Casa número ochenta y seis 11

Aquel restaurante de comida rápida tenía varias paredes adornadas con las firmas de los clientes, pero una en concreto tenía un pequeño anuncio de neón donde se encontraban no solo las firmas, sino también las fotos de aquellos a quienes el dueño del lugar consideraba como sus mejores clientes.

Aunque llegar a esa condición no era algo tan complicado, bastante con pagar bien y no abusar tanto de las servilletas, robar cubiertos y listo ya estaba en esa lista. Su dueño era alguien que no le temblaba la mano en escribir el nombre de una persona en su lista negra, así como el hecho que tenía un cartel que decía con una fuente bien grande “Se reserva el derecho de admisión”

Pero aquella noche la suerte parecía estar haciendo muchas bromas, ya que allí se encontraban Josh, su esposa, Wilson y ni más ni menos que el contratista llamado Russel, ese que se había ofrecido en reparar la filtración en la casa donde todos esos muchachos vivían.

—Creo que he visto en otra parte a ese muchacho—comentó Josh—, estoy seguro. Y ¿Qué me dices de ti amor? Por cierto, nuestra querida niña ya está dormida, la niñera anda cenando, de hecho me sorprende que tenga como pagarse comida a domicilio.

—Oye, ahora que lo mencionas, creo que debo estar de acuerdo contigo, amor—agregó Melisa— ¡Por el protector bucal del gran Mohamed Ali! Estoy más que segura que podría reconocer ese sombrero donde sea. Y, tu que te estabas preocupando por el asunto que se demoraba demasiado en atender el teléfono de casa.

— ¿De qué me perdí Wilson?—le preguntó Russel al cronista deportivo. El contratista cristiano regresaba del baño y tomaba asiento en la mesa. —; aunque debes admitir que, a pesar de todo, no son tan malos padres. De hecho, el cambio que han hecho es algo digno de escribir.

—Esos dos hablando que reconocieron un rostro y un sombrero vaquero que acaba de entrar al restaurante. Creo que hice mal en dejarlos tomar y pagarles el taxi de regreso a su casa. –fue la respuesta de Wilson, entre apenado y tratando de hacer un chiste. Bueno, si a estos ñoños que suben videos en esa red social de videos los han convertido en escritores, creo que esos dos tienen algo de oportunidad. De hecho, yo compraría ese libro.

—Creo que estas de suerte, Wilson. He visto a ese par ponerse así de intensos por cosas más extrañas; de hecho, debes sentirte contento por el hecho que están discutiendo por un sombrero vaquero y no por una serie animada repleta de ponis.— comentó nuevamente el contratista, para luego beber un poco de su té con limón.

— ¡Eso fue una sola vez!—exclamó Melisa—, además, es la serie animada que compartimos con nuestra hija. De hecho, es la única que se ganó nuestra aprobación. Además, es una serie animada a la que le guardo mucho cariño, ya que la veía en secreto conjuntamente con mi madre.

Lucrecia estuvo mirando los rostros de los otros clientes, tratando de llevar por dentro aquella procesión que sentía. De hecho, a tiempo, concluyó que no había razones por las cuales sentirse así de extraña ante ese comentario que desató la llegada a ese local de comida rápida.

Quizás, meditaría sobre el tema al llegar a su casa. En la compañía de uno de sus libros, su querido I—POD y la almohada. Ahora debía dejar de pensar tanto y disfrutar no solo la victoria que tenía y la comida que estaba por comer. Y más considerando que Bianca iba a ser quien iba a pagar, cuando era un fenómeno raro que sucediese.

—Y dinos Lucrecia ¿Vas a ver tu sola la serie o la vas a compartir?— le preguntó Richard—, ya que dijiste que nos ibas a mostrar algunas películas de terror italianas y nunca pasó.

—Te recuerdo que mi amiga en el cine club del campus renunció hace tiempo. De hecho creo que me tocará asumir esa responsabilidad— fue la respuesta de Lucrecia. —, he estado meditando sobre ese tema, la verdad. Y no me parece tan mal tercio meterme en eso.

—Ya está cerca octubre, así que te toca cumplir con tu palabra—agregó la estudiante de medicina. —, además ¿Recuerdas el Halloween del año pasado? Lo más entretenido fue ver la casa embrujada que montaron los vecinos y el cine improvisado. Seguramente, ya la dirección de cultura de la universidad ya debe estar un poco cansados de tus locuras.

—De hecho, ver la clásica película “El Exorcista” en ese cine improvisado fue una experiencia digna de ser inmortalizada—agregó Richard—, más si agregamos el hecho que, esa película con todos los años encima que tiene, sigue dando ese miedo.

—De hecho, si me permiten comentar algo, esa película es un clásico del terror. Aunque, en lo personal, prefiero “El Resplandor” así como el hecho que podríamos hacer algo para esa fecha. De hecho, recuerdo que mi abuela me había comentado mucho de esas fiestas de Halloween en la urbanización. Me gustaría participar en una, claro si tengo ese día libre.

Las palabras de Arthur sorprendieron al resto de sus compañeros, aunque ya tendrían tiempo para hablar de ese asunto, ya que la amable mesonera estaba en frente de la mesa que estaba esperando para entregarles la carta.

Si había algo en que muchos concordaban era que el servicio de aquel restaurante de comida rápida estaba a la misma altura de otros locales. De hecho era una constante en las miles de páginas y aplicaciones que se dedicaban a escribir sobre los locales de comida y comida rápida en esa región de Los Ángeles.

Minutos en silencio, extrañamente aquellos muchachos estaban revisando sus teléfonos. Pero, había algo adicional en esa situación, ya que tanto Lucrecia como Arthur, no estaban escondidos detrás de las pantallas de su teléfono pero ¿De qué querían hablar aquellos dos? Y más, si iban a hablar ¿Cómo harían para no molestar a sus compañeros de mesa?

— ¿Ya saben que van a ordenar?— preguntó la mesonera con una sonrisa en la cara, aunque ya estaba dando señales de que estaba agotada. Segundos después de haber anotado el pedido de cada uno, se marchó.

—Vamos a ver si todo lo que dicen de este local es cierto— dijo Bianca, iniciando otra vez la conversación. —, aunque debe ser bueno, ya que creo que no estamos solos aquí. Más si consideramos el hecho que no estamos solo aquí.

—Más sí que los mismos que estaban en el concurso en el cual participamos, aquí se encuentran comiendo— agregó el estudiante de abogado—; aunque creo que nuestra querida amiga estudiante de periodismo debe saber mucho sobre este local y su relación con ese actor devenido en locutor de radio. De hecho, no lo hizo tan mal como moderador de ese concurso.

