stanlee

Al escuchar la noticia del fallecimiento del creador de algunos de los personajes más populares de la segunda mitad del siglo XX (y no me refiero a sólo cómics; creo que fácilmente puede plantar su bandera contra casi cualquier otro medio), mi primera sensación fue, un golpe.

Y es un tanto absurdo en lo concreto porque uno debería reservar las lágrimas para familia y amigos; desde afuera, el sentir tristeza por las celebridades, sean cantantes, actores, o en este caso, escritores, suena algo banal.

Mas en la práctica, los humanos somos mucho  más que la carne y los huesos de nuestro cuerpo material, y no hablo de un asunto religioso como el alma (aunque, si alguien desea interpretarlo así, es libre de hacerlo y no lo culpo por ello): nuestros recuerdos, gustos y sensibilidades también cuenta incluso si  no las podemos sentir en nuestras manos.

Una canción puede detonar una memoria sobre un gran amor de verano, o ver una caricatura de nuestra infancia el cómo con tan poco eramos tan felices, antes de complicarnos la existencia con trabajo, cuentas, impuestos y demás maldiciones del bendito mundo adulto.

¿Cómo no iba a ser así con alguien que creo quizá la inspiración del código moral de tantos?

¿Y cuántos pueden ser? ¿Hasta dónde llega su alcance? Al tratar de sopesar su influencia, quedé más sorprendido de lo que esperaba; en el fondo claro que debía saberla, pero al dar un par de pasos atrás para entender mejor la perspectiva, estamos hablando de alguien que quizá rivalice con alturas como las de Walt Disney o Elvis Presley; su legado cultural, el cual, tanto a los títulos clásicos como  al universo de películas de Marvel que ha llevado su obra a alturas inesperadas, es incalculable no sólo por lo que ya fue (lo que de por sí era bastante) sino por lo que todavía puede ser.

Le dejaré los resúmenes y recuentos de las historias en papel a personas más adentradas en ellos; la verdad es que en cuanto a cómics, no faltan voces que pueden hablar con mayor elocuencia y autoridad al respecto que yo.

Pero como escritor, compartiré quizá una perspectiva que no es muy vista, y es que sólo porque las palabras estén engalanadas con ilustraciones de colores vibrantes y diseños extravagantes, no quieren decir que Stan Lee sea menos un autor (o que el medio en sí tenga menos méritos estéticos, artísticos o culturales, claro está).

En su esencia más destilada, siempre he sentido una fascinación con la historia de Spiderman, quizá el mejor avatar del hombre que lo creó en sí, y voy a tratar de recapitularla en sus elementos más básicos: un chico adquiere nuevas habilidades y poderes, y en un comienzo, en lugar de hacer inmediatamente el bien, trata de sacar provecho personal de ello; su mentor le advierte que con un gran poder viene una gran responsabilidad. En un momento de resentimiento vil contra alguien que lo intentó defraudar, el chico no actúa contra alguien que ha hecho el mal. Después, descubre que alguien tomó la vida de su tan querido mentor, y en un momento de ira completa, busca venganza contra él… sólo para descubrir que fue justo aquella persona que pudo detener, pero al ignorar el consejo que le fue otorgado, termina siendo el maestro el que paga el máximo precio, y eso queda para siempre en la consciencia de nuestro héroe.

Descrito así, es UNA GRAN TRAGEDIA en todo sentido; sí, incluyendo, desde el punto de vista de la narrativa: es una trama que tienes la sensación que ha existido desde el principio de los tiempos, o al menos desde que los humanos decidimos crear la ficción. Si eso hubiera sido escrito por Homero  o Esquilo, sería considerada como una de las grandes obras de la civilización occidental. El final tiene un giro irónico, y no hay un villano en el sentido tradicional; la caída se desata más bien por la Hamartia, (defecto fatal que termina por condenar a un personaje); el no escuchar la advertencia es lo que gatilla la muerte del eje moral del protagonista. Un tema central y moral muy fuertes sobre la responsabilidad al verte de pronto en una posición de poder (algo que, quizá deberíamos pasarle a algunos gobernantes).

Es… es una historia increíblemente completa y compleja al desmenuzarse.

Aunque admiro a otros autores o creadores, algo que siempre me ha dejado una especie de espina es que siento que a veces están tan concentrados en que los simbolismos, temas y complejidades operen bien y convenzan a la intelligentsya de la academia de la narratología o literatura, que se olvidan de dejar un mensaje claro y que se comprenda, y si bien lo último que quisiera es abogar por el anti-intelectualismo, uno ve a Stan Lee que quizá sus alegorías nunca van a ganar premios por sutileza, ¿pero es eso peor a que una obra no se comprenda? ¿O peor todavía, que se malinterprete?

El decir lo complejo de modo simple es un talento en sí mismo; quizá deba aplicarlo yo también… voy a intentarlo:

Excelsior.

Shalom camaradas.