque dicen que ese locutor estuvo en una temporada, cuando no puedes caer más bajo.

—Menos mal solo veo la caja boba para ver TCM y las noticias—comentó la señora Marín—; no me imagino esa serie y todos los comentarios que han estado levantando desde que llegó. Pero tengo que informarles que hemos llegado al supermercado.

Los primeros en bajar fueron Bianca y Richard, Lucrecia siempre se quedaba al lado con la dueña de la casa y del Mustang, siempre estaban conversando. Su relación era bastante cercana, tal como si fuesen familia, aunque desde la llegada del nieto de la señora Marín esa relación estaba pasando por un mal rato.

No era para menos, ya que la estudiante de periodismo se adelantó a los hechos con una acusación bastante fuerte hacia Arthur. Un comentario que no se lo tomó a bien ni él, mucho menos su querida abuela, no era para menos ya que la acusación de tomar ese auto y usarlo para las carreras clandestinas era un asunto que no era para tomarse a broma.

Pero al hacerlo sin pruebas y siendo el nieto de la casera el único que conocía de mecánica, aquella acusación no iba a ser fácilmente asimilada. De hecho, si bien no quedaba claro que hacía Arthur y aquel salvaje corcel, no era el tipo de persona que arriesgaría su vida en algo como eso.

Arthur, para los ojos de su abuela, era el reflejo de su abuelo. Quizás con acento texano y un gusto musical diferente, pero de resto eran dos gotas de agua.

—Si vas a decirme algo sobre mi nieto y sin pruebas, lo mejor será que te lo ahorres. No seré italiana, pero todo el asunto que se metan con mi familia es delicado.

—No es eso, quiero comentarte que cuando termine mi asunto con lo de Josh y la entrevista que quiero hacerle, quiero hacer una investigación bien seria. Tengo en mente que sea sobre las carreras clandestinas.

—Estas obsesionada con ese tema. Pero como no quieres soltar prenda sobre las razones por las cuales ese tema te interesa tanto, solo me queda tomarte la palabra y esperar que la cumplas. Aunque creo que no es la primera vez que te metes en un problema así.

—Yo sé la importancia que tiene para ti ese auto. Así como los recuerdos que te traen. Ahora comprendo las razones por las cuales reaccionaste de esa forma cuando solté eso.

— ¿Estoy escuchando una disculpa solapada? Ciertamente, sabes usar las palabras, querida niña.

“Querida niña” ¿Cuándo fue la última vez que usó esa frase Marín para referirse a ella? La usaba con frecuencia antes de aquel desacuerdo, casi en tono maternal, pero ¿Era aquello una señal que la molestia se le había pasado?

—Tengo mis razones para investigar sobre el tema.

—Y ¿Para cuándo las vas a dar a conocer? Digo, creo que sería un buen tema de conversación durante el desayuno.  Por cierto, también deberías disculparte con el vaquero, estoy más que segura que la aceptará.

No había problema en disculparse con Marín, pero con su nieto el problema era otro. Casi nunca estaba en su casa y cuando lo estaba, se le podía encontrar atendiendo al auto o encerrado en su habitación haciendo quien sabe qué cosas. Sumado al hecho que después de cómo le levantó la voz, ir con la cabeza baja era darle más argumentos para iniciar el ciclo de discusiones por cualquier tema. Ciertamente, todo un dilema para Lucrecia.

— ¿Me lo prometes?

—Creo que no me queda de otra.

—Si quieres, puedo hablar con él para que deje de gastarte bromas. Aunque no aseguro mucho que deje de hacerlo, ya sabes cómo son los texanos con relación a las bromas.

 

See Your Space Cowboy

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Marín era una amable señora quien vivía de alquilar habitaciones de su casa a estudiantes, desde hacía tres meses tenía dos residentes nuevos. Uno en forma de una enorme filtración en el techo de la casa y el otro era su nieto, un calmado muchacho que cumplía todos los estereotipos de los Texanos, aunque quizás lo extraño era verlo siempre calmado.

Aquel sábado por la mañana, Lucrecia se levantó para ayudar a la dueña de la casa en la preparación del desayuno.

