Ese sábado 3 de 3

—A la final ¿Adriana fue a la fiesta de “Gorros”?— me preguntó Karen, la ex del mencionado en la pregunta. Ese mismo sábado en el cual aquellos recuerdos regresaron a mi cabeza.

—Sí, ella considera ese día como el que comenzó nuestra relación. Y me enteré que estaba por comenzar arquitectura en La Haya, ya sabes nuestros rivales. Tengo entendido que está residenciada y todo ese tema y antes de que preguntes, tenemos un año que no nos vemos siendo eso, la peor parte de las relaciones a distancia.

Karen me miró fijamente por unos segundos y agregó a la conversación lo siguiente.

—No quiero darte alas, pero hay posibilidades que el equipo femenino de voleibol de esa casa de estudios venga a jugar un importante partido en nuestro campus. Creo que ese asunto se puede estar llevando a cabo en unas semanas.

Al principio, no comprendí aquel comentario de mi compañera de clases ya que Karen no era muy buena con eso de los contextos, pero recordé que Adriana estaba en aquel equipo que nos iba a estar visitando, pero parece que había otros juegos en medio de aquel ese que me había mencionado. Y posteriormente, ella replicó.

—Debes estar más pendiente del periódico de la universidad ¿Sabes? No todo lo que se escribe allí es sobre la próxima película que van a dar en el auditorio cuatro o la fiesta que van a dar los del centro de estudiantes. Pero dime una cosa ¿Qué tal se te da ahora el DDR?

—Tengo algo más de un año sin saber qué es eso, la verdad. Pero quiero creer que esas habilidades no se perdieron del todo, y ¿estas lista para el examen de economía de la próxima semana?  Lo mejor del tema es que será en parejas.

—Entonces creo que me tocará estudiar un poco más y ¿Tienes con quien hacer ese examen? Yo, por mi parte, no tengo quien me dé una mano en ese tema.

—Puedes contar conmigo, sé que es poco eso, pero es algo ¿No lo crees?

—Peor es nada, la verdad. Eso o arriesgar el cuello con alguno de los otros compañeros, la verdad.

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Rie Payaso. Episodio Piloto

1

Hay muchas que detesto en la vida, mi hermano puede dar fe de ello, el cereal de dieta, los casos cerrados a la fuerza y los payasos. Mi último trabajo fue una mezcla de las dos últimas cosas, unida con otra cosa, estaba necesitando dinero y no me quedaba de otra que tomar el caso.

A los detectives privados con cierta pericia en el mundo del espectáculo a veces no tenemos buenas oportunidades de empleo, así que me había postulado para otro  y ¡Con las ganas que tenía en aceptar ese cargo de jardinero en la mansión Playboy! Había algo más que el pago en ese trabajo del cual me arrepentí en no haber tomado, así que pasé todo el tiempo que duró la investigación de muy mal humor.

Detesto los payasos, padezco de una fuerte fobia a esos seres, desde que estaba pequeño, era el motivo por el cual no asistía mucho a las fiestas de mis vecinos. Y no fui el típico infante que pasaba horas viendo la caja boba, ya que había un payaso que me aterraba, tristemente es el personaje principal del caso en el que estuve metido. El payaso Rollitos era el “amigo gordito de todos los chiquillos del país”, para unos era una eminencia y autoridad en el difícil mundo de entretener a los niños con trabajos de calidad, un hombre que inspiró a muchos comediantes y humoristas en dedicar su humor a un mercado tan complejo como el mentado “apto para toda la familia”. Su programa “Mi amigo Rollitos”, una referencia para los programas infantiles hasta el sol de hoy, para mí fue la razón por la cual tomé unas clases de karate.

Pero el alegre personaje escondía algo debajo de su grueso maquillaje, había alguien tiránico. Al menos eso fue a lo que llegó la persona que me contrató,  quería terminar lo que no pudo; sabes que las cosas en ese caso estaban turbias cuando el responsable por darte empleo no es otro que el antiguo gerente de la cadena donde trabajaba dicho personaje, no otro que Teodoro Walker. El responsable de dirigir toda la investigación y quien cargó con toda la polémica que generó, a la final tuvo que renunciar a su lucrativo cargo. Aunque el señor fue bastante inteligente, esperando el tiempo prudencial para volver a abrir aquella lata de gusanos, sabiendo que lejos de mejorar, el olor de aquella cosa estaría añejado y que, posiblemente, las personas que alzarían sus gritos ya no serían tantas como antes.

Recuerdo las razones por las cuales me contrató,   veía en mi algo que le recordaba sus días mozos como reportero policial ¿Cómo demonios llegó a ser el gerente de una cadena de televisión? Ese fue el único misterio que no llegué a resolver. La investigación comenzó de forma áspera, con una reunión en una cafetería donde mi hermano y yo nos sentíamos  muy fuera de lugar, bastante fina y nada sucia. Aquella fue una larga tarde, una que por desgracia nunca olvidaré.

