De ideas descartadas y comentarios.

Originalmente estuve escribiendo sobre esos cambios en la historia de la música donde el rock había estado en el ojo del huracán, pero luego de aglomerar algo más de doscientas palabras y llegar a la idea que esos cambios llegan gracias a que los patrones de consumo no son variables que se mantienen de forma constante. Algo que no quieren entender muchos los defensores del rock pesado y sus ramificaciones y siempre segmentando, de forma subjetiva, que es y que no es “metal”. Quizás, por esa mentalidad, su acercamiento con el mundo otaku no es algo que sea tan descabellado, nichos de mercado que tienen más en común de lo que creen y por mucho que se quejen de que los tilden de eso.

Así que esa idea la descarte, exactamente al día siguiente, ya que sentí que no podía extenderla a las mil palabras y que me ganaría, como cosa rara, el odio de algún inquisidor de la iglesia del metal por semejante blasfemia. Pero bueno, la verdad es evidente a tal punto que no se llega a ver y por mucho que desprecien a sus casi pares, los otakus, dudo mucho que vayan a cambiar las cosas mientras todos actúen y piensen de forma similar.

De hecho todo ese asunto de una revolución friki es un asunto que debe tomarse como lo que es, un chiste. Uno de esos que no te debes tomar en serio, pero cuando comienza a rondar más allá de sus sitios habituales, creo que esos responsables del marxismo cultural no dudarían en apoyar a estos nuevos “marginados” y “víctimas” del consumismo al que son adictos. Yo recuerdo a uno que se perfilaba como el líder de esto, uno de esos muchachos deslumbrados por los ideales del comunismo, que consumía anime y rock mientras pregonaba la idea de una sociedad “más justa” donde está bien ser friki. A la final, cuando la chequera de su progenitor ya no llegó a tener tantos ceros dejó de lado las ideas de la revolución venezolana, quizás por algo más individualista.  Honestamente, no sé si ese personaje al sol de hoy sus sueños presidenciales siguen de pie y que siga pensando en formar su base de votantes en un nicho como los ya mencionados.

Ya cambiando de tercios, creo que el fenómeno de los libros escritos por usuarios famosos de la red social llamada Y.T comienza a perder potencia. Si bien es uno de esos fenómenos que no ha tenido tanto impacto en la cuna de libertadores, ya que hay mejores cosas por las cuales angustiarse y que si bien uno de los involucrados en dicho fenómeno es criollo, tiene rato viviendo en la tierra de Gardel; pero debo preguntarme de forma honesta ¿Qué tienen de especial esos libros? En serio, más allá del nombre de su irresponsable creo que no hay más que se pueda decir.

El fenómeno arriba mencionado se le puede interpretar de miles de formas, pero lo cierto es que la fama en dicha red social podría tener los días contados. Y si bien las visitas de estos seres en las ciudades de Venezuela solo son malas noticias para la administración de los centros comerciales, pues si bien la juventud venezolana también se encuentra deslumbrada por  esa sensación de llegar a miles por medio de la red social llamada Y.T ¿Es un cambio? Ni tanto, ya que todavía hay gente joven que cree que lo mejor que se puede aspirar es ser un maleante; esa mala costumbre de elevar por los cielos a los malos ejemplos así como a los que toman el camino fácil.

Si en una sociedad, buena parte de los integrantes de la misma se vuelven estrellas de la mencionada red social ¿A quién van a recurrir cuando su computador se dañe o cuando su salud se vea en peligro? Creo que son detalles que no han considerado así como uno bien grande, mientras halla no solo un control cambiario, sino un pésimo servicio de internet en la cuna de libertadores, así como una ahorcada industria editorial, solo me queda desearles buena suerte cuando la realidad les dé en la cara. Va a ser uno de esos golpes que les marcará de por vida, muchachos, la verdad.

Me gustaría ver, ya de forma seria, un movimiento friki en contra de las convenciones. En concreto una de las tantas que hay en la ciudad jardín, uno que sepa capitalizar la sensación de que no hay mucho para donde ir; ya que la joya de la corona parece que no es un asunto del todo agradable para muchos. En lo personal, creo que hace falta una situación así, ya que si esta gente quiere romper con la situación casi monopolista, hace falta algo muy contundente, convencer a compañeros de movida de sus ideas y que la venta de entradas comience su declive; aunque dada la situación del país, pues estamos a tiro de piedra de que eso se concrete.

Digo, si las cosas siguen su marcha natural, pues el ciclo natural de las “convenciones” va a aparecer y hacer de las suyas. Estamos hablando de ese momento cuando la barrera de los cinco años aparece y comienza a hacer aguas el barco. De hecho, me extraña que ahora ya no sea tan mencionada en ciertas páginas de la movida, centradas (con justa razón) en lo que sucede en la capital de la nación; donde realmente suceden las cosas que importan y en donde los viejos estudios de mercadeo marcaban como el punto cable a tomar si querías vender tu servicio o producto en Venezuela.

O en el extraño escenario, el camino se acorte a unos cuatro años en la palestra para luego aparezcan los agujeros en la embarcación, para posteriormente ser olvidada y otra tome su lugar. Tal como pasa con los ídolos de pies de barro que adornan las miles de series animadas que salen del país del sushi; quizás esa es la mejor metáfora que se me ocurre, ya que estos mercadillos y los ídolos que siempre usan para promocionarse siempre tienen el mismo final.

Anuncios