— ¿Qué le han dicho sobre las filtraciones?— preguntó la joven.

—El precio y que las tuberías están viejas. Pero ese contratista que conseguí, Russel es un buen muchacho. Es una lástima que no acepta pagos por partes, por cierto hay que avisarle al batallón que dentro de nada estará listo el desayuno.

Había una tradición en aquella casa, todos los fines de semana la dueña de aquella casa y sus inquilinos compartían el desayuno, aunque como cosa rara el nieto de Marín rara vez se encontraba presente. En aquella singular casa vivían Lucrecia una estudiante de periodismo, Bianca una estudiante de Medicina y Richard estudiante de derecho; un extraño pero muy unido grupo de personas.

—Lucrecia ¿Ya diste con la casa de ese actor que quieres entrevistar?— Bianca fue quien comenzó la rutinaria conversación mañanera.

—Nada aún, lo único que conseguí fue que van a dar una película suya en TCM para el especial de “Desaparecidos del Mapa”

— ¿Cuál de tantas?—preguntó Richard, uniéndose a la conversación—. Ya que si mal no recuerdo, tiene muchas películas y en especial de las malas. Creo que en la fiesta de una prima lo llevaron como payaso. Dime que al menos tiene una idea de donde puedes conseguirlo.

—En la parte oriental de esta urbanización—respondió la dueña de la casa—, es una teoría que tiene la niña. Lo digo ya que aún sigo buscando alguien con un gris Toyota cuatro puertas en esa parte. Lucrecia no quiere entender que esa parte de la urbanización es diferente, es otro mundo y mientras no tenga el número de la casa, poco puedo hacer.

—Y hablando de desaparecidos, su nieto otra vez tomó su auto. Justamente hoy en que nos toca hacer mercado—apuntó Lucrecia disimulando un reclamo—, parece que un texano moderno no puede olvidar ese asunto de la doma de caballos.

—Te recuerdo que fue él quien trajo al contratista. Y debe estar por llegar, eso lo doy por seguro.

El nieto texano de la dueña de la casa se llamaba Arthur, cuando llegó a ese pequeño rincón de la soleada California era evidente que no iba a llevársela bien con Lucrecia. “Parece que la tolerancia de la que siempre hablan ustedes los demócratas se les perdió” fueron las palabras que emitió el muchacho, un republicano que si bien no era defensor de Trump y siempre mantuvo en silencio su verdadera afinidad política, aunque para él era palabra sagrada todo lo que comentaba Ron Paul.

—Sigo sin creer que sea nieto suyo, la verdad. —agregó Lucrecia mientras se levantaba para levantar su plato.

—De hecho hay muchos rasgos físicos que delatan que están emparentados—matizó Bianca—; incluso, me atrevo a decir, que muchos gestos también son señal de que son muy unidos.

—Además que tampoco es mal tipo. De hecho, para ser un republicano tiene las ideas bien claras; aunque debo admitir que no has tratado con él como lo hemos hecho Bianca o yo. Solo por un mero roce político ya le has puesto una cruz al pobre.

Las palabras de Richard le cayeron pesadas a la futura periodista, quien se encontraba tallando su plato. La dueña de la casa no dejaba de reír así como de mirar por la ventana, esperando que el Mustang que perteneció a su difunto marido llegase con su nieto.

—Creo que el caballo llegó—dijo Marín al escuchar la bocina del auto—, les recuerdo que deben dejarle algo a mi nieto, también tiene hambre.

—Más bien, debería hacerse su propia comida. —comentó molesta Lucrecia.

— ¿Vas a seguir pateando a ese perro muerto? Digo, debes admitir que el feminismo moderno no está ayudando así como la actitud que tienes ante él. —nuevamente Bianca habló.

— ¡Desde que leíste ese libro de autoayuda no dejas de tener la razón! ¡Gente como él no traen nada nuevo con sus ideas de días pasados!

—Si van a hablar mal de mí, al menos tengo derecho a mi defensa ¿No es así Richard?—comentó entrando Arthur, sin disimular una sonrisa en su rostro y quitándose el sombrero.