—Oye, ahora que lo mencionas citadino, es cierto— matizó Arthur—, creo que no era la primera vez que estaba metido en algo así, ya que supo cómo ocultar su nerviosismo. Aunque, es raro eso, considerando que tiene un historial de ser un actor de dudosa reputación.

—Les recuerdo que estuvo nominado a un Oscar—apuntó Lucrecia—, por una película que no es tan pesada como las que siempre están metidas en esa premiación. Creo que la he visto como dos veces nada más. Aunque lo interesante del asunto es que el director y guionista de la misma se retiraron del negocio el año pasado.

—Y ¿Qué hacen ahora?— preguntó Bianca.

—De seguro se van a reír—agregó Lucrecia, quien estaba por comenzar a dar su respuesta—, ahora dan clases en la Academia de Cine de la ciudad de New York, en sus respectivas áreas; de hecho he estado insistiendo que vengan un día para que sean parte del jurado de nuestro concurso de cortometrajes.

A los pocos minutos, aquella conversación se calmó con la llegada de la comida y la bebida, Arthur se quitó el sombrero y dio una pequeña plegaria, mientras sus compañeros estaban comenzando a comer y moviendo los contenedores de las salsas de un lado a otro.

Terminó la plegaria, vio a su alrededor y comenzó a comer

 

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Casa Número Ochenta y Seis 10

El concurso en cuestión terminó con Lucrecia ganando, eso sí, a duras penas. Aunque a Bianca le pareció mejor lo que se llevó como premio en comparación con el premio de los ganadores. Ciertamente dos bonos de consumo en el restaurante “Weekend”, el cual era el patrocinador de los programas de Josh y Wilson. Uno de los dos era un cliente de vieja data y lo había visto estar en diferentes tipos de estado de ebriedad.

Aquel restaurante de comida rápida también era el punto de reunión no solo de Josh y su extraño círculo de amigos, de hecho había un fuerte mito urbano en el cual el ex manager de Josh era persona no grata en aquel local, no solo por el hecho que su deuda era mayor que la del actor devenido a locutor de radio, sino por todos los malos ratos que le hizo pasar en esos últimos días en el que Josh seguía buscando algo de renombre en el mundo de Hollywood.

A la estudiante de medicina se le ocurrió una extraña idea. Una que, estaba por traer algunos pormenores que afectarían a la cabeza de Lucrecia.

— ¿Qué les parece si vamos hoy mismo? Claro, sería bueno contar con “Silver” para ir y pasar un sábado por la tarde diferente.

—Si vamos nosotros cuatro, no hay problema alguno la verdad. De hecho creo que solo me quedaría volver a colocar el GPS, para llegar a ese local— fue la respuesta de Arthur, quien no había notado que Lucrecia si bien no estaba celosa, algo debía estar pasando por su cabeza.

—Debo admitir, Vaquero que ese duelo estuvo muy reñido. De hecho ¿Qué me dices de repetirlo en alguna ocasión?— le preguntó Richard extendiéndole la mano nuevamente, de hecho ya lo había hecho después de que aquel concurso había concluido.

—No me parece mala idea, citadino. De hecho debemos mantener todo el asunto del concurso de preguntas, ya que creo que por error conseguí el juego de mesa de la discordia. —Arthur correspondió el gesto de Richard. Al punto de quitarse el sombrero por unos segundos, para luego colocárselo de nuevo.

Por otro lado, extrañamente, Lucrecia tenía nuevamente su cabeza hecha un río revuelto ¿No debería sentirse alegre por haber ganado? ¿A qué se debía ese interés tan repentino en Arthur por parte de Bianca? Y es a partir del siguiente punto que es necesario hacer otro recuento.

Para ser exactos, al día siguiente de la llegada de Arthur a aquella casa, Bianca y Lucrecia se encontraban arreglando su habitación, por alguna extraña razón la estudiante de periodismo no estaba haciendo lo que siempre hacía en esos momentos, hablar. Era raro no escuchar su voz en aquella casa y cuando estaba callada, algo pasaba en su cabeza.

— ¿Te puedo hacer una pregunta?—con eso, Bianca, comenzó a romper el hielo. De hecho, la cara que tenía era la misma que usaba cuando jugaba póker en las horas libres que tenía en el campus. De hecho, se había ganado un apodo (La Reina de Espadas) pero nunca había jugado póker en aquella casa.

— ¡Claro!— sin querer había mordido el anzuelo. Y la estudiante de medicina estaba por comenzar con unos comentarios contundentes, aquel caballo de Troya poco le había fallado.

—De todo lo que dijo el nieto de la señora Marín sobre tu postura política ¿Qué fue lo que más te afectó?— y así como comenzó el asalto, Bianca estaba asediando las murallas de Lucrecia, aunque tampoco aquellas defensas estaban en su mejor momento.

—A…mí, ningún argumento de un retrógrada me hace mella. Creo que eso lo deberías saber bien. —pero sus manos decían todo lo contrario, aquellas que estaban retorciendo las sábanas de su cama decían todo lo contrario. Era la misma manía que tenía con su querido pañuelo, algo que ya era bastante notorio incluso en aquel espacio tan reducido.

Bianca terminó de tender su cama, se colocó sus pantuflas y le respondió a su amiga y compañera de habitación. Quien trataba de querer hablar de un tema que la ahogaba, pero su orgullo no la dejaba; aunque aquella no era la primera vez que estaban pasando por aquel predicamento.

—Más bien creo que algo debió haberte llegado. No por nada estas callada. Sabes que me lo puedes decir, además ¿No te parece que tiene algo particular ese muchacho? Digo, no es que me parezca un Adonis, pero ciertamente tiene algo interesante. De seguro lo notaste, pero no lo quieres admitir.

—No me preocupo por tales asuntos. Desde que mi última relación llegó a su fin, decidí enfocarme plenamente en mi formación. —respondió nerviosamente Lucrecia, de hecho ya sabía que había bajado la guardia ante su compañera y que lo que le estaba por llegar no iba a ser sencillo.

Bianca sacó un papel de su mesa de noche, era un papel que tenía el nombre de Lucrecia y era un examen, uno que detallaba un pésimo desempeño en aquella prueba. Y la cara de Bianca estaba calmada, mientras la de Lucrecia ya no tenía como defenderse.

El asalto, tristemente, no había concluido a pesar de que la pobre estudiante de periodismo ya no podía aguantar más, ya que sus manos estaban ahora calmadas; señal de que se había calmado. Incluso, su rostro había dado la confirmación.

—Preocuparte tanto por tu formación que ¿Decidiste fracasar en una prueba de una materia que sabes que pone en jaque a tu beca? Estadística no es una materia tan complicada, amiga. Pero debes pensar mejor tus respuestas.

