Y ¿Qué le pasó a la revolución otaku?

Si hay algo en lo que estaba claro el Napoleón friki venezolano, ese personaje con nombre de un personaje de una popular serie de videojuegos de pelea, era en el hecho de que la revolución friki era un hecho que lo había comenzado ese estudio de animación nipona cuya gallina de los huevos de oro es la serie de los noventa. Ciertamente, una de las cosas a los que los detractores nunca les prestaron atención dado el historial de charlatán que tenía el ya mencionado.

Lo cierto es que el mencionado estudio y una de sus obras más conocidas fueron la señal de partida para lo que es la situación actual de la industria y que ha sido señalada, en varias ocasiones, por varias eminencias del medio; como cosa rara, desmeritadas por el mercado consumidor ya que el resultado salta a la vista. Ya no hay obras en las cuales cualquier ajeno pueda entrar al mundillo, hay un lenguaje que solo es entendido por la nueva sangre, sus pares han tomado la industria por asalto con sus consecuencias.

Por mucho que ese estudio quiera lavarse la cara, ahora que se ha metido con un proyecto con los personajes de Leiji Matsumoto una cosa que me parece detestable y que no me convence en lo absoluto, ya el daño está hecho. De hecho, se hace evidente con todo lo referente al nuevo ídolo de barro así como el hecho que el hijo del que recientemente se fue quiera tomar el legado confirman mi opinión.

No me molesta ser el que quiera arruinar la fiesta, pero Napoleón sabía muy bien esto y por eso su “convención” siempre daba de que hablar y pudo aguantar tanto tiempo. No quería aislarse de la sangre nueva, como lo hicieron los responsables del magno evento friki nacional, todos esos cuentos chinos de que estaban haciendo eso por amor al arte; cuando el dinero en los bolsillos siempre es un argumento más honesto ya que, si lo hacen las empresas productoras ¿Qué les impide que lo hagan los responsables de los mercadillos?

Ahora bien, la forma en como lo hizo el Napoleón dejó mucho que desear, de hecho enfocándose más en la polémica y en el conflicto que manteniendo a la asistencia contenta. De hecho, les guste o no a unos, dicho mercadillo siempre estuvo en los comentarios del mundillo capitalino y había como una especie de espera morbosa alrededor del mencionado. Como si se esperase su llegada para ver con qué nuevo chisme de pasillo iba a salir. De hecho, en ese aspecto siempre logró superarse con creces desde lo acontecido en la cancha de la UCV hasta todo el asunto del becado.

Pero lo que estaba promoviendo si bien llegó a un cierre, ya que eventualmente la gente se cansa de todo la polémica, parece que su legado de admitir abiertamente que lo hace por el dinero le ha dado una bocanada de aire a esta “revolución”. Se hace evidente en la joya de la corona en la ciudad jardín, es que al igual que las empresas que hacen las series animadas algo adictivo debe tener el dinero friki. Sabes que puede ser un mercado que te puede perjudicar, pero tiene la ventaja que como siempre pide lo mismo no debes matarte mucho la cabeza para ofrecerle un mercadillo, donde no solo se pueda ver con sus pares sino también consumir todo lo que le tengas que ofrecer.

Y llegamos al punto, sin querer, de las razones por las cuales el magno evento friki venezolano murió, el no comprender bien lo que estaba pasando, de hecho darle la espalda al mercado con la esperanza que este mejore es una de esas estrategias que no tienen ni pies ni cabeza y hemos visto el resultado de eso, el que fuese uno de los pioneros en el tema, ahora es una página en una red social dedicada a hablar del mentado cronograma nacional y los estrenos de temporada. En un punto de la historia, el Waterloo criollo y el magno evento llegaron a estar al mismo nivel, pero es que el paso acelerado del primero en ser mencionado con esto de la baja asistencia  es un caso digno de estudio. Y ¿Para qué? Simplemente para evitar que alguien siga ese sendero, ya que es mejor irse en un buen momento que desinflarse así de mal situación que parece se está repitiendo.

No quiero decir que hay que agradecerle al señor lo que trajo desde el lejano país del sushi, de hecho todo lo contrario, ya que eso fue el comienzo de una tendencia en la que aún estamos viviendo. Si bien ya la etapa de una afición que se cree al margen de la sociedad aún no se ha superado; lo cierto es que el comportamiento es el mismo desde los días pasados, incluso cuando yo estaba en ese mundillo. Las ideas ya habían sido sembradas, solo que para aquellos días estaban dando sus primeros pasos, no era algo que se hacía notorio, ya que los resultados de las mismas se vienen a ver hoy.