2

—Aparte del pago ¿Qué otra cosa quiere saber, Clancy? —me preguntó el antiguo gerente de aquel canal de la caja tonta, quien me recordaba poderosamente a Sir Winston Churchill.

— ¿Por dónde debo comenzar? La investigación que usted hizo es bastante extensa y yo, por lo general, me gusta hacer una investigación desde cero. Si quería una larga reseña del libro que me acaba de entregar, hubiese hablado con un periodista, no conmigo.

—Ese libro que tiene entre manos joven, debe usarlo como guía para todo el asunto. Para cuando no pueda entrevistarse con alguien ya que se encuentra varios metros bajo tierra. Es su labor investigar, si alguno de los parientes de los muertitos allí mencionados quiere colaborar un poco con ponerle luz a este asunto.

—Si me permite la pregunta atrevida ¿A qué se debe tanto interés en este caso del payasito?

Después de aquella pregunta, mi hermano estuvo haciendo señas y otras muecas, para hacerme entender que estaba metiendo el dedo en una herida aún abierta. Una que distaba mucho por convertirse en una cicatriz.

— Yo solía ser así de incisivo.  No importa las muecas que haya hecho tu hermano, creo que tienes derecho a saber. Saber que yo fui quien le dio el apoyo necesario a “Rollitos”, yo fui quien lo sacó de los rodeos y fiestas infantiles mal pagadas. Pero lo hago también por una pequeña que vi crecer mientras estaba en el público del programa, para justiciar la etiqueta “programa grabado en vivo”.

La voz de Teodoro se quebró cuando le tocó recordar  aquellos días, era honesto lo que sentía, había pesar en sus palabras y en su rostro.

—Cuando lo del abuso infantil comenzó, mi motivación era investigar si aquella niña, esa tímida pequeña  fue parte de los berrinches de aquel payaso; debía saberlo. No importaba el tiempo que me demoraría en investigarlo.

Y después de aquella honesta confesión, había una duda en este asunto, si bien obvia, también necesaria para la investigación ¿Quién era aquella chiquilla tan importante para Teodoro Wilder y cuál era la relación entre ambos? Claro, si es que hay alguna. Pero era un indicio, un posible camino que podía tomar mi investigación. Y lo mejor del asunto, contaría con la  presencia policial para llevar todo a cabo; esa es una de las muchas ventajas de tener un hermano mayor en ese ramal de papa Estado encargado de mantener la seguridad de los ciudadanos y que visten de azul.

Lo interesante del asunto era que podía demorarme lo necesario.

3

Curtis “Rollitos” Smith era, en todo el sentido de la palabra, un verdadero payaso. Sus habituales bromas y dotes actorales para la comedia le dieron renombre, para su desgracia, alejado de las normas de una familia obrera de Nueva Jersey. No fue el favorito de su madre, por decirlo de forma corta.

Así que el muchacho que decidió que ser obrero no era lo suyo, se unió al rodeo como payaso y como show antes de los eventos principales, causando la sensación entre grandes y pequeños seguidores de tan extraño mundo del entretenimiento. De pronto, ser el payaso de rodeo no le dejaba las mismas alegrías que antes, quería llevar otro tipo de comedia a la gente. Algo más elaborado y que diera más frutos y lo encontró en las fiestas infantiles de la clase media.”

—Dime hermanito ¿Te recuerda a alguien ese personaje?

—Deberías ponerle la atención a la patrulla de vez en cuando, esta vuelta un chiquero. Sabes bien que detesto a los payasos y que estoy orgulloso de mi etapa como comediante.

—Algo me dice que este caso te puso de mal humor, pero te digo una cosa. El payaso “Rollitos” tiene ya rato muerto, dudo mucho que tengamos que interrogarlo. Pero ¿Cuál es la diferencia entre un payaso y un comediante?

—Los comediantes buscamos algo más que la mera risa, buscamos que la persona que ríe de nuestros chistes piense, medite todo lo que le hemos dicho debajo del humor. Y el payaso, pues solo busca la risa fácil y asustar a los niños ¡Muy gracioso de tu parte poner la Ópera de Pagliacci en este momento!

—No aguantas nada, hermanito. Además es Caruso quien la canta ¿Qué sucedió con tu interés cultural? Tu fobia a los payasos es seria. Esto me recuerda a los viejos días, cuando entre tus shows de comedia me ayudabas a resolver casos mientras sonaba de fondo “la marcha de los abejorros”. Éramos como el Avispón Verde y su fiel compañero Kato.

—Eso es cierto ¡Aun uso la cachiporra que me regalaste cuando resolvimos ese mal asunto de las apuestas ilegales entre los guionistas de dos emisoras de radio! Eso sí fue un caso de lo más…raro. Al menos de todos los casos en los que hemos trabajado juntos.