Lucrecia recibió aquel golpe, de hecho tenía semanas buscando aquel examen ya que manchaba su historial como estudiante. De hecho, si perdía aquella materia ya no tendría como recuperar aquella beca; pero ¿Qué podía hacer? De hecho no quería admitir que necesitaba ayuda hasta en lo académico. De hecho, dudaba que Hillary Clinton no se hubiera doblegado ante temas tan terrenales, pero ella no era Hillary.

— Pero ¿Qué te anda sucediendo en días recientes? Digo, esa relación que tenías con ¿Marcus? No era buena del todo, pero creo que tampoco era tan deficiente. De hecho, me vas a disculpar que no me acuerde de su nombre.

—Acertaste con el nombre, creo que tienes razón. Mi relación con Marcus pudo ser mejor, pero cuando me dijo que se iba a cambiar de carrera y de ciudad. Quizás me tomé muy mal la ruptura. Lo admito, pero ya había algo que no me tenía muy convencida de toda aquella relación.

¿Qué debía admitir aquella activista y estudiante? Para ella, admitir que un extraño romance le había sacudido algunos aspectos de su vida cotidiana era algo que no se lo perdonaba y que si llegaba a enterarse su ídolo, la condena que le causaría iba a ser un peso muy grande.

—Sí, creo que me toca admitir que el nieto de la señora Marín tiene algo diferente. Pero simplemente tengo que decirte que necesito unos días libres de todo esto.

Regresando a aquel día, Lucrecia se montó como copiloto dentro de “Silver”,  como siempre lo hacía cuando el piloto no era Arthur sino su abuela. Pero ¿Cómo iba a reaccionar si Arthur le hacía una pregunta? De hecho, estaba nuevamente en un debate interno. Por un lado quería apelar por su conocido sarcasmo, pero le había dado su palabra que no iba a recurrir por eso.

— ¿Así que eres tu quien mueve el asiento de copiloto? De hecho tengo que agradecerte por eso. Ya que a los clientes les gusta ese ángulo que tiene el espaldar.

— ¿En serio?

—Sí, de hecho me da risa que muchos en la línea están doblando sus turnos para ver si tienen la misma cantidad de clientes que puedo sacar en una semana.

—Vaquero, creo que debemos considerar que lo mejor será no encender la radio para el viaje, ya que (al menos por mi parte) hemos tenido suficiente de la emisora YTC ¿No tendrás un puerto USB en el auto?— le preguntó Richard.

—De hecho, no tenemos algo claro sobre ti, Arthur. Tus gustos musicales. De hecho creo que sería bueno que fueses el DJ tanto de ida como de vuelta—propuso Bianca.

 

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Casa Número Ochenta y Seis 9

Tanta adrenalina ¿Solo por un pack de DVD? Para Arthur, había algo más de fondo, quizás que las habituales (y puntuales) rivalidades entre las mujeres. Posiblemente, algún día conocería esos detalles. Mientras tanto, había un juego por delante el cual no debía permitirse perder.

Ya el presentador del concurso había hecho el acostumbrado preámbulo, pero de repente Wilson entró y comentó—A partir de ahora, seré yo quien funcionará como moderador del juego. Además, que el buen Josh se merece un descanso. Además ¿Le damos un aplauso a mi buen compañero de labores?

Una tormenta de aplausos no se hizo esperar, incluso entre los participantes de aquel sencillo concurso. Pero el ex jugador de futbol americano volvió a tener el derecho de palabra.

—Para los que están llegando tarde, pues me toca recordar un poco el contexto dejado por mi buen amigo; hay una película con la nominación al Oscar a la mejor película extranjera de un director que su obra, simplemente, no conoce frontera alguna. Sin más palabrerío ¿Qué película japonesa fue nominada al Oscar de Mejor Película extranjera para el año de 1981?

— ¿Qué te sucede Arthur?— le preguntó Lucrecia a su compañero—, es una pregunta bastante complicada. De cine japonés no se tanto, pero no es para que te quites el sombrero.

—No es por eso, si miras detenidamente tu rival y su compañero tienen un problema. Están delatando que, simplemente, la respuesta a esa pregunta no la tienen.

—Y ¿Tú la tienes?

Arthur se quedó en silencio por unos segundos, para luego apretar el timbre que tenía al frente. Sentía que debía hacer un comentario.

—Antes que nada, un gusto enorme tener la oportunidad enorme de estar aquí con usted sr Colt. Pero debo ser breve, así que debo comentar que la respuesta que anda buscando es “La Sombra del Guerrero” del director Akira Kurosawa.

El nuevo moderador no pudo ocultar su cara de sorprendido, había elegido aquella pregunta dado el hecho que, posiblemente, ninguno de los presentes podría saber tal respuesta. De hecho sabía que sus fieles oyentes se quedarían en casa o en sus oficinas aquel día, no estarían en aquella estación de trenes devenida a atracción turística.

— ¡Correcto, Muchacho! Debo admitir que esa era una pregunta que pensé que iba a servir como filtro, pero creo que ha llegado la hora para saber quiénes pasan a la  segunda ronda. Debo comentarles que las categorías se van a repetir pero con un nivel de dificultad mayor.

Arthur, se puso de nuevo su sombrero. Sentía alivio, pero también como que tenía algo que decirle a Lucrecia, aquella respuesta. Dicha respuesta ya no lo dejaba como un simple texano, con una cultura digna de alguien que pudo ir a la universidad. Pero ¿Qué razones tenía para ocultar todo eso?

—Antes de que te adelantes en preguntarme, era el presidente del club de cine en mi universidad. Y esa película fue una de las tantas que dimos. Extrañamente, durante los días finales de dicho club.

— ¿Quién iba a creer que tenías una sensibilidad artística por el cine? De verdad, eso me sorprende. Digo, creo que con eso me acabas de sorprender ya que tenemos que hablar mucho un día. Eso sí, dejemos de lado nuestro sarcasmo pero acercamos un café ¿Trato?

—Tienes un trato, peregrina.

Con aquella respuesta, algo en su cabeza se agitó y no era algo precisamente agradable de recordar para Arthur. –Ya tendré tiempo para lidiar con ese asunto, ahora lo primordial es no dejar mal a la citadina— pensó el muchacho, aquel tema podría esperar quizás su querida abuela le ofrecería la ayuda que necesitaba.

La reducción de participantes fue considerable, aunque obvia. Solo quedaban Lucrecia y Bianca. De hecho, habían opacado al resto de los participantes, aunque ¿Con que iban a salir los responsables del concurso? Primeramente con un reto extra para Bianca y su compañero, en vista que fueron los que más se acercaron al marcador y los responsables admitieron que no les pareció correcto dejarlos fuera del concurso.