Después de escuchar esas palabras, Lucrecia se marchó de la cocina, detrás de ella estaba la abuela de Arthur se le acercó y le susurró—Tranquilo, vaquero. Pero para la próxima avisa que vas a llegar con el sol.

¿Cuál era el origen de tal animosidad de Lucrecia con Arthur? Según la joven, había algo poco honesto en aquel “vaquero” que tomaba el auto de su abuela todas las noches y llegaba a altas horas de la mañana. Cuando aquel auto, hasta no hace mucho, era una de esas cosas que la señora cuidada con mucho celo, incluso al punto de negar que alguien más estuviese al volante de aquel equino de metal que había visto mejores días. Pero con la llegada del nieto, las cosas habían cambiado y los rumores de las carreras clandestinas de autos estaban más presentes entre la juventud.

Lucrecia era la inquilina más confiable que tenía aquella casa, llegando al punto de considerar a Marín como la abuela que nunca conoció. Nunca se atrasaba en el pago de la renta, incluso sacrificando el dinero de su beca académica para estar al día, en un momento, solo eran ella y Marín pero eventualmente llegaron Bianca y Richard, ambos amigos de ella quienes estaban buscando una residencia.

—Estuve hablando con el contratista que le hizo unas reparaciones menores al periódico donde ando trabajando ahora. Cobra un poco más que el tal Russel, pero le doy mi palabra que es de confianza y hará bien su trabajo.

—Yo confío en Russel, además me invitó a su iglesia así como a un concierto de su banda de rock cristiano. Además, no debes preocuparte por esa cosa de la filtración, ya la solución del problema está cerca.

—Una pregunta señora Marín ¿Lucrecia siempre ha sido asó o desde que se convirtió en voluntaria por la señora Clinton se le terminó de caer ese tornillo?—preguntó Richard quien iba de copiloto.

—Oye, creo que has hecho una excelente pregunta—agregó Bianca—, aunque ¿Recuerdas como la conocimos? Digo, eso ya te daba una señal de lo que pasaba en esa cabecita de ella.

—Cierto…hizo una protesta cuando el periódico de la universidad con una canción de Lady Gaga de fondo. De hecho, ahora tengo una extraña asociación entre feminismo, discurso de odio y una cantante pop disfrazada como Cleopatra.

Lucrecia no emitió respuesta alguna, de hecho estaba acostumbrada a que le recordasen sus disparatados actos. No era para menos, algunos en el campus la apodaban como la sobrina de Bin Laden o que estaba a nada de hacer un grafiti enorme en una pared con la frase “Venezuela es un ejemplo a seguir” pero cuando fue confrontada por un ciudadano de aquella disparatada nación, su opinión de aquel país había cambiado, quizás cuando se enteró que el difunto presidente era de todo, menos feminista.

—Creo que tampoco ha entendido que la naranja esa de la que tanto se queja ya tiene rato en la Casa Bianca—agregó la señora Marín—. Cariño, debes calmarte un poco y alejarte del foco de atención. No nos queda de otra que seguir adelante con nuestras vidas.

— ¿Le contamos de aquella ocasión con la fundación que cuidaba de los perros del campus?

 

See Your Space Cowboy


Ya quitado del medio el tema de la literatura de dudosa calidad y otros temas, creo que me toca dedicarle unas cuantas líneas a otros temas, considerando que el tema del que más estoy escribiendo recientemente, la política, tiene tantas aristas que lo mejor es descansar un momento del mismo. Digo, hasta yo me canso del mencionado tema, pero siento que es mi deber escribir de ese tema para dar a conocer mi punto de vista.

Pero el presente mar de letras no va de ese tema, en los últimos días en los cuales no he escrito mucho mis historias, la idea de alejarme de la ciencia ficción al menos por un instante y como dudo que cierto colega escribidor, esa palabra existe señores, vaya a leer estas líneas creo que es momento de extenderme.

