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No voy a olvidar la noche en la que nos conocimos. No, eso jamás, son cosas que uno atesora toda la vida.
Y todo comenzó de una forma tan extraña, salida de una de las novelas ciencia ficción o de terror con un grado de suspenso que lo que te hace pensar que es algo barato.
Me encontraba en el lago de la ciudad, solo, con el bolsillo derecho del pantalón con el dinero suficiente para el pasaje del autobús.
¿Qué hacía en el lago un viernes recién salido del trabajo en la editorial de María? Estaba buscando inspiración. Le había prometido a María llevarle una historia completa para su revista para la próxima semana sin falta. Y lo peor del asunto es que no tenía ni una mínima idea de que hacer, estaba bloqueado. Uno de los muchachos que estaba como guionista, Nixon, me recomendó ir allá para despejar mi mente.
Al principio todo estaba calmado, normal, cuando empezó a oscurecer me asusté en serio. Estaba como a un kilómetro y medio de la parada. Y digamos que a pesar de que la ciudad es tranquila, no me fiaba del lugar. Y para un pobre chico de otro estado, pues estaba aterrado.
Me tranquilicé un poco al ver que no estaba solo, unos perros y un policía estaban vigilando el sitio.
A los minutos levanto mi vista, algo de color anaranjado se dirigía al lago. Por un momento llegué a pensar “Que bueno un meteoro se estrellará aquí y me matará, vaya forma de comenzar a vivir en la ciudad”
Pero pasó algo que salía de toda lógica. O de la lógica que aprendí en las películas en donde el meteoro al estrellarse así sea en un lago todo explota a su alrededor. Pero no fue así, cuando impactó el meteoro con el agua del lago, salieron unas alas blancas y una hermosa chica. No creía lo que veían mis ojos, un ángel había llegado. Y si no me apresuraba a lo mejor se podría ahogar, por los intensos chapoteos que hacía. Me quité los zapatos, las medias, la camisa y decidí ir a salvar a ese ángel.
Si era una broma, estaba muy bien hecha pero no podía dejar que una chica tan hermosa se ahogara.
Nadé a buscarla y salí lo más pronto posible, para evitar problemas con el policía.
La muchacha en cuestión se despertó tan pronto salimos del agua.
-Eres afortunada, estaba por aquí. Se nota que no sabes nadar.
Eso fue lo que le dije, por primera vez. Ahora que lo pienso, que frase tan sin sentido solté. Aunque claro, en ese momento era lo mejor que le podía decir.
-Muchas gracias por salvarme. Creo que en agradecimiento debo estar contigo para siempre.
¿Habré escuchado bien? ¿Para siempre? Bueno eso es mucho tiempo. Por supuesto cuando ella me dijo eso me quedé sin palabras.
Con solo su mirada, se llevó lejos mi dolor, el dolor de estar solo en un sitio que poco conozco. Ese tipo de dolor, ella se lo llevó con solo mirarme con sus ojos azules en ese momento acepte su oferta, aunque de igual la iba a aceptar.
-Mi nombre es Julián. Tengo 23 años. Vivo en un apartamento cerca del centro de la ciudad. El único detalle aquí es que no tengo suficiente dinero como para dos pasajes.
Le comenté seriamente, colocándola en el suelo.
-No te preocupes, mis alas se están secando espero poder soportar tu peso.
Me respondió mientras sus hermosas alas salieron de su espalda.
-Mi nombre es Ángela, soy tu ángel de la guarda, sentí que debía estar más tiempo contigo. Por eso vine.
¿Cómo supo por lo que estaba pasando? ¿Cómo leyó mis pensamientos?