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Ligeros spoilers, advertidos quedan.

¿Qué tienen en común una obra romántica de animación japonesa con Spiderman de Sam Reimi? No mucho en realidad; si uno fuera pedante, quizá sería porque cabe en un nebuloso concepto de ser una de esas obras de “género”; esa categoría en que a menudo se agrupan por igual la fantasía, la ciencia ficción, el terror y otros estilos similares para diferenciarse del “verdadero arte”.

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“Sólo están celosos de mi propulsor”.

Pero eso lo discutiré o no en otro momento.

El filme de Makoto Shikai se ha vuelto uno de mis favoritos personales y es usado como un ejemplo de un anime que apela más allá de las sensibilidades comunes que se asocian con el otaku estereotípico (sea cuál sea el maldito estereotipo a estas alturas), y para promocionarse en occidente a menudo se usa el punto de ser una de las películas más taquilleras de la historia de Japón, lo cual en primera instancia no debería sorprendernos: es buena, y buenas obras deberían hacer dinero.

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Deberían, claro, pero sabemos que eso no siempre es así: basura es exitosa, obras de enorme calidad son ignoradas, así pasa; pero no quiero optar por una visión snob: no voy a despotricar contra los grandes blockbusters del hoy porque la verdad disfruto mucho de ellos.

blackpanther

Wakanda forever motherfuckers

Mi razonamiento trata de ir más allá: una película puede ser exitosa, pero Your Name fue de hecho amada; hay historias de personas que fueron a verla hasta 20 veces en el cine: yo soy fan e incluso no creo que haría algo así… pero también no me es difícil el comprender el por qué.

Y es que cuando una obra impacta así como un… cometa (risas grabadas), muchas veces es porque hay algo más allá: no es que sólo que este llena de cualidades (incluso, si yo mismo admito que no es perfecta), sino que la audiencia no sólo le gustó, sino que estaba lista para ella.

Ahora, retomemos el tema de Sam Reimi y su Spiderman: buen filme, en retrospectiva, un poco un tanto “proto Marvel-Disney” en su estilo colorido y personal; pero la razón por la que este filme y su secuela tuvieron no sólo el éxito, sino la influencia cultural que consiguieron se revuelve con asuntos de sociología y política que… bueno, se resumen en esta escena:

Un poco extraña y fuera de lugar si no se entiende su contexto, e inclusive en él, sigue siendo bastante cursi… pero recordemos que Spiderman no es sólo un superhéroe cualquiera, sino un símbolo de la ciudad de la Gran Manzana; una metrópoli que hace tan sólo unos meses antes sufrió el peor atentado terrorista en suelo estadounidense.

Así pues, esas líneas sentimentaloides, “¡Te metes con Spiderman y te metes con Nueva York!” o “¡Te metes con uno de nosotros te metes y te metes con todos nosotros!” nos permiten adquirir un mayor entendimiento: catarsis.

Y la ficción es en muchos sentidos proyección y escapismo, pero esto no es sólo sobre el fantasear por algo que no podemos ser; sino la fantasía de “arreglar” algo que fue demasiado real.

Your Name es un caso similar; no se llega a ser la cuarta más exitosa en taquilla en su país sólo porque sí; no en este caso al menos. ¿La trama? Dos chicos de diferentes regiones del país del sol naciente se levantan dándose cuenta que han intercambiado cuerpos.

¿Original? No precisamente, pero como diría Roger Ebert: no se trata de qué trate una película, sino de cómo se trate. Las historias de este tipo casi siempre tratan de ponerse en el lugar del prójimo, de entender la moraleja de literalmente caminar en los zapatos de otra persona, en especial si hay un fuerte contraste: cambiar de edad, cambiar de raza, cambiar de clase social, o en este caso, una mezcla de género y ubicación geográfica.

Pero el hacerla una historia de amor la lleva a una maravillosa zona de Ricitos de Oro: con un tema suficientemente conocido para ser familiar, pero suficientemente diferente para sentirlo fresco.

Y así como por su parte Spiderman le permitió a la audiencia americana el sentir que puede colaborar contra aquellos que les hacen daño, Your Name bien pudo tener una resonancia parecida con los espectadores nipones, en especial con uno de los momentos definitorios y más importantes de ese país respecto a los últimos años: el gran terremoto y tsunami sufridos en el 2011.

Porque aparte de ser en su esencia una historia de amor, es sobre el tratar de evadir un desastre que acaba con una pequeña comunidad rural (no muy diferente a las verdaderas zonas afectadas por los eventos del 2011), así pues, ¿cómo el público japonés no iba a sentir liberación de catarsis? ¿Y esperanza en el futuro? Qué podemos sacrificar mucho para garantizar un mañana mejor? ¿Y que lo que perdemos puede volver en otra forma? ¿Y…?

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Para este punto, soy más lágrimas que hombre

Y los finales felices más dulces son aquellos por los que se batalló mares para conseguir; al final, literalmente vencen el tiempo y el espacio y…

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Disculpen un momento…

¿Creo que hubiera tenido éxito sin esto en cuenta? No lo sé; hay razones para creer que sí porque como dije, me gusta la película, y posee una calidad incuestionable, pero de nuevo: la vida no es justa y menos el arte. Pero ninguna obra puede desconectarse de todo de su contexto histórico y social; quizá de modo similar, el hecho que para México, Coco de Pixar fue un suceso nacional, en un momento en que la moral del país azteca necesitaba motivación, y en que nos necesitábamos sentir amados, se nos dio una de las más bellas cartas de amor puestas en la gran pantalla.

Claro, que algunos estemos obligados o no a corresponder las cartas de amor ya le corresponde a cada uno.

bao

Por otro lado, este… em, iré por más pañuelos…

Shalom camaradas.