Más ahora que estoy tomando como nuevo objetivo, escribir (intentos de) artículos que tengan un número de mil palabras, en ocasiones con un pequeño margen de llegar a algo más del número expuesto, algo que es bueno, aunque hay días que escribo al menos dos artículos de esa extensión al día, aunque con la consecuencia de sentirme agotado después de todo eso.

No sé si sea correcto equiparar el género costumbrista con el que se le apoda como rebanada de vida, la traducción literal, un género que fue bastante prolífico en el cine adolescente de los años ochenta y que ahora se mudó al país de los kimonos quizás para morir. Así que pensé que sería bueno que algunos que aglomeramos palabras pudieran dar su toque al mencionado género, uno que no debería morir.

Tampoco es que el camino que ha estado tomando con los japoneses sea del todo bueno, no tengo nada en contra de mezclar los géneros de los relatos, pero esto de contar historias que no llevan a nada y englobada en el entorno escolar no es algo precisamente me interese mucho, aunque también tiene que ver con el hecho que buena parte de la población que consume el anime siempre ha sido joven, al punto de que en muchos casos siguen dentro de los confines de escuelas o institutos; a duras penas los universitarios tienen tiempo para ver una serie u otra actividad.

Como no me lo pidieron, considero que los universos ficticios mancomunados o conectados no son una mala idea, siempre y cuando el asunto de la continuidad de las diferentes historias sean respetadas; de hecho  no es una tarea fácil de lograr, aunque extrañamente con el género arriba mencionado, quiero creer, que el manejo de la continuidad es un elemento un poco más fácil de manejar.

Aunque creo que el asunto de manejar una continuidad de sucesos y un abanico creciente de personajes que entran y salen, es un asunto que no cualquiera puede manejar, no por nada las casas editoriales de los que usan supera mallas pasan bastante trabajo con el tema.

A todas estas y gracias a un problema de filtración que está dando de qué hablar en el edificio donde vivo, es uno de esos temas serios (aparte de las recién llegadas rondas de los residentes para proteger el edificio) he estado pensando no solo en regresar a ese extraño género al cual le dediqué buena parte de mis primeros relatos, sino que tratar de tejer un universo mancomunado alrededor de algunas ideas de esa historia y quién sabe si pueda hacer algo más ambicioso.

Debo ser honesto, luego de ciertos episodios en mi vida, pensé que no tenía muchas ganas de regresar al género al que denominaba simplemente como drama, aunque no sé qué tan correcto sea la clasificación que le daba, la ventaja de todo este tema es que no es rock pesado. Mira que clasificar mal una banda de rock pesado te puede pesar, ya que no hay género musical con más ramificaciones que el rock pesado que parece más un conejo en celo que un género musical. De hecho, ese es otro tema, pero el asunto es que nuevamente me ando desviando del tema original, pero creo que como este es mi artículo, yo me hago responsable de lo que aparece; además creo que alguien debía comentarlo, por mucho que se quejen los defensores del mencionado género.

Lo mejor de no solo crear un universo, sino escribir una historia donde la ciencia ficción o el terror no son los géneros predominantes, es un cambio que ciertamente merecía; pero el chiste radica en ¿Cuándo comenzará la producción de dicho relato? Realmente no tengo idea, quizás tenga que tomar el consejo que dio el escritor Stephen King y aplicarlo no a estos mares de letras sino también a mis (intentos de) relato, digo también se merecen algo de cariño y creo que en los últimos días no les doy la importancia que realmente tienen para mí.

Cuando en días pasados, esos relatos eran material que salía de lo que me quedaba de corazón, pero bueno, debe ser por el hecho que este loco sueño de vivir de escribir comencé a desecharlo, aunque si las cosas siguen así, tendré que hacer lo mismo con esto de ejercer por mi cuenta, dada la situación de la cuna de libertadores. Donde, por mucho que hablen unos que están con el pueblo defendiendo al pueblo y a su cultura, lo que salta a la vista es que están por otras razones ajenas a las letras; de hecho no es algo nuevo ya que desde hace tiempo creo que la literatura criolla venezolana la siento como desfasada.