Cuando los patrones de consumo tanto en este lado del mercado, como los que consumen de forma legal el anime se parecen tanto y la fiesta de solo sacar reseñas complacientes sabes que el trabajo va bien, sino también que posiblemente (y de forma indirecta) va a seguir ya que no importa quienes estén en la parte más alta de la palestra. O en el mejor de las situaciones, pues del otro lado de  la puerta que da entrada al mercadillo.

Y ¿Qué me queda por agregar a todo esto? pues, algo muy simple. Los responsables del mercadillo se han hecho adictos al dinero friki, por mucho que se quejen de ellos tanto abiertamente como lo hagan puertas adentro, una tendencia que inició con el Waterloo criollo que todos han asimilado sin querer. Por mucho que aceptemos que murió, de alguna forma la nueva generación ha estado siguiendo una tendencia que podría jugarle en contra en algún momento.

 

See Your Space Cowboy

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De ideas descartadas y comentarios.

Originalmente estuve escribiendo sobre esos cambios en la historia de la música donde el rock había estado en el ojo del huracán, pero luego de aglomerar algo más de doscientas palabras y llegar a la idea que esos cambios llegan gracias a que los patrones de consumo no son variables que se mantienen de forma constante. Algo que no quieren entender muchos los defensores del rock pesado y sus ramificaciones y siempre segmentando, de forma subjetiva, que es y que no es “metal”. Quizás, por esa mentalidad, su acercamiento con el mundo otaku no es algo que sea tan descabellado, nichos de mercado que tienen más en común de lo que creen y por mucho que se quejen de que los tilden de eso.

Así que esa idea la descarte, exactamente al día siguiente, ya que sentí que no podía extenderla a las mil palabras y que me ganaría, como cosa rara, el odio de algún inquisidor de la iglesia del metal por semejante blasfemia. Pero bueno, la verdad es evidente a tal punto que no se llega a ver y por mucho que desprecien a sus casi pares, los otakus, dudo mucho que vayan a cambiar las cosas mientras todos actúen y piensen de forma similar.

De hecho todo ese asunto de una revolución friki es un asunto que debe tomarse como lo que es, un chiste. Uno de esos que no te debes tomar en serio, pero cuando comienza a rondar más allá de sus sitios habituales, creo que esos responsables del marxismo cultural no dudarían en apoyar a estos nuevos “marginados” y “víctimas” del consumismo al que son adictos. Yo recuerdo a uno que se perfilaba como el líder de esto, uno de esos muchachos deslumbrados por los ideales del comunismo, que consumía anime y rock mientras pregonaba la idea de una sociedad “más justa” donde está bien ser friki. A la final, cuando la chequera de su progenitor ya no llegó a tener tantos ceros dejó de lado las ideas de la revolución venezolana, quizás por algo más individualista.  Honestamente, no sé si ese personaje al sol de hoy sus sueños presidenciales siguen de pie y que siga pensando en formar su base de votantes en un nicho como los ya mencionados.

Ya cambiando de tercios, creo que el fenómeno de los libros escritos por usuarios famosos de la red social llamada Y.T comienza a perder potencia. Si bien es uno de esos fenómenos que no ha tenido tanto impacto en la cuna de libertadores, ya que hay mejores cosas por las cuales angustiarse y que si bien uno de los involucrados en dicho fenómeno es criollo, tiene rato viviendo en la tierra de Gardel; pero debo preguntarme de forma honesta ¿Qué tienen de especial esos libros? En serio, más allá del nombre de su irresponsable creo que no hay más que se pueda decir.

El fenómeno arriba mencionado se le puede interpretar de miles de formas, pero lo cierto es que la fama en dicha red social podría tener los días contados. Y si bien las visitas de estos seres en las ciudades de Venezuela solo son malas noticias para la administración de los centros comerciales, pues si bien la juventud venezolana también se encuentra deslumbrada por  esa sensación de llegar a miles por medio de la red social llamada Y.T ¿Es un cambio? Ni tanto, ya que todavía hay gente joven que cree que lo mejor que se puede aspirar es ser un maleante; esa mala costumbre de elevar por los cielos a los malos ejemplos así como a los que toman el camino fácil.

Si en una sociedad, buena parte de los integrantes de la misma se vuelven estrellas de la mencionada red social ¿A quién van a recurrir cuando su computador se dañe o cuando su salud se vea en peligro? Creo que son detalles que no han considerado así como uno bien grande, mientras halla no solo un control cambiario, sino un pésimo servicio de internet en la cuna de libertadores, así como una ahorcada industria editorial, solo me queda desearles buena suerte cuando la realidad les dé en la cara. Va a ser uno de esos golpes que les marcará de por vida, muchachos, la verdad.