¿En qué consistió dicho reto adicional? Un pequeño reto físico para animarlos a estar nuevamente en la competencia, el acercamiento a la rutina de ejercicios que debía cumplir un defensor de línea a primera hora de la mañana. Richard se ofreció como voluntario en hacer cines combinados navales, ochenta lagartijas, y veinte saltos paracaídas.

—Quizás unos consideren que la siguiente pregunta, relacionada con la serie donde actuó el buen Josh no fue una serie animada y que simplemente no podría ser válida; pero es que no podíamos dejarla de lado. Quizás con el reto extra la joven Bianca y su compañero los pone de nuevo en la competencia, pero eso no les asegura que se queden, pero la condición de “rebote” aún se mantiene. Por los siguientes diez puntos ¿En qué temporada de la serie “La Familia T” vimos la primera y única aparición de Astrid, la Valkiria de Bolsillo?

—La…segunda—fue la respuesta insegura que dio Bianca.

— ¡Rebote para la señorita Lucrecia!

—Tercera temporada. Exactamente, a mediados de la misma, pero ¿Me permite extenderme un poco?

—Tal como decía el personaje de mi amigo ¡Adelante Capitán!

—Dicho personaje fue introducido, torpemente, con el fin de atraer de ver cómo funcionaría el concepto en una serie que, inicialmente, se pensó que sería la primera ramificación de dicha serie. Pero en vista de la pobre recepción que tuvo y que se sintió fuera de lugar, todo volvió a la normalidad a partir del siguiente episodio; donde el asunto de la Valkiria de Bolsillo no fue más que un mal sueño del perro de la familia.

Josh volvió a estar en el centro del concurso, le pidió el micrófono a su buen amigo y le comentó a Lucrecia.

—Correcto, señorita. De hecho, decidí regresar después de su respuesta que si bien es correcta, solo tengo que hacerle una pregunta ¿No es demasiado joven para saber eso? Digo, la serie ya tiene sus años encima.

—Mi madre fue quien me presentó esa serie, señor Josh. De hecho la tenía grabada en el arcaico sistema llamado VHS hasta justamente esa temporada, por alguna extraña razón tanto a mi madre como a mí nos mató de la risa ese episodio.

Si había un episodio el cual causó estragos en la cabeza de aquel joven Josh y que sirvió para buscar cómo salir de sus locos padres fue ese, de hecho un joven judío y una Valkiria no solo era una mezcla extraña, sino que hasta tenía aires de ser políticamente incorrecta. Más que todo por el hecho de ver a un chico jugando, con lo que parecía, lo más cercano a una muñeca Barbie, pero en vez de ser el blanco del odio de las feministas, lo fue de sus padres.

El cheque del pequeño Josh fue bajo después de aquel suceso, de hecho muchos opinan que fue ese preciso momento donde comenzó todo a irse por el acueducto con relación a los valores de producción de la serie y con especial hincapié con el guión, lo bueno fue que no se convirtió en un tropo como “el salto de tiburón”.

Aunque, por extraño que parezca, la idea de la Valkiria de Bolsillo estuvo rondando en otras series de aquel estudio. Se vio en la sexta temporada de la serie de ciencia ficción “Julián Límite” donde el aguerrido piloto tenía un extraño colgante en su monoplaza de guerra; posteriormente, en la serie “Extraviados” volvió a aparecer, ahora en forma de una Valkiria quien fue castigada por Odín por no ser lo suficientemente aguerrida y convertida en el juguete de una niña, una muñeca de trapo, algo peor que ser expulsada del mítico Valhala.

Casa Número Ochenta y Seis 8

—Ya tenemos a las seis parejas del concurso, es un torneo a muerte súbita. Pero con una singular variante, la pareja que responda mal la pregunta, la misma “rebotará” a la siguiente. Las parejas que acumulen cien puntos pasaran a la ronda siguiente y así decimos ¡Que comience el Juego!— Josh era quien servía como moderador del juego, le calzaba muy bien el papel; esos años en los programas de concurso en una televisora rumana finalmente le servirían de algo—. Y la primera pregunta de la ronda, es la siguiente. En la serie animada “Calabozos y Dragones” ¿Cómo llegan los protagonistas a ese mundo? Les recuerdo que son los primeros diez puntos que están arriesgando.

La tensión que había en el aire se hacía notoria, el zumbido del timbre localizado en el podio donde se encontraba Lucrecia y Arthur rompió el silencio y detrás de eso, la respuesta. La mirada de Lucrecia era de una persona que le gustaba competir

—Ellos hicieron arribo por una atracción mecánica de un parque de diversiones.

— ¡Correcto! Ya tenemos la primera pareja que abre su marcador. Pasamos a la segunda pregunta, quizás unos la consideren como un fenómeno menor pero ¿Qué casa juguetera es la responsable de Jem y las Hologramas?

—Mattel—respondió Bianca apresuradamente.

La cara del moderador del juego se estuvo arrugando, pero a la final comentó— ¡Tenemos una respuesta correcta!

—Seguimos con la categoría de las series animadas de esa maravillosa década. Y por unos cuantos puntos más ¿Qué famosa serie de aquellos días se encuentra basada en un comic de la escuela franco—belga que trata sobre unos diminutos seres de piel azul? Y no, no me refiero a Avatar.

—Los Pitufos. Fue una de las series animadas que estuvo muy cerca de alcanzar en extensión a los Picapiedras.

— ¡Correcto! Señores, la competencia está aumentando de intensidad. Con la tercera pregunta dejamos de lado el alegre mundo de las caricaturas y nos vamos al mundo de  la música. Por los siguientes diez puntos ¿Cuál fue el tercer single de la banda británica Duran Duran?

—Chicas de Película, es de su disco debut—la respuesta de Arthur no se hizo esperar.

—Y ¿Esos gustos musicales tuyos?—le preguntó Lucrecia—, no me esperaba eso, la verdad.

—Tengo una hermana mayor que es admiradora de la banda, no sabes cuantas veces me tocó escuchar esa canción. Afortunadamente, con el paso del tiempo se fue quedando conmigo.

El marcador indicaba que Lucrecia (y Arthur) estaba diez puntos por encima de Bianca, pero en su mente sentía la urgencia de aumentar la diferencia de puntos, antes que fuese una amenaza más grande.

—Las cosas se están poniendo interesante ¿No lo creen? Pero vamos a la tercera pregunta, nos acercamos rápido a la mitad del cuestionario. Así que ¿A qué canción le pertenecen estos acordes?

La respuesta, por extraño que parezca, no se la llevaron ni Bianca y mucho menos Lucrecia, otra pareja acertó. Ni más ni menos que “Wake me up before you go go” de aquel dúo donde estuvo George Michael.