Pero escribir ha sido, desde que comencé a escribir en esta cosa, algo más que una terapia así como también algo más que un pequeño rincón donde doy a conocer mis relatos y mis opiniones de diferentes temas; así que mi compromiso de ahora en adelante será quitarle el polvo a la sección de relatos y mantenerla fresca. Si bien he estado compartiendo material nuevo, lo ideal es que lo repita pero a una escala mucho mayor y de forma más seria.

 


El noveno y último tomo de la serie es, como era de esperar, una segunda vuelta a la montaña rusa pero ¿Qué tiene de especial? Más allá del evidente hecho que nos narra el final de la serie, también son los últimos enredos así como los cierres de muchas relaciones y de muchas tramas secundarias que, siendo honestos, no era necesario esperar tanto para darles cierre; siendo el mejor caso, la trama secundaria con Kozue, esa despistada compañera de clases de nuestro protagonista.

Aunque si bien todo lo referente al último gran enredo se tornó más dramático entre nuestro singular par de protagonistas, considerando el efecto avalancha de lo arriba expuesto, uno de los puntos más altos del final fue ese momento cuando Kyoko regresa a la casa que administró, luego de esa avalancha de malos entendidos típicos de una comedia romántica. Pero debo admitir una cosa, llegué a pensar que todos esos sucesos, que irrumpieron de golpe, iban a marcar un final amargo. Otro punto bien alto, ya relacionado con el final en sí, fue ver todo lo que sucedió a modo de epílogo, donde vemos todo lo que pasó con buena parte del elenco de la serie y como muchos personajes cambiaron.

Se me olvidó comentar que todo el mal rato que pasó nuestro querido (y despistado) protagonista trabajando en el cabaret y sus consecuencias rindieron sus frutos. Claro, no le cayó de inmediato, pero verlo obtener su licencia como profesor de preescolar fue un punto que merece ser mencionado; al igual que la visita que hizo la pareja a la familia de Godai y los disparates que hizo la abuela (otro personaje al que creí que no volveríamos a ver).

A todas estas, quizás debería dejar algo para el próximo artículo donde comparo esta obra con otra comedia con la que comparte no solo época de publicación, sino que es habitual ver que los lectores estadounidenses hagan ese ejercicio de comparación. Pero no cabe la menor duda no solo del talento de su autora y que es capaz de hacer una obra universalmente comprensible. Tengo entendido que si tuvo su correspondiente adaptación al formato animado, le hicieron una con actores, pero escapa de mi conocimiento el año en que se llevó a cabo. Así que ¿Merece la pena leer esta serie? Claro que sí, ya que a pesar de los años que tiene encima, aun es una obra que sentó antecedente.


Una montaña rusa, quizás es la mejor metáfora que puedo usar para referirme a todo lo que pasó aquí. A modo de una continuación de lo establecido desde el comienzo de la serie, así como en la entrega anterior, donde nuestro querido protagonista consiguió un singular empleo que (al momento de hacer la reseña) no lo ha perdido.

Considero que si bien estuvo metida la comedia en esta parte, el drama estuvo en partes iguales y creo que el mejor ejemplo de todo eso fue el desarrollo y conclusión de esa relación arreglada entre el instructor de tenis y una chica, el ejemplo más notorio de un matrimonio arreglado. Quizás uno de esos puntos que alimentó a partes iguales la comedia y el drama fue el desenlace de la rivalidad entre Godai y Shun, la cual tomó un matiz bastante amargo, al punto de llegar a resolverla con violencia; pero lejos de terminar con ojos morados, la autora decidió que era mejor que ambos se sentasen a hablar seriamente.

Aunque si hay algo que debo destacar, fue la trama secundaria relacionada con el empleo de nuestro protagonista y una de sus compañeras de labores, una que tenía una mala historia con los clientes así como el “ramo” en el cual siempre ha estado trabajando, el final de esta trama secundaria sirvió como un refrescamiento a lo que  estábamos viendo desde el comienzo, ese final feliz que, al menos yo, espero que se repita en la última entrega de la serie, ya que ¡Estamos a nada de concluir!