—El capitán del precinto te tiene mucho aprecio, por eso me pidió que te ayudara con este caso. No quería decírtelo, hermanito ya que a veces eres medio seco con las cosas. Creo que desde que dejaste de lado la comedia, cambiaste un poco.

— ¿Ya no me río tanto como antes? Desde que dejé ese mundo, he cambiado un poco, lo admito.

 

See Your Space Cowboy

Ese sábado 2 de 3

Adriana estaba por comenzar la universidad, pero no estaba muy convencida de tomar ese importante paso de la vida. Pero, ahí estaba yo, escuchando cada palabra que salía de su boca, como si estuviera bajo un hechizo.

—Tengo más ganas de estudiar algo totalmente diferente, como diseño de modas. Arquitectura era, en realidad, mi segunda opción y ¿Qué hay de ti? Pero como no hay esa opción en mi ciudad y considerando que es más un pasatiempo, me decanté por la segunda opción, si te soy honesta.

—Estoy tomando un curso de contabilidad y otro de inglés. Tengo miras en estudiar administración empresarial o algo parecido; aunque estoy esperando que se concrete todo el asunto de mi entrada a la universidad. Así que anda aprovechando estos contados días libres que me queden.

Mi invitada decidió cambiar de tema, resultó que si bien no era la primera vez que usaba una máquina de DDR ya que en su ciudad había varia, agregó algo más, ciertamente lo recuerdo aún

. —Lo que no hay en donde vivo es gente interesante, además que uno llega a aburrirse de tantas costas y palmeras y verlas de forma casi constante. Por eso, me gusta viajar a la ciudad.

Aquella conversación duró poco, ya que “Gorros” tuvo una razón para irse, quizás fue por el hecho que aquel sábado algo no le salió bien. Así que su prima debía irse con él, a pesar de las pocas horas de haber llegado yo y lo peor del caso fue que su partida me dejó una extraña sensación en mi interior; simplemente no comprendía muy bien aquellos sucesos.

Traté de indagar sobre esos pormenores, concretamente con los  pocos muchachos con quienes mantuve el contacto e incluso con quien fuese la novia de “Gorros” para aquellos días y no había mucho que agregar, todos apuntaban al mismo punto al que había llegado, uno de los normales berrinches de Federico.

Al día siguiente, aún recuerdo que fue un viernes, me dieron dos noticias que me dejaron sin aliento. La primera estaba relacionada con el resultado de esa prueba de admisión que tomé hacía ya meses atrás. Aquella noticia me llegó por el correo electrónico, fue algo que me sorprendió bastante (más considerando el hecho que no respondí buena parte de las preguntas) y de pasó había entrado a esa casa de estudios en un solo intento, algo bastante raro en aquel entonces.

La segunda noticia llegó un poco más tarde, en forma de un mensaje de texto. La fiesta de cumpleaños de Federico estaba a la vuelta de la esquina y como cosa rara, iba a poner su casa y les tocaba a los invitados llegar algo más que la presencia. De inmediato, comencé a preguntarme y que estaba muy relacionado con mi asistencia ¿Iba por mi amigo o por la vaga esperanza vaga de verme con su prima?

 

See Your Space Cowboy

Ese sábado 1 de 3

Hace días pasé por un viejo salón de videojuegos, al sol de hoy esos lugares ya son cosas del pasado y en aquel tiempo me ocurrió algo, un suceso que marcó mi vida. Ahí fue donde comenzó mi extraña relación a distancia; fue un sábado como aquel cuando volví a pasar por ese local.

Allí estaba ella con unos amigos alrededor de la máquina de DDR. Eran aquellos días previos a mi entrada a la universidad y todos los fines de semana eran de estar sobre aquella máquina, aquel grupo de personas me reconoció, me saludaron y uno de ellos me comentó que aquella muchacha que se encontraba bailando era su prima.

— ¿Nada mal? Tiene potencial mi prima, lástima que ve esto como un pasatiempo, Fernando. –quien me había hecho ese comentario era Tulio, apodado como “Gorros”, conocido por ser el bocón del grupo con sus ínfulas de ser un bohemio pero no se podía negar que era un buen muchacho.

De fondo, seguían sonando las alegres canciones y decidí responder— ¿Será que puedo subir? Digo, es solo una canción.

“Gorros” y el resto de los bailarines me permitieron subir y bailar al lado de aquella chica. Al verme subir, comentó.

— ¿Un retador nuevo? Te daré la opción de elegir la canción ¿Qué me dices?—posteriormente soltó unas risas y bebió de su lata de refresco. No voy a negar que tuviera algo diferente en ella, fresco y hasta atrevido.

— ¡Me parece excelente!—fue mi respuesta—; espero que te guste esta canción. Es una de mis favoritas y generalmente la guardo para el final. Pero creo que hoy es una ocasión especial, al menos eso quiero creer.