—La tercera pregunta en la categoría musical es sobre una de mis bandas favoritas, por extraño que se escuche, Van Halen. Y la tercera pregunta en esta categoría es la siguiente ¿Cómo se llama ese disco de la banda en el cual aparece la canción “Panamá”? Una de las canciones más conocidas de esta agrupación.

—1984, lanzado al mercado el mismo año—respondió Richard—, también fue uno de los primeros discos del rock pesado en el que se implementó el uso del instrumento musical llamado teclado. Muchos críticos consideran ese disco como uno de los mejores de la banda.

—Pasamos a la categoría de cine. Así que espero que los concursantes tengan buena memoria, ya que el cine de los ochentas nos dejó un buen catálogo de cintas que marcaron la infancia así como la juventud de muchos, al punto que al sol de hoy son mencionadas y siguen sembrando el interés en las nuevas generaciones. Así que entramos en una de las categorías con las que, personalmente, me siento muy involucrado, no solo por mi historial sino también ya que participé personalmente en la creación de las preguntas que vendrán. Sin más preámbulos ¿En cuál película de culto participó el cantante David Bowie?

La tensión ahora era mayor, pero Arthur apretó el timbre y tenía la respuesta a la mano— Ni más ni menos que Laberinto. Largometraje que si bien fue un fracaso en taquilla, se volvió de culto con el paso del tiempo.

—Correcto, Vaquero ¿No estarás lejos de Texas? Pero debemos seguir ya que estamos cerca de la segunda ronda, con la cual le vamos a dar fin a este concurso. Pero debemos dar una merecida pausa, ya que los patrocinadores también tienen que comer y de seguro más de unos oyentes quieren escuchar al buen Wilson.

—Oye, no está mal, la verdad. Creo que hacemos un buen equipo, estamos a nada de pasar a la segunda ronda, aunque la tenemos muy cerca, supongo que se está haciendo la derrotada para que bajemos la guardia; la conozco bastante bien. Ahora que estamos en un empate temporal, creo que debes prepararte para lo peor.

Arthur se ajustó su sombrero, una de esas malas costumbres que tenía y que muy pocas personas se percataban que la tenía. Pero ahora quería hacer un comentario, pero decidió quedarse callado, era lo mejor fue la mejor opción (secundaria) que se paseó por su cabeza.

—Te quería preguntar ¿Quieres participar en el torneo de tenis de mesa? Hay una categoría para jugar en pares— le preguntó Lucrecia—, aunque es seguro que quiera volver a saldar deudas.

—Déjame pensarlo, lo de hoy ha sido uno de esos viajes de adrenalina bastante digno de un rodeo—fue la única respuesta que pudo articular. Pero por dentro, era otro cuento.

Posiblemente, su querido abuelo le hubiese dado un buen golpe en la cabeza. “Simplemente no se le puede decir no a la invitación que te haga una dama”; era lo que siempre le decía; aunque había una salvedad en aquel consejos “A menos que te invite a que la ayudes en alguna competencia. En ese de competir, las mujeres son un peligro a evitar, Vaquero.”

Y ¿Qué hay de Lucrecia? Estaba con ganas de más preguntas, para demostrar que no era una vaga ignorante. Aunque si bien había pensado en entrar al torneo de tenis de mesa, simplemente para molestar a su compañera, en el plano atlético no era donde se destacaba. Recordó que hacía ya tiempo, Bianca comentó que pudo haber entrado a la universidad por mérito deportivo, con la disciplina del tenis, pero para ella fue más importante hacerlo por mérito académico.

Aquellas dos preguntas restantes en la categoría del cine no iban a estar sencillas, de hecho fue lo primero que comentó el presentador. Ya que, quería era necesario hacerlo.

—El cine de los ochenta no solo significó una buena temporada para nuestra industria, también lo fue para otras naciones y entre ellas, el país del sol naciente, aunque fue el año en que una silla de director quedó vacía pero fue el año en que vimos, lo que muchos podrían considerar, una de esas películas extranjeras que han sido nominadas a ese Oscar por mejor película extranjera; con esta pregunta nos dejamos de juegos, señores.

De nuevo apareció la tensión en el aire, pero no venía sola. A la tensión se le unió ni más ni menos que la sensación que los juegos de niños habían sido dejados atrás. Ahora lo serio estaba por comenzar.

 

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Casa Número Ochenta y Seis 7

Arthur le dio la información sobre la ubicación de la casa donde vivía Josh, la emoción era demasiado notoria en la cara de Lucrecia. Pero la vivaz estudiante debía moderarse, ya tenía la información que desesperadamente estaba buscando así como que el nieto de la señora Marín no era mala persona, que estaba cumpliendo su palabra con respecto al tema de las carreras clandestinas.

—Debo hacerte una pregunta ¿Quién te regaló ese sombrero que siempre usas?

—Mi abuelo, el esposo de mi abuela para ser exactos. Recuerdo que cuando me lo regaló, me quedaba bastante grande, lo gracioso del asunto es que a él también le quedaba grande. De hecho, recuerdo que una vez me contó una disparatada historia sobre este sombrero vaquero.

Este sombrero, según el abuelo de Arthur,  le perteneció a ni más ni menos que al legendario actor de películas del salvaje oeste John Wayne.

—Según mi abuelo, el Duque en persona se lo regaló una vez que se lo consiguió en el plató de esa famosa película llamada Río Bravo. También aseguraba que en algún lado estaba el autógrafo, pero como puedes ver simplemente no se encuentra dicha firma.

—Pero ¿No te dejó una constancia de todo ese cuento?

—Ciertamente, no. De hecho, a duras penas pudimos rescatar todos los papeles de “Silver”, extrañamente estaban guardados en una caja no muy bien  guardada. Ahora debes entender que problemas con el agua en esa casa no es asunto nuevo.

Después de varios días dándose topetazos, aquellos dos muchachos estaban comenzando a formar unos lazos, aunque para Lucrecia, esos nacientes lazos aún pendían de un hilo, ya que tenía miedo. Quizás, algo podría suceder que pudiese romperlo; lo mejor que podía hacer era mantenerse calmada, cosa que le era imposible.

—Creo que, si soy honesto, me gustaría que me presentases los alrededores de esta zona; conozco más otros lugares que el propio lugar donde vivo. Pero ¿Quieres que usemos a “Silver”?

—Debo tomarte la palabra, ya que creo que ese corcel se merece un día de descanso también. Al igual que el jinete.

—Oye, no sé si tomarme esas palabras tuyas como un halago. Pero debo preguntar ¿A dónde vamos después de aquí?

— ¿Te gustan las estaciones de trenes? Hay una pequeña estación en las cercanías. Es uno de esos puntos de reunión y turísticos bastante conocidos.

Conocida como “Estación Girasol”, era uno de esos lugares que pasaban sin levantar mucho la atención, pero había un aire diferente en aquella estructura y todo lo que estaba a su alrededor.