 Pero, lo que comenzó con una perrita embarazada, pasó a ser un rumor en pocas páginas se convirtió en el punto de inicio de una relación y cerrando, finalmente, todo lo referente a un triángulo amoroso. Aunque lo peor del asunto es que todo lo relacionado con la relación entre Godai y Kyoko así como la esperada prueba que le falta por tomar al primero, aún no ha llegado al final, cosa que quedó para el libro final.


¿Qué puedo decir de esta entrega? Tuvo más drama de lo que pensé ya que me mantuvo al borde de mi asiento, quizás todo esto parezca que se convirtió en una telenovela venezolana, pero no, afortunadamente no fue así. No era para menos, ya que el triángulo amoroso estuvo agitado bastante y, a menos personalmente creo, se hizo evidente que la relación entre Kyoko y el instructor de tenis ya no va a ser la misma.

Como vimos en la entrega pasada, la suerte de nuestro protagonista no fue la mejor y así se mantuvo hasta ese momento en que consiguió un pequeño empleo en un preescolar, con todos los enredos que eso trajo en el lado de la comedia, pero debo reconocer que la ex alumna de nuestro protagonista no me pareció un personaje que fue agregado sólo para causar problemas, aquí se comportó bastante bien y debo agregar que espero no verla por lo que queda de la colección.

Agregando más al asunto, el enfrentamiento verbal que tuvieron los dos pretendientes de Kyoko fue uno de esos momentos cumbre en esta entrega que te hace pensar que uno de los lados del triángulo se va quebrar; aunque pensé que la chica de los perros iba a ser la responsable de dicho evento, ya que todo lo que hizo el galán de las canchas de tenis para que su fobia a los canes iba ser lo que lo llevaría a otro sendero.

De los personajes que entran y salen, el que se llevó los laureles fue el confiable amigo de Godai, quién le ofreció su mano amiga en un singular empleo nocturno, empleo que parece que si bien le trajo muchos dolores de cabeza a nuestro par de indecisos, le sirvió a uno de ellos para para acercarse a su sueño de convertirse en un profesor apto para dar clases.


Comienzo la presente reseña comentando que este ha sido uno de los tomos más extensos que he leído dentro de la serie, aunque no es para menos, considerando la enorme cantidad de sucesos que ocurrieron a lo largo y ancho de esta entrega. Una que comienza con la llegada de un nuevo residente, que personalmente, poco agrega a la dinámica de la serie algo que es común en la autora así como el regreso del instructor de tenis, el rival de nuestro protagonista así como otros personajes secundarios, expandiendo más al elenco ya de por sí, algo numeroso de la serie.

Quizás ahora con Godai ya a nada de graduarse las cosas con su casera iban a mejorar, pero no del todo ya que en uno de los tantos empleos temporales que consiguió le trajo más dolores de cabeza que otra cosa y no precisamente esto de ser mesonero le fue bien, habló de su empleo como profesor en la misma escuela donde Kyoko estudió y conoció a su difunto esposo. Todo lo que derivó de esta situación, por decirlo de una forma, no sólo agregó buenas dosis de comedia, sino también de drama; elemento que ya hacía falta, aunque agregarlo poco a poco fue una buena idea por parte de la autora.

Tanto el drama como la comedia, son géneros que siempre ha hecho bien doña Rumiko Takashashi, quizás la mezcla de ambos siendo el mejor punto positivo que tiene, no es una mezcla fácil de manejar y más considerando que esta obra bebe mucho del estilo comedia de situaciones estadounidense, algo raro siendo ese país donde la autora es ampliamente reconocida (agregando a la lista Europa) y que eso le tome por sorpresa.

Quizás, el regreso del Don Juan de las canchas de tenis tenía un propósito, tal como se ve en buena parte de las páginas cercanas al final, pero buena parte de la conversación que tuvo con Kyoko da la antesala a que no va a ser un comienzo suave para la séptima entrega de la serie, ya que los números finales se están acercando y el dinero de nuestro protagonista tampoco es que sea mucho. Para ir cerrando, es un tomo que merecía tener ese final agridulce, quizás para terminar con todo lo que había sucedido y expuesto en esta entrega.



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