El resultado fue el evidente, ella debió bajar de la máquina y ceder su turno.

—Quiero invitarte otro refresco—le comenté—, me siento mal por romper esa racha que tenías, es lo menos que puedo hacer. Vamos, creo que es lo correcto.

—Si agregas a esa invitación algo de comer, tenemos un trato. Por cierto, mi nombre es Adriana y me gustó el reto que me lanzaste, pero para la próxima te voy a ganar.

Ella era del oriente del país, su acento era notorio y las ojeras eran evidencia que el viaje que había hecho era uno muy agotador, más considerando que adicional a todo eso, debía soportar los parloteos de su primo y más en aquellos días cuando muchos de los que estábamos ese sábado, comenzábamos a pensar en otras cosas y más en lo que estaba por marchar nuestro futuro.  Aunque aquel día las cosas importantes estaban pasando y no era momento de hablar sobre el futuro, sino sobre lo que estaba por suceder dentro de unos minutos en el futuro cercano; uno que podría que estaba constantemente cambiando.

 

See Your Space Cowboy

Casa Número Ochenta y seis 18

—Ahora parece que la Bella Durmiente, ha despertado. —indicó Marín, mientras escuchaba los pasos de Elizabeth por la escalera. —, creo que nunca mejor usado el título de la famosa princesa.

— Lástima que no hay príncipe para ella—comentó Richard, pero se ganó las miradas penetrantes de Bianca y Lucrecia. Mientras que la dueña de la casa estaba viendo todo aquello entre risas.

—Entonces ¿Ellos son mis compañeros de techo? Marín. Como cosa rara, mi fama me precede; pero me gustaría saber quiénes son ustedes, ya que por los vientos que soplan vamos a convivir un buen tiempo, aquí juntos.

Luego de presentarse,  la conversación se tornó más animada aunque la única que mantenía un semblante neutro era Lucrecia. Quizás esas conversaciones sobre maquillaje y demás simplemente no era lo suyo y ahora había alguien más en aquella casa que (a su parecer) ponía en peligro aquel lazo que había hecho con Arthur.

—Me alegra saber que hay alguien aquí que toma mis consejos. Pero, si mi memoria no me falla tú debes ser Lucrecia, te haría bien tomarlos. No tanto por esto del peso sino por el hecho que deberías vestirte menos gris y más ¿Cómo decirlo sin ofenderte? Más alegre.

—Cómo demócrata no tengo mucho por lo cual celebrar. Además, hacer frivolidades como la que me propones, mientras el país se tambalea no es algo que me gustaría hacer en este momento.

— ¿Es así de seca todo el tiempo? Creo que tuviste un mal rato con Arthur en tema político; como de eso no entiendo, prefiero no meterme y que me dejen en paz mientras diseño mis trajes; estamos comenzando con mal pie, te diré una cosa ¿Qué me dices algo relacionado con tus pasatiempos? A ver si compartimos uno.

—Ella es como mi difunta perra, “Canela”, no le agrada mucho esto que le alteren su rutina.—agregó Marín, quien se encontraba escuchando todo mientras preparaba algo de beber para todos los presentes— pero, vamos Lucrecia, ella no es mala persona.

“Al mal rato darle prisa” pensó Lucrecia, mientras buscaba algo en esa enorme lista de pasatiempos que tenía que pudiese ser medianamente compatible con aquella singular nativa del estado de la estrella solitaria. Finalmente encontró uno y lo comentó sin mucho miedo— Me gusta el cine, al punto que dentro de nada se hará oficial esto que manejaré el cine club de la universidad.

— ¡En serio! Bueno, ya tenemos un punto en común. Por cierto, es una pregunta para todos ¿Qué tal se llevan con ese muchacho llamado Arthur?

Aquella pregunta dejó pensando unos segundos a los presentes, pero ninguno se arriesgaba en responder. El primero en romper aquel silencio, fue Richard, quien había dicho una que otra cosa pero no tenía mucha relevancia para el relato.

—Yo me llevo bastante bien con él, al punto que estoy que lo reto a un juego de ajedrez.

—Pues en más de una ocasión me ha ido a buscar con “Silver” mientras me tocaba estudiar en casa de mis compañeros en otras partes de la ciudad—comentó Bianca—, sin importar la hora, allí estaba para ayudarme.

De repente, todas las miradas se enfocaron en Lucrecia. Alguien con quien se había llevado mal en un comienzo, de hecho casi desde su llegada a aquella casa; pero poco a poco había llegado a tomarle algo de aprecio. Pero ¿Qué iba a responder? Ciertamente apelar por la honestidad no era una buena idea, aunque ya Elizabeth se había dado cuenta de aquel pedazo de relato.

—Creo que hace rato tú misma, sin querer, describiste como me llevaba con Arthur. Ya que más recientemente, no nos llevamos tan mal, si soy honesta. Aunque creo que tu querida admiradora te puede contar más al respecto.