Me gustaría ver, ya de forma seria, un movimiento friki en contra de las convenciones. En concreto una de las tantas que hay en la ciudad jardín, uno que sepa capitalizar la sensación de que no hay mucho para donde ir; ya que la joya de la corona parece que no es un asunto del todo agradable para muchos. En lo personal, creo que hace falta una situación así, ya que si esta gente quiere romper con la situación casi monopolista, hace falta algo muy contundente, convencer a compañeros de movida de sus ideas y que la venta de entradas comience su declive; aunque dada la situación del país, pues estamos a tiro de piedra de que eso se concrete.

Digo, si las cosas siguen su marcha natural, pues el ciclo natural de las “convenciones” va a aparecer y hacer de las suyas. Estamos hablando de ese momento cuando la barrera de los cinco años aparece y comienza a hacer aguas el barco. De hecho, me extraña que ahora ya no sea tan mencionada en ciertas páginas de la movida, centradas (con justa razón) en lo que sucede en la capital de la nación; donde realmente suceden las cosas que importan y en donde los viejos estudios de mercadeo marcaban como el punto cable a tomar si querías vender tu servicio o producto en Venezuela.

O en el extraño escenario, el camino se acorte a unos cuatro años en la palestra para luego aparezcan los agujeros en la embarcación, para posteriormente ser olvidada y otra tome su lugar. Tal como pasa con los ídolos de pies de barro que adornan las miles de series animadas que salen del país del sushi; quizás esa es la mejor metáfora que se me ocurre, ya que estos mercadillos y los ídolos que siempre usan para promocionarse siempre tienen el mismo final.

Hablemos de la verdadera capital friki criolla.

El presente mar de letras lo escribo a modo de quitarme nudos de la cabeza, quizás para buscar las ideas más claras para un artículo más serio y no precisamente en esta sección. Pero si hay un tema recurrente en el mundo friki de la cuna de libertadores, es todo lo referente a la pregunta ¿Cuál es la verdadera capital de todo este asunto? Si nos preguntamos, la respuesta es bien evidente, ni más ni menos que Caracas.

No es para menos, ya que buena parte de la población de la nación vive en esa parte del país, extrañamente la geografía les juega en contra ya que lo que se conoce como el distrito capital ya que en tamaño, le va mal en comparación con otras regiones de la nación; pero, el asunto es que la “ventaja numérica” que hay en la capital, donde buena parte de las convenciones se llevan a cabo.

Por mucho que se hablaba de que la ciudad jardín, donde habito, tenía copado el cronograma nacional es básicamente por el hecho simple que lejos de la capital, es un poco más fácil llegarles a los aficionados. No nos hagamos los tontos, la ciudad jardín siempre fue una metrópolis en la cual si bien hay muchos eventos, todos duran una entrega, las que han llegado a sobrevivir al inclemente paso del tiempo (en concreto los cinco años que dura el ciclo típico de estas cosas)

Pero si bien es cierto que en los últimos años se ha medio animado el asunto en otros rincones del país, lo cierto es que la capital si bien no contará el número aberrado de una ciudad jardín, quizás en venta de entradas tiene un pequeño margen de superioridad. Aunque también, debo comentar que si bien también ahora se puede disfrutar de las convenciones estilo capitalino, pero en la comodidad de su pequeña urbe. Creo que el mejor ejemplo de eso, no es otra cosa es la joya de la corona que acaba de ponerse en la ciudad jardín; mercadillo que quien sabe si cierto fenómeno de decadencia se encuentre cerca.

Pero nos han estado vendiendo quimeras, al menos en algunos puntos, si regresa alguien con la idea de un movimiento friki que aglomere grupos a nivel nacional, mientras no tenga en su poder la capital, la cosa no le va a funcionar. No solo lo dicen los viejos estudios de mercadeo que se hicieron en la cuna de libertadores, sino que es evidente dado ese pequeño hecho que dije anteriormente, la densidad de población.

No importa cuántos eventos tenga una ciudad según el cronograma criollo, lo que realmente importa es cuánto dinero están dispuesto a utilizar los organizadores para sortear la burocracia pública para poder llevar a cabo estos mercadillos, así de simple, lo que hay que considerar (de forma adicional) muchas variables, pero las ventas de boletos tiene una relación sutil con la densidad de población; pero como se ha dicho ya anteriormente, buena parte del cronograma criollo se encuentra conformado por mercadillos que solo duran una entrega.