— ¿A que no has visto algo como esto en San Antonio?

—Para nada, aunque ¿Qué hay de interesante en Idaho? Lo lamento, no debí hacer ese comentario.

—No te preocupes por eso, son cosas que pasan.

Había una algarabía en los alrededores, unos altavoces que anunciaban que un famoso locutor de radio estaba en los alrededores, quizás promocionando algo.

— ¡Ni más ni menos que Wilson Colt! Ciertamente, este lugar debe tener lo suyo, Lucrecia. Debo darte la razón.

El famoso ex defensor de línea convertido en un famoso narrador del deporte que era la pasión del país, el futbol americano. Aquel día se encontraba celebrando el programa número cien en su carrera como narrador. Era una de esas figuras que respetaba Arthur, a pesar de que no era alguien que estuviese conectado a su estado natal.

— ¿Podrías decirme quien es ese señor?—le preguntó Lucrecia, aunque por dentro se sentía mal, ella sabía muy bien quien era ese comentarista deportivo. Mas por sus antecedentes políticos, que por su carrera en la radio.

— ¡No es molestia alguna! Wilson “Aplastador” Colt fue un jugador de la línea defensiva del equipo de los Leones de Detroit en su formación de los años ochenta, de hecho era un dolor de cabeza para todos aquellos que se medían ante “la orgullosa manada”. Pero, esto es ya algo personal, cuando se volvió narrador su verdadero talento floreció.

Arthur quería seguir relatando, pero el estruendo de aplausos anunció la entrada de Wilson, aquel programa era al aire abierto. Cuando salió el reconocido narrador lo primero que hizo fue saludar a su público; para luego comentar.

— ¡Hoy es un día muy especial para el programa “La Yarda”! Y para celebrar este día, no solo estamos aquí en “Estación Girasol” transmitiendo en vivo, sino que me acompaña un buen amigo Josh Horwitz del programa “Esa Loca Década de los Ochenta”.

— ¡El gusto es todo mío, buen amigo! Anunciamos desde ya que tendremos un pequeño concurso ¡Con los primeras diez parejas que se acerquen! En un concurso de preguntas y respuestas.

—Y ¿Qué tendremos como premio?—le preguntó “Aplastador” a su compañero, preparando la escena, aquellos dos estaban preparando algo a lo grande.

— ¡Excelente pregunta! Los participantes estarán compitiendo por el pack de DVD que recopila las tres primeras temporadas de la famosa comedia de situaciones de los años ochenta, una serie a la cual le debo mucho. Ni más ni menos que ¡La Familia Tompkins!

Lucrecia al escuchar el premio le preguntó a Arthur— ¿Qué tal se te da esto de participar en los concursos de preguntas y respuestas? Se nos está presentando una oportunidad única para ambos, de seguro te mueres de ganas en pedirle un autógrafo al señor Colt. Y a mí me gustaría tener no solo ese pack, sino pedirle también la entrevista a Josh.

—Lo mejor será que se vayan haciendo a la idea que se van a quedar con el segundo lugar—comentó Richard—, ya que mi compañera y yo vamos a entrar también.—aquellas palabras emitidas por Richard, las cuales cayeron de sorpresa a los oídos de Lucrecia y Arthur.

— ¡Sobre mi cadáver! Además yo debo preguntarles ¿Acaso ustedes dos no se encontraban estudiando?— les preguntó Lucrecia a sus dos compañeros, quienes estaban entre los asistentes en aquel lugar.

—En mi defensa, estoy tomando un descanso. Al igual que creo que en algún momento, tenía que “desquitarme” la derrota en Reto al Conocimiento. —agregó Bianca, si aquel tono en ella era honesto.

—Creo que me he perdido un pedazo de historia. —Comentó Richard—, querido amigo, gracias a que Lucrecia y su espíritu de demócrata nos quitó una bonita tradición que teníamos en la casa de tu abuela. Ni más ni menos los viernes de juegos de mesa.

— ¡Vamos Arthur a anotarnos! ¡Si Bianca quiere revancha, pues se la vamos a dar!—anunció en forma amenazante Lucrecia. Si había algo que tenía tanto para bien, como para mal, era su tenacidad. Quizás podía ser el instrumento con el cual unos se aprovechaban de ella.

—Vaquero, lamento que sea esta la situación en la que midamos nuestros conocimientos; pero las circunstancias se han torcido de una forma poco favorable para el esperado duelo.

—Citadino, espero verte en  otro campo de honor. Pero no perdamos la esperanza de un día medirnos en un juego de mesa.

Después de aquellas palabras, ambas féminas tomaron fuertemente de los brazos a sus compañeros y los halaron bruscamente, buscando donde debían apuntarse para aquel concurso.

Casa Número Ochenta y Seis 6

Lucrecia compartía habitación con Bianca y aquel sábado, la elegante estudiante de medicina no podía ocultar la angustia que tenía encima.

—Voy a tener que cancelar la salida que tenía para hoy con Richard. Ese examen que tendré el lunes de Anatomía pone en riesgo no solo mi beca, sino también ¡Mi año perfecto!

—Y ¿A qué te refieres con año perfecto? Creo que es más importante ese examen. Así, como tu beca la cual debes mantener con vida, aunque ¿Te alcanza para algo? A mí sí, lástima ese problema de la filtración. Sino ya eso sería cosa del pasado.

—Si quieres que pase el examen ¡Déjame estudiar!— exclamó Bianca quien comenzó a empujar a su compañera fuera de la habitación.

En comparación, Lucrecia siempre se sentía como una vaga ante cualquiera de sus compañeros, pero muy en especial con Bianca. Pero la situación se iba a poner más extrañas cuando la dueña de la casa subía las escaleras.

—Deben marcharse hasta nuevo aviso, ya está aquí el contratista—anunció Marín.

—Pero  ¡Debo estudiar!—exclamó nuevamente la estudiante de medicina.

—Y yo debo escribir un ensayo—agregó Richard—, pero después nos arreglamos tú y yo.

Para no sentirse menos, la estudiante de periodismo quiso intervenir— y ¡Yo tengo que escribir unos artículos para una materia! Y…es un asunto importante.

—Nunca les molestó estudiar en el jardín que está en la entrada de la urbanización, creo que les tocará nuevamente ir para ese sitio. Voy a contar hasta ocho y si en seis no están afuera, van a tener problemas. Unos muy serios.

Los estudiantes se marcharon, Lucrecia decidió hacerlo por la puerta que estaba en la cocina, esa cuyo camino conectaba con el pequeño jardín de la casa y el garaje donde yacía el Mustang. Allí estaba Arthur, tendido en el suelo bajo el auto el cual también mostraba su motor en buen estado.

— ¿No habías revisado el auto días atrás Vaquero?