—No, siento comentarte que quiero que seas tú quien me relate eso. Ya que, puedo deducir por el brillo en tus ojos que esa experiencia te gustó bastante, a pesar que es un pesado en ese tema de la política ¿A que no es un encanto?

“¿Un encanto? ¿En serio? Realmente, no creo que haya dicho eso” nuevamente pensó para sí misma Lucrecia. “Lo dijo la ex prometida, o algo por el estilo y lo menos que esperaría que dijese fuese un halago” ¿Qué razones tuvo aquella diseñadora de moda en soltar aquellas palabras sobre quien fuese su prometido? Había muchos comentarios al respecto, especialmente entre Richard y la dueña de la casa.

—Es una historia muy larga y…ciertamente hay muchos detalles que me gustaría repasar primero para contarte bien eso.

—Está bien, no hay problema. Y ¿Está haciendo algo por aquí? Digo, algo como un empleo o algo similar.

—No, no solo sabemos. De hecho, Lucrecia tenía una teoría al respecto pero parece que la descartó. Aunque eso le costó los favores de la señora Marín—apuntó Bianca—, pero creo que, al menos personalmente, debe ser un empleo bastante fuerte en vista que sale bien temprano y regresa bien tarde.

—Pero de no ser por ese empleo, no hubiese pagado lo de la filtración— puntualizó la dueña de la casa—, digamos que es un misterio que le ha sido esquivo para la periodista de esta casa. Y es bastante buena con esto de investigar.

Por razones de un ligero desperfecto mecánico, Arthur y su corcel tuvieron que regresar a casa. Pero, después de abrir la puerta trasera esa que daba al garaje y ver que su abuela no estaba sola y que entre esas caras conocidas estaba la de Elizabeth, tenía emociones encontradas por dentro.

— ¡Hablando del Rey de Roma!—exclamó Marín—; creo que te enteraste un poco temprano sobre la llegada de la nueva inquilina de esta casa.

— ¿No te sorprendes en verme?—le preguntó Elizabeth al recién llegado.

—Tanto como un dolor de muelas o un resfriado. Pero, si, me tomaste por sorpresa, Elizabeth. —, me gustaría invitarte a que te sentases a hablar, pero resulta que esta casa parece más tuya que mía. Y ¿Qué te trae de regreso? Me dijeron que usualmente llegas tarde a tu casa, pero que cosas.

—Un pequeño desperfecto en el auto, exactamente con el asiento del pasajero. Así que vine a arreglar eso, antes que me llamen de nuevo a la calle.

Marín le hizo unas señales a sus inquilinos para desocupar la cocina y dejar a aquellos dos hablando, al menos por unos minutos.

— ¿Cuál será nuestra señal para intervenir?—preguntó Lucrecia.

—Cuando comiencen a gritar, además ¿Para que intervenir? ¿No has escuchado en la auto determinación de las malas relaciones?— le preguntó Richard.

—Además, así tendré una exclusiva. La verdadera razón por la cual Elizabeth estuvo ausente de su blog por cinco meses; esto es algo que deberíamos grabar. —agregó Bianca, mientras sacaba su teléfono para comenzar a hacer lo que había expuesto.

—Nada de eso, solo intervendremos si esos dos comienzan a sacarse los ojos. De resto a quedarse aquí, puedes espiar conmigo si quieren. Quiero refrescar algunos detalles sobre ese drama, así que no quiero sobresalto alguno ¿Queda claro?

Lucrecia estaba extrañada de todo aquel jaleo que se estaba formando, si bien no era la primera vez que escuchaba a Arthur usar el sarcasmo, pues era la primera vez que lo notaba tan serio y lo peor del asunto era que se había quitado su fiel sombrero de inmediato. Casi como si después de ver a Elizabeth, lo había hecho ¿Así había sido el impacto de haberla visto nuevamente?

—Me gustaría hacerte una pregunta ¿Aún recuerdas algún detalle de nuestra primera cita?

—Llovía perros y gatos. Tú vestías una prenda con lunares negros y yo de azul. Después de eso todo fue un enredo, quizás fue culpa mía o tuya, pero creo que algo llega tarde.

Casa Número 86 17

Marín viajaba a casa con quien fuese la prometida de su nieto, una de sus vecinas se ofreció en llevarla. Aquel auto parecía un vehículo fúnebre, por el ambiente tan tenso que había y tan callado. Pero ¿Quién iba a ser el valiente en tratar de romper aquella tensión? Extrañamente, fue Elizabeth quien se arriesgó en decir unas palabras.

—Yo no la recuerdo como una persona tan seria, señora Marín. Le doy el beneficio de la duda a su vecina y amiga; pero a usted la conozco con mucha antelación.

—Digamos que amanecí con el pie izquierdo, Elizabeth. Eso es todo, además que llegas en un momento algo…tenso.

