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Como cualquier artículo que trate sobre la serie de Trey Parker y Matt Stone, me veo obligado a tener que decir esto, y si pueden, les insto a leerlo de la manera más robótica y desprendida posible: “Sin duda tienen talento y creatividad, y su show es uno de los más influyentes de las últimas dos décadas”.

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Y no es porque no lo crea, pero siento que es algo que todos los comentaristas de la cultura pop tienen la necesidad de explicar antes de pasar a un punto crítico, cual si fuera una manera de expiar por la osadía de hablar contra el programa; ese es un formalismo tal que, irónicamente, los creadores de este dibujo animado encontrarían ridículo.

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Productores, escritores, y pioneros en romper con estereotipos de género.

Pero, pasando más allá de la etiqueta, necesito hablarles de algo, y es que, South Park tiene un lugar innegable en el panorama de la cultura pop, incluso en estos tiempos en los que ha decaído un poco; bien, quizá los fans no claman en coro como los de Los Simpsons sobre cómo el show dejó de ser divertido a partir de esta o aquella temporada, pero ha perdido buena parte de su impacto social; en muchos sentidos, ese sentido del humor escandaloso y de shock ha hecho olas en toda una generación de comediantes y comentaristas así que lo que alguna vez fue innovador, hoy se siente como algo más, un simple agregado dentro de este panorama mediático moderno (incluso si técnicamente, ellos fueron los primeros en esta ola).

Así pasa, ellos mismos hablaron del tema en el episodio You’re Gettin’ Old: no se puede ser parte de la contra-cultura por siempre, en especial si eres creador de un referente de la televisión con más de 20 temporadas, una obra en Broadway exitosa y varias películas de Hollywood a tu nombre; eventualmente, ya sea lo desees o no, alguien tan grande termina formando parte de la cultura en general establecida.

Mas mi artículo tampoco trata de eso, sino que en retrospectiva (y quizá no debimos haber esperado tanto tiempo en verlo) no puedo evitar pensar que independientemente de lo que se pueda pensar del programa, ya sea como una obra maestra de la sátira o una excusa para decir vulgaridades sin razón de ser, la serie  fue un negativo neto para el discurso y el panorama cultural moderno.

Durante mucho tiempo, algunos críticos, en ocasiones venidos del mundo de la religiosidad, han mencionado alguna versión de  “South Park terminará erosionando la fibra moral de la juventud”, y tras meditarlo por un tiempo, siento que sí.

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Voy a un punto, al menos déjenme terminar antes de destrozarme.

Aunque PARA NADA del modo en que tales voces esperaban.

Lo que presentaré puede ser una generalización, pero sirve para ilustrar mi punto; un episodio de South Park promedio (en especial aquellos que tratan sobre un tema controversial desde el punto de vista político o social… o sea, como que la mitad de todos ellos) parece tener un patrón predecible: los niños se encuentran con el tema, ven a personas de un extremo del tópico en cuestión, ven a personas en el lado contrario de tal, y llegan a la conclusión que ambos son igual de malos y ridículos y que cualquier persona racional no debería de sentir pasión o interés desbordado por el asunto.

Lo cual, tiene algo de razón desde el punto de vista que en cualquier movimiento, ideología, religión o sub-cultura van a haber personas que lleven sus creencias al extremo, y esa ha sido la realidad en muchos contextos históricos.

Pero… no creo que en el suyo sea cierto.

¿Recuerdan el episodio Alerta de Smug? ¿Aquel en el que todos los habitantes de South Park adquieren autos eléctricos y con ellos un sentido de arrogancia y superioridad sobre los que no? Divertido, y termina resultando que esa arrogancia desata una tormenta capaz de destruir todo a su paso cuando choca con otro frente de falsa superioridad del discurso de George Clooney en los premios Oscar.

¿Puede ser molesto? Claro que sí, pero el show sólo puede lograr hacer equivalencia entre la destrucción ambiental del planeta con ese engreimiento social al exagerar el poder de este último, al grado de crear tormentas literales. Ahora, claro, la exageración es una herramienta más del comediante, y como tal, en sí misma no es mala, sino que depende de  al ejecución.

Pero al tratarlo por un momento como un tema serio (porque en realidad, lo es), y al poner el asunto en la balanza, ¿realmente estamos dispuestos a seguir contribuyendo a la degeneración ambiental con tal de evitar a algunos imbéciles con aires de superioridad se sientan como paridos por Zeus? ¿En verdad SON equivalentes? ¿Igual de molestos? ¿Igual de peligrosos?

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 “Bueno, es esto o que el idiota de Fatoosh siguiera hablando de su Tesla”.

Claro, los autos de este tipo por sí mismos no van a salvar al mundo de la tragedia que se viene sobre nosotros, pero cualquier ayuda ayuda, y si alguien le ofrece a Atlas levantar el mundo cinco minutos, seguro que el bastardo lo agradecería (al menos si no trata de endilgarnos la tarea).

MADURAR MÁS ALLÁ DE LAS FALSAS EQUIVALENCIAS

Cuando se es infante, todo dilema en cuestión moral parece verse en extremos: es blanco o negro, bueno o malo, moral o inmoral; después, en la adolescencia, descubrimos que la vida está tapizada de asuntos en gris y todos los tonos que se encuentren a su disposición. Eso es normal, es parte del proceso de crecer intelectualmente.