—Nunca está de sobra que le dé una extra. Además ¿Qué vas a saber tú de autos? Si para una demócrata como tú, estos magníficos ejemplos de la ingeniería automotriz de esta nación son un problema. Todo ese asunto del calentamiento global y esos cuentos.

— ¿Tienes el día libre? Digo, creo que podríamos hacer algo mejor con nuestro tiempo. Esto de criticarte por tu postura republicana y tu loca idea de abolir todos los impuestos no nos llevará a ningún lado.

—Por primera vez, coincido contigo. Aunque, creo que lo mejor será que salgamos sin “Silver” ¿Conoces algún sitio cercano?

Aquella pregunta sorprendió a Lucrecia, quería hacer una réplica. Pero decidió quedarse unos segundos callada, buscando una respuesta menos sarcástica. — Si, pero creo que es muy temprano para ir por un lado ¿No crees?

—Entonces ¿Qué me dices de una cafetería? Si supieras que aún no he tomado desayuno.  Tengo una información que seguramente podría interesarte, además, si te preocupas por mi abuela. Sabe defenderse sola. La vi muchas veces peleando a puño limpio.

—Creo que podríamos intentar si sirven desayunos en la cafetería cercana que hay. Aunque debo comentarte que el primer rodeo lo ganaste, Vaquero, pero quisiera ver si con el segundo vas a tener la misma suerte.

Por otro lado, Arthur se encontraba nervioso no recordaba con exactitud la última vez que había convencido a una chica para salir o que las circunstancias se habían torcido a su favor como esa. Pero, recordando el consejo de su abuelo, no debía mostrar que estaba nervioso ante una dama. Sumado al hecho que la última vez que salió con una chica solo le trajo una avalancha de malos ratos.

Debía calmarse, cualquier comentario podría ponerlo contra las cuerdas y mentir cual bellaco tampoco era una buena opción. Tampoco tratar aquella situación como siempre había tratado a Lucrecia, debía enfocarse en verla como una dama, lo que realmente era. A pesar de que no se comportaba como tal.

—Creo que debo comentarte que el último cliente que se montó en mi auto fue alguien a quien quieres entrevistas. Ni más ni menos que don Josh H.

— ¡En serio! No sé si tomarte la palabra o considerar eso como otro intento tuyo en gastarme una broma.

—Estoy siendo honesto contigo. Y debo comentarte que está casado, con una hija y parece que ha estado sobrio por un buen tiempo, ya que no me explico cómo unos tragos lo dejaron así de mal.

—Eso es interesante pero ¡Dime más! De seguro puedes confirmarme donde vive y en donde trabaja. Con eso puedo hacer mucho para un pequeño trabajo que tengo que hacer.

—Te vas a sorprender cuando sepas donde vive, además ¿No sabes dónde trabaja? Es locutor en la radio YTC 98. Una emisora que siempre está sintonizada en la radio de “Silver”, por alguna razón.

—Me declaro culpable de ese crimen.

Ya tenía un tema de conversación, pero debía asegurar al menos unos cuantos más para sí doña confianza le ayudaba en aquella situación; aquella ayuda debía llegar rápido ya que el hambre era un jugador que estaba en contra de todo aquello. Aunque la insistencia de Lucrecia en conocer cada detalle de aquella experiencia se le notaba en los ojos, al menos comprendía que debía dejar comer a Arthur.

Pero aquella extraña coincidencia era algo maravilloso para ella, aunque comprendió que también debía soltar una que otra pieza de información si quería. Comenzaba a ver a Arthur con otros ojos, no era el típico texano republicano, había algo diferente en él más allá de los temas políticos. Quizás las raíces irlandesas de su abuela estaban involucradas en el asunto.

—Josh H es uno de esos personajes menores de la industria del cine que tiene una biografía digna de estudio ¿Sabes? Quizás su momento cumbre en su carrera fue esa nominación amañada para un Oscar, pero creo que si decide regresar al cine o a la comedia lo hará por todo lo alto.

— ¿Te agrada mucho ese actor? Si te soy honesto, es primera vez que escucho su nombre. Por cierto, primero la dama— Arthur le  abrió la puerta para Lucrecia, algo que ella en algún momento lo pudo considerar como un clásico ejemplo del arcaico machismo en la sociedad.

— ¡Muchas gracias!— después de aquel gesto, debía asegurarse que ninguna de sus compañeras de la lucha feminista no se encontraban en aquel lugar. Aunque, recordó que nunca les mencionó de aquella cafetería ni mucho menos las había invitado a su residencia, solo a su hogar en Idaho. Pero sabía que esa invitación se la podría llevar el viento en cualquier momento.

Después de sentarse y ordenar, Arthur decidió seguir con la conversación— Dime una cosa, estando tan cerca de actores con una mejor carrera ¿Qué te motivó hacerle una entrevista a ese actor?

—Te vas a reír de la respuesta. Pero creo que él podría tener información valiosa sobre cómo opera la maquinaria propagandística del gobierno de Venezuela, pocos saben que tuvo que aprender español para trabajar en ese país; de hecho fue uno de los actores que participaron en la serie basada en la vida de uno de los últimos presidentes de esa nación, en un rol bastante importante.

—Pero ¿No hubiese sido mejor que le hubieses pedido una entrevista a Michael Moore a Sean Penn? También se les asociaron con ese gobierno. Pero ¿Quién soy yo para criticarte?

—De hecho lo intenté, pero me rechazaron. Algo estarían ocultando esos dos, aunque debo mostrarte los correros electrónicos que me mandaron.

PD: Feliz navidad y próspero año 2018 a los lectores de esta cosa. Esta es la última actualización del año

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Casa Número Ochenta y seis 5

Dejamos de lado el recuento del pasado, para centrarnos en algo más concreto en el presente. Arthur disfrutó su día libre, pero al siguiente sacó al Mustang del establo y estuvo recorriendo las calles nuevamente. Llevaba su termo de café por la mitad y su turno no daba señales de finalizar aún, una llamada desde la famosa emisora de radio YTC 98.

—Ciertamente, todo lo que andan diciendo de Uber es verdad. De que son más eficientes que los taxistas normales, lo son. —comentó una corpulenta figura que se acercó a recibir al Mustang.

—Buenas noches ¿A dónde lo llevo?— preguntó el jinete de aquel corcel.

—El servicio no es para mí, es para un compañero de trabajo y su esposa. Parece que eso de estar abstemios y regresar a beber no les cayó nada bien y en plena fiesta del día de la independencia.

—Y ¿Dónde los debo llevar? Además, no quería saber tanta información, la verdad.

—A esta dirección, menos mal la tengo anotada. —la corpulenta figura le entregó al buen Arthur un papel donde decía a donde debía llevar ese par que se estaba montando en su auto.