Después de eso no hubo otra conversión, hasta que llegaron a casa. Elizabeth ya estaba en casa de Marín, quien había hecho un desastre para ocultar que la filtración del techo había sido reparada.

— ¿A qué se debe este desorden?

—Filtración en el techo, Elizabeth. Lamento que me encuentres de tan mal humor, pero en el techo está el responsable de eso.

—Simplemente no me creo esa mentira, además ¿No recuerda que mi padre era contratista? Aquí hay algo más que le hecho que vives de alquilar unas cuantas habitaciones a estudiantes universitarios.

—Esta conversación va a ser un tanto extensa, así que lo mínimo que puedo ofrecerte es algo de comer y de beber ¿Estás de acuerdo?

—Eso me agrada bastante. Ya que el hambre que tengo es bastante evidente.

Marín debía organizar bien sus palabras, quizás buscar la forma de calmarse y comprender que Elizabeth iba a estar entre sus inquilinos quien sabe por cuánto tiempo y no podía estar con el estómago revuelto mientras ella estaba bajo ese techo; quizás bajando un poco la guardia, podría ella informarse un poco de los motivos que tenía aquella muchacha.

—Arthur vino para ayudarme monetariamente a reparar lo de esa filtración, lo siento que repita ese tema. Digamos que vino ya que no le gustaba la idea que me fuese a vivir a Texas y que tenía que vender esta casa y el Mustang. Al punto que él mismo lo reparó.

—Eso justifica esas compras de “Mecánica Popular” y ese repentino interés por los autos. Pero, lamento interrumpirte, por favor continúa.

—Pues Arthur se unió a este asunto de Uber, sí, es un taxista pero del nuevo Milenio. Hace buen dinero, al punto que pagamos entre los dos esa reparación  ya que no quería meter en ese asunto a los inquilinos y dejarlos sin un techo simplemente no me parecía algo correcto. Pero puedes decirme lo que quieras, pero les tomé cariño a esos muchachos, aunque no se han graduado como tú.

—No me gradué de una cosa así maravillosa, soy diseñadora de moda. Lo sé, algo que se ve simplemente raro para una persona nativa de Texas. Pero ahora te quiero preguntar ¿Te ha dicho tu nieto algo sobre el compromiso que tenía conmigo y por qué lo congeló?

Marín puso ante Elizabeth un plato blanco donde yacían dos tiras de tocineta, un huevo frito y dos panes tostados, había algo en las palabras y en la actitud de esa nueva residente que le hizo recordar las palabras de Arthur “No hay nada para mí San Antonio” ahora resonaba con fuerza en la mente de su abuela.

–A veces puede ser muy reservado, algo que lo heredó tanto de su padre como de su abuelo; pero, creo que no sería malo conocer tu punto de vista. Te lo digo, ya que tuve que lidiar con esos tres en varias oportunidades.

—Te adelanto una cosa, no me dejó plantada en el altar. Simplemente me comentó que ya no quería seguir estudiando derecho y que quería despejar su mente, creo que fue unos dos meses previos a mi primer desfile me dejó con más angustias que con ganas de seguir diseñando. Un día simplemente me lo dijo y se fue, pero dejo de escribirme o de responder los mensajes que le había dejado en sus redes sociales; aunque, debo admitir que si bien es extremo esto de perseguirlo hasta aquí, quiero verle la cara y que me comente todo eso que lo motivó a congelar el asunto.

¿Cómo era eso de congelar el compromiso que tenían? La madre de su nieto le había comentado, con alegría, aquel mencionado compromiso. Pero ¿Quién estaba ocultando un pedazo de verdad? En algún momento alguien iba a explotar y comentar eso, pero la pregunta estaba en quien iba a ser el primero en hacerlo.

— ¿Puedo irme a dormir después de comer? Quiero dormir en una cama de verdad. Ese viaje, fue incómodo, ya sabes cómo es esto de viajar en avión por trece horas ¡Trece horas!

— ¡No faltaba más! Creo que me tocará llevarte la maleta hasta tu habitación, aunque debo serte honesta, ya que no estoy para la gracia.

—No te preocupes por eso, después de dormir podré subirla. Ya que dudo mucho que tengas un botones aquí. Pero debo preguntarte ¿Dónde está mi habitación?

—En el segundo piso. Te tocará compartir habitación con otras dos residentes, en vista que…tampoco es que tenga mucho espacio aquí, pero no sabes el dolor de cabeza que nos causó subir tu colchoneta a esa habitación.

Los tres inquilinos de Marín llegaron, a la misma hora que lo hacían los jueves. Aunque, lo único diferente de aquel jueves era el hecho que ahora alguien más estaba con ellos bajo aquel techo, posiblemente lo único que se mantenía en la tradición era que aún no había señales del nieto de la dueña de la casa.