Pero hay un paso más que no todos parecen ser capaces de dar; el finalmente comprender que aunque ningún lado es perfecto, a veces hay mucha claridad sobre cuál es superior o preferible moralmente; fuera del tema ético, por ejemplo, si vas a un buffet y querías pizza, pero no la hay, y el dependiente te dice que las únicas opciones son lasaña o pan mohoso dejado detrás del refrigerador por siete semanas, la opción es evidente.

O debería de serlo.

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Y esperen a probar el dip de saliva de perro con rabia

Pero South Park indica que no: ambos son igual de malos; una lasaña puede estar mal cocida, o quizá no es de tu preferencia, pero es equivalente a algo que podría llevarte a un hospital.

¿Y no es eso un pensamiento muy juvenil e inmaduro? ¿Que todo en la vida apesta? Casi de un adolescente que acaba de descubrir el nihilismo, lo cual, es una postura que alguien tiene derecho a tomar, sí. Pero allá afuera hay muchas personas para los que de hecho hay cosas, posturas, políticas que sí hacen una diferencia palpable en sus vidas: el niño que no sabe si van a deportar a sus padres, el veterano que necesita un seguro público porque no puede pagar sus gastos médicos de otra forma, la mujer que tiene que trabajar el doble de duro sólo para ser considerada una igual a sus pares, o el recién llegado de un país llevado al desastre por un líder incompetente (Ya saben cuál país).

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¡Ahí! ¡Sí, ese mero! 

Y aunque alguien no tome el lado de los opresores sobre los oprimidos de manera explicita, el callar, en las circunstancias correctas, puede llevar a una complicidad silenciosa e implícita.

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“Hay gente buena y gente mala entre esos neo-nazis como en cualquier otro grupo, digo, ¿caray? ¿Por qué son tan políticamente correctos?”.

Hemos perdido, o al menos así pareciera ser, la capacidad de realmente sopesar las opciones  a la mano y darle una justa proporción; a veces, sí, habrá equivalencias. Pero en otras, la discusión o el debate ni siquiera deberían darse. Si pudiera citar un documento que los estadounidenses halaban pero no siempre siguen, “Consideramos estas verdades como evidentes”; evidentes, es decir, obvias, claras de ver, porque esos  hombres pensaron que había algunos valores e ideas tan notorias y palpables que todos podíamos partir de ese punto para comenzar con una discusión.

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Tampoco cumplían aquello de “todos los hombres son creados iguales”, pero entienden el punto.

Mas ahora, en el discurso moderno, no parece haber un piso o un fondo del barril, un punto tan bajo del cual no se pueda caer todavía más; incluso, no sólo muchos están dispuestos a hundirse, sino que pareciera que gustosos traen palas para extra-desplomarnos en la tierra y el desperdicio.

No soy ingenuo; decir que South Park es culpable del declive del discurso social es tan tonto como culpar a Canadá de Terrance y Phillip. Pero incluso las buenas obras, en cualquier medio o forma, pueden tener consecuencias no previstas; Buscando A Nemo tiene un mensaje implícito de respeto a la vida marina, y eso no impidió que aumentará la demanda por peces payaso mascota.

Ese nihilismo, centrismo y neutralidad peligrosa en que nada importa porque todo apesta por igual sedujo a toda una generación de jóvenes inseguros que confundieron valemadrismo con una postura filosófica sobre la cual guiar sus vidas: nada importa, nada pesa… excepto ética en el periodismo de videojuegos, em cuyo caso, se abren las puertas del infierno mismo.

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Pero trataré con esa puerta en otro momento.

Un amigo comentó que un episodio terminó siendo, por accidente, quizá la mejor deconstrucción de South Park como concepto; aquel en que Stan se vuelve gótico por romper con Wendy; llora, sufre, pero recibe el consejo de sus nuevos amigos que la vida apesta y que nada importa. Al final, a Butters le pasa algo parecido, y le ofrecen que se les una; no recuerdo con exactitud el diálogo, pero el pequeño rubio les da las gracias pero pasa: el llorar indica que siente algo, y que era mejor sentir algo por alguna razón que ser un indiferente de mierda (fans del show: ya saben qué diálogo).

Y… sí. Es una lección simple, pero la rueda lo es y la seguimos usando; era preferible el intentar, o sentir, o pelear por X o Y motivo a tratar de imponerse una constante neutralidad y asumir que todo está mal todo el tiempo; sin querer, el programa creó su mejor contra-argumento.

Una de las temporadas más recientes trató sobre una crítica a la corrección política. Ahora, ¿creo que personas bien intencionadas pueden llevar sus causas al punto de la demencia? Por supuesto.

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Imagen de una serie al azar que puse sin un propósito en particular…

Pero en retrospectiva, Parker y Stone sobre-estimaron un riesgo y subestimaron otro; pensaron que esas ideas anticuadas como la xenofobia, el racismo, y en general, el prejuicio en todas sus formas iban de salida, y de pronto, están en voga otra vez. O mas bien, no fue de un modo tan súbito; siempre estuvieron ahí, esperando alguien que validara sus formas de pensar. Con el lujo del par de años entre hoy y esa temporada, se puede decir que ha envejecido un tanto mal: sí, es irritante el escuchar palabras como “microagresión” o “problemático”, pero creo que algunas cosas son mucho peor.

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Shalom camaradas. Lo sé, lo sé, “maldito judío”; lo he escuchado antes.