Para su sorpresa, era en la misma urbanización donde vivía su abuela, pero en esa parte de la misma donde (se decía) que vivía la gente de clase media. Quería aprovechar la oportunidad para darle fin a su turno, claro primero tendría que ver cómo iba a ser esa carrera.

—Josh, creo que Wilson nos pagó un viaje a casa… ¿O quizás al hotel más cercano?— comentó la mujer a su esposo, claramente bajo los efectos del alcohol.

—Eso si es un buen amigo…a pesar de todo lo que le he hecho, en especial esa cita a ciegas que resultó ser un desastre ¡Wilson Colt es mi amigo!— el esposo también había bebido, hasta el aliento lo delataba. —, es más ¡Debemos decirle que eres instructora de Pole Dance! ¡Tienes que hacerle un show! Y ¡Usted, chofer, lo invito cordialmente a ese show que dará mi esposa!

De todas las vivencias que había tenido hasta la fecha Arthur en aquel empleo, esa superaba (por mucho) a todas las demás. Ciertamente, no todos los días se podía recibir unas palabras del famoso defensor de línea Wilson Colt y que se montase en su auto así como el famoso ex actor Josh H, ese de quien hablaba tanto Lucrecia, quien estaba ansiosa de hacerle una entrevista o algo así.

Aquel extraño matrimonio a los pocos segundos después de aquella alharaca se calmó, se durmieron. Lo que le permitió manejar más tranquilo a su destino, creía que aquel singular par ponía en riesgo la salud del Mustang.

Llegó un poco más tarde de lo que tenía en mente, pero aquel jinete no quería seguir arriesgando más al corcel. Mucho menos su integridad con aquel par, cuando los dejó en la puerta de su hogar, el trabajo no había concluido ya que debía llevar a la pareja a la puerta. La niñera, para su fortuna, salió a ayudarle al jinete.

—Todo parece que no fue un buen rodeo, eh vaquero—le comentó la niñera mientras cargaba a la esposa del locutor de radio—; estos dos volvieron a beber.

—Así es, señorita. Por su acento deduzco que es paisana. Soy de San Antonio ¿Qué me dices de ti?

—El orgulloso pueblo llamado Rogers. Es bueno ver a un texano, estas ciudades y esta gente de California me confirman los estereotipos de los demócratas que siempre nos llegan. —. No formaba parte de su trabajo, pero era lo menos que podía hacer por Josh. Llevarlo hasta alguna parte de su hogar y seguir con su camino.

—Creo que este es el momento en que debo despedir, Arthur Twain.

—Ángela Clark. Así que cabalga hacia el horizonte, vaquero y espero verte de nuevo.

Iban a gritar ¡El Álamo! Pero no les pareció correcto, así que Arthur se montó en el Mustang y condujo a su casa. Aquel jinete ya comenzaba a sentir los párpados pesados y ya había cumplido bien su papel por aquel día.

— ¿Quién iba a creer que ibas a volver a cabalgar “Silver”? Comienzo a parecerme a mi abuelo con esto de hablarle a un auto, lo peor del asunto es hacerlo sabiendo que no vas a tener una respuesta. Mira que ponerle el mismo nombre a este Mustang que tenía el caballo del Llanero Solitario solo se le pudo ocurrir a mi difunto abuelo.

Estacionó al corcel con la misma calma de cada noche, se bajó del auto y justamente cuando pensó que nadie lo iba a recibir, allí estaba su abuela.

— ¿Qué tal te fue hoy Vaquero?

—Bastante bien abuela, como siempre la mitad de lo que hago es para ti. Aunque debo hacerte la pregunta de rigor ¿Cuánto nos falta? Y ¿No crees que sea muy tarde como para estar regando las plantas?

—Tu abuelo me hacía la misma pregunta cuando me veía aquí esperando por él. Es mejor eso que tejer y destejer ¿No lo crees? Y con respecto a lo otro, pues con estos ciento cincuenta de hoy completamos la suma, querido nieto. Lamento que hayas tenido que dejar pasar tu examen de acreditación como abogado para que tuvieras que trabajar aquí como ¿Taxista? Ya ni entiendo que es eso de Uber.

—Ve el lado positivo de todo el asunto, abuela. No estarías en casa con mi madre, además ¿Quién iba a creer que “Silver” iba a relinchar de nuevo? Te hubiese tocado venderlo al igual que la casa. Aunque no dejo de preguntarme como se hizo esa filtración en el techo. Aunque tampoco ¿Te has preguntado qué sería de esos muchachos si hubieses esta casa? En especial, por la demócrata.

—Creo que te interesa Lucrecia, querido nieto— Marín cerró la manguera y comenzó a doblarla para guardarla—, pero sí. En especial por ella, creo que lo peor que le hubiese tocado vivir era tragarse su orgullo y regresar a los dormitorios de la universidad. Tu madre volvió a llamar, preguntando cuando vas a volver.

Arthur se quitó el sombrero y se sentó en esa sencilla silla pintada de blanco que tenía su abuela en el porche de la casa—Creo que el día cuando a la rana le salgan pelos. Ya no hay nada para mí en San Antonio.

— ¿Qué me dices de tu carrera como abogado así como de esa chiquilla hija de ganaderos?

—Lo de la chiquilla se convirtió en un puente roto— respondió en tono solemne y serio—, Atila pasó por ahí y no va a crecer el pasto. Con respecto a la carrera, puede que la tome por estos rumbos. Además, ni deberías ser tan preguntona ni quedarte hasta tan tarde esperando por mi llegada, abuela.

—Ahora sabes de donde saco eso tan molesto tu madre. Además que dudo mucho que doña artritis me venga a molestar, si hay algo que he cuidado bien son mis huesos y recuerda que estamos en California, si hay un lugar en esta nación que han usado como geriátrico a sus anchas, ha sido esta.

—Está bien, mañana tendré otro día libre. Me lo voy a tomar para revisar a “Silver” y descansar un poco; creo que deberías llamar al contratista para que comience con las reparaciones.

La señora Marín sacó unos billetes del enorme fajo que llevaba siempre consigo, le entregó unos cuantos a su nieto y le comentó—Con una condición, usa ese dinero para llevar a comer un helado a Lucrecia, le hace falta calmarse un poco. Y creo que es buena excusa para sacarla de la casa.

— ¿Dónde la llevo?

—Cerca de aquí hay una coqueta heladería, he visto una que otra vez a Richard y Bianca juntos. Aunque debo preguntarte ¿No habías revisado previamente a tu corcel?

—Después que sepas a quienes monté hoy en él, entenderías mi preocupación. Además que debo comentarte que confirmé esa loca idea que tiene Lucrecia, ya confirmé donde vive.

 

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