—Debo admitir que la nueva inquilina tiene buen gusto, esas maletas se ven prácticas y cómodas—apuntó Bianca.

— ¿Tan prácticas que no pudo subirlas?— le preguntó Lucrecia—, aunque debo admitir que también se ven algo pesadas.

— ¿Acaso mis ojos me están engañando? ¿Estaré viendo las siglas E.M? mi corazón se anda acelerando y estoy más que segura que no es por algún infarto.

Resultó ser que aquella diseñadora de modas con quien salió el buen Arthur no era otra más que Elizabeth Miller, quien llevaba una concurrida página web sobre modas y todos los temas relacionados a ese mundo. Como una estudiante de medicina sabía todo lo referente a la moda y al maquillaje, pues es un misterio incluso casi del mismo tamaño de como la conoció el nieto de Marín.

— ¡Yo sabía que su nieto tenía algo! Pero ¡Esto! no me lo esperaba—Bianca, estaba mucho más habladora que lo acostumbrado. —, ciertamente es todo un pícaro.

—Realmente, no. Por muy grande que sea San Antonio, todavía tiene esa vibra de pueblo pequeño del estado de la estrella solitaria. Al menos eso es lo que siempre me comenta mi hija, quien tiene años viviendo en esa metrópolis— comentó la dueña de la casa.

—Pero ¿Quién es esa Elizabeth Miller?— preguntó Lucrecia.

—Has dicho las palabras prohibidas, Lucrecia—agregó Richard—, ya nos va a soltar una de las suyas. Bueno, tú debes estar acostumbrada a largos discursos. Ya tienes experiencia en eso.

Lucrecia no respondió a aquellas palabras, pero Bianca comenzó a hablar de quien era la nueva inquilina. Si había alguien de renombre no solo en el mundo de los blogs sobre moda sino también en el mundo de las pasarelas, maquillaje y demás temas que se relacionan mucho, esa era Elizabeth. Tres desfiles que fueron un éxito, una línea de ropa que se estaba comercializando directamente por Amazon y, como guinda en aquel helado, un blog que aumentaba el número de visitas de forma recurrente con sus consejos y opiniones sobre los hechos más recientes del mundo de la moda.

“Con tanta laca, secadores de cabello y maquillaje puedo comprender las razones por las cuales Arthur la dejó” pensó la estudiante de periodismo, quien parecía haber conocido su opuesto.

Casa Número 86 16

Prácticamente al otro lado de la ciudad, en un humilde campus de la ciudad Lucrecia se encontraba tecleando la última parte de su artículo para un trabajo de una de las tantas materias teóricas que estaba cursando ese semestre. En esas materias le iba muy bien, pero en las contadas numéricas, era otro relato; a su lado se encontraba Oswaldo; un muchacho de buenos modales quien simplemente no podía negarse a todo lo que le pidiese su compañera de clases.

—Te noto más tensa de lo acostumbrado ¿Te sucede algo?

— ¿Se nota mucho?

—Creo quien te lo puede decir mejor es el teclado de tu laptop. Creo que mejor te hago la suplencia; además te sale mejor irte a beber algo a menos que quieras hablar sobre lo que te aqueja. Dudo que sea algo relacionado con el cine club.

Lucrecia se levantó de su silla y le encargó el resto del trabajo, sacó su fiel termo de agua y después de beber un poco comenzó a hablar. Por supuesto, Oswaldo a escuchar atentamente.

—Hoy llega a la residencia donde vivo quien fuese la prometida del nieto de la dueña. Si lo sé, ese título es digno de una telenovela.

—Y ¿Qué es lo que te tiene comiéndote las uñas? Aparte del hecho que es una visita plenamente anunciada.

—Me toca compartir habitación con esa persona, así como el hecho que…digamos que he estado creando buenos lazos con el nieto de la señora Marín. Un republicano de Texas.

Oswaldo recordó que su compañera no tenía las mejores palabras para referirse a Arthur, al escuchar todo aquello se quitó los lentes y dejó de teclear de inmediato. En su rostro solo había seriedad y era evidente.

—Simplemente no sé qué sucede en esa cabeza tuya; tampoco sé si lo que te voy a decir vaya a entrar allí, pero creo que  en un momento dejaste muy claro que no querías fraternizar con esa persona ¿Qué pasó con esa convicción?

—Simplemente hablamos, de hecho no está metido en las carreras clandestinas de autos. Aunque, tampoco ha dicho algo en concreto sobre lo que está haciendo como trabajo, aunque no resultó ser tan republicano como pensé que era.

Oswaldo se colocó sus lentes nuevamente, regresó a teclear, hacía lo que podía para ocultar que estaba molesto. Allí estaba, callado, con el rostro fruncido.

—Y ¿Ahora a que se debe que estés callada? Digo, es raro cuando estas así y es algo que es digno de resaltar.

—Vamos Ozz, ahora el tenso eres tu ¿Quieres que te haga la suplencia?

—Lo siento, pero no. Si quieres que me calme, te sale traerme algo de comer. Ya que me dio hambre.

—Podemos compartir el desayuno que me traje; no es mucho pero es algo. Además que no queda mucho para finalizar esta cosa ¿No lo crees? Al menos eso quiero creer.

—Igual deberías usar todo tu esfuerzo para la prueba de estadística que vamos a tener dentro de poco; debes tener la mente despejada de tanta telenovela o darle mejor uso a esa facilidad de inventarte cosas de un día para otro. Aunque, en otros temas ¿Has pensado cual va a ser la primera actividad del cine club?

—He estado pensando en que deberíamos comenzar con una comedia. Quizás algo clásico, Chaplin.  O quizás esa película llamada “El Cantante de Bodas” con eso podemos comenzar y atraer a la gente, he estado pensando que es una excelente idea. Lo que suceda después de eso, creo que depende del éxito de esa primera actividad.

Por dentro, Oswaldo estaba aún más furioso. No era para menos, ya que tenía planeado usar la famosa película de Drew Barrymore y Adam Sandler (en los roles protagónicos) para hacerle entender a Lucrecia lo que sentía por ella. Aquella singular amistad, entre una de las articulistas del periódico del campus y el lanzador estrella del equipo de beisbol de la universidad era un tema medianamente recurrente entre los conocidos de ambos.

De repente el teléfono de Lucrecia sonó, era el tono de un mensaje de texto. Mientras leía aquel mensaje, abrió de par en par sus ojos y se llevó su mano a la boca en varias ocasiones. Por otro lado, el lanzador estrella quería intervenir, pero ¿Ya no había hecho demasiado? De hecho, solo quería calmarse antes de cometer un error del cual podría arrepentirse. Tampoco podía arriesgar lo que había logrado con Lucrecia; ya que aún no estaba comprometido eso, simplemente ya Lucrecia (al menos eso quería creer) no iba a pelear tanto en su residencia.

Tampoco le hacía bien alterarse tanto, en vista que dentro de pocos días le tocaba demostrar las razones por las cuales era el lanzador estrella de su equipo y que debía mantener no solo la parte académica de su beca, sino también debía hacer un buen papel en la parte deportiva. En uno de sus bolsillos estaba una entrada para ese juego tan importante, recordó de inmediato y creía que se sentía con el deber de dársela a aquella muchacha, por eso se interesaba tanto en el cine club y su nueva presidente, ya que si dependiera de él, abandonaría su equipo deportivo y se uniría a ella, al menos en ese club.

Marín había anunciado a sus inquilinos que aquella persona que, sin quererlo ni saberlo, ya estaba causando un mal rato a aquel singular grupo de personas.

—Déjame adivinar una cosa ¿No tienes ganas de irte a casa?

—Eso es correcto. Además que parece que la señora Marín se vio obligada a buscar a esa persona, mientras su nieto anda usando el auto de ella para quien sabe que cosas.

— ¿No crees que hay cosas más importantes por las cuales ponerte en modo de angustia?

Oswaldo volvió a meter su mano en el bolsillo donde tenía la entrada para ese esperado juego ¿Qué debía hacer con esa entrada? no era una situación con la cual estaba familiarizado en afrontar; era algo diferente a estar ante una audiencia o sobre el montículo y preparando su brazo para sacar al bateador. No le quedó otra opción y se arriesgó, no había un equipo que lo apoyase si la jugada salía mal.

—Sé que esa cabeza tuya no anda en su mejor momento, justamente cuando más necesito que esa cabeza se encuentre centrada. Aunque no soy yo quien te necesita calmada. Así que toma,  una entrada para el esperado juego entre nuestro equipo y los Escarabajos del Campus vecino, el juego será este sábado en la tarde. Me gustaría que estuvieses en las gradas.

Aquel gesto dejó sin palabras a Lucrecia, fue como un  brusco regreso a la realidad. Ciertamente había cosas más importantes por las cuales preocuparse, además ¿No le había dado su palabra a su buen amigo que lo iría a ver en un juego?

No ganaba nada estando angustiada por algo que si bien estaba por suceder, tenía mucho tiempo en pensar cómo afrontar ese dilema. Había alguien, justo a su lado, que necesitaba de su presencia y de su vuelo lírico, además que debía hacer lo posible para mantener su beca, incluso manteniendo ese buen desempeño con las materias teóricas.

Si bien aún había un deje de molestia no solo en las palabras de Oswaldo, en el brazo extendido donde tenía la entrada también había tensión. Con mucha calma, Lucrecia tomó la entrada y respondió.

—Muchas gracias, puedes contar con mi presencia en ese juego. Pero ¿es muy importante para ti?

—Si ganamos, pues pasamos a la clasificatoria y cerca de la esperada final. De lo contrario

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